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Luis Andres. Diseño y mantenimiento de páginas web

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El Compromiso de Luis Andrés

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La lata de trabajar
(Timoneles XVI)

El problema es que los políticos tienen medios de comunicación


     Tropiezo en la puerta de un local con unos conocidos por los que siento un especial afecto. Están en un local comercial que preparan para la apertura de un negocio.

     —¿Para cuándo?
     —¿Abrir? Pues cuando abra el Ayuntamiento.  Hemos ido para los permisos y están de vacaciones. Esperamos que a partir del 1 de septiembre haya alguien.

     A la caída del sol me encuentro con mi amigo el señor Equis. En la pequeña ciudad de provincias la tarde llega desperezándose de una siesta que no se ha ganado, aspirando pausadamente un agosto aletargado y aburrido, y con un ligero cosquilleo al ver las luces que anuncian las fiestas patronales. "¿Mucho lío en fiestas?", pregunto a mi amigo, el mediocre remero que cuenta los días que le faltan para la prejubilación.  "Lo que no está en los escritos, Búho. Es cuando más trabajamos. Procesiones, exaltaciones, verbenas, toros, visitas a los barrios... ufff, ¡y no veas el gran Timonel!, porque claro, la gente va a la verbena y por la mañana duerme, pero nuestro guía ha de acudir a otros actos. La gente, la buena gente, quiere verlo, vitorearlo y abrazarlo en estos días tan señalados. Y los Timoneles se deben a su pueblo... meses antes de las elecciones" . Pedimos dos gintonics y le refiero el encuentro de la mañana, el del local pendiente de permisos.

    
Serán extranjeros, Búho, porque a ¿quién se le ocurre hacer gestiones en el Ayuntamiento en el mes de agosto? La maquinaria está parada, y la gasolina que le queda es para trabajar en fiestas, en las fiestas quiero decir.

     No le aclaro si son de aquí o son de allá. Apuro el gintonic, pago y me voy.

El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 01/09/2010 12:23
 

 
 
El poder de los Timoneles
(Timoneles XV)
 

Apreciado Luís Andrés:

     Lo he intentado, pero nada, imposible. Quería ilustrar estas líneas con una imagen colgada en tu página. Igual tú puedes echarme una mano. Se trata de una foto en donde aparecen un par de señores maduros jugando como niños, están tirados en el suelo y lucen unos trajes muy elegantes. Uno de ellos no lleva chaqueta, igual es que es más joven. Sí, es la foto donde se ve a un montón de gente, ellos y ellas, aplaudiendo y sonriendo como si estuvieran en un circo. He preguntado y me han dicho que los palmeros ovacionan porque son paniaguados. Ellos sabrán.

     Es el caso que no sé qué habilidades extraordinarias atesoran los señores que juguetean en el suelo para que les aplaudan y les admiren con sonrisa estándar incluida. O qué poderes. He vuelto a preguntar y me han contado que pueden ser Timoneles. Si son Timoneles de largo recorrido se supone que son señores con extraordinarias habilidades; la habilidad de la supervivencia. De lo que no cabe duda es de que tienen poder. Solo aceptando que tienen un ilimitado poder se entiende que personas adultas y bien vestidas aplaudan y rían el patético espectáculo de los dos señores rodando por el suelo.

     —Lo más vergonzoso, amigo Búho, es que escenifican una mentira. Fingen inaugurar unas instalaciones que saben que no pueden abrir. Todo por la foto.

     Me ha sorprendido el señor Equis, amigo de un servidor y remero mediocre —esto, la mediocridad, espero que me garantice el cargo hasta la jubilación—, con estas palabras, pero "es que todo tiene un límite, amigo Búho, hasta la ridiculez", sentencia.

     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 25/08/2010, 11:01

Cuidando de sus siete vidas
Cuidando de sus siete vidas

 
Cuando Crecemos,
ellos empequeñecen

(Timoneles XIV)

 

     Los encargados españoles de los asuntos del fútbol mandaron a Sudáfrica a un equipo llamado La Roja, por el color de su uniforme. El equipo resolvió con alguna dificultad el trámite del grupo y eliminó, en octavos, a Portugal. Pasó a ser El España. El equipo ya portaba banderas. Con las victorias del España comenzaron a colgar banderas españolas en los balcones de las ciudades. Llegó Alemania. Semifinales, `O.K. Corral´, alemanes y españoles se cruzan la mirada sin pestañear. El España suelta el lastre del articulo y se convierte en España. Ya no es un asunto de colores y banderas; es un país. Un país que volvió a ganar a la potente Alemania.

