La lata de
trabajar (Timoneles XVI) ![]()
El poder de los
Timoneles
(Timoneles XV)
Apreciado Luís Andrés: El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 25/08/2010, 11:01
Cuando Crecemos,
ellos empequeñecen (Timoneles XIV)
Los encargados españoles de los asuntos del fútbol mandaron
a Sudáfrica a un equipo llamado La Roja, por el color de
su uniforme. El equipo resolvió con alguna dificultad el trámite
del grupo y eliminó, en octavos, a Portugal. Pasó a ser El
España. El equipo ya portaba banderas. Con las victorias del
España comenzaron a colgar banderas españolas en los
balcones de las ciudades. Llegó Alemania. Semifinales, `O.K.
Corral´, alemanes y españoles se cruzan la mirada sin
pestañear. El España suelta el lastre del articulo y se
convierte en España. Ya no es un asunto de colores y
banderas; es un país. Un país que volvió a ganar a la potente
Alemania.
La final. Holanda, excolonia del Imperio español con la que guerreamos y le dimos lo nuestro en Flandes. Luego se independizaron para perder el Mundial frente a España. Nos tienen ganas. Pero ya no juega La Roja, ni tan siquiera El España, ahora es España. Una Nación, cosa seria. Durante unos días los timoneles han estado desaparecidos. Y la pequeña ciudad de provincias que observa triste y resignada la mediocridad de sus timoneles, ha despertado alegre, viva, pujante y con personalidad para formar parte de una Nación que ha ganado una copa del mundo. La grandeza de estos días empequeñece a los timoneles. A los de aquí y a los de allá. Se puede ser feliz sin timoneles, incluso es más fácil. El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 12/07/2010 18:41
Tic-Tac, Tic-Tac
(Timoneles XIII) Esto es lo lógico, aunque con ellos nunca se sabe:
Julio y Agosto. Los calores estivales debilitan las
fuerzas y aplastan las voluntades. Lo suyo, lo de ellos, es, mustios
y desganados, ver pasar los días. No hay prisa, hay elecciones con
la llegada de la próxima primavera. La consigna es no moverse, no
dejarse ver, no cometer errores. El verano ayuda. Y Julio y Agosto
son mucho verano.
Septiembre: festejos y resaca. Después, arrancar la pesada maquinaria administrativa, poco a poco, no hay prisa, hay elecciones. Es el final del verano, el principio de un otoño melancólico y provinciano con sus tardes ocres y sus políticos en la penumbra. Eso ayuda. Tic-tac, pasa el tiempo. Octubre, noviembre, meses de revoluciones, de movimientos
para entrar en calor. Eso era antes, ahora toca cambiar el armario y
sacar la ropa de invierno. Mas ellos, los Timoneles, sacarán la
ropa de precampaña, las promesas olvidadas y las poses ensayadas. Ya todo gira en torno a las elecciones, a las listas, a
no quedarse fuera, ¡qué frío!, a que te incluyan en "lugar de
salida", a recordar que has sido un remero sumiso y disciplinado, a
zancadillear a quien te moleste, a pasar la mano por la espalda del
Timonel. Ha llegado el momento de la humillación a cambio de un
puesto, el momento de canjear el silencio y la obediencia por cuatro
años de placidez y sosiego. Alta política. Firmes principios.
¡Grandeza! Ha terminado la primera parte de la función, Tic-Tac, Tic-Tac...acomódense, comienza
la segunda. Ellos se juegan mucho, nosotros, ni se sabe. El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 01/07/2010 21:11
Una
Asamblea de Párvulos
(Timoneles XII) Como penitencia preventiva por un pecado que aún no he cometido, escuché parte —sólo parte, que mis pecados apenas alcanzan la categoría de veniales— de la magna reunión de Timoneles y Remeros. Reunión larga y estrecha. Larga en tiempo y estrecha en emociones. Horas y horas hablándole a una cámara de televisión, a unos micrófonos de radio y a ellos mismos, sobretodo a ellos mismos. Les encanta escucharse. Y no sé por qué.
De lo oído en esta Asamblea de niños chicos, tres asuntos:
1.- El extraño caso de políticos
mutados en periodistas. Será por ese conflicto vocacional por lo que
no acaban de brillar en la política y desconocen la información, la
información libre. Como si de un ciudadano Kane venido a menos se
tratara han decidido castigar al aspirante a Timonel imponiéndole
silencio y quién sabe si dejándolo sin postre. Son la envidia del
orangután rojo venezolano, ni siquiera han tenido que expropiar la TV,
es de ellos.
