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El Grupo poético del 27

Pedro
Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Vicente
Aleixandre, Federico García Lorca, Luis Cernuda y Rafael Alberti, y los
malagueños Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.
Casi todos los miembros de las generaciones
del 98 y del 27, y de la generación intermedia, llamada de las
Vanguardias, mantuvieron relaciones de amistad, muchas veces estrecha. Se reunían en
cafés y alrededor de tertulias; Benavente y Valle-Inclán presidían
tertulias en el Café de Madrid, que frecuentaban Rubén Darío, Maeztu y
Ricardo Baroja. Después Benavente y sus seguidores se fueron a la Cervecería
Inglesa, mientras que Valle-Inclán, los hermanos Machado, Azorín y Pío
Baroja tomaban el Café de Fornos. El ingenio de Valle-Inclán le llevó
luego a presidir la del Café Lyon d'Or y la del nuevo Café de Levante,
la que congregó a mayor número de participantes. Pero el café que ha llegado a
nuestro días es el Gijón.
En el último tercio del siglo XIX, en Madrid
nacían los cafés como lugares de reunión y tertulia. En mayo de 1888 abrió
sus puertas el Café Gijón en el madrileño Paseo de
Recoletos. Fundado por un emigrante asturiano en Cuba llamado Gumersindo
García. La decoración del local se conserva hoy en día: mesas de mármol
negro, sillones con fundas en rojo, paredes forradas con listones de
madera y un sótano donde se llevaban a cabo las tertulias. Por allí
pasaron José Canalejas, Santiago Ramón y Cajal, Pío Baroja, Benito Pérez
Galdós, Jacinto Benavente, Valle-Inclán, Severo Ochoa, Gomez de la
Serna... y los demás protagonistas de esta serie de artículos sobre
literatura contemporánea española, que incluirán la renombrada Generación del 98
y la del 27, llegando hasta Cela y terminando en González Sinde.
En 1910 el café Gijón es traspasado a Benigno López,
con la única condición de no cambiarle nunca su nombre, que realizó una
primera reforma dirigida por el arquitecto Carlos Arniches Moltó. En estos
años se va consolidando como referente cultural de la ciudad. Hasta sus
mesas se acercan Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Federico
García Lorca o Luis Cernuda. Con la posguerra continuó su actividad y
miembros del movimiento llamado “Juventud Creadora” o “Garcilanismo” como:
Alfonso Paso, Antonio Buero Vallejo, Antonio Gala o Enrique Jardiel
Poncela. Camilo José Cela se inspiro en el Café para escribir “La
Colmena“.
―Contexto histórico
En la década de los 20, soplaron con fuerza los
vientos regeneradores del vanguardismo estético en Europa. A este
movimiento pertenecieron personalidades españolas de excepción como
Pablo Picasso, Salvador Dalí o Luis Buñuel. Madrid fue
el lugar de nacimiento del cubista Juan Gris que supo reducir los
objetos que pintaba a su masa cromática y propiedades geométricas
esenciales. Y Cataluña puede presumir de la paternidad de Juan Miró,
el maestro del surrealismo, un hombre profundamente poético y original y
con un estilo infantil que traiciona su sabia visión. También asociado con
el surrealismo, Salvador Dalí, fue un artista excepcional que gustaba de
provocar la sensibilidad burguesa con gestos escandalosos y calculados.
Dalí había vivido con Luis Buñuel y Federico García Lorca en la Residencia
de Estudiantes de Madrid en los años 20, fue allí donde nació el grupo de
poetas conocido como la Generación del 27. Por primera vez desde
principios del siglo XVII coincidieron en España un grupo de talentos
líricos eminentes. Estos jóvenes artistas se sentían extasiados con el
mundo del cine, las "Luces de la ciudad", la ruptura con la burguesía, el
arte del realismo y la ilusión de una revolución política y estética. Años
más tarde, todos ellos sufrirían las tremendas heridas de la Guerra
Civil. Federico García Lorca fue asesinado por los nacionalistas y su
dramática muerte simbolizó la de toda una generación creadora. Rafael
Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillen, Rosa Chacel y María
Zambrano se vieron forzados al exilio. Su poesía, que había traído a la
lírica española el ideal de perfección de la "poesía pura", se volvió más
temporal, más reflexiva.
En la década de los 20 se instaura en España la
dictadura del General Primo de Rivera (1923-1930). Surge en esta época
una de las generaciones poéticas más brillantes de toda la historia de
nuestra poesía. Son los componentes de la Generación del 27. Todos ellos
nacen entre 1892 y 1906, logrando su plena madurez y prestigio en los
años de la Segunda República Española (1931-1936). La Generación fue
llamada de 1927 por haber celebrado este año, con fervoroso entusiasmo, el
tercer centenario de la muerte de Góngora, afrentándose públicamente por
primera vez con la crítica social y académica, que habían ignorado, cuando
no atacado, al Góngora de los grandes poemas barrocos. Aquellos jóvenes
poetas sabían lo que querían al exaltar al Góngora autor de Las Soledades,
al que consideraban ejemplo perfecto del poeta puro, del poeta
enamorado de la belleza, y al celebrar su centenario dejaron constancia de
su homenaje en bellas ediciones gongorinas. Dámaso Alonso editó Las
Soledades, Gerardo Diego una Antología poética en honor de Góngora, García
Lorca su conferencia sobre la imagen poética de Góngora, y Rafael Alberti
publicó una Continuación de Las Soledades. La celebración del centenario
se coronó con un número Homenaje a Góngora que publicó la revista Litoral,
dirigida en Málaga por dos miembros de la generación: los poetas Emilio
Prados y Manuel Altolaguirre, el número, en el que colaboraron Picasso y
Falla, junto a los poetas de la generación, llevaba una portada del pintor
Juan Gris.
Ese mismo año -1927- que da nombre a la generación,
tiene lugar otra aparición pública de sus miembros; el Ateneo de Sevilla,
a iniciativa de Ignacio Sánchez Mejías, el gran torero andaluz amigo de
los poetas, invitó a éstos a que diesen una lectura de poemas en su
tribuna. A esta cita sevillana acudieron: Dámaso Alonso, García Lorca,
Rafael Alberti, Gerardo Diego, Jorge Guillén y Luis Cernuda, que vivía
entonces en Sevilla. Era la primera vez que los poetas del 27 leían
públicamente sus versos, y unto a ellos tomaron parte en la lectura otros
poetas y escritores que acudieron de Madrid: Juan Chabás, Mauricio
Bacarisse y José Bergamín.
Todos habían nacido en un período menor a 15
años, al final del siglo XIX y principios del XX: desde 1891 (Salinas) a 1905 (Altoaguirre). Tenían una formación
intelectual semejante: la mayoría son universitarios, algunos llegan a ser
profesores (Salinas, Guillén, Alonso...), y casi todos pasaron por la
Residencia de Estudiantes. La Residencia de Estudiantes, desde su
fundación en 1910 por la Junta para Ampliación de Estudios hasta 1936,
fue el primer centro cultural de España y una de las experiencias más
vivas y fructíferas de creación e intercambio científico y artístico de la
Europa de entreguerras. En 1915 se traslada a su sede definitiva en la
madrileña Colina de los Chopos. Durante toda esta primera etapa su
director fue Alberto Jiménez Fraud, que hizo de ella una casa abierta a
la creación, el pensamiento y el diálogo interdisciplinar.
Tanto la Junta como la Residencia eran producto de las ideas renovadoras
de la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876 por Francisco Giner
de los Ríos.
La Residencia se proponía complementar la enseñanza
universitaria mediante la creación de un ambiente intelectual y de
convivencia adecuado para los estudiantes. Características distintivas de
la Residencia fueron propiciar un diálogo permanente entre ciencias y
artes y actuar como centro de recepción de las vanguardias
internacionales. Ello hizo de la Residencia un foco de difusión de la
modernidad en España, y de entre los residentes surgieron muchas de las
figuras más destacadas de la cultura española del siglo XX, como el poeta
Federico García Lorca, el pintor Salvador Dalí, el cineasta
Luis Buñuel y el científico Severo Ochoa. A ella acudían
como visitantes asiduos o como residentes durante sus estancias en
Madrid Miguel de Unamuno, Alfonso Reyes, Manuel de Falla,
Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Pedro Salinas, Blas Cabrera,
Eugenio d'Ors o Rafael Alberti, entre muchos otros. Entre las
personalidades que acudieron a sus salones figuran Albert Einstein, Paul
Valéry, Marie Curie, Igor Stravinsky, John M. Keynes, Alexander Calder,
Walter Gropius, Henri Bergson y Le Corbusier, entre muchos otros.
Actualmente todos los integrantes de La Generación del 27 han fallecido,
el último Rafael Alberti, el 28 de octubre de 1999.
―Características de la generación.
Admira a los clásicos y a la Generación del 98.
Se dice que fue la mejor generación de escritores que ha existido en
España. Aunque desean encontrar nuevas fórmulas poéticas, no rompen con
nuestras tradiciones y sienten admiración por el lenguaje poético de
Góngora, por nuestros autores clásicos y por las formas populares del
Romancero. A la par que lo tradicional, las corrientes de vanguardia,
sobre todo el surrealismo, ejercen gran influencia en el grupo del
27. Los escritores surrealistas exploran el mundo de lo inconsciente y
pretenden alcanzar la belleza absoluta, que está por encima de la
realidad.