     La final. Holanda, excolonia del Imperio español con la que guerreamos y le dimos lo nuestro en Flandes. Luego se independizaron para perder el Mundial frente a España. Nos tienen ganas. Pero ya no juega La Roja, ni tan siquiera El España, ahora es España. Una Nación, cosa seria.

     Durante unos días los timoneles han estado desaparecidos. Y la pequeña ciudad de provincias que observa triste y resignada la mediocridad de sus timoneles, ha despertado alegre, viva, pujante y con personalidad para formar parte de una Nación que ha ganado una copa del mundo.

     La grandeza de estos días empequeñece a los timoneles. A los de aquí y a los de allá. Se puede ser feliz sin timoneles, incluso es más fácil.

     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 12/07/2010 18:41

 

 

 
Tic-Tac, Tic-Tac    
(Timoneles XIII)
 
    Esto es lo lógico, aunque con ellos nunca se sabe: 
 
    Julio y Agosto. Los calores estivales debilitan las fuerzas y aplastan las voluntades. Lo suyo, lo de ellos, es, mustios y desganados, ver pasar los días. No hay prisa, hay elecciones con la llegada de la próxima primavera. La consigna es no moverse, no dejarse ver, no cometer errores. El verano ayuda. Y Julio y Agosto son mucho verano.

    Septiembre: festejos y resaca. Después, arrancar la pesada maquinaria administrativa, poco a poco, no hay prisa, hay elecciones. Es el final del verano, el principio de un otoño melancólico y provinciano con sus tardes ocres y sus políticos en la penumbra. Eso ayuda.

    Tic-tac, pasa el tiempo.
 
    Octubre, noviembre, meses de revoluciones, de movimientos para entrar en calor. Eso era antes, ahora toca cambiar el armario y sacar la ropa de invierno. Mas ellos, los Timoneles,  sacarán la ropa de precampaña, las promesas olvidadas y las poses ensayadas. 
 
    Ya todo gira en torno a las elecciones, a las listas, a no quedarse fuera, ¡qué frío!, a que te incluyan en "lugar de salida", a recordar que has sido un remero sumiso y disciplinado, a zancadillear a quien te moleste, a pasar la mano por la espalda del Timonel. Ha llegado el momento de la humillación a cambio de un puesto, el momento de canjear el silencio y la obediencia por cuatro años de placidez y sosiego. Alta política. Firmes principios. ¡Grandeza!
 
    Ha terminado la primera parte de la función, Tic-Tac, Tic-Tac...acomódense, comienza la segunda. Ellos se juegan mucho, nosotros, ni se sabe.

    El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 01/07/2010 21:11

 

 

Una Asamblea de Párvulos
(Timoneles XII)

    Como penitencia preventiva por un pecado que aún no he cometido, escuché parte sólo parte, que mis pecados apenas alcanzan la categoría de veniales de la magna reunión de Timoneles y Remeros. Reunión larga y estrecha. Larga en tiempo y estrecha en emociones. Horas y horas hablándole a una cámara de televisión, a unos micrófonos de radio y a ellos mismos, sobretodo a ellos mismos. Les encanta escucharse. Y no sé por qué.

    De lo oído en esta Asamblea de niños chicos, tres asuntos:
 
    1.- El extraño caso de políticos mutados en periodistas. Será por ese conflicto vocacional por lo que no acaban de brillar en la política y desconocen la información, la información libre. Como si de un ciudadano Kane venido a menos se tratara han decidido castigar al aspirante a Timonel imponiéndole silencio y quién sabe si dejándolo sin postre. Son la envidia del orangután rojo venezolano, ni siquiera han tenido que expropiar la TV, es de ellos. 
 
    2.- La multiplicación de los panes y los peces en versión de presupuesto para una pista deportiva. Lo que se dijo que valía dos, cuesta nueve. Es una pequeña desviación en el tiro, apuntaron en al agenda "salud para los ciudadanos" y le dieron a la cartera de los contribuyentes. No es un mal local, es una "torpeza" nacional. Pero no son tiempos, o sí son tiempos, tiempos de crisis, tiempo de afinar la puntería. 
 