2.- La multiplicación de los panes y
los peces en versión de presupuesto para una pista deportiva. Lo que
se dijo que valía dos, cuesta nueve. Es una pequeña desviación en el
tiro, apuntaron en al agenda "salud para los ciudadanos" y le dieron a
la cartera de los contribuyentes. No es un mal local, es una "torpeza"
nacional. Pero no son tiempos, o sí son tiempos, tiempos de crisis,
tiempo de afinar la puntería.
3.- Reducción del personal en el
puente. Escándalo. Pero no he oído ni un solo argumento que desmontara
la perentoria necesidad de adelgazar las prebendas. Bien hubieran podido
argumentar que su sublime falta de preparación la han de compensar con
duro y abnegado trabajo, pero no lo han hecho. Quizá no hayan querido
mentir en la segunda parte.
El colofón lo ha puesto el Gran Timonel que, como si oliera a sangre, ha exclamado: "¡señores, se palpa la precampaña!"
¿Cuanto le cuesta a esta pequeña ciudad de
provincias, callada y melancólica, el divertimento de los Timoneles y de
sus remeros?
Mientras escribía estas líneas he recibido un sms:
"Espero que el día de la gran convocatoria para elegir Timonel haga buen
tiempo. Me muero por hacerles un corte de mangas desde la playa"
El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com,
24/06/2010 18:55
Sin red social
(Timoneles XI) Será la ciudad, que por acomodaticia y apática sólo produce Timoneles
mediocres y pusilánimes en las cosas de la comunicación. Sólo se comunican
con la tripulación, y ello para
palmearse mutuamente. Aunque tal vez no sea por culpa de la pequeña ciudad de provincias. Empujado por la curiosidad escribo el nombre de la ciudad: ¡sorpresa!, hay numerosos ciudadanos y agrupaciones pululando por el facebook. —Eso demuestra, Búho, que tenemos una sociedad civil vibrante y con iniciativa —mi amigo Equis, remero silente, se apropiaba sin rubor de las virtudes ajenas —Eso
demuestra, Equis, que la sociedad civil es mejor y más osada que sus
Timoneles y que sus remeros.
Buceé en los blogs buscando Timoneles, remeros y palmeros. Nada. Nuestros próceres nos tienen huérfanos de ideas, esconden sus sabias palabras y ocultan sus brillantes propuestas. No entiendo las razones, no comprendo por qué se reservan sus luces, sus planes y sus inquietudes. En este punto aparté de mi recuerdo una frase de Umbral: "Azorín escribe con frases cortas porque tiene ideas cortas", para no aplicarla al silencio de nuestros Timoneles: callan porque no tienen nada que decir, porque no tienen ideas. Demasiado cruel. —No
te irrites, Búho. Los Timoneles hablan, lo hacen en su facebook privado, en
sus blogs particulares...en la radio y la televisión que les preguntan
qué le han de preguntar. Son prudentes. Repasé melancólico el fesbook de la Gran Timonel de la gran ciudad de la
mediana provincia. Algún día, soñé, tendremos un Gran Timonel que sepa escribir.
Pero ya me conformo con tener un Timonel que tenga algo que dictar. —Es habitual confundir prudencia y cobardía, amigo Equis —Hacen `bolos´ por los barrios, se preocupan por lo que siente la gente. —Se preocupan por lo que vota la gente, Equis. El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 14/06/2010 17:06
El milagro
Mi amigo Equis, el apóstol que me habían
asignado, a pesar de su casi medio siglo de vida no tenia más experiencia
laboral que la política. Y una breve incursión en una oficina amiga de la
familia; lo suficiente para emborronar un currículum que nunca necesitó.
Pidió el segundo gintonic mientras me hablaba
—Se ha puesto duro el oficio de Timonel,
Búho. Muy duro.
Equis miraba el fondo del vaso y removía el hielo que
flotaba en el gintonic con la punta de su dedo índice. Se concentraba,
buscaba una repuesta. Tenía que haberme preparado más, pensó, aunque hubiese
sido en la escuela nocturna. Derrotado, levantó la mirada, clavó sus ojos en
los míos y apretó los labios.—Por las pesetas... —Por las pesetas que no hay. Ya no podemos acudir a los prestamistas. Mal menor, porque nos han avisado con tiempo para aprovisionarnos. Lo peor es la desbandada de los ladrilleros, ya no vienen con sus carteras llenas y sus regalos para la ciudad. Así no hay Timonel que pueda prometer nada. —¿Dónde está el problema, acaso las promesas son para cumplirlas? —El problema, amigo Búho, es que ahora el populacho sabe que no se pueden cumplir. —Pues algo tendréis que prometer. El populacho elige Timonel dentro de un año.
