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La Generación del 98

El cafe Gijón desde la barra

     ―Contexto histórico y filosófico.

     Se conoce como Generación del 98 al grupo de escritores que coincidieron en el tiempo con uno de los momentos históricos que cambiaron España. La crisis moral, política y social que produjo en nuestro país la derrota frente a Estados Unidos y la pérdida de los últimos restos del imperio colonial; Puerto Rico, Cuba y las Filipinas, en 1898. Todos los autores clasificados en esta «generación literaria» tenían en esta fecha entre 22 y 34 años.
     Pero no se debe restringir la experiencia histórica de los autores nacidos entre 1864 y 1875 (fechas de nacimiento de Unamuno y Machado) al resentimiento nacionalista producido por la pérdida de las colonias. Se habría de incluir el surgimiento por aquellos años de una nueva sociedad más moderna, el auge del republicanismo y la pugna anticlerical, así como el contexto social, con importantes huelgas y movilizaciones obreras auspiciadas por el sindicalismo, o los atentados anarquistas. Los últimos 25 años del siglo XIX son de hastío creativo debido al proyecto de la Restauración de Cánovas. En los albores de la Restauración, en 1876 Francisco Giner de los Ríos funda la Institución Libre de Enseñanza que pretendía renovar la educación; cuando España pierde en 1898 las colonias, la sociedad vuelve a acordarse de la Revolución de 1868 o La Gloriosa, (el levantamiento revolucionario que supuso el destronamiento de la reina Isabel II y el inicio del periodo denominado Sexenio Democrático).
    Nietzsche fue una influencia importante para muchos escritores del 98. Distinguieron entre una España real miserable y otra España oficial falsa y aparente. Su preocupación por la identidad de lo español está en el origen del llamado debate sobre el Ser de España, que continuó en las siguientes generaciones.
     Sintieron un gran interés y amor por la Castilla miserable de los pueblos abandonados y polvorientos; revalorizando su paisaje y sus tradiciones, su lenguaje castizo y espontáneo. Recorrieron las dos mesetas escribiendo libros de viajes y resucitando y estudiando los mitos literarios españoles y el Romancero.
     Rompieron y renovaron los moldes clásicos de los géneros literarios, creando nuevas formas en todos ellos. En narrativa, la novela de Unamuno, la novela impresionista y lírica de Azorín, que experimenta con el espacio y el tiempo y hace vivir al mismo personaje en varias épocas; la novela abierta y disgregada de Baroja, influida por el folletín, o la novela casi teatral de Valle-Inclán. En el teatro, el esperpento y el expresionismo de Valle-Inclán o los dramas filosóficos de Unamuno.
     Rechazaron la estética del Realismo y su estilo de frase amplia, de elaboración retórica y de carácter menudo y detallista, prefiriendo un lenguaje más cercano a la lengua de la calle, de sintaxis más corta y carácter impresionista; recuperando las palabras tradicionales y castizas campesinas.
     Intentaron integrar en España las corrientes filosóficas del Irracionalismo europeo, en particular de Friedrich Nietzsche (Azorín, Maeztu, Baroja, Unamuno), Arthur Schopenhauer (especialmente Baroja), Sören Kierkegaard (Unamuno) y Henri Bergson (Antonio Machado), en ocasiones criticados por su imitación servil de las modas europeas del momento.
     El pesimismo es la actitud más corriente entre ellos y la actitud crítica y descontentadiza les hace simpatizar con románticos como Mariano José de Larra, al que dedicaron un homenaje.
     Ideológicamente comparten las tesis del Regeneracionismo, en particular de Joaquín Costa.
     El periodismo, en tanto práctica literaria habitual, y la condición del intelectual desarrollan una nueva modalidad ensayística. Reflexionan sobre la crisis de la novela, la forma del relato y la teoría narrativa.

     ―Origen del termino Generación del 98.
     Los autores del 98 se agruparon en torno a algunas revistas características. Don Quijote (1892-1902), "Germinal" (1897-1899), “Vida Nueva”(1898-1900), Revista Nueva (1899), Juventud (1901-1902), Electra (1901), Helios (1903-1904) y Alma Española (1903-1905).
     El término Generación del 98 fue utilizado por primera vez por José Martínez Ruiz, Azorín, en cuatro artículos publicados en el diario ABC (después reunidos en su obra Clásicos y modernos, de 1913). Según Azorín, los autores más importantes que formarían parte de esta pretendida generación serían: Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, Valle-Inclán, Antonio Machado y él mismo. Algunos autores, como Antonio Machado o Valle-Inclán, participan igualmente de las características del Modernismo y del 98.

     ―Características ideológica y literarias. Evolución.
     Esta generación se caracteriza por la crítica social y la denuncia de la situación de semi-exclavitud en que se encontraban los jornaleros, atados a los latifundistas. Intentan cambiar España. Se inspiraron en la corriente crítica del canovismo, (una corriente política que tenía como característica principal la desconfianza en la capacidad del pueblo para gobernarse por sí mismo y defendía la monarquía) y en el regeneracionismo, (que entre los siglos XIX y XX medita objetiva y científicamente sobre las causas de la decadencia de España como nación).
     Quizá el género que más utilizaron fue el ensayo; renovando la novela, la poesía y el teatro.
     Algunos de estos autores comenzaron, en sus años jóvenes, escribiendo en un tono izquierdista e hipercrítico, que más tarde se convertiría a una concepción más tradicional, como por ejemplo Azorín; otros recorrieron el camino contrario, como por ejemplo Antonio Machado y Valle-Inclán, que se fueron comprometiendo más con la izquierda con el paso de los años.
     Pío Baroja, José Martínez Ruíz y Ramiro de Maeztu habían formado el "Grupo de los tres" en 1901". Pretendían transformar España equiparándola a los países europeos más desarrollados del momento. Más tarde cada uno evolucionó de forma distinta. Maeztu pasó de conceptos socialistas a la extrema derecha y a ser un paladín de La Hispanidad. Azorín abandonó su anarquismo destructivo para formar parte de proyectos políticos dentro del gobierno conservador de Maura accediendo a cargos relevantes de la Administración, e incluso en la posguerra se llevó bien con la dictadura franquista. Baroja siguió en su línea inconformista pero cada vez más aislado.
     Unamuno evolucionó desde el socialismo del PSOE a posturas más conservadoras.