    3.Reducción del personal en el puente. Escándalo. Pero no he oído ni un solo argumento que desmontara la perentoria necesidad de adelgazar las prebendas. Bien hubieran podido argumentar que su sublime falta de preparación la han de compensar con duro y abnegado trabajo, pero no lo han hecho. Quizá no hayan querido mentir en la segunda parte.

    El colofón lo ha puesto el Gran Timonel que, como si oliera a sangre, ha exclamado: "¡señores, se palpa la precampaña!" 
    
    ¿Cuanto le cuesta a esta pequeña ciudad de provincias, callada y melancólica, el divertimento de los Timoneles y de sus remeros?
 
    Mientras escribía estas líneas he recibido un sms: "Espero que el día de la gran convocatoria para elegir Timonel haga buen tiempo. Me muero por hacerles un corte de mangas desde la playa"
 
     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 24/06/2010 18:55

 

 

Sin red social
(Timoneles XI)
 
    No me lo podía creer. Lo leí en un diario provincial: la Gran Timonel (¿Timonela?) de la Gran Ciudad de la Provincia tiene una cuenta en Facebook. Me abalancé sobre mi ordenador, abrí facebook y busqué a la Gran Timonel. Allí estaba, a pelo, recibiendo a puerta gayola la opinión de sus contribuyentes. Después tecleé el nombre de nuestro Timonel. Nada. Probé con el nombre de los Timoneles chicos. Nada. Con el nombre del aspirante a Timonel. Nada. Ausentes. A lo sumo algún remero sin nada que decir, poca cosa.
 
    Será la ciudad, que por acomodaticia y apática sólo produce Timoneles mediocres y pusilánimes en las cosas de la comunicación. Sólo se comunican con la tripulación, y ello para
palmearse mutuamente. Aunque tal vez no sea por culpa de la pequeña ciudad de provincias.

    Empujado por la curiosidad escribo el nombre de la ciudad: ¡sorpresa!, hay numerosos ciudadanos y agrupaciones pululando por el facebook. 

    Eso demuestra, Búho, que tenemos una sociedad civil vibrante y con iniciativa mi amigo Equis, remero silente, se apropiaba sin rubor de las virtudes ajenas 
    Eso demuestra, Equis, que la sociedad civil es mejor y más osada que sus Timoneles y que sus remeros.

    Buceé en los blogs buscando Timoneles, remeros y palmeros. Nada. Nuestros próceres nos tienen huérfanos de ideas, esconden sus sabias palabras y ocultan sus brillantes propuestas. No entiendo las razones, no comprendo por qué se reservan sus luces, sus planes y sus inquietudes. En este punto aparté de mi recuerdo una frase de Umbral: "Azorín escribe con frases cortas porque tiene ideas cortas", para no aplicarla al silencio de nuestros Timoneles: callan porque no tienen nada que decir, porque no tienen ideas. Demasiado cruel.
 
    No te irrites, Búho. Los Timoneles hablan, lo hacen en su facebook privado, en sus blogs particulares...en la radio y la televisión que les preguntan qué le han de preguntar. Son prudentes.
    Es habitual confundir prudencia y cobardía, amigo Equis
   
Hacen `bolos´ por los barrios, se preocupan por lo que siente la gente.
   
Se preocupan por lo que vota la gente, Equis.
 
    Repasé melancólico el fesbook de la Gran Timonel de la gran ciudad de la mediana provincia. Algún día, soñé, tendremos un Gran Timonel que sepa escribir. Pero ya me conformo con tener un Timonel que tenga algo que dictar. 

El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 14/06/2010 17:06

 

 

El milagro
(Timoneles X)

    Mi amigo Equis, el apóstol que me habían asignado, a pesar de su casi medio siglo de vida no tenia más experiencia laboral que la política. Y una breve incursión en una oficina amiga de la familia; lo suficiente para emborronar un currículum que nunca necesitó. 
 
    Pidió el segundo gintonic mientras me hablaba
 
     —Se ha puesto duro el oficio de Timonel, Búho. Muy duro. 
    
Por las pesetas...
    
Por las pesetas que no hay. Ya no podemos acudir a los prestamistas. Mal menor, porque nos han avisado con tiempo para aprovisionarnos. Lo peor es la desbandada de los ladrilleros, ya no vienen con sus carteras llenas y sus regalos para la ciudad. Así no hay Timonel que pueda prometer nada.
    