—Si no hay dinero, ¿qué se puede
prometer? El populacho necesita carnaza, incluso en una pequeña ciudad
de provincias melancólica y abúlica como ésta.
Lo miré, parecía preocupado. La Gran Casa, las
palmaditas al Timonel y el café de las once eran toda su vida. Le
hubiera gustado ser funcionario, pero no se preparó y se tuvo que
conformar con entrar a la Gran Casa con su mano acariciando la espalda
de un Timonel. Pero ahora...
—Necesitamos un milagro, Búho.
El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com,
sábado, 05/06/2010, 12:14—Prometer que vais a mantener abierta la Gran Casa, que conseguiréis que no se cierre y que todo seguirá funcionando. Si lo lográis será un milagro.
Palmeros
(Timoneles IX)
En tiempos de
escasez, cuando el ahorro no es una virtud sino una miserable necesidad, los
asesores externos, esos extraños que no comparten apellidos, esos bastardos
acogidos en la gran casa, han de ofrecer su cabeza para lucimiento del pater,
para que el timonel presuma de meter tijera y ahorrar por el bien de la
comunidad.
Es la dura vida del palmero: no ha conseguido el acta
de remero, se ha quedado fuera de la galera a pesar de haberse roto las
palmas aplaudiendo al timonel, de haber reído sus gracias y defendido su
honor frente a los piratas enemigos. Como recompensa por los servicios
prestados el timonel lo acopló como grumete a cambio de comida y techo.
Los palmeros son más leales que los remeros, saben
que se lo deben todo al timonel, que no tienen el aval de los votos y que a
un gesto del jefe pierden las prebendas y la soldada. Por eso les duele a
los timoneles el sacrificio; y por eso hay jefes que cometen el error de no
sacrificar a los grumetes. Pero, ¡ay!, son malos, muy malos tiempos para la
generosidad y es preciso aligerar el barco para que se mantenga a flote. Mas
tanto sacrificio... ¿qué hacer? Le pregunté al apóstol que vela por mi
pureza:
—¿Qué piensas Equis, soltarán lastre los timoneles?
—Si
es preciso, no lo dudes Búho, no lo dudes. Pero será el último recurso. Los
guias necesitan sentir el calor de una palmada en la espalda; los jefes
precisan de los halagos como del oxigeno, y nadie como los palmeros para
regalarles el oído.
—Pues creo que se quedan.
-Mira Búho, los palmeros caerán en cascada allí
donde el timonel haya de elegir entre su imagen ante los más o el
agradecimiento de los menos.
Mientras el timonel decide, los palmeros redoblan
palmas, agrandan la sonrisa y multiplican sus reverencias para conservar sus
pagas. Mas es la gente común la que, con el dinero de sus bolsillos, llena
las carteras de los palmeros.
El timonel echa cuentas: ¿cuantos votos me puede
costar tan grande generosidad?
El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, lunes, 23/05/2010, 9:31
Jornaleros
(Timoneles VIII)
Me tienta, me tienta la idea de hacer demagogia con los jornales de los
timoneles y de los remeros. Pero no. Voy a ser coherente y a defender lo que
siempre he considerado lo más cabal: lo timoneles merecen más jornal. A esta
conclusión llegué de la mano de un amigo, ex-primer edil, que dejó el timón de
su pueblo para recogerse en su despacho profesional. Necesito ganar dinero, me
explicó, y el Ayuntamiento no me paga lo suficiente y hay demasiadas
tentaciones, así que mejor lo dejo antes de pecar. Y acabó su mandato como
termina el soneto de Cervantes: "Fuese, y no hubo nada"
Sueldos abultados como antídoto contra la corrupción, es un
argumento. Pero ya no sirve, no se puede combatir el tifus con una aspirina.
Las tentaciones de Jesús en el desierto fueron un juego de parchís al lado de
la capacidad de seducción de los nuevos diablos, los demonios que vienen
cargados de ladrillos y prebendas. Contra esta enfermedad no queda otra cura
que encomendarse a la divina providencia y confiar en que los timoneles y los
remeros lleguen inmunizados de casa. Es fe.