Intención estética. Intentan encontrar la belleza a
través de la imagen. Pretenden eliminar del poema lo que no es belleza y,
así, alcanzar la poesía pura. Quieren representar la realidad sin
describirla; eliminando todo aquello que no es poesía.
Temática. Sienten especial interés por los grandes
asuntos del Hombre, como el amor, la muerte, el destino... y los temas
cargados de raíces populares.
Estilo. Se preocupan fundamentalmente de la
expresión lingüística y buscan un lenguaje cargado de lirismo. Utilizan
estrofas tradicionales (romance, copla...) y clásicas (soneto,
terceto...). También utilizan el verso libre y buscan el ritmo en la
repetición de palabras, esquemas sintácticos o paralelismo de ideas.
―Estética e influencias.
La mayoría de estos autores, principalmente
líricos, entraron en contacto con la tradición literaria a través del
Centro de Estudios Históricos dirigido por el
padre de la filología
española, Ramón Menéndez Pidal, y con las Vanguardias a través de los
viajes, la divulgación llevada a cabo por Ramón Gómez de la Serna y
otros novecentistas y, sobre todo, las actividades y conferencias
programadas por la Residencia de Estudiantes, institución inspirada
en el Krausismo de la Institución Libre de Enseñanza.
En los primeros años de la generación, es decir,
los primeros años veinte, Machado no estaba de moda entre estos poetas.
Reconocían la autenticidad y hondura de su obra, pero no la seguían. Pero
luego, a partir de los años treinta, el valor de Machado fue subiendo para
aquellos poetas y fue el más querido de todos ellos.
Paul Valery fue en la primera fase de la
generación (1920-1928) un ídolo para muchos de ellos, un alto ejemplo de
la poesía pura a la que aspiraban.
Ramón Gómez de la Serna, con sus deslumbradores
hallazgos de imágenes novísimas les marca profundamente, sobre todo en sus
comienzos. Ortega y Gasset influye en la primera etapa de la
generación con su libro La deshumanización del arte. Esta obra es
un análisis del arte de vanguardia. En ella comienza Ortega señalando el
carácter minoritario y antipopular del arte nuevo, que “divide al público
en estas dos clases de hombres: los que lo entienden y los que no lo
entienden”. Y tras ello estudia sus principales rasgos:
Es un arte puro. Si la tradición decimonónica invitaba a valorar el arte
por lo que tuviera de “humano”, de “real”, ahora se nos invita a valorar
las puras calidades formales. De ahí que se tienda a la deshumanización.
La voluntad de estilo o “estilización”, supone un alejamiento de la
realidad y una eliminación de las emociones humanas, en pro de la pura
emoción artística. Es por ello un arte intelectual, ya que no se funda
en el contagio emocional, “El placer estético tiene que ser un placer
inteligente”. El fin del arte se convierte en juego, lejos de todo
patetismo.
Con el término de “vanguardias” se han designado en el
siglo XX a aquellos movimientos que se oponen a la estética anterior y que
proponen, con sendos manifiestos, concepciones profundamente nuevas del
arte y de las letras. Los “ismos” vanguardistas se suceden a un ritmo muy
rápido: Fauvismo, Futurismo, Expresionismo, Imaginismo, Cubismo, Dadaísmo,
Surrealismo, etc. Agunos de aquellos movimientos hicieron aportaciones
sustanciales a los miembros del grupo del 27:
El Futurismo, que exalta la civilización mecánica y las
conquistas de la técnica, aparece esporádicamente en los poetas del
27: Pedro Salinas escribe poemas a la bombilla eléctrica y a la máquina de
escribir; Alberti compone un madrigal al billete del tranvía y canta a los
actores de cine.
El Creacionismo defiende que el poema es un objeto
autónomo, una “creación” absoluta: “hacer un poema como la naturaleza hace
un árbol” es la divisa de Huidobro (el iniciador del movimiento). Así, el
poeta cultivará el “juego de azar de las palabras” y una imagen que no se
basa en la comparación entre dos realidades: éstas se aproximan de modo
gratuito o en virtud de una relación arbitraria que el poeta crea entre
ellas. Su máximo representante es Gerardo Diego.
La difusión del Surrealismo en España debe mucho al
poeta Juan Larrea. Sus poemas, “artefactos animados, máquinas de fabricar
emoción”, responden al Surrealismo más puro. Según Cernuda, a Larrea debe
atribuirse la orientación surrealista de varios de los poetas del 27. Lo
cierto es que casi todos los componentes del grupo (en cierto momento
de su evolución) quedaron fuertemente marcados por este movimiento. A
su influjo se deben varios libros fundamentales: Sobre los ángeles, de
Alberti, Poeta en Nueva York, de Lorca... y buena parte de la obra de
Vicente Aleixandre.
Sin embargo, los poetas del 27 tienden a frenar las
estridencias, a poner una discreta criba ante la innovaciones. No son
iconoclastas, como era el caso de ciertos movimientos de vanguardia.
Conjugan tradición y revolución, desarrollándose a su modo, aunque el
impulso inicial, venga, en parte, de fuera.
En su mismo momento de sazón, el Modernismo no había
atraído profundamente a ningún gran poeta, excepto Manuel Machado: ni a su
hermano Antonio, ni a Unamuno, ni Juan Ramón Jiménez. Este ultimo,
sobre todo, se siente pronto impulsado por un afán innovador que lo
convierte en el inmediato maestro de la generación del 27. Junto a
este magisterio está el de Ramón Gómez de la Serna. Si el famoso
autor de Platero y yo bebió en fuentes extranjeras, que a través de él
influyeron en sus seguidores, el inventor de las “greguerías” fue uno de
los primeros autores que en Europa, no sólo en España, practicaron el arte
de vanguardia. Históricamente, la literatura de vanguardia es la que
corresponde a la posguerra que siguió a 1918, aunque algún movimiento,
corno el futurismo o el cubismo sea inmediatamente anterior. Durante unos
diez años, el viejo continente disfruta, como suele ocurrir tras los
grandes conflictos bélicos, una visible prosperidad y reina el optimismo.
Se siente el deseo de olvidar los horrores pasarlos y se practica una
literatura de «evasión». Estamos en el momento de lo que Ortega llamó la
deshumanización del arte. El clima es semejante en España, que había
permanecido neutral en la contienda europea. Esta situación dura,
aproximadamente, hasta 1930: la depresión económica de Occidente coincide
con una honda crisis espiritual en la que naufragan el optimismo y los
ideales que habían nutrido a la década anterior. La crisis afecta también
a España, país cuya secular descomposición política no favorecía
precisamente alegres evasiones. No es que haya división tajante; pero, a
partir de la citada fecha, la poesía, manteniendo algunas adquisiciones de
los «años veinte», perderá extremosidad y, a la vez, tomará otra
trayectoria.
―Tres etapas en la Generación del 27. La
dictadura de Primo de Ribera. La República. La dictadura de Franco.
a)
Hasta 1927.
Influenciados por Bécquer, el Modernismo y
Juan Ramón se orientan hacia la
"poesía pura": "Poesía pura es todo lo que permanece en el poema después
de haber eliminado de él todo lo que no es poesía"(Guillén). Se depura el
poema de todo lo anecdótico, de toda emoción que no sea puramente
artística. Para ello usan mucho la metáfora. Esta poesía es bastante
hermética y fría.
También lo "humano" les influye, sobre todo a través de la lírica popular
(Alberti). La sed de perfección formal los lleva al clasicismo, sobre todo
de 1925 al 27. Incluso podemos hablar de una fase "gongorina".
Juan Ramón, entonces
en la plenitud de su obra y de su prestigio, era para ellos, en aquellos
primeros años de la generación, el maestro indiscutido, cuya palabra era
oráculo. Fue Juan Ramón quien editó el primer libro de Pedro Salinas,
quien publicó en su revista y cuadernos de poesía poemas de casi todos los
poetas de la generación; quien finalmente, dio el espaldarazo a Rafael
Aberti, en la preciosa carta que va al frente de la primera edición de
Marinero en Tierra, y sirvió de enlace a la generación con la tradición
lírica anterior, con Bécquer sobre todo, y más atrás con la poesía
popular de los cancioneros, que Alberti y Lorca supieron renovar con
arte insuperable. De Juan Ramón van a heredar los poetas del 27 el
ansia de pureza y perfección en poesía, la nueva sensibilidad al
expresar los más delicados matices de las cosas y de las
sensaciones, y la exigencia y rigor en el lenguaje.
Los comienzos de la generación coinciden con los
primeros años veinte. En 1920 aparece el primer libro de Gerardo Diego,
Romancero de la novia; en 1921, el de Dámaso Alonso, Poemas puros.
Poemillas de la ciudad; en 1923, el de Pedro Salinas, Presagios; en
1925, el de Rafael Alberti, Marinero en Tierra, y el de Emilio
Prados, Tiempo; en 1926, el de Manuel Altolaguirre, Las islas
invitadas; en 1927, el de Luis Cernuda, Perfil del aire; y en 1928,
el de Jorge Guillén, Cántico, y el de Vicente Aleixandre,
Ámbito; año en que también se publica el Romancero Gitano, que hace famoso
a su autor, Federico García Lorca.
