Parece que va a a
llover....
nº 805
Saratoga
Todo el mundo ha hablado del tiempo alguna vez, es una
conversación recurrente cuando no se sabe que decir, pues bueno esto es
una opinión personal; me pongo frenética cuando estoy con alguien y me
suelta la típica frasecita "parece que va a llover..." o "este tiempo no
es normal en estas fechas..." Siempre que oigo esto me imagino a mi
abuelo en su huerto, pero es que esta gente no tiene huerto ni nada.
Como decía es la recurrida conversación cuando no se
sabe que decir o cuando simplemente no se tiene conversación.
Traslademos esto a los medios, o mejor "al medio"; la televisión, ¿se
han dado cuenta la cantidad de minutos que gastan hablando de la
meteorología?, es bestial a la vez que aburrido y contagioso.
En invierno, cuando caen las primeras nevadas, cosa
lógica por otra parte, mandan al reportero "in situ" para que nos cuente
con pelos y señales tan raro acontecimiento, cuando llueve, más de lo
mismo, cuando hace calor porque hace calor y cuando hace frío pues lo
mismo. Yo no sé si soy tonta, o vivo en otro mundo, o es que no tengo
latifundios, pero me importa el clima muy poco, poquísimo más bien.
Quieren hacer de la normalidad una noticia, lo cuentan como si fuese el
desembarco de Normandia ¿estamos locos o qué? ¿qué no hay "noticias" de
verdad?
¿qué no pasa nada en el mundo un poco más importante? Yo que soy muy mal
pensada, creo que con esto nos quieren narcotizar y que no nos enteremos
de otras cosas, (joder que mala soy). Entre las noticias morbosas y el
tiempo, más que informarnos están intoxicándonos, aletargándonos,
desinformándonos.
Ahora se tiende a pensar que el mundo está lleno de
violadores y que quizás mañana lloverá y que eso es extrañísimo en esta
época del año. Menos mal que tenemos internet porque si no, no nos
enteraríamos de nada, bueno de lo que quieran ellos. Por cierto esta
noche mejor no salgan por el Salitre que va a hacer un poco de fresco y
ya saben lo malas que son las corrientes.
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¿Se hará el embalse
Azorín?
nº 804
MA ABCDE
Hola, es q tengo una duda, tenía pensado comprarme
un terreno en Xinorlet
pero he oído lo del embalse Azorin y ya no sé si el embalse pilla al
Xinorlet o no, o donde me puedo informar. Gracias.
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Educación para la
Ciudadanía
nº
803
Fernando Savater
Instruir educando
Creo que fue Azorín quien dijo que "vivir es ver
volver". Razón no le faltaba, al menos en cuestiones de debate
intelectual. Yo estoy tan escarmentado de la manía de suponer que
ciertos conceptos periclitan o que algunas polémicas han sido
definitivamente superadas que no me extrañaría mañana encontrarme con
defensores de la doctrina del éter, del flogisto o de la infalibilidad
del Papa. Cuestión de paciencia, nada más. Aun así, me ha sobresaltado
un poco tropezar de nuevo con la oposición irreductible entre
instrucción y educación, suscitada en... . Como telón de
fondo y pretexto ocasional está la polémica en torno a la Educación
para la Ciudadanía, que no parecía en sí misma muy estimulante -en
los términos truculentos en que se ha planteado- pero que quizá vaya a
tener la inesperada virtud de traer a primer plano cuestiones
importantes sobre la educación en general. Si es así, bendita sea.