    ―Modernismo y Generación del 98.
    El estilo que utilizan estos escritores es el Modernismo, que rompe con el realismo anterior.  En términos generales los regeneracionistas escriben de una forma objetiva, documentada y científica, mientras que la Generación de 1898 lo hace en forma más literaria, subjetiva y artística.
     Aunque no todos opinan así, tanto el Modernismo (nacido en América) como la Generación del 98 podrían ser términos indistintos que designan al mismo movimiento cultural.
     El término Modernismo es anterior al de Generación del 98. A final del siglo XIX comenzó a llamarse modernistas a los autores que querían renovar el panorama literario anterior; se oponían al Realismo, agotado, y a la poesía prosaica de finales del siglo XIX (salvo Bécquer y Rosalía de Castro, que serán tomados como modelos). Este movimiento de renovación poética nace prácticamente a la vez en Europa y en América. De todos modos, podemos afirmar que los primeros fueron los autores hispanoamericanos, representados fundamentalmente por el nicaragüense Rubén Darío (1876-1916) (Obras: Azul, de 1988, Prosas profanas, de 1896 y y Cantos de vida y esperanza de 1905) . En un principio el término modernista era despectivo, es decir, los contrarios a la renovación literaria calificaban de esta manera a los seguidores de Rubén Darío. Con el tiempo, este término ha perdido su matiz peyorativo y se utiliza para designar un gran movimiento de innovación literaria. El Modernismo (también llamado en ocasiones neorromanticismo) busca un nuevo lenguaje basado en una nueva sensibilidad, y rechaza el prosaísmo y la retórica vacía de la literatura anterior. Para ello, vuelve sus ojos hacia Francia, en concreto hacia dos movimientos literarios de la segunda mitad del siglo XIX: El Parnasianismo, representado por Théophile Gautier (El Arte por el Arte). El Simbolismo, representado por poetas como Verlaine, Rimbaud o Mallarmé, que busca ir más allá de la realidad

    ―Polémica entre generación o grupo.
    A la hora de estudiar a estos autores existen divergencias entre quienes los califican como un grupo  dentro de la corriente modernista, como Juan Ramón Jiménez y otros estudiosos, y quienes consideran la Generación del 98 como una corriente literaria. En cualquier caso, ambas denominaciones designan una misma generación histórica, entre finales del siglo XIX y principios del XX.

     ―Autores más importantes: Características y obras.
     Entre los integrantes más significativos de este grupo podemos citar a Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno, Enrique de Mesa, Ramiro de Maeztu, Azorín, Antonio y Manuel Machado, los hermanos Pío y Ricardo Baroja, Ramón María del Valle-Inclán, Gabriel y Galán, Manuel Gómez Moreno, Miguel Asín Palacios, Francisco Villaespesa, el filólogo Ramón Menéndez Pidal y el dramaturgo Jacinto Benavente o Carlos Arniches, Joaquín y Serafín Álvarez Quintero... Algunos incluyen también a Vicente Blasco Ibáñez, que por su estética puede considerarse más bien un escritor del Naturalismo. No debe incluirse a José Ortega y Gasset, que es considerado casi unánimemente como perteneciente al Novecentismo, Generación del 14 o Vanguardias, como se denomina a un grupo de escritores, en su mayoría ensayistas, situados entre la Generación del 98 y la Generación del 27.
    Artistas de otras disciplinas pueden también considerarse dentro de esta estética, como por ejemplo los pintores Ignacio Zuloaga y Ricardo Baroja, también escritor este último. Entre los músicos destacan Isaac Albéniz y Enrique Granados.
     Miembro menos destacados de esta generación fueron Ciro Bayo y Segurola (1859-1959), el periodista Manuel Bueno (1873-1936), Mauricio López-Roberts, Luis Ruiz Contreras (1863-1953), Rafael Urbano (1870-1924) y muchos otros.
     Mantuvieron, al menos al principio, una estrecha amistad. Se reunían en cafés y alrededor de tertulias; Benavente y Valle-Inclán presidían tertulias en el Café de Madrid, que frecuentaban Rubén Darío, Maeztu y Ricardo Baroja. Después Benavente y sus seguidores se fueron a la Cervecería Inglesa, mientras que Valle-Inclán, los hermanos Machado, Azorín y Pío Baroja tomaban el Café de Fornos. El ingenio de Valle-Inclán le llevó luego a presidir la del Café Lyon d'Or y la del nuevo Café de Levante, la que congregó a mayor número de participantes.

     ―Antonio Machado.    