¿Dónde está el problema, acaso las promesas son para cumplirlas?
    
El problema, amigo Búho, es que ahora el populacho sabe que no se pueden cumplir.
    
Pues algo tendréis que prometer. El populacho elige Timonel dentro de un año.
 
    Equis miraba el fondo del vaso y removía el hielo que flotaba en el gintonic con la punta de su dedo índice. Se concentraba, buscaba una repuesta. Tenía que haberme preparado más, pensó, aunque hubiese sido en la escuela nocturna. Derrotado, levantó la mirada, clavó sus ojos en los míos y apretó los labios.
 
     —Si no hay dinero, ¿qué se puede prometer? El populacho necesita carnaza, incluso en una pequeña ciudad de provincias melancólica y abúlica como ésta. 
 
     Lo miré, parecía preocupado. La Gran Casa, las palmaditas al Timonel y el café de las once eran toda su vida. Le hubiera gustado ser funcionario, pero no se preparó y se tuvo que conformar con entrar a la Gran Casa con su mano acariciando la espalda de un Timonel. Pero ahora...
 
     Necesitamos un milagro, Búho.
    
Prometer que vais a mantener abierta la Gran Casa, que conseguiréis que no se cierre y que todo seguirá funcionando. Si lo lográis será un milagro.
 
El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, sábado, 05/06/2010, 12:14

 

 

Palmeros
(Timoneles IX)
 
    En tiempos de escasez, cuando el ahorro no es una virtud sino una miserable necesidad, los asesores externos, esos extraños que no comparten apellidos, esos bastardos acogidos en la gran casa, han de ofrecer su cabeza para lucimiento del pater, para que el timonel presuma de meter tijera y ahorrar por el bien de la comunidad.
     
    Es la dura vida del palmero: no ha conseguido el acta de remero, se ha quedado fuera de la galera a pesar de haberse roto las palmas aplaudiendo al timonel, de haber reído sus gracias y defendido su honor frente a los piratas enemigos. Como recompensa por los servicios prestados el timonel lo acopló como grumete a cambio de comida y techo.
    
     Los palmeros son más leales que los remeros, saben que se lo deben todo al timonel, que no tienen el aval de los votos y que a un gesto del jefe pierden las prebendas y la soldada. Por eso les duele a los timoneles el sacrificio; y por eso hay jefes que cometen el error de no sacrificar a los grumetes. Pero, ¡ay!, son malos, muy malos tiempos para la generosidad y es preciso aligerar el barco para que se mantenga a flote. Mas tanto sacrificio... ¿qué hacer? Le pregunté al apóstol que vela por mi pureza:

    ¿Qué piensas Equis, soltarán lastre los timoneles?
 
    Si es preciso, no lo dudes Búho, no lo dudes. Pero será el último recurso. Los guias necesitan sentir el calor de una palmada en la espalda; los jefes precisan de los halagos como del oxigeno, y nadie como los palmeros para regalarles el oído. 

    
Pues creo que se quedan.
 
    -Mira Búho, los palmeros caerán en cascada allí donde el timonel haya de elegir entre su imagen ante los más o el agradecimiento de los menos.
 
    Mientras el timonel decide, los palmeros redoblan palmas, agrandan la sonrisa y multiplican sus reverencias para conservar sus pagas. Mas es la gente común la que, con el dinero de sus bolsillos, llena las carteras de los palmeros.
 
    El timonel echa cuentas: ¿cuantos votos me puede costar tan grande generosidad?

     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, lunes, 23/05/2010, 9:31

 

 

Jornaleros
(Timoneles VIII)
 
    Me tienta, me tienta la idea de hacer demagogia con los jornales de los timoneles y de los remeros. Pero no. Voy a ser coherente y a defender lo que siempre he considerado lo más cabal: lo timoneles merecen más jornal. A esta conclusión llegué de la mano de un amigo, ex-primer edil, que dejó el timón de su pueblo para recogerse en su despacho profesional. Necesito ganar dinero, me explicó, y el Ayuntamiento no me paga lo suficiente y hay demasiadas tentaciones, así que mejor lo dejo antes de pecar. Y acabó su mandato como termina el soneto de Cervantes: "Fuese, y no hubo nada"
 
    Sueldos abultados como antídoto contra la corrupción, es un argumento. Pero ya no sirve, no se puede combatir el tifus con una aspirina. Las tentaciones de Jesús en el desierto fueron un juego de parchís al lado de la capacidad de seducción de los nuevos diablos, los demonios que vienen cargados de ladrillos y prebendas. Contra esta enfermedad no queda otra cura que encomendarse a la divina providencia y confiar en que los timoneles y los remeros lleguen inmunizados de casa. Es fe.
 