En principio, la instrucción -que describe y explica
hechos- y la educación, que pretende desarrollar capacidades y
potenciar valores, son formas de transmisión cultural distintas pero
complementarias, es decir, en modo alguno opuestas ni mutuamente
excluyentes. Por poner un ejemplo: dar cuenta objetiva de ciertos
sucesos y procesos es instructivo; verificar así lo valioso de la
objetividad para el conocimiento humano es educativo. Otro:
constatar la reprobación casi universal del asesinato dentro de las
comunidades humanas es instructivo; deducir de ello el notable valor de
la vida del prójimo (aunque no así, ay, el de los menos próximos) para
los hombres resulta educativo. Etcétera... Perdónenme la obviedad,
mañana les prometo volver a ser ingenioso. La instrucción promueve el
conocimiento de lo que hay, la educación se basa en ella para
conseguir destrezas y hábitos que nos permitan habérnoslas lo mejor
posible con lo que hay. Pero ello no implica que la instrucción
carezca de propósito referente a cómo vivir ni que la educación tenga
licencia para convertirse en mero voluntarismo contrafáctico. A mí no me
parece tan difícil de entender, pero quizá sea yo demasiado simplón.
La contraposición instrucción-educación es semejante en
más de un aspecto a la que en periodismo se establece entre
información y opinión. Sostiene la sana doctrina que nunca
debe confundirse en un medio de comunicación la una con la otra: la
información de lo que sucede no debe contaminarse con la opinión que
interpreta y valora lo que sucede. Pero todos sabemos que incluso la
información más objetiva implica elementos opinativos, sea en la forma
de redactarse, en la selección de lo relevante frente a lo negligible o
en la importancia que se concede a unos hechos sobre otros similares,
que no siempre coincidirá con lo que preferiría la subjetividad de cada
cual: si el mismo día muere mi padre y fallece el Rey (q. D. g.), los
medios de comunicación primarán el segundo acontecimiento sobre el
primero, aunque para mí el impacto de ambos sucesos sea inverso. De modo
paralelo, los artículos de opinión y los comentarios más fiables serán
-o creo yo en mi simpleza optimista que deberían ser- los que se apoyen
en una información mejor documentada, sin la cual las opiniones son
meros caprichos o exabruptos. Por tanto, distinguir y presentar
separadamente información y opinión dentro de lo posible es muy
aconsejable, pero ello en modo alguno comporta que la información
nunca opine o que la opinión deba estar desinformada. Pues bien, la
distinción (y la vinculación necesaria) entre instrucción y educación es
de un corte bastante parecido.
Me parece que enfrentar la instrucción y la educación,
incluso llegando a valorar una como recomendable y la otra como
manipuladora, resulta absurdo cuando se considera en su conjunto el
sentido de la transmisión cultural. Ambas responden a la necesidad de
proporcionar a los jóvenes los elementos que consideramos más útiles
para que su vida y la armonía social tengan esperanza de prosperidad.
Según este cri-terio, tan importante es que el neófito conozca el dato
objetivo de que la carne humana es comestible como la pauta moral que
recomienda enérgicamente otro tipo de dieta. Y así llegamos a la
asignatura de Educación para la Ciudadanía, que parece destinada a nacer
bajo el sol melancólico de Saturno, devorador de sus propios hijos.
Entre los adversarios que ya tiene la neonata, los
menos virulentos admiten que debería centrarse solamente en la enseñanza
de los Derechos Humanos y de la Constitución, pero sin pretender
referirse a cuestiones éticas (que por lo visto son atribución exclusiva
de los padres y no pueden ser generalizadas gubernamentalmente sin
incurrir en totalitarismo). La primera pregunta que se me ocurre ante
este asombroso planteamiento es: ¿cómo puede instruirse a nadie sobre
tales derechos y tal ley fundamental sin mencionar las implicaciones
morales de que están llenos y los principios éticos en que se basa? Si
un alumno pregunta por qué debe respetar tal legislación... ¿qué habrá
que contestarle? ¿Que si no cumple con lo que mandan las autoridades irá
a la cárcel y sanseacabó? Al hablar de los Derechos Humanos, ¿podrá
contarse su historia, las luchas de que provienen contra poderes y
tradiciones, sus enemigos seculares... el primero de los cuales por
cierto fue el papado? Al instruir sobre la Constitución, ¿cabrá
mencionar que ampara libertades y garantías que fueron negadas por la
pasada dictadura y por otras actuales? ¿Podrá subrayarse su carácter de
acuerdo histórico y que como tal puede ser modificada si parece
conveniente a la mayoría, para reforzar los valores que pretende
establecer? ¿O tales explicaciones deben ser cuidadosamente omitidas
para no caer en lo tendencioso?