     ―Miguel de Unamuno. (1864-1936), escritor y filósofo, en su obra cultivó casi todos los géneros literarios.
     Nació en la calle Ronda del casco viejo de Bilbao. A los diez años, al acabar sus primeros estudios en el colegio de San Nicolás y a punto de entrar en el instituto, asiste como testigo al asedio de su ciudad durante la Tercera Guerra Carlista, que luego reflejará en su primera novela, "Paz en la guerra". Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, obteniendo la calificación de Sobresaliente en 1883, a sus diecinueve años. Al año siguiente se doctora con una tesis sobre la lengua vasca: Crítica del problema sobre el origen y prehistoria de la raza vasca. En ella anticipa su idea sobre el origen de los vascos, contraria a las afirmaciones del nacionalismo vasco que propugnaban una raza vasca no contaminada por otras razas.
     En 1885 comienza a trabajar en un colegio como profesor de latín y psicología y publica un artículo titulado Del elemento alienígena en el idioma vasco y otro costumbrista, Guernica, aumentando su colaboración en 1886 con el "Noticiero de Bilbao". En 1888, se presentó a la cátedra de psicología, lógica y ética del Instituto de Bilbao convocadas por la Diputación de Vizcaya, junto con Sabino Arana y el novelista y folclorista Resurrección María de Azkue, adjudicándose la plaza éste último. Polemizó con Arana, que iniciaba su actividad nacionalista, ya que consideraba a Unamuno como vasco pero "españolista" debido a que Unamuno, que ya había escrito algunas obras en euskera, consideraba que ese idioma estaba próximo a desaparecer y que el bilingüismo no era posible.
     El 31 de enero de 1891 se casa con Concha Lizárraga, de la que estaba enamorado desde niño. Pasa los meses invernales dedicado a la preparación de unas oposiciones para una cátedra de Griego en la Universidad de Salamanca, la cual obtiene. Con motivo de estas oposiciones, entabla amistad con el granadino Ángel Ganivet, amistad que se irá intensificando hasta el suicidio de aquél en 1898. En 1901 es nombrado rector de la Universidad de Salamanca.
     El 11 de octubre de 1894 ingresa en la Agrupación Socialista de Bilbao y colabora en el semanario "Lucha de clases" de esta ciudad, abandonando el partido socialista en 1897 y sufre una gran depresión personal. En 1914 el ministro de Instrucción Pública lo destituye del rectorado por razones políticas, convirtiéndose Unamuno en mártir de la oposición liberal. En 1920 es elegido por sus compañeros decano de la Facultad de Filosofía y Letras. Es condenado a dieciséis años de prisión por injurias al Rey, pero la sentencia no llegó a cumplirse. En 1921 es nombrado vicerrector. Sus constantes ataques al rey y al dictador Primo de Rivera hacen que éste lo destituya nuevamente y lo destierre a Fuerteventura en febrero de 1924. El 9 de julio es indultado, pero él se destierra voluntariamente a Francia; primero a París y, al poco tiempo, a Hendaya, en el País Vasco francés, hasta el año 1930, año en el que cae el régimen de Primo de Rivera. A su vuelta a Salamanca, entró en la ciudad con un recibimiento apoteósico.
     Se presenta candidato a concejal por la conjunción republicano-socialista para las elecciones del 12 de abril de 1931, resultando elegido. Unamuno proclama el 14 de abril la República en Salamanca. Desde el balcón del ayuntamiento, el filósofo declara que comienza "una nueva era y termina una dinastía que nos ha empobrecido, envilecido y entontecido". La República le repone en el cargo de Rector de la Universidad salmantina. Se presenta a las elecciones a Cortes y es elegido diputado como independiente por la candidatura de la conjunción republicano-socialista en Salamanca. Sin embargo, el escritor e intelectual, que en 1931 había dicho que él había contribuido más que ningún otro español —con su pluma, con su oposición al rey y al dictador, con su exilio...— al advenimiento de la República, empieza a desencantarse. En 1933 decide no presentarse a la reelección. Al año siguiente se jubila de su actividad docente y es nombrado Rector vitalicio, a título honorífico, de la Universidad de Salamanca, que crea una cátedra con su nombre. En 1935 es nombrado ciudadano de honor de la República. Fruto de su desencanto, expresa públicamente sus críticas a la reforma agraria, la política religiosa, la clase política, el gobierno, Azaña.
     Al iniciarse la guerra civil, apoyó inicialmente a los rebeldes. Unamuno quiso ver en los militares alzados a un conjunto de regeneracionistas autoritarios dispuestos a encauzar la deriva del país. Cuando el 19 de julio la práctica totalidad del consistorio salmantino es destituida por las nuevas autoridades y sustituida por personas adictas, Unamuno acepta el acta de concejal que le ofrece el nuevo alcalde, el comandante del Valle. En el verano de 1936 hace un llamamiento a los intelectuales europeos para que apoyen a los sublevados, declarando que representaban la defensa de la civilización occidental y de la tradición cristiana, lo que causa tristeza y horror en el mundo, según el historiador Fernando García de Cortázar. Azaña lo destituye, pero el gobierno de Burgos le repone de nuevo en el cargo. Sin embargo, el entusiasmo por la sublevación pronto se torna en desengaño, especialmente ante el cariz que toma la represión en Salamanca. En sus bolsillos se amontonan las cartas de mujeres de amigos, conocidos y desconocidos, que le piden que interceda por sus maridos encarcelados, torturados y fusilados. A finales de julio, sus amigos salmantinos, Prieto Carrasco, alcalde republicano de Salamanca y José Andrés y Manso, diputado socialista, habían sido asesinados, así como su alumno predilecto y rector de la Universidad de Granada, Salvador Vila. En la cárcel se hallaban recluidos sus íntimos amigos el doctor Filiberto Villalobos y el periodista José Sánchez Gómez, éste a la espera de ser fusilado. Su también amigo, el pastor de la Iglesia anglicana y masón Atilano Coco, estaba amenazado de muerte y de hecho fue fusilado en diciembre de 1936. A principios de octubre, Unamuno visitó a Franco en el palacio episcopal para suplicar inútilmente clemencia para sus amigos presos.
     Unamuno se arrepintió públicamente de su apoyo a la sublevación. Durante el acto de apertura del curso académico (que coincidía con la celebración de la "Fiesta de la Raza") el 12 de octubre de 1936, en el Paraninfo de la Universidad. Varios oradores soltaron tópicos acerca de la "anti-España". Un indignado Unamuno, que había estado tomando apuntes sin intención de hablar, se puso de pie y pronunció un apasionado discurso. "Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. (...) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis...".
     En ese punto, el general José Millán-Astray (el cual sentía una profunda enemistad por Unamuno, que le había acusado inopinadamente de corrupción), empezó a gritar: "¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?". Su escolta presentó armas y alguien del público gritó:¡Viva la muerte!". En lo que, según Ridruejo, fue un exhibicionismo fríamente calculado, Millán habló: "¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!". Se excitó sobremanera hasta tal punto que no pudo seguir hablando. Resollando, se cuadró mientras se oían gritos de "¡viva España!". Se produjo un silencio mortal y unas miradas angustiadas se volvieron hacia Unamuno que dijo: "Acabo de oír el grito necrófilo e insensato de ’¡viva la muerte!’. Esto me suena lo mismo que, ¡muera la vida!’. Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente, hay hoy en día demasiados inválidos. Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Míllán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu suele sentirse aliviado viendo cómo aumenta el número de mutilados alrededor de él. (... ) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada...