Me queda una razón para desear mejores jornales para nuestros timoneles: atraer
a los mejores. La vocación de timonear una pequeña y melancólica ciudad de
provincias es tan extravagante como la virginidad en una casa de putas. Y si
algún timonel, confundiendo molinos de viento con gigantes, proclama en voz
alta su "espíritu de servicio a la comunidad", provocará, ya lo verán, un
estilo de risa que bien pudiera servir como terapia en estos tiempos de
crisis. Más me fío de quien diga que trabaja de timonel movido por un jugoso
jornal y por las reverencias de sus remeros que por una abnegada afición por
favorecer a sus vecinos. La vida real es así de mezquina.
Concluyo, paciente lector (me consta que cuento con uno, y que usa siglas
por nombre), exigiendo a los timoneles que se suban sus emolumentos hasta
donde lo permitan las deudas municipales. ¡Pero ay!, también les pido que no
basten dos peonadas para percibir un PER, les solicito humildemente que
cumplan jornadas laborales, calendarios de trabajo, y, sobretodo, que animen
-o amenacen, en caso de rebeldía- a sus remeros para que se ocupen del duro
trabajo municipal. O que den apariencia de ello al objeto de no
soliviantar a las masas, tan prestas ellas a la critica descarnada. Y si no me
excedo en la súplica, bueno sería que solo perciba jornal quien se lo gane, y
solo se lo pueda ganar quien tenga tarea que realizar, y todo ello
sin inventar ocupaciones ficticias; con lo que, ya lo sé, muchos palmeros
tendrán que cambiar de oficio.
—No
se dará el caso, Búho.
—Eso
me temo, amigo Equis, eso me temo. Mas confiemos en la naturaleza caprichosa
de los hombres, tan capaz de volver estúpido al sensato como de tornar justo
al inmoral
El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, lunes, 10 de mayo de 2010, 16:29
Un año no es nada
(Timoneles VII) En las cosas del poder el tiempo corre más que en las cosas del querer. Y un año no es nada, es el tiempo que falta para la gran regata, para saber quién empuñará el timón de esta pequeña ciudad de provincias. En los camarotes de las Galeras se cuecen conspiraciones, favores, promesas y componendas para designar al timonel-aspirante. El timonel que escora a babor, el que aparenta guiar hoy a esta pequeña
ciudad de provincias, dicen que dice que quiere seguir al mando. Si no hay
patrón de más altura que lo impida, no se encontrará remero ni pasajero que
vacile: es el mejor, se repiten. El único, gritan otros; afirmación ésta de
doble y diabólico filo.
Otro timonel, el que ganó la última regata y perdió los laureles de la
victoria, aspira a repetir triunfo sin perder la gloria. Pero tiene a algunos
remeros y a bastantes pasajeros con la duda en la neurona. Amargor que pasará,
piensa él, con la miel de la victoria, que ya se sabe que el poder amalgama
más que el mismísimo cemento.
Los otros dos timoneles en ejercicio, los timoneles chicos, no tienen
quien les escriba y su voluntad es la única voz de la tripulación.
Más compleja parece la confección de la nómina de remeros. Mi apóstol Equis, el remero medio decente que vela por mi salvación, me instruye sobre las artes para colocarse en lugar de privilegio: —Básicamente hace falta una cosa, amigo Búho:
hacer saber que tu mayor talento es el silencio y la sumisión.
—¿No es eso mediocridad, amigo Equis?
—La brillantez está reñida con la
ambición tranquila, que es la única que se tolera para entrar en la nómina de
la Galera.
—-Entiendo —mentí—. ¿Y para
ganar, amigo Equis, qué se precisa para ganar la gran regata cuando es el
pueblo quien decide?.
—Fácil Búho, fácil. Ya se ve que no
entiendes de política. Para ganar hay que moverse lo menos posible, no cometer
errores y dejar que sean las otras Galeras las que tropiecen con el arrecife.
Ten en cuenta, amigo mio, que en este viejo país no se vota por alguien,
sino contra alguien, de ahí que tan importante es atraer como no rechazar.
Siguió la conversación. Ya les contaré.
El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com,
sábado, 01 de mayo de 2010, 10:28
Una piscina para la eternidad
(Timoneles VI) Ellos
lo saben, los timoneles lo saben. Y los remeros también.