Aunque muy minoritaria en sus comienzos -el público y
la crítica los ignoraban o los tachaban de vanguardistas-, la generación
se impuso pronto por la calidad de su poesía y por la personalidad
fulgurante de algunos de sus miembros, especialmente García Lorca y
Alberti. En 1925 dos de ellos, Alberti y Gerardo Diego, obtuvieron el
Premio Nacional de Literatura, el primero con Marinero en Tierra, y el
segundo con Versos humanos, que obtuvo un accésit. Fue el primer éxito
oficial de la generación, y el que le abrió las páginas de las revistas
literarias del momento, como la prestigiosa Revista Occidente, que
dirigía José Ortega y Gasset, y en cuyas páginas publicaron poemas,
a partir de 1924, todos los poetas del 27. Mostraba así su apoyo a un
movimiento poético que se caracterizaba por la calidad y pureza de su
trabajo, y por el afán de alcanzar la esencialidad de la poesía.
Este
distanciamiento entre vida y poesía, entre realidad y pureza, que Ortega
definiría en un famoso ensayo como "la deshumanización del arte",
no dejó de provocar críticas a la poesía de la generación, que fue juzgada
por algunos -Antonio Machado entre ellos- demasiado intelectual y
esteticista, y como consecuencia, un tanto fría. Hay que reconocer que
aquel clima estetizante e intelectualista tenía sus peligros, que los
mismos poetas del 27 no tardaron en advertir. Ya en 1926 Jorge Guillén,
a quien se consideraba el más fiel cultivador de la Poesía Pura,
escribía en la "Carta a Fernando Vela" que figuraba en la Antología
de los poetas de la generación hecha por Gerardo diego, que la poesía pura
resultaba a veces "demasiado aburrida, demasiado inhumana y demasiado
irrespirable". Y Dámaso Alonso ha reconocido que aquella primera fase
purista de la generación heló de tal modo su pluma, que dejó de escribir,
y necesitó del desgarrón de la guerra civil de 1936 para volver a la
poesía.
b) De 1927 a la Guerra Civil.
Comienza a notarse cierto cansancio del puro formalismo. Se inicia un
proceso de rehumanización (más notorio en algunos autores, pero presente
en todos). Se dan las primeras obras surrealistas (radicalmente opuesto a
la poesía pura). Pasan a primer término nuevos temas, más humanos: el
amor, el deseo de plenitud, las frustraciones, las inquietudes sociales o
existenciales... Nace la revista Caballo verde para la poesía, de Palo
Neruda (1935), donde aparece el "Manifiesto por una poesía sin pureza".
Algunos poetas, debido a sus inquietudes sociales, se interesan en
política (en el favor de la República, fundamentalmente).
Al terminar la década de
los veinte y comenzar la de los treinta podía notarse ya un cambio de clima, una
temperatura más cálida, en la poesía de la generación. Se inicia entonces
una segunda fase en la poesía del 27, que Dámaso Alonso llamó fase
neorromántica, y que es visible en libros ardientes y estremecidos como
Pasión de la Tierra y Espadas como labios de Aleixandre; Sobre los
Ángeles, de Rafael Alberti; y Donde habita el olvido de Cernuda. Es sobre todo a
partir de la Segunda República Española, en 1931, y paralelamente a la rápida
politización de las masas, cuando se produce la crisis del esteticismo y
el alejamiento definitivo de los poetas del 27, del purismo poético que
había encarnado Juan Ramón Jiménez.
La poesía social revolucionaria había
conquistado, desde 1930 por lo menos a dos poetas de la generación del 27,
Rafael Alberti y Emilio Prados. De 1929 es el primer poema social de
Alberti, su Elegía Cívica; en 1933 el mismo Alberti funda la revista Octubre,
de clara tendencia comunista, y publica dos libros de poesía revolucionaria:
Consignas y Un fantasma recorre Europa. En vísperas de la revolución de los
mineros asturianos, en septiembre de 1934, Alberti pone al frente de la primera
edición de sus Poesías Completas, editadas por José Bergamín, estas palabras
terminantes: "Publico aquí la mayor parte de mis obra poética comprendida
entre 1924 y 1930, por considerarla un ciclo cerrado, contribución mía,
irremediable, a la poesía burguesa. Pero a partir de 1931, mi obra y mi vida
están al servicio de la revolución española".
El Compromiso
Social.
La revolución de los trabajadores asturianos en
octubre de 1934 politizó aún más la situación intelectual española y a los
poetas del 27. Emilio Prados escribe, ya vencida la revolución, su libro
Llanto en la sangre, con este subtítulo: "Durante la represión y bajo la
censura posterior al levantamiento de 1934". Las posiciones puristas, que
aún defendían algunos poetas fieles a Juan Ramón Jiménez, quedaron barridas. A
ellos contribuyó, además la llegada a España de Pablo Neruda, el gran
poeta chileno, que publicó en Madrid la segunda edición de su admirable libro
Residencia en la Tierra. En octubre de 1935, Neruda lanzó en Madrid el
primer número de su revista Caballo verde para la poesía -título
que simbolizaba sin duda el jinete de la esperanza, una esperanza poética y
política- en estrecha colaboración con los poetas de la generación del 27, que
pronto se hicieron -sobre todo Lorca, Alberti, Aleixandre y
Altolaguirre- grandes amigos suyos. Cabría afirmar que si el órgano más
importante de la Generación del 27, en su primera fase, fue la revista malagueña
Litoral, dirigida por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre de 1926
a 1929, en la segunda fase rehumanizadora fue sin duda Caballo verde
la revista más representativa del grupo. El primer número se abría con un
manifiesto que llevaba este título: "Sobre una poesía sin pureza",
redactado por el propio Neruda.
Las torres de marfil quedaron hechas
añicos ante la violenta arremetida de Caballo Verde, que provocó,
como era de esperar, la indignación de Juan Ramón Jiménez, quien interpretó
aquellos ataques a la poesía pura como ataques a personales a él mismo. De
entonces data la ruptura entre Juan Ramón y los poetas del 27, a los que acusó
de cómplices de la campaña antipurista del poeta chileno. Ese distanciamiento se
agravó aún más cuando la Generación en pleno, acompañada de lo mejor de los
poetas jóvenes -Miguel Hernández a la cabeza- publicó un texto de
homenaje a Neruda, añadiendo la edición de unos poemas, los "Tres cantos
materiales" de Residencia en la Tierra.
Ya en 1935 quedaba muy poco del clima estetizante y
purista de los primeros años de la generación, que había sido sustituido por un
clima de hervor y fiebre poética, por una temperatura de pasión y de vida
que había ido creciendo paralelamente al aumento de la temperatura política del
país, que culminó en julio de 1936, con el estallido de la Guerra Civil.
Un mes antes de que este se produjera, en Junio de 1936, García Lorca
contestaba a una pregunta de un periodista sobre como juzgaba la famosa teoría
del arte por el arte, la moda de la poesía pura: "Ese concepto del arte por
el arte- fueron sus palabras- es una cosa que sería cruel si no fuera
afortunadamente cursi. Ningún hombre verdadero cree ya en esa zarandaja del arte
puro, del arte por el arte mismo. en este momento dramático del mundo el artista
debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en
el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas."
la Generación del 27 era una generación republicana
y liberal, y casi LA totalidad de sus miembros, al iniciarse en 1936 la
sublevación militar, tomaron partido por ell lado de la República. La mayoría de
ellos -Alberti, Aleixandre, Cernuda, Prados, Altolaguirre- colaboraron en las
revistas literarias patrocinadas por las autoridades republicanas durante la
Guerra Civil; como Hora de España, y El mono azul,
ambas reeditadas años más tarde por una editorial alemana. Al llegar el huracán
de la guerra, lo épico sustituyó a lo lírico, y los poetas escribieron romances.
En noviembre de 1936 apareció en Madrid editado por el Ministerio de
Instrucción Pública, el primer Romancero de la Guerra Civil, que
incluía romances de guerra de Alberti, Bergamín, Aleixandre, Prados,
Altolaguirre, Garfias y Miguel Hernández. Y al año siguiente, 1937, se
publicaba, con un prólogo de Antonio Rodríguez Moñino, el gran bibliógrafo
-quien fue amigo de todos los poetas del 27- el Romancero General de la
Guerra de España, dedicado a Federico García Lorca, en homenaje a su
memoria y como protesta contra su muerte.
c) Después de la guerra.
Lorca había muerto en 1936. En España quedan sólo D. Alonso y V. Aleixandre, que hacen poesía
angustiada, existencial (Hijos de la ira, 1944).
Las consecuencias del final
de la guerra civil, con la derrota de la República, para la mayoría de los
poetas de la Generación del 27, son bien conocidas: el exilio, la
nostalgia, el dolor por la patria perdida. En tierra americana,
aquellos poetas continuaron su obra, desde entonces marcada en gran parte por
la herida de la guerra, por la añoranza española. Su poesía, en efecto va a
experimentar desde el final de la guerra civil profundos cambios. Se hace
más grave y preocupada, más dolorida por las heridas recientes de la guerra
civil; de la guerra cainita, como la llamaba Unamuno, y por el dolor de la
patria lejana y sin libertad; tiende cada vez más a reflejar los problemas
humanos y sociales del tiempo histórico que a cada poeta le ha tocado vivir,
y deja de ser estetizante y minoritaria para volver a las fuentes de la vida y
de la historia. Algunos de los más grandes poetas del 27 empiezan a escribir una
poesía temporalista, de acuerdo con la definición de Antonio Machado:
"La poesía es la palabra del tiempo", Jorge Guillén subtitulará "Tiempo
de historia" el segundo ciclo de su poesía, el de Clamor, y escoge,
para uno de los libros de ese ciclo, un título machadiano, A la altura de las
circunstancias, y para otro un título dentro también del temporalismo
machadiano a lo Jorge Manrique: Que van a dar a la mar... El protagonista
del ciclo de Clamor es el hombre contemporáneo, el español contemporáneo
que ha sufrido la guerra, la persecución, el exilio, la prisión.
