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Vacaciones Reales
nº 797
Mafalda
La prensa nacional se ha hecho eco de todos y cada uno de los
movimientos de la familia real Española en Mallorca, al extremo que han
dado más importancia a las vacaciones reales que a la tragedia ecológica
con el vertido del fuel en las islas.
Qué sí, qué simpáticos son sus majestades, qué sí, qué
monos los niños, qué sí, qué bien le sienta todo a doña Leticia, qué sí,
qué barco más chulo se ha comprado el rey (por cierto que es el numero
15, y ha costado la friolera de 1 millón de euros; sin comentarios), y
del chapapote nadie dice ni mu, y de los incendios en Canarias tampoco,
todo se ha olvidado tras la foto en bañador de doña Leticia,
sinceramente España va de mal a peor, el país más servil de los que aún
cuentan con monarquía, el único donde no se puede hablar de la familia
real, (al menos no como a muchos les gustaría hacerlo, como ejemplo el
secuestro de la revista El Jueves), sin embargo no escatimamos a la hora
de descalificar al resto de las monarquías europeas, ¡que viva la
libertad!
Por cierto, seguramente me quedaré sin vacaciones, y
creanmé que trabajo mucho, por que llegar a fin de mes cuesta, así que
lo "Real" es que me quedo sin vacaciones.
nº 797
Saratoga
Dirigido a Mafalda: ¿Porqué no encontraré yo por
ahí a más gente como tú? Vamos que de estas cosas sólo se puede hablar
con cuatro gatos, los demás o pasan o lo ven divinamente. La niña Leonor
es una monería, como lo son todos los niños a esas edades, yo no sé
donde está la noticia, ¿porqué todos los días en los noticiarios nos
inundan con comentarios merengones sobre la familia real?, así somos de
serviles. No te preocupes Mafalda por tener vacaciones, ya las toman
ellos por ti, y encima con tu dinero, que sirve también para que se
compren trajes de marinerito para deleite de sus cortesanos.
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No todos los
curas de Euskal
Herría son "patriotas"
nº 796
Domingo Urtasun
(Domingo Urtasun Martínez, nacido en Arboniés
hace 59 años estudió con los Agustinos y en 1972 fue ordenado
presbítero. Entre 1974 y 1997 trabajó en Nicaragua donde se enfrentó a
Somoza. Hoy es el párroco de Mendavia. Hace unos días, al recoger el
correo, encontró una carta de ETA exigiéndole más cooperación con la
lucha de Euskal Herria. Ésta fue su contestación, publicada en el Diario
de Navarra el 23/05/2007).
A quien concierna.
He recibido una carta sin remite y sin firma, a la que
contesto públicamente, con la esperanza de que sea leída por los
interesados.
Mi primera impresión fue de sorpresa. Pero después de
releerla detenidamente no dudé en pensar que lo que tenía en mis manos
era un panfleto del más rancio corte estalinista. Esto se desprende ya
desde el primer párrafo que dice literalmente: «Nos dirigimos a Vd.
porque venimos constatando su inhibición y escaso interés en la defensa
de la Iglesia Vasca». ¿Desde cuándo existe la «iglesia vasca»? ¿Quién es
el fundador de tal iglesia? ¿Quiénes son sus autoridades? ¿En qué lugar
de Euskal Herría residen?... No alarguemos inútilmente este
interrogatorio. Yo he sido bautizado en la Iglesia Católica, que
tiene su origen y fundamento en Jesucristo. Mi Obispo y el Papa son mis
autoridades. Y todos mis esfuerzos están orientados en esa dirección.
Por otra parte, ¿quiénes son Uds. para pretender
«obligarme a trabajar más activamente por una Euskal Herría libre,
soberana e independiente», como afirman en su carta? Desde mi infancia
aprendí que mi patria es España. En ella he crecido, en ella vivo y en
ella espero morir, si Dios quiere. No estoy, en absoluto,
por la labor de establecer nuevas fronteras, sino más bien por derribar
muros y mugas que nos separen.