Aún hay duros de mollera que se escandalizan al
escuchar que ciertas disposiciones éticas responden a las exigencias
mayoritarias de convivencia y no a la conciencia de cada cual. Pues
sin embargo así es, al menos en las democracias del siglo XXI. Por eso
también la Educación para la Ciudadanía no puede ni debe confundirse sin
más con la formación moral. Hay una dimensión ética que corresponde a
las convicciones de cada cual y en la que ninguna autoridad académica
puede intervenir: nadie debe imponerme la obligación moral de considerar
aceptable la homosexualidad o el aborto, si mis creencias o mi razón me
dictan otro criterio. Pero es necesario que conozca el valor moral de
tolerar cívicamente aquellos comportamientos que no apruebo o
incluso que detesto, siempre que no transgredan la legalidad y en nombre
de la armonía social pluralista. Aún más: debo comprender la valía ética
-estrictamente ética- de las normas instituidas que permiten el
pluralismo de convicciones y actitudes dentro de un marco común de
respeto a las personas. Y eso delimita una frontera entre lo que puede y
no puede aceptarse también a nivel personal: tengo derecho a considerar
vicio nefando la homosexualidad pero no a hostilizar o proscribir las
parejas homosexuales. Puedo tener personalmente por importantísimas las
raíces cristianas de Europa, pero no puedo considerar mal europeo a
quien no sea cristiano ni mal español a quien no sea católico. Y puedo
tener la íntima convicción de que muchos malvados merecen la pena de
muerte, pero no debo ocultar a los jóvenes que la sociedad democrática
en que vivimos ha adoptado como norma la abolición del castigo capital
por sus implicaciones deshumanizadoras. Es decir: debe haber una
asignatura de ética que reflexione sobre el origen, fundamento y
necesidad de los valores humanos en general y una asignatura de
Educación para la Ciudadanía que transmita la exigencia moral de tener
valores comunes instituidos legalmente, que sirvan de directrices al
comportamiento social aunque no puedan serlo siempre de la conciencia
personal.
Es preciso instruir y es preciso educar. Lo que no es
aconsejable es el puro "adoctrinar", o sea, presentar lo que es un
resultado de debates y acontecimientos históricos como algo inamovible,
llovido directamente de la eternidad. Dar a entender que todos los
profesores de la nueva asignatura son dóciles marionetas al servicio de
los intereses gubernamentales es una majadería calumniosa que no merece
más comentario. Pero no es imposible que entre ellos aparezca algún
iluminado de esos que bloquean el aprendizaje crítico de los alumnos a
fuerza de consignas incendiarias y de empeñarse en subvertir lo que aún
ni se ha molestado en enseñar (tal como explicó Hannah Arendt). Y es de
temer que aún más frecuentes sean los enseñantes que se refugien en la
corrección perogrullesca y tímida, en vista del jaleo organizado en
torno a este asunto. Es preciso no dejar solos a quienes creen en la
oportunidad de la asignatura y están dispuestos a esforzarse entre
lógicos tanteos por darle la mejor realidad posible, con prudencia pero
también con cierta audacia. De modo que los demás no tendremos más
remedio que seguir polemizando en defensa de lo obvio, con la pereza que
da... (El País, 23/08/2007)
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Esta legislatura será
larga.. larga... larga...
nº
802
Chiqui
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El grupo de
gobierno "pasa" del PSOE
nº
801
GRUP MUNICIPAL SOCIALISTA A L’AJUNTAMENT DE MONÒVER
NOTA DE PREMSA DEL PARTIT
SOCIALISTA
El Grup Municipal del Partit Socialista a
l’Ajuntament de Monòver, en referència a les celebracions de les fetses
de les pedanies de Cases del Senyor, Romaneta i Xinorlet, vol
manifestar:
1.- No haver rebut cap invitació oficial ni formal per
part del govern municipal ni de les comissions organitzadores de les
festes per a assistir a cap dels actes que han conformat el programa de
festes de cadacuna de les pedanies.