La poesía de Cernuda experimentará
también un cambio radical, a partir de la guerra civil. Él mismo nos confiesa
que aquellos sucesos trágicos enturbiaron su vida diaria, y la muerte horrible
de Federico, su gran amigo, no se apartaba de su mente. Ya en Inglaterra,
primera fase de su exilio, lejos de aquel loco país -como llama a España- tuvo
durante años una pesadilla constante que llenaba su sueño: se veía, una y otra
vez, buscado y perseguido. Trabajando como profesor en una universidad inglesa,
Cernuda sentía -nos lo dice él mismo- una nostalgia aguda de su tierra, de su
ambiente y de sus amigos españoles. Y escribió entonces una serie de poemas
fruto de esa preocupación y de esa nostalgia. El resultado fueron esos libros
admirables que se llaman Las nubes, Ocnos, Como quien espera el
alba.
Los años americanos enriquecieron, al hacerla más honda
y más grave, más sumida en el tiempo y en la muerte, la obra de los poetas del
27 que se vieron obligados a alejarse de España. No sólo la de Guillén y la de
Cernuda: también la de Salinas, la de Alberti, la de Prados, la de Altolaguirre.
Aquella evolución hacia
una poesía temporalista enraizada en la vida temporal, afectó también a los
poetas del 27 que permanecieron en España. En 1944 publicó Dámaso Alonso
ese angustiado diario íntimo, esa protesta contra la injusticia y la crueldad de
la Guerra y del odio que se llama Hijos de la Ira, tan lejos ya en
el tiempo y en el tono, de aquellos primeros Poemas Puros publicados por
él veintitrés años antes. Y escribe entonces estas palabras reveladoras:
"Nada aborrezco más que el estéril esteticismo en que se ha debatido hace más de
medio siglo el arte contemporáneo. Hoy es sólo el corazón del hombre lo que me
interesa, expresar con mi dolor o con mi esperanza el anhelo y la angustia del
eterno corazón del hombre". Y en Hijos de la ira leemos este verso,
que abre el libro: "Madrid es una ciudad de un millón de cadáveres".
El caso de Vicente Aleixandre -premio
Nobel- es también significativo. Como consecuencia de su postura durante la
Guerra Civil, favorable a la República, sus libros fueron prohibidos al terminar
la guerra, y su nombre vetado por la censura. Sólo a partir de la publicación de
su gran libro Sombra del paraíso en 1944, comienzan a difundirse sus
obras, y su nombre vuelve a tener circulación literaria. Su influencia sobre la
juventud poética que surgió en los primeros años de la postguerra creció
rápidamente, y en 1947 su definición de la "poesía como comunicación"
encontró un amplio eco en los jóvenes. A partir de entonces la poesía de
Aleixandre se inserta en una corriente de lírica temporalista que abarca el gran
tema del vivir humano desde la conciencia de la temporalidad y de la
solidaridad, que hallamos en dos de sus mejores libros: Historia del corazón,
publicado en 1954, y En un vasto dominio, en 1962, en los que no falta el
canto de la realidad social, del hombre situado aquí y ahora. El pueblo y la
historia entran finalmente en la obra de los poetas del 27, como testimonio de
un tiempo mísero y también esperanzado. Cerrando así el ciclo -o abriendo uno
nuevo- que va desde la poesía pura, intimista o surrealista, a la poesía de
situación temporal e histórica. Ellos, los poetas del 27, pueden decir lo que
decía Goethe cuando alguien le reprochaba que escribiese poesía de
circunstancias: "Mis poemas son todos poemas de circunstancias porque todos
se inspiran en la realidad".
Desde nuestra perspectiva podemos ver en la actualidad que aquel grupo de poetas
acusados, cuando eran jóvenes, de esteticistas, puristas y deshumanizados, no
sólo han enriquecido con libros inmortales nuestra poesía, sino que además han
contribuido con un vivo ejemplo moral frente a una sociedad que en un primer
momento los rechazó y hoy admite que han legado a nuestra cultura un tesoro
poético cuya importancia ha sido comparada, y con razón, por Dámaso Alonso, a la
de nuestros grandes poetas del Siglo de Oro.
―Autores y obras.
La nómina habitual del grupo poético del 27 se limita a
diez autores: Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti,
Federico
García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda,
Vicente Aleixandre, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados, pero hubo también muchos
otros escritores, dramaturgos que pertenecen a la Generación del 27,
generalmente encabezada por Max Aub a quien le siguen algunos más viejos,
como Fernando Villalón, José Moreno Villa o León Felipe, y otros más
jóvenes, como
Miguel
Hernández.
Algunos miembros del grupo cultivaron otras ramas
del arte, como Luis Buñuel, cineasta, K-Hito, caricaturista
y animador, Salvador Dalí y los pintores surrealistas, Maruja
Mallo, pintora y escultora, Benjamín Palencia, Gregorio Prieto,
Manuel Ángeles Ortiz, Ramón Gaya y Gabriel García Maroto, pintores,
Ignacio Sánchez Mejías, torero, o Rodolfo Halffter y Jesús Bal y
Gay, compositores y musicólogo éste último también, pertenecientes al
Grupo de los ocho, que se suele identificar en música como el correlato a
la literaria Generación del 27. En Cataluña está el llamado grupo catalán,
que hizo su presentación en 1931 bajo el nombre de Grupo de Artistas
Catalanes Independientes integrado por Roberto Gerhard, Baltasar
Samper, Manuel Blancafort, Ricardo Lamote de Grignon, Eduardo Toldrá y
Federico Mompou.
Jorge Guillén. (1893
- 1984) Su vida transcurre paralela a la de su amigo Pedro Salinas, a
quien sucedió como lector de español en La Sorbona desde 1917 a 1923. En
1926 tomó posesión de la cátedra de Literatura en la Universidad de Murcia
y poco después, con Juan Guerrero Ruiz y José Ballester Nicolás idearon
fundar la revista "Verso y Prosa", que sustituyera al "Suplemento
Literario de La Verdad", elevándolo de nivel. Fue también lector de
Español en la Universidad de Oxford (1929-1931). Exiliado, se establece en
los Estados Unidos y prosigue allí su docencia universitaria. Al
jubilarse, reside en Italia, donde contrae segundas nupcias, para
trasladarse posteriormente a Málaga. En 1976 se le concede el premio
Miguel de Cervantes, máximo galardón para escritores de lengua española.
Por su inclinación a la poesía pura, algunos
críticos lo consideran el discípulo más directo de Juan Ramón Jiménez.
Guillén se introduce tardíamente en el terreno literario: a los treinta y
cinco años publica su primer libro, Cántico, que será ampliado en
diversas ediciones. Cántico fue editado por primera vez en 1923 en la
Revista de Occidente y constaba sólo de 75 poemas. La versión final,
publicada en 1950 en Buenos Aires, tiene 334 poemas divididos en cinco
partes. En esta obra exalta el goce de existir, la armonía del cosmos, la
luminosidad, plenitud del ser y la integración del poeta en un universo
perfecto donde muchas veces se funden amada y paisaje. El optimismo y la
serenidad presiden los diferentes poemas que componen el libro.
A causa de la experiencia de la Guerra Civil española,
en su siguiente libro poético, Clamor, Guillén toma conciencia de
la temporalidad y da entrada a los elementos negativos de la historia: la
miseria, la guerra, el dolor, la muerte... Si Cántico es el agradecimiento
del poeta por la perfección de la creación, en Clamor se cuartea la
creencia en la perfección del cosmos. Sin embargo, no es un libro
angustioso o pesimista pues en él domina el deseo de vivir. Esta obra se
compone de tres volúmenes. Homenaje fue publicado en 1967. Como
indica su título, Guillén exalta a personas destacadas del mundo de las
artes y las ciencias usando las técnicas del monólogo dramático y del
retrato. Con Aire nuestro tituló la compilación de sus tres grandes
libros de poesía hasta 1968. Todavía publicaría Y otros poemas
(1973) y Final (1982). La complejidad de la obra guilleniana reside
en su ideal de poesía pura, que se resume en: Supresión de lo anecdótico,
Sustantivación de los adjetivos, Escasez de verbos, Precisión lingüística
y Concentración temática.
Pedro Salinas.
(1891 - 1951) Estudió derecho, filosofía y letras. Su vida estuvo dedicada
a la docencia universitaria, que comenzó como lector de español en La
Sorbona desde 1914 a 1917; allí se doctoró en Letras y adquirió un gran
amor por la obra de Marcel Proust, de cuyo À la recherche du temps perdu
tradujo al castellano los tres primeros volúmenes. Se casó en 1915 con
Margarita Bonmatí Botella, una alicantina natural de Santa Pola e hija de
un industrial con destilerías en Argel. Salinas le escribió cada día una
carta de amor y ese epistolario fue recogido en Cartas de amor a
Margarita (1912-1915) por su hija Soledad Salinas; también tuvo otro
hijo, Jaime Salinas, editor y escritor.