     Furioso, Millán gritó: "¡Muera la inteligencia!". En un intento de calmar los ánimos, el poeta José María Pemán exclamó: "¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!". Unamuno no se amilanó y concluyó: "¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España".
     La esposa de Franco, Carmen Polo, toma del brazo a don Miguel y le acompaña a su casa, rodeados de su guardia personal lo que evita que el incidente acabe en tragedia. Ese mismo día, la corporación municipal se reunió de forma secreta y expulsó a Unamuno. El proponente, el concejal Rubio Polo, reclamó su expulsión. El 22 de octubre, Franco firma el decreto de destitución de Unamuno como rector. Los últimos días de vida (de octubre a diciembre de 1936) los pasó bajo arresto domiciliario en su casa, en un estado de resignada desolación, desesperación y soledad
. En esos días escribiría: "La barbarie es unánime. Es el régimen de terror por las dos partes. España está asustada de sí misma, horrorizada. Ha brotado la lepra católica y anticatólica. Aúllan y piden sangre los hunos y los hotros. Y aquí está mi pobre España, se está desangrando, arruinando, envenenando y entonteciendo..." Murió en su domicilio de Salamanca el 31 de diciembre de 1936, de forma repentina, en el transcurso de la tertulia vespertina que mantenía regularmente con un par de amigos. A pesar de su virtual reclusión, en su funeral fue exaltado como un héroe falangista. A su muerte, Antonio Machado escribió: "Señalemos hoy que Unamuno ha muerto repentinamente, como el que muere en la guerra. ¿Contra quién? Quizá contra sí mismo".
     Obra:
     "Paz en la guerra" (1895), obra en la cual utiliza el contexto de la tercera guerra carlista (que conoció en su niñez) para plantear la relación del yo con el mundo, condicionado por el conocimiento de la muerte;
     "Amor y pedagogía" (1902), que une lo cómico y lo trágico en una reducción a lo absurdo de la sociología positivista.
     "Recuerdos de niñez y mocedad" (1908) es una obra autobiográfica. En ella el autor vasco reflexiona sobre los primeros años de su vida en Bilbao.
     "El espejo de la muerte" (1913), libro de cuentos.
     "Niebla" (1914), obra clave de Unamuno, que él caracteriza con el nombre Nivola para separarla de la supuesta forma fija de la novela. En la época literaria que rodeaba al autor por entonces, se exigían unos rígidos patrones de procedimiento a la hora de escribir y publicar una novela: una temática particular, líneas de tiempo y acción específicas, convencionalismos sociales... una especie de guión no escrito pero aceptado por todos. Y esto suponía a Unamuno un corsé del que pretendería desprenderse de alguna forma, para expresarse en sus páginas como estimara oportuno. Su solución fue inventar un nuevo género literario, al que bautizó como "nivola", y de esta forma, no podría obtener crítica ninguna en lo referente a reglas de estética o composición, porque solo debería atender a las reglas que él mismo hubiese diseñado para su nuevo género.
     En 1917 escribe "Abel Sánchez", donde invierte el tópico bíblico de Caín y Abel para presentar la anatomía de la envidia;
     "Tulio Montalbán" (1920) es una novela corta sobre el problema íntimo de la derrota de la personalidad verdadera por la imagen pública del mismo hombre. También en 1920 se publican tres novelas cortas con un prólogo de gran importancia: "Tres novelas ejemplares y un prólogo".
     La última narración extensa es "La tía Tula" (1921), donde se presenta el anhelo de maternidad ya esbozado en Amor y pedagogía y en Dos madres.
     "Teresa" (1924) es un cuadro narrativo que contiene rimas becquerianas, logrando en idea y en realidad la recreación de la amada.
     "Cómo se hace una novela" (1927) es la autopsia de la novela unamuniana.
     En 1930, Unamuno escribe sus últimas novelas: "San Manuel Bueno, mártir" y "Don Sandalio", jugador de ajedrez.
     Filosofía:
     La filosofía de Unamuno no fue una filosofía sistemática, sino una negación de cualquier sistema y una afirmación de fe "en sí misma". Se formó intelectualmente bajo el racionalismo y el positivismo. Durante la época de su juventud, escribió artículos en los cuales se apreciaba claramente su simpatía por el socialismo, y tenía una gran preocupación por la situación en la que se encontraba España.
     La influencia de algunos filósofos como Adolf von Harnack provocó el rechazo de Unamuno por el racionalismo. Tal abandono queda de manifiesto en su obra San Manuel Bueno, mártir, donde la metáfora de la nieve cayendo sobre el lago ilustra su postura en favor de la fe —la montaña sobre la cual la nieve crea formas, paisajes, frente al lago, donde ésta se disuelve y se transforma en nada—.
     Para él la muerte es algo definitivo, la vida acaba. Sin embargo, pensaba que la creencia de que nuestra mente sobrevive a la muerte es necesaria para poder vivir. Desde luego, se necesita creer en un Dios, tener fe, lo cual no es racional; así siempre hay conflicto interior entre la necesidad de la fe y la razón que niega tal fe. Es considerado uno de los predecesores de la escuela existencialista que, varias décadas después, encontraría su auge en el pensamiento europeo. Así estudió danés para leer directamente a Kierkegaard (1813-1855), a quien en sus obras solía llamar, en su peculiar y cordial estilo: hermano.
     La preocupación por España se manifestó en los ensayos recogidos en sus obras:
En torno al casticismo (1895).
Vida de Don Quijote y Sancho (1905).
Por tierras de Portugal y España (1911).
     Durante la guerra y a partir de agosto de 1936, Unamuno comenzó a tomar apuntes para un libro que no llegaría a escribir y en el que plasma su testamento político: El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y la guerra civil españolas.
     Sus obras más puramente filosóficas son
Del sentimiento trágico de la vida (1913).
La agonía del cristianismo (1925).
     Poesía:
     Para Unamuno el arte era un medio de expresar las inquietudes del espíritu. Por ello, en la poesía y en la novela trata los mismos temas que había desarrollado en los ensayos: su angustia espiritual y el dolor que provoca el silencio de Dios, el tiempo y la muerte. Entre sus obras poéticas destacan: Poesías (1907), Rosario de sonetos líricos (1911), El Cristo de Velázquez (1920), Andanzas y visiones españolas (1922), Rimas de dentro (1923), Teresa. Rimas de un poeta desconocido (1924), De Fuerteventura a París (1925), Romancero del destierro (1928) y Cancionero (1953).
     Teatro:
     La obra dramática de Unamuno presenta su línea filosófica habitual; de ahí que obtuviera un éxito más bien escaso. Temas como la indagación de la espiritualidad individual, la fe como «mentira vital» y el problema de la doble personalidad son tratados en La esfinge (1898), La venda (1899) y El otro (1932). Actualiza la tragedia euripídea en Fedra (1918) y traduce la Medea (1933) de Séneca.
     Su teatro es esquemático, está despojado de todo artificio y en él sólo tienen cabida los conflictos y pasiones que afectan a los personajes. Esta austeridad es influjo de la tragedia griega clásica. Si los personajes y los conflictos aparecen desnudos, la escenografía también se ve despojada de todo artificio. Es una escenografía, simplificada al máximo. Lo que realmente le importa es presentar el drama que transcurre en el interior de los personajes y, sin duda, de su interior. Con la simbolización de las pasiones y la austeridad tanto de la palabra como escenográfica, el teatro unamuniano entronca con las experiencias dramáticas europeas y abre un camino a la renovación teatral española, que será seguido por Ramón Valle-Inclán, Azorín y, más tarde, Federico García Lorca.
     Además reflejó en su abundante Epistolario, las impresiones de viajes a lo largo de la geografía salmantina: era un enamorado de las Arribes, Sierra de Francia, La Alberca, etc.