Un remero medio decente me lo cuenta delante de un
Chivas (bajando de este nivel —se justifica—, el wisky me produce ardor):
—En política, Búho, lo que importa no es lo que se
hace día a día. Lo trascendente, lo que se graba en la memoria colectiva, es
lo que dejas hecho. Es lo que se ve cuando paseas.
—Lo que dejas hecho...
—Claro, es la prueba de vida de un político. A ver, ¿Tú sabes, Búho, cómo gobernaban los faraones egipcios, sabes acaso cómo se comportaban con su pueblo?
—Así, a bote pronto...
—Pero sabes quiénes eran los faraones...
—Claro, los que levantaron las pirámides.
—¡Ahí lo tienes!. ¡Qué importa si fueron justos o
injustos con su pueblo, qué más da lo que pensaran o en qué creían! Las
pirámides, eso es lo que dejaron hecho y por eso se les recuerda.
—¿Otro wisky, Equis?
—Me paso al yintonic. Tengo la garganta seca.
Equis es el apóstol que me han asignado para
devolverme al redil. Yo me dejo querer. Me divierte ver cómo mi apóstol se
convierte en mi "garganta profunda".
—Y digo yo una cosa, amigo Equis, ¿cuales son
vuestras pirámides?
—Cosas modernas: piscinas cubiertas, campos de
deporte, un plan general, las fuentes, la plaza de toros, las calles nuevas,
los locales que inauguramos... muchas cosas, Búho.
—La piscina —le provoco— no tiene agua, los
nuevos deportivos han multiplicado su precio, las fuentes no dan de beber
pero darían de comer a mucha gente con lo que habéis pagado... no sé amigo
Equis, creo que han de pasar muchos años para que el pueblo se fije sólo en
lo que dejáis hecho y no en cómo lo habéis hecho.
—El pueblo es de memoria frágil. Y el
circo que va a empezar entretiene y anestesia. No entiendes de política,
Búho, no entiendes.
—Y no sé si quiero entender....
Por mi apóstol Equis he aprendido que los timoneles
nunca caminan solos, nunca piensan solos, nunca trabajan solos; he aprendido
que los timoneles no son nadie solos. Los timoneles necesitan que los arropen,
que piensen con y por ellos, que les trabajen. Los timoneles necesitan ruido,
remeros rendidos y halagos sin fin para sentirse útiles. Y sobretodo los
timoneles nunca planifican más allá de las elecciones; salvo cuando sueñan con
la eternidad, con su eternidad ligada a una fuente o a una piscina, aunque
estén secas.
Y qué fácil es eso en una pequeña ciudad de
provincias preocupada en tener fresca la cerveza.
El Búho de la Sala,
elbuhodelasala@gmail.com,
lunes, 26 de abril de 2010, 11:47
Suenan igual ¿En qué de diferencian? No es una pregunta retórica, es curiosidad. Me
refiero a los "lideres locales". Los tres con mando en plaza —el camarote de
los Hermanos Marx— coinciden hasta en la desconfianza. Procesionan detrás de
la Virgen mirándose de reojo; visitan a Ripoll —el jefe provincial— vigilando
cada paso que da el otro; se alinean en formación para salir en la foto y se
miden los tiempos de propaganda televisada. ¡Qué pesadez, tanta mano para tan
poco timón!
El otro, el aspirante, según cuentan los iniciados, bebe los vientos por
una procesión y jura en arameo contra la censura impuesta por el poder... ya
llegarán los míos, debe de pensar.
Intercámbienlos, es lo mismo, suenan igual. Unos con más acento, otros con
menos, pero todos con el mismo sonsonete: que nos subvencionen, que nos den
pelas para pagar las nóminas, levantar fuentes y ampliar presupuestos. Y
rápido, que hay mucha foto pendiente. Se sienten importantes, hasta se creen
imprescindibles. ¿Para qué?
En la pesada atmósfera del pueblo hay suspendidas dudas que no le quitan
el sueño a nadie. Es parte del juego, nos decimos resignados. Presupuestos
millonarios que se estiran como el chicle, rumores de "gratificaciones" a los
de confianza, encajes de bolillos para cuadrar presupuestos aquí y allá. Y
mucha foto, y mucha risa triste, y mucha palmadita en la espalda. Y más que
habrá: se acercan las elecciones y el paro puede llegarle a la casta. Nos da
lo mismo, son lo mismo. Es la casta. Son gente de estirpe.