En 1918 Pedro gana una cátedra en la Universidad de
Sevilla (donde tuvo como alumno a Luis Cernuda) y entre 1922 y 1923 enseñó
en Cambridge; pasó luego a la de Murcia (1923-1925). En 1925 publicó una
versión modernizada del Cantar de Mio Cid. En 1926 pasó a la Universidad
de Madrid donde fundará en 1932 la revista Índice Literario para dar
cuenta de las novedades literarias hispánicas. También escribió en Los
Cuatro Vientos. Entre 1928 y 1936 fue investigador del Centro de Estudios
Históricos, donde se encargó de la sección de literatura moderna.
Fue nombrado profesor de la Escuela Central de Idiomas
y secretario general de la Universidad Internacional de Verano de
Santander. Allí conoció en el verano de 1932 a una estudiante
norteamericana, Katherine R. Whitmore, que sería luego profesora de lengua
y literatura española en Smith College (Northampton, Massachusetts); ella
es la destinataria de su trilogía poética La voz a ti debida,
Razón de amor y Largo lamento; este romance se mantuvo aun
cuando Katherine regresó a Estados Unidos para proseguir sus estudios, en
forma epistolar; volvió para el curso académico 1934-1935, pero la mujer
de Salinas descubrió el affaire e intentó suicidarse. Ante esto Katherine
intentó poner fin a la relación, pero la Guerra Civil y el exilio del vate
en Norteamérica, dificultaron estos propósitos; de todas formas, en 1939
Katherine se casó con su colega Brewer Whitmore y, aunque tuvo aún
esporádicas noticias sobre Salinas, la conexión se rompió definitivamente.
Se vieron por última vez en 1951, y Katherine falleció en 1982; autorizó
sin embargo la publicación de su Epistolario con Salinas, guardado en la
biblioteca de la Universidad Harvard, siempre que fuera 20 años después de
su muerte y se omitieran las que ella le envió. Las de Salinas son unas
trescientas, testimonio de una relación que duró quince años hasta que
concluyó en 1947.
Pedro Salinas pasó algunas vacaciones de verano en un
pueblo de Alicante, Altet, pedanía de Elche, donde su mujer poseía una
hacienda familiar, de nombre "Lo Cruz". Sostuvo una temprana, duradera y
gran amistad con Jorge Guillén, de trayectoria muy parecida a la
suya y con quien inició un activo epistolario que también ha sido
publicado. Menos conocida es la amistad que sostuvo con Miguel
Hernández, cuyo libro Perito en lunas saludó y promocionó en una
reseña publicada en Índice literario, núm. 2 de 1933.
La Guerra Civil Española le sorprende en Santander como
secretario en la Universidad Internacional de Verano (lo fue entre 1933 y
1936). Marcha a América para enseñar en la universidad de Wellesley
College y en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, en Estados Unidos.
En el verano de 1943 se trasladó a la Universidad de Puerto Rico. En 1946
regresa a su cátedra de la Universidad Johns Hopkins. Fallece en Boston el
4 de diciembre de 1951 y está enterrado en San Juan de Puerto Rico.
Define la poesía como un ahondamiento en la realidad,
"una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre
más o menos camino: eso es todo". Reduce a tres los elementos de su
creación: "Estimo en la poesía, sobre todo, la autenticidad. Luego, la
belleza. Después, el ingenio". La principal característica de su arte
consista en el "conceptismo interior", que se manifiesta en paradojas y
condensación de conceptos. Prefiere los versos cortos y sobre todo la
silva, y renuncia casi siempre a la rima. La aparente sencillez de sus
versos hizo que Lorca les llamase prosías.
La obra poética de Salinas suele dividirse en tres
etapas: La etapa inicial (1923-32) está marcada por la influencia de la
poesía pura de Juan Ramón Jiménez y los ecos de las vanguardias futurista
y ultraísta. La idea de la depuración y perfección poéticas y el
protagonismo que van cobrando en ella los temas amorosos perfilan lo que
será su etapa de plenitud. Pertenecen a esta etapa Presagios
(1923), Seguro azar (1929) y Fábula y signo (1931).
La etapa de plenitud (1933-39) está formada por la
trilogía amorosa inspirada en su amor por una estudiante estadounidense
que conoció en España: La voz a ti debida, cuyo título está tomado
de un verso de la Égloga tercera de Garcilaso de la Vega, Razón de amor
y Largo lamento, cuyo título está tomado de un verso de Gustavo
Adolfo Bécquer. Todos estos versos están escritos en heptasílabos
blancos o sin rima, pero progresivamente van añadiéndose endecasílabos
hasta que la proporción se invierte en el último libro. Se usa
frecuentemente de la enumeración y existe cierto tono conceptista ("Todo
quiere ser dos", "Serás, amor, un largo adiós que no se acaba" etc.) La
voz a ti debida (1933) presenta la historia de una pasión amorosa, desde
su nacimiento hasta el final. Razón de amor (1936) examina lo que queda
del amor cuando éste acaba. La pasión y el dolor de la separación son, por
lo tanto, los temas centrales del libro.
Largo lamento (1939) continúa la línea marcada en las obras anteriores.
La etapa del exilio (1940-51) está formada por El
contemplado (1946), extenso poema en que dialoga con el mar de San
Juan de Puerto Rico; Todo más claro y otros poemas (1949), donde
trata el tema de la creación a través de la palabra, y su obra póstuma
Confianza (1955), afirmación gozosa de la realidad vivida.
Su trayectoria prosística comienza con Vísperas del
gozo (1926), obra inscrita en la línea vanguardista de la época.
Salinas abandona la narrativa durante veinticinco años, y sólo al final de
su vida se reincorpora a ella con La bomba increíble (1950), novela
sobre los horrores de la bomba atómica, y El desnudo impecable y otras
narraciones (1951). Su depurada formación universitaria y su agudo
sentido crítico fueron esenciales en los ensayos sobre literatura -Literatura
española. Siglo XX (1940), Jorge Manrique o tradición y
originalidad (1947), La poesía de Rubén Darío (1948)- y en las
ediciones de Fray Luis de Granada y San Juan de la Cruz.
Rafael Alberti.
(1902 - 1999) Tras la Guerra Civil Española se exilió debido a su
militancia en el Partido Comunista de España regresó a España, tras el fin
de la dictadura franquista. Cabe distinguir cinco momentos en la lírica
albertiana: neopopularismo, gongorismo, surrealismo, poesía política y
poesía de la nostalgia.
El primer ciclo de su poesía está constituido por
Marinero en tierra, donde expresa su nostalgia por no poder disfrutar
del mar de su tierra natal. En La amante (1926) refleja sus
impresiones por distintos puntos de Castilla (Santo Domingo de Silos,
Aranda de Duero, la Ribera del Duero, Burgos...) donde viajó con su
hermano, representante de vinos y sus derivados. A esta obra le siguió
El alba del alhelí (1927). El poeta se sitúa en la tradición de los
Cancioneros, pero desde la posición de un poeta de vanguardia.
En un segundo momento, una nueva tradición sucederá a
la cancioneril: la de Góngora. El resultado es Cal y canto (1929,
pero escrito entre 1926 y 1927). El gongorismo está en la profunda
transfiguración estilística a que se someten los temas. En este libro
aparecen unos tonos sombríos que anticipan a Sobre los ángeles (1929, pero
escrito entre 1927 y 1928).
Sobre los ángeles —que abre la tercera etapa;
esto es, la surrealista— nace como consecuencia de una grave crisis
personal y en el marco de la crisis estética general común entonces a todo
el arte de Occidente. El clasicismo anterior salta deshecho y, aunque
todavía el poeta recurra a formas métricas tradicionales, el versolibrismo
irrumpe triunfante. Las características de este poemario son: Densidad de
las imágenes, Violencia del verso, Creación de un mundo onírico e
infernal. Es, seguramente, el libro mayor del poeta, que prolongará sus
tonos apocalípticos en Sermones y moradas, escrito entre 1929 y
1930, para cerrar el ciclo surreal con el humor de Yo era un tonto y lo
que he visto me ha hecho dos tontos (1929), en donde se recogieron
poemas dedicados a los grandes cómicos del cine mudo.
La identificación de conducta privada y pública, que
puede ser considerada un rasgo definidor del surrealismo, se traduce en
Alberti en una toma de posición ideológica cercana al comunismo,
que lo conduce al ámbito de la poesía política, cuya primera
manifestación es la elegía cívica Con los zapatos puestos tengo que
morir (1930). Con el establecimiento de la Segunda República Española
(1931), Alberti se escora hacia las posiciones del marxismo. Los poemas de
estos años serán recogidos en Consignas (1933), Un fantasma
recorre Europa (1933), 13 bandas y 48 estrellas (1936),
Nuestra diaria palabra (1936) y De un momento a otro (1937), en
un conjunto que el autor llamaría El poeta en la calle (1938). Hay que
añadir la elegía Verte y no verte (1935), dedicada a Ignacio Sánchez
Mejías. El ciclo es desigual, pero hay logros notables.
