De cartón-piedra
Fue hace muchos años; lo dijo
un alcalde en tiempos de la transición: "El futuro de Monóvar es convertirse
en una ciudad dormitorio". Así me lo contaron, y eso me irritó con la cólera
del nacionalismo herido, del localismo agraviado, del orgullo mancillado.
Con el tiempo se me pasó.
La edad me ha templado el carácter, los viajes han curado mi escaso
nacionalismo y las lecturas me han abierto la mente. No sé si mucho, sé
que lo suficiente para darle la razón al alcalde que quería convertir
Monóvar en un enorme dormitorio. Ahora ya es tarde. La ciudad se ha
convertido en un pueblo de cartón piedra que centra todas sus esperanzas
en servir de escenario para fotografías de propaganda. Los políticos deben
aceptar el futuro de Monóvar y ahorrarnos un buen dinero. De haberlo hecho
antes hubiera sido suficiente una piscina de cartón piedra para la
foto, una foto que ha costado millones de euros en una piscina de verdad
de la que han perdido las llaves.
—Señor, es uno del pueblo que quiere saber cuándo se abre la piscina
—Gutiérrez, usted que tiene labia, explíquele que eso es un lío.
Y continúan pasando perezosamente las hojas del `Marca´. Van a echar abajo el `Fleta´ y lo van a levantar de nuevo. ¿Tanto dinero para una fotografía? Construyan un decorado de cartón piedra para la foto, es más económico. No me harán caso y se gastarán un dineral para lucirse en colores, luego —es lo patético— perderán las llaves como han perdido las de la piscina o se han olvidado del plan general que iba a revolucionar el pueblo.
—Señor, es un forastero que quiere sabe si se aprueba el plan de los
ladrillos para construir en el pueblo.
—Gutiérrez, usted que tiene labia, explíquele que eso es un lío.
Y mueven lentamente la cucharilla en la taza de café.
Ya es tarde. Monóvar es una ciudad melancólica que los jóvenes mejor
preparados quieren dejar atrás. Con un paro que dobla al de la media de la
Comunidad Valenciana, saben los jóvenes que no es un pueblo con futuro.
Una ciudad cuyos dirigentes se han peleado a brazo partido para tener
jugosos —relativícenlo con sus trabajos— sueldos y para colocar a sus
amigos, no es de fiar. Es viejo, está anquilosado.
Los veinteañeros con estudios y los treintañeros con
iniciativa buscan su futuro fuera del pueblo de los abuelos. Los que pasan
a mejor fortuna se instalan en ciudades con pulso en las calles. Ni
siquiera una ciudad dormitorio. Ya es tarde. Sólo los que nos envolvemos
en la nostalgia de un pasado más vibrante o nos quedamos paralizados por
el temor a las sorpresas, aspiramos resignadamente a pasear por un casino
de provincias entre cuchicheos y miradas de reojo. La gran aventura de
nuestras vidas.
Demasiado tarde. La crisis, la maldita crisis, les ha quitado a
nuestros políticos el juguete de los `pais´, el entretenimiento de contar
los millones que las constructoras les mostraban para redondear sus
negocios. Nuestros políticos de 9 a 3 y los fines de mes a cobrar, se han
quedado desorientados, no saben qué hacer con este pueblo. O sí: echar
abajo y levantar de nuevo para salir en la foto. Pues háganlo de cartón
piedra, al fin y al cabo hablamos de políticos de cartón piedra. Políticos
tristes a los que les da pereza gestionar un pueblo cada vez más de
cartón-piedra.
Se acercan las elecciones y no le importa a nadie salvo a los
políticos con el sobre a fin de mes. Y a los que han colocado. Y a los que
quieren el sobre a fin de mes. Y a los que defienden con uñas y dientes
que el sol sale por el oeste si el cargo y el sobre depende de ello.
—Señor, es la gente, quieren saber que qué hay de lo suyo.
—Gutiérrez, usted que tiene labia, mándelos a tomar por culo.
Demasiado tarde. Monóvar hubiera podido ser una ciudad dormitorio decente. Al menos era un proyecto, ahora no hay proyecto ni modelo. Sólo cartón piedra. Y miran con desgana la plaza del ayuntamiento desde sus ventanas. "Ha quedado mona", piensan. Luego, descansan.
El Búho de la Sala, elbuhodelasala@gmail.com, lunes 15
de marzo de 2010, 18:43
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