    Me queda una razón para desear mejores jornales para nuestros timoneles: atraer a los mejores. La vocación de timonear una pequeña y melancólica ciudad de provincias es tan extravagante como la virginidad en una casa de putas. Y si algún timonel, confundiendo molinos de viento con gigantes, proclama en voz alta su "espíritu de servicio a la comunidad", provocará, ya lo verán, un estilo de risa que bien pudiera servir como terapia en estos tiempos de crisis. Más me fío de quien diga que trabaja de timonel movido por un jugoso jornal y por las reverencias de sus remeros que por una abnegada afición por favorecer a sus vecinos. La vida real es así de mezquina.
 
    Concluyo, paciente lector (me consta que cuento con uno, y que usa siglas por nombre), exigiendo a los timoneles que se suban sus emolumentos hasta donde lo permitan las deudas municipales. ¡Pero ay!, también les pido que no basten dos peonadas para percibir un PER, les solicito humildemente que cumplan jornadas laborales, calendarios de trabajo, y, sobretodo, que animen -o amenacen, en caso de rebeldía- a sus remeros para que se ocupen del duro trabajo municipal. O que den apariencia de ello al objeto de no soliviantar a las masas, tan prestas ellas a la critica descarnada. Y si no me excedo en la súplica, bueno sería que solo perciba jornal quien se lo gane, y solo se lo pueda ganar quien tenga tarea que realizar, y todo ello sin inventar ocupaciones ficticias; con lo que, ya lo sé, muchos palmeros tendrán que cambiar de oficio. 
 
    No se dará el caso, Búho.
    Eso me temo, amigo Equis, eso me temo. Mas confiemos en la naturaleza caprichosa de los hombres, tan capaz de volver estúpido al sensato como de tornar justo al inmoral

   El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com
, lunes, 10 de mayo de 2010, 16:29

 

 

Un año no es nada

(Timoneles VII)

     En las cosas del poder el tiempo corre más que en las cosas del querer. Y un año no es nada, es el tiempo que falta para la gran regata, para saber quién empuñará el timón de esta pequeña ciudad de provincias. En los camarotes de las Galeras se cuecen conspiraciones, favores, promesas y componendas para designar al timonel-aspirante. 
 

    El timonel que escora a babor, el que aparenta guiar hoy a esta pequeña ciudad de provincias, dicen que dice que quiere seguir al mando. Si no hay patrón de más altura que lo impida, no se encontrará remero ni pasajero que vacile: es el mejor, se repiten. El único, gritan otros; afirmación ésta de doble y diabólico filo.
 
    Otro timonel, el que ganó la última regata y perdió los laureles de la victoria, aspira a repetir triunfo sin perder la gloria. Pero tiene a algunos remeros y a bastantes pasajeros con la duda en la neurona. Amargor que pasará, piensa él, con la miel de la victoria, que ya se sabe que el poder amalgama más que el mismísimo cemento. 
 
    Los otros dos timoneles en ejercicio, los timoneles chicos, no tienen quien les escriba y su voluntad es la única voz de la tripulación.

    Más compleja parece la confección de la nómina de remeros. Mi apóstol Equis, el remero medio decente que vela por mi salvación, me instruye sobre las artes para colocarse en lugar de privilegio:
 
    —Básicamente hace falta una cosa, amigo Búho: hacer saber que tu mayor talento es el silencio y la sumisión. 
 
    ¿No es eso mediocridad, amigo Equis?
 
    La brillantez está reñida con la ambición tranquila, que es la única que se tolera para entrar en la nómina de la Galera.
    -Entiendo —mentí—. ¿Y para ganar, amigo Equis, qué se precisa para ganar la gran regata cuando es el pueblo quien decide?. 
 