Existen controversias sobre su actuación durante la
Guerra Civil de España. A Rafael Alberti se le atribuye haber estado a
cargo de una Checa en Madrid. Fue amigo personal de Stalin, al que dedicó
un poema tras su muerte. ("Redoble lento por la Muerte de Stalin", 1953).
Condecorado por Fidel Castro fue fiel amigo y colaborador del líder
cubano. En el destierro, se inicia el último ciclo de Alberti. De la
poesía no política cabe destacar Entre el clavel y la espada
(1941); A la pintura (1948), retablo sobre los temas y figuras del
arte pictórico; Retornos de lo vivo lejano (1952) y Oda marítima
seguida de Baladas y canciones del Paraná (1953), vertebrados por el
tema de la nostalgia, en los que el verso culto alterna con el neopopular,
y con momentos de alta calidad, que reaparecen en Abierto a todas horas
(1964) y en el primer libro «europeo», Roma, peligro para caminantes
(1968). La última producción albertiana es muy copiosa, sin que falte el
poeta erótico, como en Canciones para Altair (1988).
La obra dramática albertiana está integrada por El
hombre deshabitado (1930), Fermín Galán (1931), De un
momento a otro (1938-39), El trébol florido (1940), El
adefesio (1944), La Gallarda (1944-45) y Noche de guerra en
el Museo del Prado (1956), además de adaptaciones y algunas piezas
cortas. Alberti comentaba en repetidas ocasiones que las principales
exponentes teatrales del siglo XX y por quienes el sentía una gran
admiración y respeto eran sin duda la mejicana María Tereza Montoya y la
española Margarita Xirgú.
Federico García Lorca
Dámaso Alonso. (1898
– 1990), Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras, se formó en el
Centro de Estudios Históricos dirigido por Ramón Menéndez Pidal y tomó
parte activa en las actividades de la Residencia de Estudiantes dirigida
por el krausista Alberto Jiménez Fraud. Allí conoció a Federico García
Lorca,a Luis Buñuel, a Pepín Bello y a Salvador Dalí; también conocerá en
1917 durante unas vacaciones al que será su gran amigo, Vicente
Aleixandre, con el que convivirá en la España franquista. Colaboró en
la Revista de Occidente y en Los Cuatro Vientos, y reivindicó la
segunda etapa, la culterana, de la poesía de Luis de Góngora
elaborando para explicarla una gran teoría de la expresión poética
denominada Estilística. Hizo una edición crítica de las Soledades (1927)
de este poeta, acompañada de una paráfrasis explicativa del mismo. Más
tarde publicaría otras ediciones y estudios sobre este autor. Enseñó en
Oxford dos años y luego fue catedrático de la Universidad de Valencia y
posteriormente de Filología Románica en la Universidad de Madrid; en esta
última formó, entre otros importantes discípulos, a Fernando Lázaro
Carreter. En 1948 fue elegido miembro de la Real Academia de la Historia.
También recibió el Premio Cervantes en 1978. Murió de un infarto en 1990.
Se clasifica como poesía pura de inspiración
juanramoniana a su libro Poemas puros, poemillas de la ciudad
(1924). A partir de 1939, el gran aldabonazo de la Guerra Civil y de la no
menos desesperada posguerra le conmueven profundamente y publica su obra
más importante, Hijos de la ira (1944; segunda edición corregida y
aumentada en 1946) donde, inspirándose en el procedimiento estilístico del
paralelismo progresivo presente en la poesía bíblica de los salmos
penitenciales y en la filosofía existencialista de posguerra, expresa una
visión desgarrada y sombría de la condición humana, utilizando largos
versículos y un lenguaje violento que da cabida al léxico vulgar y
malsonante. Acusa, maldice y protesta el grotesco espectáculo del mundo,
inmerso entonces en una terrible guerra global.
Siguieron a esta obra señera, que inaugura e inspira la
llamada Poesía desarraigada (junto a Sombra del paraíso de su amigo
Vicente Aleixandre), Hombre y Dios (1955) y Oscura noticia
(1959), dos líricos libros de poesía desarraigada de muy personal
religiosidad. El título del último procede de San Juan de la Cruz: «La
noticia que te infunde Dios, es oscura». Se deja notar una impronta
existencialista y es visible la influencia de James Joyce, cuya novela
Retrato del artista adolescente había traducido Alonso bajo el
anagramático seudónimo de Alfonso Donado en 1926. En esta temática
religiosa su última incursión es Duda y amor sobre el Ser Supremo
(1985).
A esta etapa corresponde también su importante labor
filológica, fundamentalmente dentro del campo de la estilística,
representada por los siguientes estudios: La poesía de San Juan de la
Cruz (1942), Poesía española: Ensayo de métodos y límites
estilísticos (1950) y Estudios y ensayos gongorinos (1955).
Como director de la Real Academia Española de la Lengua procuró unir en un
trabajo común a las restantes academias americanas de la lengua.
Vicente Aleixandre.
(1898 – 1984). Premio Nacional de Literatura en 1933 por La destrucción
o el amor, de 1932-33, Premio Francisco Franco en 1949 y
Premio de la Crítica en 1963 por En un vasto dominio, y en
1969, por Poemas de la consumación, y Premio Nobel de Literatura
en 1977.
En 1919 se licencia en Derecho y obtiene el título de
intendente mercantil. Ejerce de profesor de Derecho Mercantil desde 1920
hasta 1922 en la Escuela de Comercio. En 1917 conoce a Dámaso Alonso
en Las Navas del Marqués, lugar donde veraneaba, y este contacto supone el
descubrimiento de Rubén Darío, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.
Inicia de este modo una profunda pasión por la poesía. Su salud empieza a
quebrantarse en 1922. En 1925 se le declara una nefritis tuberculosa, que
termina con la extirpación de un riñón, operación realizada en 1932.
Publica sus primeros poemas en la Revista de Occidente en 1926. Establece
contacto con Cernuda, Altolaguirre, Alberti y García Lorca. A lo largo de
su vida ocultó su homosexualidad. En los años treinta el poeta
conoce a Andrés Acero y ambos inician una intensa relación amorosa que
será interrumpida por el exilio a México de Andrés tras la Guerra Civil.
Después de la Guerra Civil no se exilia, a pesar de sus ideas
izquierdistas, permanece en España y se convierte en uno de los maestros
de los jóvenes poetas.
Su obra poética presenta varias etapas. Poesía pura. Su
primer libro, Ámbito, compuesto entre 1924 y 1927 y publicado en
Málaga en 1928, es la obra de un poeta incipiente, que aún no ha
encontrado su propia voz. Predomina el verso corto asonantado y la
estética de la poesía pura juanramoniana y guilleniana, además de ecos
ultraístas y de la poesía clásica española de la Edad de Oro,
especialmente Fray Luis de León y Góngora.
Poesía superrealista. En los años siguientes, entre
1928 y 1932, se produce un cambio radical en su concepción poética.
Inspirado por los precursores del surrealismo (en especial por Arthur
Rimbaud y Lautréamont) y por Freud, adopta como forma de expresión el
poema en prosa (Pasión de la Tierra, de 1935) y el verso
libre (Espadas como labios, de 1932; La destrucción o el
amor, de 1935, Sombra del Paraíso, de 1944). La estética de
estos poemarios es irracionalista, y la expresión se acerca a la escritura
automática, aunque sin aceptar la misma como dogma de fe. El poeta celebra
el amor como fuerza natural ingobernable, que destruye todas las
limitaciones del ser humano, y critica los convencionalismos con que la
sociedad intenta apresarlo.
Poesía antropocéntrica. Tras la guerra, su obra cambia,
acercándose a las preocupaciones de la poesía social imperante. Desde una
posición solidaria, aborda la vida del hombre común, sus sufrimientos e
ilusiones. Su estilo se hace más sencillo y accesible. Dos son los libros
fundamentales de esta etapa: Historia del corazón, de 1954 y En
un vasto dominio, de 1962.
Poesía de vejez. En sus últimos libros (Poemas de la
consumación, de 1968, y Diálogos del conocimiento, de 1974), el
estilo del poeta vuelve a dar un giro. La experiencia de la vejez y la
cercanía de la muerte le llevan de vuelta al irracionalismo juvenil,
aunque en una modalidad extremadamente depurada y serena. A estos dos
títulos canónicos, esto es, de los publicados en vida por el propio poeta,
podría añadirse un tercero, «En gran noche», de aparición póstuma, en
1991, y en la misma línea metafísica y reflexiva que los dos anteriores.
Aleixandre también tiene una producción en prosa, tan
interesante como breve. A ella pertenecen Vida del poeta: el amor y la
poesía (1950, discurso de ingreso en la RAE), Algunos caracteres de
la nueva poesía española (1955) y, sobre todo, Los encuentros
(1958, colección de 39 evocaciones de escritores españoles, que luego
fueron ampliadas hasta el número final de cincuenta y dos semblanzas).
Gerardo Diego. (1896
– 1987) Nació el 3 de octubre de 1896 en Santander. Alumno de la
Universidad de Deusto donde sigue la carrera de Filosofía y Letras, y
donde conoce a quien seria después un amigo esencial en la vida literaria,
Juan Larrea. Finalizada la carrera, se doctoró en Madrid. Fue
catedrático de Lengua y Literatura en Institutos de Soria, Gijón,
Santander y Madrid. En Santander dirigió dos de las más importantes
revistas del 27, Lola y Carmen. Fue uno de los principales seguidores de
la Vanguardia poética española, y en concreto del Ultraísmo y del
Creacionismo. En 1925 obtuvo el Premio Nacional de Literatura, ex aequo
con Rafael Alberti.