     ―Ramiro de Maeztu. (1875-1936) Murió asesinado al comienzo de la Guerra Civil, víctima de una de las matanzas que se produjeron en la capital española entre octubre y noviembre de 1936.
     De padre español y madre inglesa, pasó parte de su juventud en París y en La Habana dedicado a oficios diversos y se inició en el periodismo. Autodidacta y de ideas combativas, se trasladó a Madrid en 1897, un hecho decisivo en su vida literaria, ya que es cuando inicia una colaboración importante con distintos periódicos y revistas, como Germinal, El País, Vida Nueva, La España Moderna, El Socialista, entre otros, con una orientación socialista reformista. En esos años también da inicio a su amistad con regeneracionistas e intelectuales, especialmente con Azorín y Baroja, con quienes formó el grupo conocido bajo el nombre de «Grupo de los Tres». En sus colaboraciones de prensa, agrupadas en buena parte en su libro Hacia otra España, examina las causas de la decadencia española, hace una crítica muy dura de la vida nacional y propone una renovación de estilo europeísta.
     En 1904 se hunden los negocios de su familia en Cuba, y de 1905 a 1919 residió en Londres, donde trabajó como corresponsal para La Correspondencia de España, Nuevo Mundo y Heraldo de Madrid. Viajó por Francia y Alemania y estuvo como corresponsal de guerra en Italia (1914–1915). Este periodo representa su fase liberal y de admiración a las instituciones británicas, ocupando su atención en numerosas disciplinas (filosofía, política, literatura, etc.) cuya actualidad acercaba al público español. Publica en inglés Authority, Liberty and Function in the Light of the War (1916), aparecido en castellano como La crisis del humanismo, donde examina los conceptos de autoridad y libertad en la sociedad moderna.
     Tras su regreso a España, en 1919, comienza su desconfianza en la democracia liberal y va cuajando su evolución hacia lo tradicionalista católico, que se consumó durante la Dictadura de Primo de Rivera, a la que aceptó representar como embajador en Argentina (1928). Allí tuvo ocasión de tratar con Zacarías de Vizcarra, el introductor en 1926 de la idea de la «hispanidad» (que propuso como sustituto del espurio término raza), que Maeztu asumió como propio y después abanderó. En esos años mantiene su concepto de decadencia, esencial en la actitud intelectual de los hombres del 98, e intensifica su defensa de los valores católicos y de las tradiciones hispánicas.
     Desde los días previos a la proclamación de la República colaboró en el movimiento y la revista Acción Española (que él propuso denominar Hispanidad), escribiendo también la presentación de la misma, que se publicó sin firma, y mereció el Premio Luca de Tena otorgado por el diario ABC. Desde el número 28 de la revista, Maeztu figuró formalmente como su director, y lo fue hasta el último número, el de junio de 1936.
     En esta última fase su pensamiento intensifica su relación con el viejo tronco de pensamiento tradicionalista español (Donoso Cortés, Menéndez Pelayo, etc.), y mantiene afinidades con los teóricos del Integralismo Lusitano. Este ideario en pro de la civilización hispánica y católica, desarrollado en sus artículos en Acción Española, fue recogido en su libro Defensa de la Hispanidad, que se convirtió en su obra más influyente y en exponente de doctrina universalista. Terminó militando en Renovación Española, desde el que se significó por su oposición al régimen de la Segunda República, del que fue diputado en las Cortes por Guipúzcoa (1933–1935).
     Al inicio de la Guerra Civil Española, fue detenido por fuerzas republicanas y encerrado en la madrileña cárcel de Las Ventas el 30 de julio de 1936. Murió fusilado en el cementerio de Aravaca el 29 de octubre de 1936, víctima de una de las numerosas sacas (ejecuciones extrajudiciales) que se efectuaron en el Madrid republicano durante los meses de octubre y noviembre de 1936. Sus últimas palabras fueron: «Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero: ¡Para que vuestros hijos sean mejores que vosotros!».