    Fácil Búho, fácil. Ya se ve que no entiendes de política. Para ganar hay que moverse lo menos posible, no cometer errores y dejar que sean las otras Galeras las que tropiecen con el arrecife. Ten en cuenta, amigo mio, que en este viejo país no se vota por alguien, sino contra alguien, de ahí que tan importante es atraer como no rechazar.
 
    Siguió la conversación. Ya les contaré.
 
     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, sábado, 01 de mayo de 2010, 10:28

 


 

 
Una piscina para la eternidad
(Timoneles VI)
 
    Ellos lo saben, los timoneles lo saben. Y los remeros también.
 
    Un remero medio decente me lo cuenta delante de un Chivas (bajando de este nivel —se justifica—, el wisky me produce ardor):
 
    —En política, Búho, lo que importa no es lo que se hace día a día. Lo trascendente, lo que se graba en la memoria colectiva, es lo que dejas hecho. Es lo que se ve cuando paseas. 
 
    —Lo que dejas hecho...

    —Claro, es la prueba de vida de un político. A ver, ¿Tú sabes, Búho, cómo gobernaban los faraones egipcios, sabes acaso cómo se comportaban con su pueblo?
 
    —Así, a bote pronto...
 
    —Pero sabes quiénes eran los faraones...
 
    —Claro, los que levantaron las pirámides.
 
    —¡Ahí lo tienes!. ¡Qué importa si fueron justos o injustos con su pueblo, qué más da lo que pensaran o en qué creían! Las pirámides, eso es lo que dejaron hecho y por eso se les recuerda.
 
    —¿Otro wisky, Equis?
 
    —Me paso al yintonic. Tengo la garganta seca.
 
    Equis es el apóstol que me han asignado para devolverme al redil. Yo me dejo querer. Me divierte ver cómo mi apóstol se convierte en mi "garganta profunda".
 
    —Y digo yo una cosa, amigo Equis, ¿cuales son vuestras pirámides?
 
    —Cosas modernas: piscinas cubiertas, campos de deporte, un plan general, las fuentes, la plaza de toros, las calles nuevas, los locales que inauguramos... muchas cosas, Búho.
 
    —La piscina —le provoco— no tiene agua, los nuevos deportivos han multiplicado su precio, las fuentes no dan de beber pero darían de comer a mucha gente con lo que habéis pagado... no sé amigo Equis, creo que han de pasar muchos años para que el pueblo se fije sólo en lo que dejáis hecho y no en cómo lo habéis hecho.
 
    —El pueblo es de memoria frágil. Y el circo que va a empezar entretiene y anestesia. No entiendes de política, Búho, no entiendes. 
 
    —Y no sé si quiero entender....
 
    Por mi apóstol Equis he aprendido que los timoneles nunca caminan solos, nunca piensan solos, nunca trabajan solos; he aprendido que los timoneles no son nadie solos. Los timoneles necesitan que los arropen, que piensen con y por ellos, que les trabajen. Los timoneles necesitan ruido, remeros rendidos y halagos sin fin para sentirse útiles. Y sobretodo los timoneles nunca planifican más allá de las elecciones; salvo cuando sueñan con la eternidad, con su eternidad ligada a una fuente o a una piscina, aunque estén secas.
 
    Y qué fácil es eso en una pequeña ciudad de provincias preocupada en tener fresca la cerveza.
 
     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, lunes, 26 de abril de 2010, 11:47

 

 

Suenan igual
(Timoneles V)

    ¿En qué de diferencian? No es una pregunta retórica, es curiosidad. Me refiero a los "lideres locales". Los tres con mando en plaza —el camarote de los Hermanos Marx— coinciden hasta en la desconfianza. Procesionan detrás de la Virgen mirándose de reojo; visitan a Ripoll —el jefe provincial— vigilando cada paso que da el otro; se alinean en formación para salir en la foto y se miden los tiempos de propaganda televisada. ¡Qué pesadez, tanta mano para tan poco timón!
 
    El otro, el aspirante, según cuentan los iniciados, bebe los vientos por una procesión y jura en arameo contra la censura impuesta por el poder... ya llegarán los míos, debe de pensar.
 
    Intercámbienlos, es lo mismo, suenan igual. Unos con más acento, otros con menos, pero todos con el mismo sonsonete: que nos subvencionen, que nos den pelas para pagar las nóminas, levantar fuentes y ampliar presupuestos. Y rápido, que hay mucha foto pendiente. Se sienten importantes, hasta se creen imprescindibles. ¿Para qué?
 