2.- El seu agraïment especial als veïns i veïnes de
Cases del Senyor que, davant la marginació a la que públicamnent vam ser
sotmesos, ja que no vam ser convidats a la recepció oficial, ens
oferiren les seues cases i tota la seua hospitalitat.
3.- Que, no obstant no haver sigut convidats, hem fet
acte de presència a aquestes festes pel que respecta a l’acompanyament
d’aquelles persones que vam vore en nosaltres la millor alternativa per
a governar Monòver i en deferència cap als veïns i veïnes que estimen
oportú la respressentació de totes les sensibilitats representades a
l’Ajuntament.
Monòver, 20 d’agost de 2007
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La boda de Serrello
nº
800
Mafalda
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Votar a la
ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ARTISTAS DE NATURALEZA
nº
799
Lluís Sogorb
Estimados amigos/as:
El motivo del presente correo es para pedir vuestra
colaboración.
Soy miembro de la Asociación Española de Artistas de
Naturaleza, (podéis encontrar información en
www.artistasnaturaleza.es) creada para dar a conocer este tipo de
arte en nuestro país y al mismo tiempo difundir la necesidad de
conservar nuestro patrimonio natural. Así, por ejemplo, a principios de
año un nutrido grupo de artistas de la asociación se dio cita en el
Parque Nacional de Doñana con el fin de realizar unas jornadas de
pintura al aire libre. Fruto de estas jornadas será la próxima
exposición de pintura de DOÑANA Y SU ENTORNO en Almonte (Huelva) que os
adelanto que su fecha de inauguración será el próximo 12 de octubre.
A pesar de la corta andadura de la asociación, acaba de
ser propuesta para los Premios Doñana 21 en su apartado de CREATIVIDAD.
Estos premios se conceden a través de votación popular accediendo a su
página web
www.donana.es/premios10/ y pinchando en la palabra CREATIVIDAD que
aparece a la izquierda (me comentan que en exploradores como el mozilla
no aparece bien, por lo que es mejor utilizar internet explorer)
eligiendo a continuación a quien queremos dar nuestro voto. Y aquí es
donde os solicito vuestra colaboración. Por una parte, para que le
otorguéis vuestro voto a la ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE ARTISTAS DE
NATURALEZA si la creéis merecedora de ello y, por otra parte, para que
le deis la mayor difusión posible a este mensaje entre aquellas personas
que creáis que pueden estar interesadas.
Agradeciendo de antemano vuestra colaboración, recibid
un cordial saludo.
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Reinado del timo en
la pintura
nº
798
Juan Manuel de Prada
Originalidad
Siempre he pensado que el concepto de `originalidad´, tal
como lo introdujeron los románticos, supuso el comienzo del fin del
arte. Durante siglos, el arte en todas sus expresiones se sostuvo sobre
el concepto de la `imitación´: para probar su valía, el artista debía
recrear tópicos establecidos por los maestros que lo habían precedido.
Quien escribía un poema épico, no podía ignorar las enseñanzas de
Homero; quien pintaba un cuadro de asunto religioso o mitológico, tenía
que ajustarse a los términos establecidos por la tradición iconográfica.
Establecido este criterio `imitativo´, al artista le resultaba imposible
disimular su inepcia, pues existían modelos previos que de inmediato la
delatarían; en cambio, podía dar rienda suelta a su genialidad,
introduciendo en ese modelo consagrado por la tradición novedades –a
menudo apenas perceptibles– que hacían avanzar el arte hacia finisterres
hasta entonces inexplorados. Todos los grandes maestros de la pintura
italiana trabajaron sobre tópicos heredados; su genialidad consistió en
penetrar esos tópicos con una personalidad pujante que los transforma y
renueva. Junto a los grandes maestros, trabajaron en Italia decenas,
cientos de pintores que se limitaron a repetir aplicadamente las
novedades introducidas por sus coetáneos más bendecidos por la
genialidad. De este modo, la `imitación´ se convierte en un infalible
criterio que nos permite distinguir al artista del artesano; y que, por
supuesto, nos permite detectar de un mero vistazo a aquellos pintores
que, como el Orbaneja al que se refiere Cervantes, apenas sabían manejar
los pinceles.