Y el puto polvo islandés que nos impide coger un rayaner y huir...
El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com,
lunes, 19 de abril de
2010, 16:44
Una oveja descarriada Supo que su sueño era posible cuando recordó las palabras de Jesús, el de Nazaret: "mi reino no es de este mundo". Sin reino y sin despacho, se dijo, se puede ser Luz y Guía; sólo necesito un rebaño al que conducir. Y se puso a ello con sus leales. Se convirtió en un timonel sin poder terrenal que quiso ejercer una autoridad que no era de este mundo. Pero, ¡ay!, el rebaño sí lo era, era mundano y con debilidades mundanas. Cuando una de las ovejas que nunca estuvo integrada en el redil, descarrió y reclamó protagonismo, tuvo el timonel un golpe de memoria y recitó de un tirón la epístola de Juan a los corintios: ¿Cómo se atreve alguno de vosotros, teniendo un asunto contra otro, ir a juicio delante de los injustos y no, más bien, delante de los santos? El final nunca le gustó, en su opinión nadie debe ir delante de un santo. Y lo peor: la rebelión del descarriado amotinó la granja: Susurros por
las esquinas, pasquines con escritos como lanzas que se incrustan en el
costado, habladurías y descalificaciones. "El peso de la púrpura", se
consolaba. Y se aferró con fuerza al timón mientras se repetía una y otra
vez: "me necesitan, están desorientados; soy su norte, su rosa de los
vientos". En esto no era diferente a los demás timoneles.
Mientras esto ocurre en casa del aspirante, los timoneles, los tres timoneles con poder en la tierra, se frotan las manos al comprobar que no hay nadie capaz de abrir un boquete que deje pasar el aire fresco a la pequeña ciudad de provincias que, poco a poco, pausadamente, languidece cada mañana y cada tarde tomando un cortado descafeinado con la leche templada. Mejor sin sobresaltos. El Búho de la Sala,
elbuhodelasala@gmail.com,
sábado 10 de abril de 2010, 8:37
P.D.: -Iba a mandar este escrito y he visto "a los que teniendo un
asunto contra otro" han decidido "ir delante de los santos". ¡Aleluya, todos
juntos y en colores!
De la cojera a la gangrena (Pudo haber sido así:)
Todos quieren la maquinita de hacer pompas de propaganda El PSOE ha emprendido una campaña para
denunciar la manipulación de los medios de comunicación municipales. Bien, pero
corto. Les ha faltado valor, o les ha sobrado corsé doctrinario. Lo más
probable es que sólo estén pidiendo su cachito de la tarta y que le
levanten la censura.
Timoneles Se equivocó George Orwell cuando dijo que la libertad de expresión es "decir lo que la gente no quiere oír". O eran otros tiempos. O era otro planeta. O era un ingenuo. En este país y en esta ciudad donde los políticos han expropiado a la sociedad alguna de sus funciones, la libertad de expresión es decir lo que el poder no quiere oír. Y tener dónde decirlo. La noticia es que los tres timoneles se han reunido para declarar que la oposición no se puede manifestar en sus medios de comunicación. Censura en los medios del poder, en los medios que controlan los timoneles, en los medios que de verdad llegan a la mayoría de la gente. Motivo: solapada acusación de robo y estafa; un politiqueo bobo. Una estupidez. Cuando alguien tiene sospechas de que se está robando o estafando lo investiga y lo denuncia en el cuartelillo de la Guardia Civil. Otra cosa son palabras al viento que se quieren colar en un titular. Un juego. Niños. La almendra de esta polémica
provinciana y aburrida no es que los tres timoneles copien con
entusiasmo las prácticas de Chavez o que el aspirante se deslengüe con
acusaciones sin probar, el problema es que los políticos tienen medios
de comunicación. De ellos, de su propiedad, porque todo lo público
—eso creen— es de su propiedad. Y ejercen como propietarios, y abren
la puerta o la cierran a su capricho, y admiten o expulsan según les
apetece; y se sorprenden si alguien quiere entrar sin su permiso. Y se
cabrean y los echan. Lo hacen los tres timoneles y lo hará el
aspirante a timonel cuando lo sea. Porque se lo creen, se creen
timoneles, se creen guías y luz. O constrúyanse un pueblo de cartón piedra y jueguen a políticos de cartón piedra. El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, 23 de marzo de 2010, 11:14 |
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