     En la pesada atmósfera del pueblo hay suspendidas dudas que no le quitan el sueño a nadie. Es parte del juego, nos decimos resignados. Presupuestos millonarios que se estiran como el chicle, rumores de "gratificaciones" a los de confianza, encajes de bolillos para cuadrar presupuestos aquí y allá. Y mucha foto, y mucha risa triste, y mucha palmadita en la espalda. Y más que habrá: se acercan las elecciones y el paro puede llegarle a la casta. Nos da lo mismo, son lo mismo. Es la casta. Son gente de estirpe.
 
    Y el puto polvo islandés que nos impide coger un rayaner y huir...
 
     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, lunes, 19 de abril de 2010, 16:44

 

 

Una oveja descarriada
(Timoneles IV)


     Supo que su sueño era posible cuando recordó las palabras de Jesús, el de Nazaret: "mi reino no es de este mundo". Sin reino y sin despacho, se dijo, se puede ser Luz y Guía; sólo necesito un rebaño al que conducir. Y se puso a ello con sus leales. Se convirtió en un timonel sin poder terrenal que quiso ejercer una autoridad que no era de este mundo. Pero, ¡ay!, el rebaño sí lo era, era mundano y con debilidades mundanas.

    Cuando una de las ovejas que nunca estuvo integrada en el redil, descarrió y reclamó protagonismo, tuvo el timonel un golpe de memoria y recitó de un tirón la epístola de Juan a los corintios: ¿Cómo se atreve alguno de vosotros, teniendo un asunto contra otro, ir a juicio delante de los injustos y no, más bien, delante de los santos? El final nunca le gustó, en su opinión nadie debe ir delante de un santo.
 
     Y lo peor: la rebelión del descarriado amotinó la granja: Susurros por las esquinas, pasquines con escritos como lanzas que se incrustan en el costado, habladurías y descalificaciones. "El peso de la púrpura", se consolaba. Y se aferró con fuerza al timón mientras se repetía una y otra vez: "me necesitan, están desorientados; soy su norte, su rosa de los vientos". En esto no era diferente a los demás timoneles.

    Mientras esto ocurre en casa del aspirante, los timoneles, los tres timoneles con poder en la tierra, se frotan las manos al comprobar que no hay nadie capaz de abrir un boquete que deje pasar el aire fresco a la pequeña ciudad de provincias que, poco a poco, pausadamente, languidece cada mañana y cada tarde tomando un cortado descafeinado con la leche templada. Mejor sin sobresaltos.   
 
     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, sábado 10 de abril de 2010, 8:37
 
     P.D.: -Iba a mandar este escrito y he visto "a los que teniendo un asunto contra otro" han decidido "ir delante de los santos". ¡Aleluya, todos juntos y en colores!

 

 

De la cojera a la gangrena
(Timoneles III)

(Pudo haber sido así:)

     Le pregunto a un tipo medio sensato en la intimidad de un gin-tonic: ¿cómo es que os habéis juntado, acaso no veis que la compañía os achica? "El gran timonel -me dice- no ha nacido para perder, somos grandes, somos ganadores" Era el primer gin-tonic. Lo intento de nuevo, le recuerdo que quien se junta con un cojo, si al año no cojea, ranquea. "A nosotros no nos pasa -sentencia-, controlamos, somos astutos". Apuramos el gin-tonic. Pido otro.

     Que el poder ciega lo sabía; que la codicia de poder prostituye, lo sospechaba; pero que la necesidad de poder humilla, lo ignoraba. Y es que a mitad del segundo gin-tonic descubro que aceptaron la alianza por necesidad. Mísera y vil necesidad.

     "Hay que tener humanidad -se pone tierno-, entiende que los hay que están a un rato de la jubilación, otros que se han quedado sin trabajo, alguno que no sabe hacer otra cosa. Y el timonel, el gran timonel, que necesita vencer al recuerdo de su propio nombre. No lo entiendes -remata con un suspiro-". Gran verdad, no lo entendí. O sí, pero me dio vergüenza.

     Tal vez, sólo tal vez, la cojera se ha extendido. Tal vez, sólo tal vez, el mal ha gangrenado y haya que amputar. En democracia se amputa con el desdén.