     Pío Baroja. Agnóstico. En sus novelas nos muestra personajes resentidos con el mundo y faltos de sentido en sus vidas. (1872-1956) Hermano de Ricardo también escritor e importante pintor, dejaría la profesión de médico por la de novelista. De carácter gruñón, arisco y descontentadizo ya desde su juventud se mostró hipercrítico con todo; tímido y retraído al mismo tiempo, nunca se casó. Ateo. Instalado en Madrid regentando una panadería con su hermano, empezó a colaborar en periódicos y revistas, simpatizando con las doctrinas sociales anarquistas, pero sin militar abiertamente en ninguna. Al igual que su conterráneo Miguel de Unamuno, abominó del nacionalismo vasco, contra el que escribió su sátira Momentum catastrophicum.
     En 1900 publicó su primer libro, una recopilación de cuentos titulada Vidas sombrías, la mayoría compuestos en Cestona sobre gentes de esa región y sus propias experiencias como médico. En esta obra se encuentran en germen todas las obsesiones que reflejó en su novelística posterior. El libro fue muy leído y comentado por prestigiosos escritores como Miguel de Unamuno, que se entusiasmó con él y quiso conocer al autor, por Azorín y por Benito Pérez Galdós. Tuvo especial amistad con el anarquista José Martínez Ruiz, más conocido como Azorín, e hizo, impulsado por él, algún intento de entrar en política, presentándose de concejal en Madrid y de diputado por Fraga, pero fracasó. Al acercarse Azorín al partido de Antonio Maura, rompió su antigua amistad. De igual manera tuvo amistad con Maeztu. Con él junto con Azorín formaron durante un breve período el grupo de los Tres.
     Viajó después por toda Europa (residió varias veces en París, estuvo algún tiempo en Londres, y pasó por Italia, Bélgica, Suiza (donde tuvo un gran amigo, el filonazi nietzscheano Paul Schmitz), Alemania, Noruega, Holanda y Dinamarca) y acumuló una impresionante biblioteca especializada en ocultismo, brujería e historia del siglo XIX, que instaló en un viejo caserío que se compró en Vera de Bidasoa y restauró con gran gusto, convirtiéndolo en el famoso caserío de Itzea, donde pasaba los veranos con su familia. Sus viajes por España los hizo casi siempre acompañado por sus hermanos Carmen y Ricardo, pero también por Ramiro de Maeztu, Azorín, Schmitz e incluso José Ortega y Gasset en una ocasión, en la que recorrieron en automóvil gran parte del recorrido realizado por el general Gómez con su famosa expedición durante la Primera Guerra Carlista.
     En sus novelas reflejó una filosofía impregnada con el profundo pesimismo de Arthur Schopenhauer, pero que predicaba en alguna forma una especie de redención por la acción, en la línea de Friedrich Nietzsche: de ahí los personajes aventureros y vitalistas que inundan la mayor parte de sus novelas, pero también los más escasos abúlicos y desengañados, como el Andrés Hurtado de El árbol de la ciencia o el Fernando Ossorio de Camino de perfección (pasión mística), dos de sus novelas más acabadas. Terminó por identificarse con las doctrinas liberales y por abominar del comunismo, sin abandonar en ningún momento sus ideas anticlericales, su misoginia y sus un tanto arcaicas concepciones antropológicas lombrosianas. En 1935 fue admitido en la Real Academia de la Lengua; fue acaso el único honor oficial que se le dispensó.
     Cuando estalló la Guerra Civil veraneaba en su casa de Vera de Navarra, al pie de la frontera con Francia. Le detuvo la columna carlista que desde Pamplona se dirigía a Guipúzcoa. Tras pasar un día en prisión, fue puesto en libertad por intervención de un amigo militar. Se trasladó inmediatamente a Francia, estableciéndose en París, en el Colegio de España de la Ciudad Universitaria, gracias a la hospitalidad que le ofreció el director de dicho colegio, el Sr. Establier (hospitalidad que le fue agriamente reprochada al director por el entonces embajador de la República en Francia, Araquistain, quien personalmente y a través de su esposa, hizo repetidas gestiones ante el director Establier para que expulsase a Baroja de su alojamiento, gestiones que no dieron el menor resultado).
     En el periodo 1936-39 regresó a España (Zona Nacional) varias veces, y en una ocasión (1937) estuvo en Suiza albergado por su amigo filonazi Paul Schmitz; en una de ellas fue a Salamanca (enero de 1938) para jurar como miembro del recién creado Instituto de España y para gestionar la publicación de artículos periodísticos muy críticos con la República en general y con los políticos republicanos (como el muy famoso "Una explicación" publicado en el Diario de Navarra, 1-IX-1936).
     Terminada la Guerra Civil, residió todavía una corta época en Francia y se estableció más tarde definitivamente entre Madrid y Vera de Bidasoa. Siguió escribiendo y publicando novelas, sus Memorias (que alcanzaron gran éxito) y una edición de sus Obras Completas. Sufrió algunos problemas con la censura, que no le permitió publicar sus novelas sobre la Guerra Civil, publicadas recientemente. Sostuvo en su domicilio de Madrid una tertulia de sesgo escéptico (en la cual participaban diversas personalidades, entre ellas novelistas como Camilo José Cela y Juan Benet entre otros).
     Su hermana Carmen murió en 1949 y su hermano Ricardo en 1953. Afectado poco a poco por la arterioesclerosis, murió en 1956 y fue enterrado en el cementerio civil como ateo, con gran escándalo de la España oficial, a pesar de las presiones que recibió su sobrino, el antropólogo Julio Caro Baroja, para que renunciase a la voluntad de su tío. El entonces ministro de Educación Nacional asistió en su calidad de tal al entierro. Su ataúd fue llevado en hombros entre otros por dos de sus admiradores, Ernest Hemingway y Camilo José Cela, el uno era premio Nobel de literatura y el otro llegaría a serlo años más tarde. También el escritor norteamericano John Dos Passos declaró su admiración y su deuda con el escritor.
     Baroja cultivó preferentemente el género narrativo, pero se acercó también con frecuencia al ensayo y más ocasionalmente al teatro, la lírica (Canciones del suburbio) y la biografía.
     El propio autor agrupó sus novelas, un poco arbitrariamente, en nueve trilogías y una tetralogía, aunque es difícil distinguir qué elementos pueden tener en común: Tierra vasca, La lucha por la vida, El pasado, El mar, La raza, Las ciudades, Agonías de nuestro tiempo, La selva oscura, La juventud perdida y La vida fantástica.
Tierra vasca agrupa La casa de Aitzgorri (1900), El mayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín el aventurero (1909).
La lucha por la vida integra La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora Roja (1905).
La raza está formada por El árbol de la ciencia (1911), La dama errante (1908) y La ciudad de la niebla (1909).
El pasado agrupa La feria de los discretos, Los últimos románticos y Las tragedias grotescas.
La vida fantástica está formada por Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox (1901), Camino de perfección (pasión mística) (1901) y Paradox rey (1906).