Elaboró las dos versiones de la famosa Antología de
poesía que dio a conocer a los autores de la Generación del 27. Como
profesor, dio cursos y conferencias por todo el mundo. Fue además
crítico literario, musical y taurino además de
columnista en varios periódicos.
Se casa en el año 1934, y al año siguiente se traslada
como catedrático al Instituto de Santander. Su tarea poética se sigue
completando con sus estudios sobre diferentes temas, aspectos y autores de
la literatura española, con su labor de conferenciante y su destacada
crítica musical, realizada desde diferentes periódicos. La Guerra Civil
estalla cuando se halla de vacaciones en Sentaraille (Francia). Finalizada
la contienda, retorna a España y se traslada al Instituto Beatriz Galindo
de Madrid, en el que permanecería hasta su jubilación.
Desde 1947 fue miembro de la Real Academia Española. En
1979, se le concedió el Premio Cervantes. Murió el 8 de julio de 1987 en
Madrid.
Representó el ideal del 27 al alternar con maestría la
poesía tradicional y la vanguardista, de la que se convirtió en uno de los
máximos exponentes durante la década de los años veinte. Su obra poética
sigue, pues, estas dos líneas. Es de destacar la influencia de Gerardo
Diego en otras figuras de relevancia tanto en el ámbito nacional como
regional. Destaca entre sus seguidores la poeta cántabra Matilde Camus, de
la que fue profesor en el Instituto de Santa Clara en Santander. Gerardo
Diego envió en 1969 una poesía cuyo título es Canción de Corro para el
prólogo del primer libro de Matilde Camus titulado Voces y que fue dado a
conocer en el Ateneo de Madrid. Asimismo, pronto se publicará la
correspondencia que mantuvo con Matilde Camus.
Su poesía tradicional comprende poemas de corte
tradicional y clasicista, donde recurre con frecuencia al romance,
a la décima y al soneto. Los temas son muy variados: el paisaje, la
religión, la música, los toros, el amor, etc. Es suyo el considerado por
muchos el mejor soneto de la literatura española, El ciprés de Silos,
así como de otros poemas importantes como Nocturno, Las tres hermanas o La
despedida.
El ciprés de Silos:
Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.
Cuando te vi, señero, dulce firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto cristales,
como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.
Su inclinación por el nuevo arte de vanguardia
le lleva a iniciarse primero en el creacionismo. La falta de signos de
puntuación, la disposición de los versos, los temas intrascendentes y las
extraordinarias imágenes caracterizan esta poesía.
Luis Cernuda. (1902
- 1963) Su educación fue rígida e intransigente debido al carácter y a la
condición militar de su padre. Empezó a estudiar Derecho en la Universidad
de Sevilla en 1919, siendo uno de sus profesores Pedro Salinas,
quien lo ayudó con sus primeras publicaciones. Al año siguiente fallece su
padre. En 1923 deja la Universidad de Sevilla para hacer el servicio
militar e ingresa en el Regimento de Caballería de Sevilla. En 1924 volvió
para terminar la carrera, lo que consiguió en 1926. Asiste a los actos
celebrados en el Ateneo de Sevilla con motivo del tercer centenario de la
muerte de Góngora, pero sólo como oyente, aunque ya había conocido a
varios miembros de la que sería denominada después Generación de 1927. En
1928 Salinas le ayuda a conseguir un lectorado de español en la
Universidad de Toulouse. Se traslada después a Madrid en 1929, donde
trabaja en la librería de León Sánchez Cuesta y se enamora de un joven
actor gallego llamado Serafín Ferro, que no le corresponde; este amor
insatisfecho inspira sus libros Donde habite el olvido y Los
placeres prohibidos. Nunca negó su condición homosexual, factor que le
hizo ser considerado en su patria un "raro" y rebelde, dada la mentalidad
cerril y poco abierta de la España de entonces, "un país donde todo nace
muerto, vive muerto y muere muerto", como dirá en Desolación de la
Quimera. La consciencia de su aislamiento se expresa en una de sus
imágenes más conocidas: Cernuda se ve a sí mismo "como naipe cuya baraja
se ha perdido".
El mismo año que estalla la Guerra Civil publica la
primera edición de su obra poética completa hasta entonces, bajo el título
de La realidad y el deseo (1936). Durante el conflicto participó en
el II Congreso de Intelectuales Antifascistas de Valencia. En 1938 parte
al Reino Unido, donde trabaja como lector de español en la Universidad de
Glasgow, la Universidad de Cambridge y el Instituto Español de Londres,
pasando los veranos en Oxford en compañía del pintor Gregorio Prieto. En
1947 se inicia su exilio norteamericano; allí enseña literatura y logra
por fin la ansiada estabilidad económica. Pasa a México en 1952, donde se
enamora de un culturista, a quien están dedicados los Poemas para un
cuerpo. Trata con Octavio Paz y con los Altolaguirre, en
especial su mujer, Concha Méndez. Muere el 5 de noviembre en la Ciudad de
México y es enterrado pocos días después en la sección española del
Panteón Jardín.
La poesía cernudiana es una poesía de la meditación,
que consta de cuatro etapas, según Octavio Paz: los años de aprendizaje,
la juventud, la madurez y el comienzo de la vejez.
A la etapa inicial pertenecen las primeras poesías,
publicadas en 1927 con el título de Perfil del aire -que muestran a
un poeta elegante en su contemplación elegíaca del mundo - y Égloga,
elegía, oda, escrito entre 1927 y 1928, que rinde homenaje a la tradición
clásica a la vez que toca algunos temas muy cernudianos: amor y eros en
especial.
Comienza el ciclo de la juventud con Un río, un amor
y Los placeres prohibidos, escritos entre 1929 y 1931. Esos dos libros
revelan la adhesión de Cernuda al surrealismo. Aunque el
clasicista que siempre hubo en él atempera muchas veces la ruptura
formal, lo esencial de esos poemarios es su espíritu de rebeldía contra
el orden establecido. En Los placeres prohibidos la rebelión crece con
la abierta reivindicación de la homosexualidad. Donde habite el olvido
(1934) es un libro neorromántico, «superbecqueriano», que desarrolla una
elegía amorosa. Invocaciones, de 1934-35, presenta al neorromántico
dilatándose en amplios poemas que celebran las glorias del mundo y exaltan
la misión del poeta.
El período de madurez arranca con Las nubes
(1940 y 1943), uno de los más bellos libros de poesía sobre la Guerra
Civil, donde lo elegíaco alcanza su plenitud. Bajo el estímulo de la
lírica inglesa, incluye monólogos dramáticos, como «La adoración de los
magos». Prolonga tono y estilo en Como quien espera el alba (1947).
Obsesionado con sus recuerdos sevillanos, elabora en prosa Ocnos
(1ª ed. en 1942, luego ampliada: 1949 y 1963), esencial para entender su
mitología del Edén perdido.
En México se desarrolla su última etapa. Allí
compondría Variaciones sobre tema mexicano, 1952, Vivir sin
estar viviendo (1944-49) y Con las horas contadas, de 1950-56,
que en ediciones posteriores incorporará Poemas para un cuerpo (Málaga,
1957). Es perceptible la sustitución de la anterior musicalidad elegante,
garcilasiana, por un ritmo seco, duro, y por la renuncia a toda
ornamentación en favor del concepto. Este estilo alcanza su plenitud en
Desolación de la Quimera (1962).
Cernuda es autor de una obra crítica (Estudios sobre
poesía española contemporánea 1957 o Poesía y literatura, I y II 1960 y
1964) que, más allá de algunas arbitrariedades, ha permitido revisar
tópicos y estimaciones. En ella, Cernuda reivindica a Campoamor, expresa
su admiración por su amigo Federico García Lorca y enjuicia con severidad
la obra de Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas y Jorge Guillén.
En 1985 se editó su única obra de teatro, La familia
interrumpida.
Fue el propio Luis Cernuda quien esbozó su evolución
poética en "Historial de un libro", trabajo publicado
primitivamente en Papeles de son Armadans, la revista dirigida por Cela, y
recogido posteriormente en su Poesía y Literatura. Toda crítica literaria
de su obra ha de referirse necesariamente a este trabajo del autor.
Para Cernuda, el respeto a la tradición
literaria y la aportación de originalidad en su obra deben ir en
perfecto equilibrio. No se debe dar mayor peso a una o a otra. Para él, el
respeto a la tradición es algo fundamental, pero no entiende esa tradición
solamente como el respeto a la obra de autores españoles, sino que abarca
el conjunto de la literatura europea desde Homero. Entre las presencias de
la tradición que más claramente se ven en sus poemas encontramos:
Garcilaso.- Tanto por su métrica (como se ve en el
libro Égloga. Elegía. Oda), como por sus temas (el amor, la visión
idealizada de la naturaleza y la presencia de la mitología clásica).
Bécquer, y los poetas que inician el Simbolismo (Baudelaire,
Paul Verlaine, Paul Valéry, Mallarmé, Friedrich Hölderlin, que le aportan
el concepto del poeta como un ser sobrenatural que tiene la capacidad de
percibir lo que otros no pueden.
Los poetas platónicos (Fray Luis de León, T.S. Eliot,
le aportan la visión de la naturaleza como un mundo de orden y paz, frente
al caos humano.