      El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, lunes 05 de abril de 2010, 9:46

 

 

Todos quieren la maquinita de hacer pompas de propaganda
(Timoneles II)

     El PSOE ha emprendido una campaña para denunciar la manipulación de los medios de comunicación municipales. Bien, pero corto. Les ha faltado valor, o les ha sobrado corsé doctrinario. Lo más probable es que sólo estén pidiendo su cachito de la tarta y que le levanten la censura.

     Me sumaría a la protesta si fuese completa. Y sincera. Me uniría a la protesta contra la existencia de medios públicos, contra la maquinaria de propaganda. No se atreven. Quieren su cachito de tarta, quieren vigilar la maquina de la propaganda para el día que ellos tengan la llave. Es trampa.

     Peor es lo del PP. Se supone que es un partido con ribetes liberales. Falso. Están encantados con el artilugio de la propaganda, con la posibilidad de ofrecer su versión de la vida municipal, con la comodidad de mostrar su visión de la perezosa vida pública. Están en su derecho de hacerlo, como lo está el PSOE, pero con su dinero. Que lo paguen de la cuota de sus afiliados, no de los impuestos de los ciudadanos. Que hagan como El Corte Ingles: pagar la publicidad de su bolsillo. Del suyo, no expoliando la cartera de los civiles que nada tienen que ver con las fobias y filias de los políticos. Son otro mundo, un mundo pesado y aburrido que no tenemos por qué pagar.

     Ni unos ni otros tienen autoridad moral para protestar. Si alguien puede reclamar son los empadronados, los paganos; y los profesionales que trabajan en los medios y tienen que sufrir las disputas de unos niños revoltosos que mandan o quieren mandar. Una lastima.

     Nota.- Dense por nombrados los dos timoneles que acompañan al PP y que ya disfrutan de su cachito de tarta.

     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, sábado 27 de marzo de 2010, 19:35

 

Timoneles

     Se equivocó George Orwell cuando dijo que la libertad de expresión es "decir lo que la gente no quiere oír". O eran otros tiempos. O era otro planeta. O era un ingenuo. En este país y en esta ciudad donde los políticos han expropiado a la sociedad alguna de sus funciones, la libertad de expresión es decir lo que el poder no quiere oír. Y tener dónde decirlo. 

     La noticia es que los tres timoneles se han reunido para declarar que la oposición no se puede manifestar en sus medios de comunicación. Censura en los medios del poder, en los medios que controlan los timoneles, en los medios que de verdad llegan a la mayoría de la gente. Motivo: solapada acusación de robo y estafa; un politiqueo bobo. Una estupidez. Cuando alguien tiene sospechas de que se está robando o estafando lo investiga y lo denuncia en el cuartelillo de la Guardia Civil. Otra cosa son palabras al viento que se quieren colar en un titular. Un juego. Niños.

     La almendra de esta polémica provinciana y aburrida no es que los tres timoneles copien con entusiasmo las prácticas de Chavez o que el aspirante se deslengüe con acusaciones sin probar, el problema es que los políticos tienen medios de comunicación. De ellos, de su propiedad, porque  todo lo público —eso creen— es de su propiedad. Y ejercen como propietarios, y abren la puerta o la cierran a su capricho, y admiten o expulsan según les apetece; y se sorprenden si alguien quiere entrar sin su permiso. Y se cabrean y los echan. Lo hacen los tres timoneles y lo hará el aspirante a timonel cuando lo sea. Porque se lo creen, se creen timoneles, se creen guías y luz. 

     Mientras que la política, los políticos, los falsos políticos, piensen que la libertad depende de ellos, la libertad estará amenazada. Ahora piensan que la libertad de información en esta pequeña ciudad de provincias depende de ellos, de su arrojo y valentía. No entienden que la libertad es de cada individuo y que no necesitamos que nos la administren. Limítense a tener las calles limpias, iluminadas y bien asfaltadas, a que nos sintamos seguros y libres, y dejen que las leyes establezcan el marco para el ejercicio de las libertades. Dejen que la política, la convivencia, la ejerzamos los ciudadanos y no se metan en lo que no saben. 

     O constrúyanse un pueblo de cartón piedra y jueguen a políticos de cartón piedra. 

     El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 23 de marzo de 2010, 11:14

 

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