Tienen la desfachatez de señalarme algunas tareas, como
por ejemplo: «poner nombres vascos a los que se bautizan». Señores míos,
¿de verdad que hablan en serio? ¿Estarían dispuestos a aceptar que el
cura pusiera los nombres a sus hijos? No me lo puedo creer. Para darle
consistencia a tan absurda proposición citan «el comportamiento
ejemplar de muchos curas patriotas». Yo pensaba que este lenguaje
obsoleto y arcaico, y este afán por promover «iglesias patriotas»,
sólo se daba en la extinta Unión Soviética y en los países de su órbita
comunista, sin excluir la China de Mao Tse-Tung. Esto me suena a manual
de Marxismo-Leninismo para principiantes.
Finalmente, su atrevimiento llega hasta «pedirme,
también, el voto para H.B. ¡Qué más da cómo nos llamen los fascistas…!»
Pues va a ser que no. Sería lo último que se me pudiera ocurrir. ¿Cómo
voy a votar por quienes no son capaces de condenar la violencia que
asesina indiscriminadamente, y no sienten ningún escrúpulo al profanar
los humildes monumentos que el pueblo erige en recuerdo de las víctimas
del terrorismo, como acaba de suceder en Berriozar con el monumento a
Francisco Casanova, a quien me correspondió enterrar? Es como volver
a asesinarlo de nuevo. De verdad que no me resulta ilusionante
colaborar con sujetos de semejante catadura moral.
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La política
monovera
nº
795
Carlos Belando Pastor
Verán, como la mayoría de Uds. sabrán, la política
monovera es el hazmerreír de los alrededores, ¿a que se debe esto?,
quizás a que ningún político ni ningún partido monovero tiene idea de
saber llevar un pueblo a más. Quizás porque en Monóvar no se votan las
ideas políticas, ni se votan esas grandes construcciones que prometen
hacer, (que nunca se hacen); en Monóvar se vota a un partido o a otro
porque se tiene un familiar en ese partido, porque "el que sale de
alcalde es amigo, porque es vecino y es muy buena persona, porque me cae
muy bien", pero muy poca gente vota por los proyectos de futuro o por el
bien del pueblo.
A parte de que la gente de Monóvar vote por esas
circunstancias, es que también las personas que se meten a la política,
no es que sepan demasiado de ese tema tan delicado, ni mucho menos,
tampoco voy a negar que sí que haya gente que sepa, pero la mayoría por
no tener no tiene ni una carrera. Nuestro amigo Paco Picó tiene la
carrera de magisterio, que parece muy bien, ...pero poco tiene que ver
con llevar un pueblo hacia el progreso.
Tampoco voy a decir que Salvador Poveda sea un gran
conocedor, pero la mayoría de gente cree que está ahí por dinero...
señores, Salvador Poveda, al igual que Paco Picó y mucha gente del
ayuntamiento monovero, tiene dinero suficiente como para vivir de la
manera que lo está haciendo, pero en el momento que alguno de estos
señores, gasta alguna gran cantidad de dinero como para una casa o un
coche... ya saltan las "cotorras monoveras", se corre la voz de que han
sacado dinero del ayuntamiento y han sido capaces de manchar la imagen
de buen empresario que tenía Salvador Poveda, hasta convertirlo en un
ladrón y un sinvergüenza, quizá ha hecho algo mal... pero tampoco es
para tanto.
Por esta misma razón, la gente que conoce del tema de
la política intenta apartarse de ella, ya que metiéndose en el
ayuntamiento se hace enemigos, tanto si te metes en el pp, como en el
psoe, como en cualquier otro partido, vas a acabar teniendo enemigos y
gente de otros partidos que no te pueden ni ver... y el pueblo hablando
mal de ti.
La verdad es que mirando desde el punto de vista
político, aunque al pueblo le haya dolido el pacto del señor Ginés y el
señor Borrasca, el señor Ginés ha sido el único que ha demostrado tener
un poco de conocimiento político, ya que el pp no ha conseguido mantener
la mayoría que tenía de las pasadas elecciones y ha tenido que
arrastrarse para hacer un pacto con un señor que ha echo, (al igual que
todos los otros grupos políticos), una campaña anti-pp.