Cuando los románticos exaltaron la `originalidad´ como
rasgo distintivo del verdadero artista entronizaron el reinado del timo.
Desde ese preciso instante, todos los Orbanejas que en el mundo han sido
pudieron colar sus engendros como si de `originalidades´ se tratasen.
Así hemos llegado a una situación en que resulta prácticamente imposible
enjuiciar el arte. Lo cual, a la postre, ha contribuido a que cualquier
fantoche pueda erigirse, siquiera durante unas horas, en maestro
mediante la gesticulación y el aspaviento; y también a que, de forma
creciente y probablemente irrevocable, un público cada vez más hastiado
de gesticulaciones y aspavientos se tome a chirigota el arte. Por
supuesto, todavía queda gente que, por esnobismo o por complejo de
inferioridad, finge que las pacotillas le gustan; pero es cuestión de
tiempo que todo ese trampantojo se derrumbe aparatosamente.
La exaltación de la `originalidad´, confabulada con la
ignorancia, ha introducido otras lacras en la consideración del arte.
Hace algún tiempo tuve la oportunidad de contemplar un programa
televisivo de paparruchas esotéricas donde una patulea de presuntos `expertos´
se dedicaba, con risueño desparpajo, a `interpretar´ la Última Cena de
Leonardo da Vinci.
Tales `expertos´ partían de una premisa desquiciada:
puesto que Leonardo fue un genio, debía entenderse que se trataba de un
artista `original´; por lo tanto, las soluciones pictóricas que hallamos
en su celebérrimo fresco no debían juzgarse a la luz de la tradición
iconográfica (tradición que, por supuesto, los `expertos´ ignoraban
concienzudamente), sino como creaciones propias, surgidas ex novo de su
privilegiado caletre.
Así, por ejemplo, los `expertos´ no se detenían a
considerar que en las `Últimas Cenas´ de la época era habitual -casi
obligatorio- pintar a Juan, el Discípulo Amado, con rasgos muy
delicados, casi femeninos, amorosamente vuelto (o incluso reclinado)
sobre su Maestro; tampoco que a Pedro se le solía pintar empuñando un
cuchillo, premonitorio del rapto de violencia que luego lo acometerá en
el Huerto de los Olivos.
Para aquellos `expertos´, los rasgos femeninos de Juan
eran prueba inobjetable de que en realidad aquella figura era María
Magdalena; y el cuchillo que empuñaba Pedro era el mismo con el que
luego iba a degollarla, para evitar que se convirtiese en papisa. Pensé
por un momento que tales `expertos´ quizá se avergonzarían de sus
dislates si se les mostrasen cincuenta o cien `Últimas Cenas´ de la
misma época que mostrasen idénticas `peculiaridades´. Pero enseguida
rectifiqué: más bien esa coincidencia iconográfica les serviría para
proclamar que hubo al menos cincuenta o cien pintores de la época que,
como Leonardo, sabían que María Magdalena asistió a la Última Cena y
que, a continuación, San Pedro le rebanó el cuello con un cuchillo, para
que no le quitase la silla. ¡Ay, originalidad, cuantas tropelías se
cometen en tu nombre!
