Andrés Trapiello: Persona no grata Mi primera sensación ante el anuncio de la venida a Monóvar de Andrés Trapiello, en esta ocasión para impartir una charla en la Casa Museo Azorín, fue de sorpresa, seguida inmediatamente de indignación. Así lo hice constar personalmente a uno de los organizadores con testigos presenciales, y aclaré mis motivos al interrogárseme sobre mi ausencia en el inicio del referido ciclo y mi disposición a seguir ausentándome en posteriores sesiones, apostillé: Para mi ese señor le considero persona no grata. Resultaría muy aventurado por mi parte extender esta actitud personal al resto de los habitantes de Monóvar. Algunos, lógicamente, ignoran mis motivos, a otros se les habrá olvidado algunas circunstancias acontecidas, dado el tiempo transcurrido, pero con el fin de justificar, aunque no tengo el porqué, el título que encabeza estas líneas, transcribiré algunos párrafos de lo publicado por el escritor leonés con motivo del traslado de los restos mortales de Azorín y su esposa, Julia Guinda, al Cementerio de Monóvar aquella calurosa mañana del sábado nueve de Junio de 1.990. (..) Por esta razón me he ido hoy con X a la exhumación de los restos mortales de Azorín en la Sacramental de San Isidro. No sé por que razón se le ha ocurrido llevárselo a Monóvar, que es un pueblo de bereberes en el que no vivió nunca, desde que pudo salir de él. Le gustaba Madrid y París. Le habría hecho más ilusión que se lo hubiera llevado al Pere Lachais, entre los ilustres literatos que admiraba. En el cementerio esperaban algunas personas, media docena de periodistas de las secciones locales, las autoridades de Monóvar, el director de la Casa Museo Azorín y ni un solo escritor. El alcalde de Monóvar era enteramente azoriniano, licenciado vidriera, con la piel transparente, los ojos claros y un peluquín que con el sudor y el calor progresivo de la mañana se le fue escorando a babor, como el que usaba Xavier Cugat, que al dirigir la orquesta se le desplazaba sobre las orejas. Quizá no fuera peluquín, pero tenía sus mismas virtudes: Se le afinaba la cara con el calor y en su fina nariz de punta se le fijó una gota de sudor que jamás caía, y quizá sudaba porque iba metido en un traje negro que le venía estrecho, lo mismo que el cuello de la camisa y la corbata negra. Quizá era la lividez de los ahorcados. A X y a mi todo aquello nos producía risa, pero él no se podía reír porque iba en representación del Ministerio de Cultura. (…) Luego llego a casa. Quería escribir un artículo, pero temí que no quisiese publicarlo nadie, de manera que, antes de escribirlo, llamé al periódico y hablé con X. Le dije han desenterrado a Azorín esta mañana, creo que es un motivo muy azoriniano y deberías publicarlo. Le dije también que acababa de escribir el artículo de mi vida. No se dio cuenta de que jugaba de farol. Considero que quien se jacta o intenta ridiculizar a un alcalde, lo está haciendo a su vez de todos los ciudadanos, en este caso monoveras y monoveros. En su relato infravalora a la ciudad natal del escritor y pone en duda el auténtico deseo de Azorín del lugar donde desea ser enterrado. Ignora, este joven leonés, a sus 2l años y natural de un lugar perdido donde sólo pacen las vacas, una aldea, que Isidro Vidal en su sección “Las Cosas de cada día”, Diario Información, Marzo, 1.974 escribe: Que los restos mortales de Azorín y de su esposa, Julia Guinda, cumplido el tiempo legal, regresarán definitivamente a Monóvar donde se proyecta un gran panteón No tiene ni idea de la existencia de la Casa Museo y su legado. Confío en que el pasado 25 se percatase de la realidad y tomara nota. En definitiva, un arribista, como tantos otros. Sé de lo acontecido el día 25 en la Casa Museo porque un amigo me lo ha contado. Sé que no tuvo la delicadeza de previa a su actuación pedir disculpas o alguna expresión similar. Sé que su indumentaria no era precisamente, respetando sus gustos y costumbres, muy acertada o pulcra para la ocasión, más bien iba de trapillo. Sé que se fue igual que vino, es decir pensando que en Monóvar no había nadie que fuera capaz de a la cara recordarle sus anteriores lindezas. No sé, pero intuyo la sensación de altanería que le embargó ante nuestra pasividad, ante nuestro silencio, sin que nadie le reprochara su comportamiento pasado. Menos mal que la conferencia programada por el Casino para el día 4 de Noviembre no corrió a cargo de Trapiello, porque en ese caso, ignoro como hubiera reaccionado un servidor, recalcitrante “pandorgo”, que responde al nombre de… JOSÉ CORBÍ, (EL VEINAT. Diciembre 2004) Dirigido a José Corbí: Dirigido a Paqui
Parreño. Dirigido al Primer
Anónimo.
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