Las ciudades agrupa César o nada (1910); El mundo es ansí (1912); La sensualidad pervertida: ensayos amorosos de un hombre ingenuo en una época de decadencia (1920).
El mar: Las inquietudes de Shanti Andía (1911); El laberinto de las sirenas (1923); Los pilotos de altura (1931); La estrella del capitán Chimista (1930).
Los amores tardíos: El gran torbellino del mundo (1926); Las veleidades de la fortuna (1927); Los amores tardíos (1942).
La selva oscura: La familia de Errotacho (1932); El cabo de las tormentas (1932); Los visionarios (1932).
La juventud perdida: Las noches del Buen Retiro (1934); Locuras de carnaval (1937); El cura de Monleón (1936).
     A las novelas de la última etapa de la vida del escritor se las suele llamar "Novelas sueltas" porque no terminaron de formar trilogía, pero no por intención del autor, ya que debido en primer lugar a su agotamiento como escritor propio de un hombre de más de 70 años, como por razones de censura (así las de tema de la guerra civil) u otras razones no se hicieron así: Susana y los cazadores de moscas (1938), Laura o la soledad sin remedio (1939), El caballero de Erlaiz (1943), "El puente de las Animas" (1944), El hotel del Cisne (1946) y El cantor vagabundo (1950).Tanto el "Puente de las Animas" como "El cantor vagabundo" formarían con otra no publicada o nunca escrita la trilogía "Saturnales". "El hotel del cisne" serie la primera pieza de otra inconclusa trilogía que llevaría por nombre "Días Aciagos". En sus últimos años intentó escribir una nueva trilogía sobre la Guerra Civil, pero la censura franquista impidió la publicación; modernamente, sin embargo, con la llegada de la democracia, han empezado a imprimirse algunas de ellas; la primera ha sido Miserias de la guerra, y se anuncia la publicación de la siguiente, A la desbandada.
     Entre 1913 y 1935 aparecieron los 22 volúmenes de una larga novela histórica, Memorias de un hombre de acción, basada en la vida de un antepasado suyo, el conspirador y aventurero liberal y masón Eugenio de Aviraneta (1792-1872), a través del cual refleja los acontecimientos más importantes de la historia española del siglo XIX, desde la Guerra de la Independencia hasta la regencia de María Cristina, pasando por el turbulento reinado de Fernando VII. Son las siguientes: El aprendiz de conspirador (1913), El escuadrón del «Brigante» (1913), Los caminos del mundo (1914), Con la pluma y con el sable (1915), que narra el período en que Aviraneta fue regidor de Aranda de Duero, Los recursos de la astucia (1915), La ruta del aventurero (1916), Los contrastes de la vida (1920), La veleta de Gastizar (1918), Los caudillos de 1830 (1918),La Isabelina (1919), El sabor de la venganza (1921), Las furias (1921), El amor, el dandysmo y la intriga (1922), Las figuras de cera (1924), La nave de los locos (1925, en cuyo prólogo se defiende de las críticas hacia su forma de novelar vertidas por José Ortega y Gasset en El Espectador), Las mascaradas sangrientas (1927), Humano enigma (1928), La senda dolorosa (1928), Los confidentes audaces (1930), La venta de Mirambel (1931), Crónica escandalosa (1935) y Desde el principio hasta el fin (1935).
     Baroja publicó en 1938, en la editorial Reconquista "Comunistas, judíos y demás ralea" libro formado por fragmentos de obras y artículos de Baroja anteriores a 1936 y del tiempo de la propia guerra. Un extracto de la obra: Esta última época ha demostrado lo que muchos hemos creído: Que el parlamentarismo no es fecundo. Es imposible. El parlamentarismo es una hoguera que lo consume todo a su lado; la dictadura puede ser la salvación.... En el libro también dedica alabanzas a Franco y al régimen nazi, y menciona que recibió de regalo una esvástica, que guarda como regalo antisemita.
     Baroja publicó también cuentos, como los que recogió en Vidas sombrías (1900) e Idilios vascos (1902); libros autobiográficos y de memorias (Juventud, egolatría y los ocho volúmenes Desde la última vuelta del camino, compuestos por El escritor según él y según los críticos, 1944; Familia, infancia y juventud, 1945, Final de siglo XIX y principios del XX, 1946; Galería de tipos de la época, 1947; La intuición y el estilo, 1948; Reportajes, 1948; Bagatelas de otoño, 1949; y La Guerra Civil en la frontera, 2005).[1] Además redactó biografías como Juan van Halen o Aviraneta o la vida de un conspirador (1931); ensayos, como El tablado de Arlequín (1904), La caverna del humorismo (1919), Momentum catastrophicum, Divagaciones apasionadas (1924), Las horas solitarias, Intermedios. Vitrina pintoresca, Rapsodias. Pequeños ensayos, El diablo a bajo precio, Ciudades de Italia, La obra de Pello Yarza y otras cosas, Artículos periodísticos y algunas obras dramáticas: La leyenda de Jaun de Alzate (1922), Nocturnos del hermano Beltrán, Todo acaba bien... a veces, Arlequín, mancebo de botica, Chinchín, comediante y El horroroso crimen de Peñaranda del Campo.
     Defendió una novela abierta, ya que considera ésta como un fluir en sucesión («La novela en general es como la corriente de la historia: no tiene principio ni fin; empieza y acaba donde se quiera.»), compone sus obras a través de una serie de episodios dispersos, unidos, muchas veces, por la presencia de un personaje central. La mayor parte de los personajes barojianos son seres inadaptados, que se oponen al ambiente y la sociedad en la que viven, aunque impotentes, incapaces de demostrar energía suficiente para llevar lejos su lucha, acaban frustrados, vencidos y destruidos, en ocasiones físicamente, en muchas otras moralmente, y, en consecuencia, condenados a someterse al sistema que han rechazado. El escepticismo barojiano, su idea de un mundo que carece de sentido, su falta de fe en el ser humano le llevan a rechazar cualquier posible solución vital, ya sea religiosa, política o filosófica y, por otro lado, le conducen aun marcado individualismo pesimista, y no por ello anarquizante.
     A menudo se ha reprochado a Baroja su descuido en la forma de escribir. Eso se debe a su tendencia antirretórica, pues rechazaba los largos y laberínticos periodos de los prolijos narradores del Realismo, actitud que compartió con otros contemporáneos suyos, así como el afán de crear lo que denomina una «retórica de tono menor», caracterizada por:
     Empleo del período corto.
     Sencillez y economía expresiva: «El escritor que con menos palabras da una sensación es el mejor».
     Impresionismo descriptivo: selección de rasgos significativos más que reproducción fotográfica al detalle característica de los minuciosos y documentados narradores del Realismo.
     Tono agrio, selección de un léxico que degrada la realidad a tono con la actitud pesimista del autor.
     Breves ensayos e intensos intermedios líricos.
     Tempo narrativo rápido, cronotopo dilatado.
     Diálogos respetuosos con la oralidad y la naturalidad.
     Deseo de exactitud y precisión, rasgos estilísticos que confieren la amenidad, el dinamismo y la sensación de naturalidad y vida que el escritor pretendía para sus novelas.