En Historial de un libro señala asimismo el influjo que
ejercieron sobre él la poesía de los poetas metafísicos ingleses, la de
Hölderlin y la de Constantino Kavafis.
Junto a todas estas presencias de la tradición cultural
europea, Cernuda también tendrá en cuenta la obra de sus contemporáneos:
Juan Ramón Jiménez, por la visión subjetiva de la
realidad y por la idea de que la verdadera literatura es aquella que se
dirige a la esencia de las cosas, eliminando la superficialidad. Los
poetas del 27 le enseñan a enfrentarse a la obra literaria desde la
perspectiva del Surrealismo. En la poesía de Cernuda, en fin, la presencia
de la tradición se conjugará con la originalidad de su aportación, fruto
de sus peculiaridades biográficas.
La función del poeta en la obra de Luis Cernuda
entronca perfectamente con la tradición romántica, según la cual el
artista aparece como un ser solitario dotado de un don sobrenatural que le
permite ver y expresar lo que otros no pueden. En esta línea, Cernuda se
nos presenta como un integrante de una tradición que arranca con los
románticos, sobre todo con los alemanes como Hölderlin, Novalis o Heinrich
Heine y que en España representa la figura de otro sevillano, Gustavo
Adolfo Bécquer. El poeta es, por tanto, un “elegido”, bien sea por Dios o
por el Demonio. Es un ser maldito, marginado por la sociedad, hecho del
que deriva su soledad total. En el caso de Cernuda, esa condición de
maldito, de diferente, viene reforzada por su forma distinta de entender
el amor. Su homosexualidad choca frontalmente con los usos y las normas
propias de la sociedad burguesa a la que pertenece y en la que vive. Como
consecuencia del sentimiento de la diferencia, la actitud del poeta
sevillano frente al mundo se definirá por la rebeldía y por el sentimiento
de frustración provocado por el choque constante entre la realidad que
vive y el deseo de vivir, de amar, de forma diferente.
El núcleo temático de la obra de Cernuda es la
antítesis entre la realidad y el deseo, hecho que explica que a partir
de 1936 titulara el conjunto de su poesía con esta oposición. Esta
antítesis nace, sin duda, de las peculiares circunstancias vitales del
poeta sevillano, pero entronca perfectamente con lo que en los poetas
románticos y simbolistas era la colisión entre la libertad individual y la
sociedad burguesa, además de ser un tema característico de la poesía del
siglo XX, como lo demuestra su aparición en poemas de autores muy
variados, desde Antonio Machado, a Federico García Lorca, pasando por
Rafael Alberti, por citar solamente a algunos contemporáneos de Cernuda.
Manuel Altolaguirre.
(1905 - 1959) Estudió bachillerato en el colegio de los jesuitas y Derecho
en la Universidad de Granada, carrera que nunca ejerció. Su vocación más
temprana fue la de impresor y editor. Aparte del libro "Litoral",
publicó en otras revistas importantes y junto con su mujer, la poetisa
Concha Méndez editó, en la colección Héroe, libros fundamentales de
poesía.
Desde la guerra civil, vivió en París, Cuba y México.
Su actividad más destacada en este último país fue el cine. Como guionista
consiguió en 1952 el Premio de la Crítica al mejor argumento en el
Festival de Cine de Cannes y el "Águila de plata" de México por la
película Subida al cielo, dirigida por su amigo y compañero en la
Residencia de Estudiantes, Luis Buñuel. Como productor trabajó en
Misericordia, basada en la obra de Benito Pérez Galdós y en "Las
estrellas" de Arniches. Fue guionista, productor y
director de cine. Como director firmó la película Cantar de los
Cantares basado en la versión de Fray Luis de León.
En 1959, volvió a España para presentar en Adamuz
(Córdoba) su película en el Festival de Cine de San Sebastián y fallece en
Burgos víctima de un accidente de automóvil.
Es posiblemente el poeta más espiritual e intimista
de la Generación del 27. En sus composiciones se observa la huella de
San Juan de la Cruz, Garcilaso de la Vega, Juan Ramón Jiménez y Pedro
Salinas. Aunque su producción es breve y desigual, supo crear un mundo
intimista, pero rico en matices. Su poesía es cálida, cordial,
transparente. Canta el amor, la soledad, la muerte, con tonos románticos.
Según él, su poesía se siente hermana menor de la de Salinas. Rasgo
sobresaliente de su producción es su musicalidad, con predominio de los
versos cortos y las estrofas de raíz tradicional. Además de su poesía,
Altolaguirre escribió un libro de memorias, El caballo griego,
numerosos artículos de crítica literaria, algunas traducciones y
obras de teatro.
Tampoco debemos olvidar su labor como editor: en
1926 funda en Málaga -junto a Emilio Prados- Litoral, revista en la
que publicará buena parte de la generación del 27, y durante su exilio
cubano creó la imprenta La Verónica dedicada, también, a la edición de
textos literarios.
Emilio Prados. (1899
- 1962). Sus primeros quince años transcurren en Málaga, donde asiste al
Instituto de enseñanza secundaria. En 1914, obtiene una plaza en el Grupo
de Niños de la Residencia de Estudiantes de Madrid. En este internado
conoce a Juan Ramón Jiménez, uno de los asiduos invitados y quien,
junto con la afición a los libros inculcada por su abuelo Miguel Such y
Such en su infancia, determinaría su inclinación hacia la poesía. En 1918
se incorpora al grupo universitario de la Residencia, centro que se
convierte en punto convergente de las ideas vanguardistas e intelectuales
de Europa, así como en un foro de diálogo permanente entre ciencias y
artes. En este fecundo caldo de cultivo se forma la Generación del 27 y es
aquí, donde Prados entabla amistad con el círculo que forman Federico
García Lorca, Luis Buñuel, Juan Vicens, José Bello y Salvador Dalí.
En 1921, el agravamiento de la enfermedad pulmonar que
padece desde su infancia le obliga a ingresar en el sanatorio de
Davosplatz (Suiza) donde pasará la mayor parte del año. En esa reclusión
terapéutica, Emilio Prados comenzará a descubrir los autores más
sobresalientes de la literatura europea y a consolidar su vocación de
escritor. Tras este paréntesis, en 1922, reanuda su formación académica
asistiendo a cursos en las universidades de Friburgo y Berlín; visita
museos y galerías de arte de las principales ciudades alemanas y conoce a
Picasso y a diversos pintores españoles en París.
En el verano de 1924 regresa a su ciudad natal, donde
continúa su actividad como escritor y funda, junto a Manuel
Altolaguirre, la revista Litoral, el hito más renovador de la cultura
española de los años 20, en cuyas páginas refleja el diálogo entre poesía,
música y pintura del que bebió en la Residencia de Estudiantes, logrando
reunir bajo un único código creativo a figuras tan relevantes como: Jorge
Guillén, Moreno Villa, Manuel de Falla, Pablo Picasso, Salvador Dalí,
Ángeles Ortiz o Federico García Lorca entre otros. En 1925 inicia su
actividad como editor de la imprenta Sur, en la que trabaja también junto
a Altolaguirre. De estos talleres saldrán publicados gran parte de los
títulos de la poesía del 27. El esmerado trabajo de edición que realizan
ambos poetas les procura prestigio internacional.
Paralelamente a sus actividades creadoras, su
compromiso social se va decantando en un progresivo interés hacia los
sectores más pobres y desfavorecidos de la sociedad. Es en plena II
República, en 1934, cuando su acercamiento a la izquierda se muestra
explícitamente. El clima de violencia que impera en Málaga al estallar la
guerra le hace trasladarse a Madrid y allí entrará a formar parte de la
Alianza de Intelectuales Antifascistas. Colabora en tareas
humanitarias, ayuda en la organización del II Congreso Internacional de
Escritores y en la edición de varios libros: Homenaje al poeta Federico
García Lorca y Romancero general de la guerra de España, al tiempo que se
publican varias de sus obras. Recibe el Premio Nacional de Literatura por
la recopilación de su poesía de guerra, Destino fiel en 1938.
Poco después se instala en Barcelona para encargarse,
junto con Altolaguirre otra vez, de las “Publicaciones del Ministerio de
Instrucción Pública”. Pero la situación es ya insostenible en la España de
comienzos de 1939 para un republicano, por lo que decide marcharse a París
y el 6 de mayo parte, junto con otras destacadas figuras de la
intelectualidad republicana, hacia México, donde residirá hasta su muerte.
Obra poética. Primera etapa 1925 a 1928: busca las
correspondencias de la naturaleza con la otredad del ser. Funde elementos
vanguardistas y surrealistas con sus raíces arábigo-andaluzas y las
poéticas puristas y neopopularistas de la época.
Segunda etapa 1932 a 1938: se entrega a la poesía
social y política con un lenguaje surrealista.
Tercera etapa, exilio en México 1939 a 1962: poesías
que emanan un profundo sentimiento de desarraigo y soledad. En su recta
final, la trayectoria poética de Prados se dirige hacia una poesía cada
vez más densa y filosófica, hacia el concepto de vida nueva, de
solidaridad y amor; autoafirmándose en su independencia y en la visión
abierta y vanguardista que siempre había defendido, la generación del 27.
La Generación del 98
Antonio
Machado
El Grupo Poético
del 27
Federico
García Lorca
Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos
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