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El Artículo semanal de Demetrio
Mallebrera
(Continuación Semana 194)
nº
711 de
DEMETRIO MALLEBRERA
Ponderación del prototipo
duradero
Los medios de comunicación de todo el mundo se hicieron
eco el pasado 16 de agosto de lo que en los últimos años es noticia por
tal fecha: la celebración de la muerte del legendario mito del rock
Elvis Presley, este año con el añadido de tratarse del redondito
trigésimo aniversario. El titular de La Verdad decía «Elvis, la voz
eterna», pero detrás de este sujeto, cuyos huesos reposan junto a
chucherías dulzonas y barbitúricos que le colapsaron neuras y arterias
por algún atracón pasado de rosca en uno de sus posibles ratos depres,
hay más que una voz envolvente y profunda, incluso más que una figura
que se movía provocando con un ritmo acompasado y con ciertos aires
alelados, más aún que un galán cinematográfico que mantiene a las
muchachas embobadas ante la pantalla. Lo que hay de más en él es su
sombra alargada (que treinta años de recuerdos ya son muchos) de tipo
duro y dulce a la vez, de una personalidad muy bien definida y
perfilada, de una sonrisa acariciadora, de un atuendo y un tupé propios,
conformando lo que ya es un prototipo duradero, es decir, evocado e
imitado, deseado y adorado por muchos, reconocido y simbolizado por
todos, personificado y rememorado siempre.
Cuando hablo de prototipo me refiero al típico molde de
donde sacar las figuritas de cera, de argamasa o de harina o dulce
navideño, prefigurados así para que salgan como nosotros queremos que
salgan. Lo mismo que un ninot de falla o foguera, igualito que un
maniquí o monigote de escaparate. A los efectos que estamos tratando me
gusta lo que dice, como una de sus acepciones, el diccionario de María
Moliner: «Primer ejemplar de una cosa, que sirve de modelo para hacer
otras iguales». ¿Hale, todo el mundo copiándose lo que gusta, lo que
está de moda, lo que se anuncia con buena campaña y buen presupuesto, lo
que lleva o ve hacer a los del programa sonrosado de la tele, lo que
aconseja la famosilla de turno con más cara que espalda! Siendo esto
así, el prototipo pronto se convierte en lo que uno desea tener o
comprarse. Y uno o una quiere ser superman o superwoman, aunque me
acaban de apuntar que eso ya está desfasado y ahora hay que vestirse de
góticos y góticas, totalmente de negro de arriba abajo, con algún hueso
de difunto en la mano o colgando del bolso. Lo que nadie me negará es
que, quien más quien menos, ha pasado su época de admirador de alguien,
de un cantante, como Elvis, como Raphael, que también sigue dando tumbos
por ahí, como Paul Anka, que también vino por estas tierras hace poco
cantando su Diana, o el súper emulado Nino Bravo; o como Sylvie Vartan,
la Cinquetti, la Carrá o la Pantoja; de algún conjunto musical, como el
Dúo Dinámico o Los Brincos; y especialmente de las parejas
cinematográficas. ¿Quién no quiso ser en su época Fred Astaire o Ginger
Rogers; Lauren Bacall o Humphrey Bogart, Gregory Peck o Audrey Hepburn,
Rock Hudson o Doris Day. Pero los papás y mamás de aquellos tiempos, que
vigilaban entradas y salidas, y deseaban lo mejor para los suyos,
querían que los hijos e hijas se casaran con abogados, actrices de cine,
futbolistas, enfermeras de la cruz roja, toreros Y es que, en el mismo
diccionario, también leemos que prototipo es «un ser que reúne en sí en
el más alto grado las características de cierto tipo de cosas y puede
representarlas».
Y ahora mire usted cómo han cambiado las cosas y dígame
si no se merecen un elogio de primera y un monumento bien iluminado y
conservado (que esa es otra) aquellos prototipos duraderos que todavía
hoy nos están transmitiendo sensaciones positivas, recuerdos agradables,
buenas vibraciones. No se trata de ser nostálgicos, que no es bueno
mirar atrás durante mucho tiempo sin darnos un leñazo, sino justos y
equilibrados, y ser, a la vez, moderados y expresivos, o sea, como
decimos al principio, ponderados, que también conlleva una pizca de
sinceridad. Y ver si los cambios han ido por los caminos más idóneos.
(DEMETRIO MALLEBRERA, La Verdad, 18 de agosto de 2007)
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