     Ramón María del Valle-Inclán. (1866-1936) Dramaturgo, poeta y novelista. Comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela con resultados irregulares. En 1888 se matriculó en "Dibujo y adorno de figura" en la Escuela de Artes y Oficios. En esta época publica sus primeros trabajos literarios en Café con gotas de Santiago, y en 1889 su cuento A media noche, en la barcelonesa La Ilustración ibérica; participando activamente, junto a su hermano Carlos, en la vida periodística de la ciudad. La visita de Zorrilla a Santiago para dar una conferencia en la universidad a la que asiste Valle, le produce una honda impresión, quedando seducido por la figura del escritor consagrado. Es en estos años en los que comenzó a arraigar en él su vocación literaria. Tras la muerte de su padre, viaja a Madrid a finales de 1890, donde frecuenta el Museo del Prado y las bibliotecas de la ciudad, colabora en periódicos como El Globo, y dedica gran parte de su tiempo libre a asistir a representaciones del género chico.
     En 1892, Valle realiza su primer viaje a América, concretamente a México, donde pasa algo menos de un año, repartido entre las ciudades de Veracruz y Ciudad de México. En tierras mexicanas colaboró para dos diarios: El Veracruzano Libre, de Veracruz, y El Universal, en Ciudad de México, en los que publicó varios relatos. De regreso a España, en 1893, se instaló en Pontevedra, donde trabó amistad con Jesús Muruáis, bibliógrafo y profesor de latín en el Instituto de la ciudad. Durante su estancia en Pontevedra, que se prolongaría hasta 1896, publicó su primer libro, la colección de relatos de tema amoroso Femeninas (1894). Es en esta época cuando Valle comienza a cultivar su particular indumentaria: capa (al principio un poncho mexicano), chalina, sombrero y, sobre todo, sus largas y características barbas, las "barbas de chivo" de que habla Rubén Darío en un poema dedicado al autor.
     En 1896 volvió a instalarse en Madrid. Allí acude a varias tertulias, en las que conoce a muchas figuras destacadas de la época, como Gómez Carrillo, Pío y Ricardo Baroja, Azorín, Benavente, González Blanco, Villaespesa, Mariano Miguel de Val, etc. En 1897 se publica su segundo libro, Epitalamio (Historias de amores), sin demasiado éxito de público. Durante estos años, participó como actor en obras teatrales como La comedia de las fieras, de Jacinto Benavente, o Los reyes en el destierro, adaptación por Alejandro Sawa de una novela de Alphonse Daudet. En 1899, en una discusión en el Café de la Montaña, el periodista Manuel Bueno le causa una herida en el brazo que termina gangrenándose y haciendo necesaria su amputación. Ese mismo año estrena en el Teatro Lara de Madrid y publica en libro Cenizas, su primera obra teatral. Por la misma época colabora en numerosas revistas literarias, como La vida literaria, dirigida por Benavente, Revista Nueva, dirigida por Luis Ruiz Contreras, Germinal dirigida por Joaquín Dicenta o Vida Nueva dirigida por Eusebio Blasco en la que Unamuno escribe dos conocidos artículos "Muera Don Quijote" y "Renovación”.
     Vive la bohemia literaria modernista con estrecheces económicas que le obligan a pasar incluso hambre. Habita en un patio de viviendas en el barrio de Arguelles, entonces suburbio de Madrid, en dos oscuros cuartuchos alquilados con una silla, una mesa y una cama como único mobiliario. En 1900, Valle participa en un concurso de cuentos auspiciado por el diario El Liberal. Aunque no consigue ganar el premio, su relato "Satanás" fue muy elogiado por Juan Valera, uno de los miembros del jurado, en un artículo de prensa. Parece ser que el jurado no quiso arriesgarse a premiar un relato tan innovador. En los años siguientes, siguió colaborando en varias publicaciones, como La Ilustración Artística, La Ilustración Española e Hispanoamericana, La España Moderna, etc. En Alma Española publicó, en diciembre de 1903, una famosa autobiografía. En Los Lunes de El Imparcial empieza a publicar Sonata de otoño, en que hace por primera vez aparición su personaje el marqués de Bradomín.
     Las Sonatas se publican en libro en 1902 (Sonata de otoño), 1903 (Sonata de estío), 1904 (Sonata de primavera) y 1905 (Sonata de invierno). Estas narraciones, fragmentos de unas memorias ficticias del marqués de Bradomín, constituyen el ejemplo más destacado de prosa modernista en la literatura española. En el mismo año de 1905 publica Valle una colección de cuentos con el título de Jardín novelesco; Historias de almas en pena, de duendes y de ladrones. Al año siguiente estrena en el Teatro de la Princesa una obra teatral basada en el protagonista de las Sonatas, El Marqués de Bradomín. Forma parte del reparto de la obra Josefina Blanco, futura esposa de Valle, con la que contraerá matrimonio en 1907. La boda se celebró en la madrileña iglesia de San Sebastián. El matrimonio tuvo varios hijos: Joaquín María (1914), Carlos Luis (1917), Jaime (1921).
     En 1907 publica varios libros, como Águilas de blasón (estrenada el mismo año en Barcelona), Aromas de leyenda, Versos en loor de un santo ermitaño y El marqués de Bradomín. Coloquios románticos. Por entregas, en el diario El Mundo, publica Romance de Lobos. En 1908 inicia la publicación de su serie de novelas "La guerra carlista": Los cruzados de la causa, El resplandor de la hoguera y Gerifaltes de antaño. En 1909 escribe "Mi hermana Antonia", que narra la venganza del estudiante Máximo Bretal, enamorado de Antonia y rechazado por su madre. Sus simpatías por el carlismo no fueron sólo literarias: en 1910 se presentó a diputado por el Partido Carlista, pero no obtuvo escaño.
     Viaja a Argentina en 1910 con la compañía de teatro de F. García Ortega, en la que figuraba Josefina Blanco, y pronuncia algunas conferencias sobre la literatura española. En la misma gira visitan también Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia. De regreso a España, sigue estrenando obras de teatro: Voces de gesta, en 1911 (en el Novedades de Barcelona), y La marquesa Rosalinda, en 1913. Su obra El embrujado fue rechazada por el Teatro Español, que dirigía Benito Pérez Galdós.
     Durante la I Guerra Mundial, fue invitado por el gobierno francés a visitar los frentes de guerra. En París se relacionó con autores españoles como Pedro Salinas, Manuel Ciges Aparicio y Corpus Barga. Fruto de su visita al frente fueron los textos Visión estelar de la medianoche, publicado en folletón en El Imparcial entre octubre y diciembre de 1916, y En la luz del día, en el mismo periódico, entre enero y febrero de 1917.
     En 1916 es nombrado titular de la cátedra de Estética de las Bellas Artes de la Escuela de San Fernando. Ese mismo año publica La lámpara maravillosa, meditación sobre el hecho literario, muy influido por el ocultismo de autores como Mario Roso de Luna y Helena Blavatsky. En 1921 realiza un nuevo viaje a México, invitado personalmente por el presidente de la República, Álvaro Obregón. En 1925 se establece de nuevo en Madrid. Participa en grupos de teatro experimental, como "El mirlo blanco", que llevaba a cabo sus representaciones en el domicilio de los Baroja, en el barrio madrileño de Argüelles, y "El cántaro roto", en el Círculo de Bellas Artes. A finales de 1926 edita la que algunos consideran su obra maestra narrativa, la novela Tirano Banderas, donde es patente la huella de su todavía reciente viaje al México revolucionario. Tirano Banderas narra la caída del dictador sudamericano Santos Banderas, personaje despótico y cruel que mantiene el poder gracias al terror y a la opresión. Es una excepcional descripción de la sociedad sudamericana y la primera vez que se aborda literariamente la dictadura.
     Estas novelas marcan un cambio en la postura estética de Valle-Inclán, acercándose un poco a las preocupaciones y críticas propias de la generación del 98. En 1927 inicia la publicación de un ambicioso proyecto narrativo, El ruedo ibérico, que, de forma semejante a los Episodios Nacionales de Galdós, pretende narrar la historia de España desde el reinado de su detestada Isabel II hasta la época contemporánea al autor. Únicamente llegó a escribir tres novelas de este proyecto: La corte de los milagros (1927), Viva mi dueño (1928) y Baza de espadas (1932).
     Desde 1924 muestra su oposición a la dictadura de Primo de Rivera. En 1927 participa en la creación de la Alianza Republicana. En 1929 es encerrado en la cárcel Modelo de Madrid, por negarse a pagar una multa impuesta con motivo de unos incidentes ocurridos en el Palacio de la Música. Apoya a la República, e incluso se presenta a diputado por La Coruña en las listas del Partido Radical de Alejandro Lerroux, aunque no sale elegido. En 1932, el gobierno de la República le nombra conservador del Patrimonio Artístico Nacional y director del Museo de Aranjuez, pero, por desavenencias con su superior, dimite al poco tiempo. Elegido presidente del Ateneo de Madrid, dimite también al no atenderse sus propuestas de reorganización. Ese mismo año se divorcia de su esposa, Josefina Blanco.
     En la última etapa de su vida, Valle mostró marcadas simpatías hacia el comunismo. A iniciativa suya, en 1933 se reúne en el Ateneo de Madrid el Primer Congreso de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios. Ese mismo año es nombrado presidente de honor de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. El 8 de marzo de 1933 es nombrado director de la Escuela de Bellas Artes de Roma. Se mantendrá en el cargo poco más de un año, en medio de una pintoresca falta de los más elementales medios de subsistencia, hasta junio de 1934. En marzo de 1935 se retiró a Santiago de Compostela, ingresando en una clínica, donde murió de cáncer el 5 de enero de 1936, tras negarse a recibir auxilio religioso. Fue sepultado al día siguiente, en una ceremonia civil.
     Realizó numerosas traducciones. Del portugués, del francés y del italiano.
     La obra poética de Valle-Inclán está reunida en la trilogía Claves líricas (1930), formada por Aromas de leyenda, El pasajero y la esperpéntica La pipa de Kif.
     El teatro de Valle-lnclán suele dividirse en cinco períodos:
     Ciclo modernista. A él pertenecen obras como El Marqués de Bradomín (1906) y El yermo de las almas (1908).
     Ciclo mítico. Partiendo de su Galicia natal, Valle-lnclán crea un mundo mítico e intemporal. La irracionalidad, la violencia, la lujuria, la avaricia y la muerte rigen los destinos de los protagonistas. Pertenecen a este período la trilogía Comedias bárbaras y Divinas palabras (1920).
     Ciclo de la farsa. Se trata de un grupo de comedias recogidas en un volumen titulado Tablado de marionetas para educación de príncipes (1909, 1912, 1920). Estas obras presentan un continuo contraste entre lo sentimental y lo grotesco, y sus personajes, marionetas de feria, anuncian la llegada del esperpento.
     Ciclo esperpéntico. Está formado por Luces de bohemia (1920 y 1924) y el volumen titulado Martes de Carnaval (1930). El esperpento, más que un género literario, es una nueva forma de ver el mundo, ya que deforma y distorsiona la realidad para presentarnos la imagen real que se oculta tras ella. Para ello utiliza la parodia, humaniza los objetos y los animales y animaliza o cosifica a los humanos. Presentados de ese modo, los personajes carecen de humanidad y se presentan como marionetas.
     Ciclo final. En esta última etapa Valle-Inclán lleva a su extremo las propuestas dramáticas anteriores: presencia de lo irracional e instintivo, personajes deshumanizados, esquematizados y guiñolescos, y la técnica distorsionante del esperpento. Sus obras quedan recogidas en Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte.
     Valle-Inclán, al igual que Miguel de Unamuno y Azorín, se enfrenta directamente al teatro comercial vigente. Esos tres autores muestran una clara oposición al teatro realista, costumbrista y de corte burgués que tanto éxito tenía en los escenarios, si bien cada uno de ellos ensayará una técnica particular.

     Azorín. José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, periodista y dramaturgo consagrado con el seudónimo de Azorín, maestro de escritores, crítico, académico, narrador, periodista y dramaturgo, bautizó a la generación del 98 y fue uno de sus miembros más sobresalientes y prolíficos. Fue también el más longevo y uno de los grande renovadores del lenguaje literario español en el siglo XX. Católico.

Literatura contemporánea:
La Generación del 98
Antonio Machado
El Grupo Poético del 27
Federico García Lorca
Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos


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