Y el psoe no han sabido negociar para mantener la
alcaldía que le proporcionaban este año los votantes monoveros. El
señor Ginés ha sabido sacar los votos suficientes como para poder
venderse al mejor postor, aunque se ha contradecido el solo. En el pp
antes de las elecciones el señor Ginés era de todo menos lo que es
ahora, un buen político y un señor simpático... Y para el señor Ginés
los del pp eran unos ladrones, aunque me temo que lo sigue pensando.
Todos los partidos políticos se han tenido que tragar
muchas críticas del pueblo, se han tenido que hacer enemigos, y señores,
eso quita las ganas de meterse a cualquiera que sepa del tema. Pero el
día que se meta alguno que conozca del tema, si no es muy conocido en el
pueblo o no tiene un equipo de gente conocida y que el pueblo las tiene
como buenas personas, no saldrá vencedor. Y si por un casual saliera,
echaría del ayuntamiento a más de uno, por no tener ni idea de sacar
adelante un gran pueblo como Monóvar.
La verdad es que da pena ver un mitin en Monóvar, y da
gusto verlo, por ejemplo, en Elda o cualquier pueblo de los alrededores.
Por favor, un poco más de seriedad en los mítines y dejen de criticarse
unos a otros e intenten ayudarse, porque mucho decir que solo importa
Monóvar, pero en vez de ayudar al que lo está intentando, cualquier
partido que esté en la alcaldía, se dedican a criticarlos para
desbancarlos, y así sucesivamente, sea el grupo que sea.
Así que señores votantes, por favor, intenten no votar
al amigo o al familiar que sale en "x" partido, hagan el favor de
fijarse si sabe como hacer que Monóvar crezca, si tiene proyectos que no
sean imposibles, que sepa de política. Y, por favor, dejen hacer su
trabajo a los políticos, pueden criticar y opinar, (como estoy haciendo
ahora mismo), pero no manchen la imagen de gente que intenta hacer su
trabajo. Por cierto, podrían renovar la gente de la comisión de fiestas,
que cada año las fiestas van a peor, están bien, pero se puede mejorar.
Creo que no he ofendido a nadie, y si lo he hecho no era mi intención,
sólo intento opinar, GRACIAS.
nº
795
Javier Pérez Payá
Conozco a Carlos Belando. Tiene pocos años y muchos
redaños. Es hijo de unos amigos y pertenece a la generación de los 90, a
la de los españolitos que vienen al mundo sabiendo que ninguna de las
dos Españas ha de helarles el corazón, a la de los españoles más libres
que jamás han pisado estas tierras (la generación que les siga ya tendrá
que pasar por el reciclaje de la Educación para la Ciudadanía –antes FEN-),
españoles sin ira, sin rencores ni malas memorias. No han conocido
guerras ni dictaduras; para ellos la Constitución, la libertad y la
tolerancia es algo natural, consustancial con ser ciudadano español.
Preocúpense quienes no aceptan a los que opinan distinto, échense a
temblar quienes cambian ideas e ideales por poder e intereses,
reflexionen quienes crean que el pueblo se resigna a que ”todos son
iguales”. Una nueva generación de españoles ya está aquí, una generación
libre, preparada, sin ataduras, sin temores ni miedos. Son la generación
de los 80 y los 90. Una generación que va a sorprender a los que piensan
que la política es una cuestión de testosterona o de discursos huecos.
Esta generación -lo pide Carlos- exige más rigor. Rigor
en los votantes y rigor en los políticos. En los votantes para que,
delante de las urnas, no sustituyan los principios y las ideas por otros
motivos más frívolos. Rigor en los políticos para que estén a la altura
de su trabajo, no se acomoden a una función rutinaria y pasen de las
ocurrencias a las ideas, y, a ser posible, demuestren principios (¡qué
poquito escriben los políticos de Monóvar, qué poco se les puede leer en
el papel o en los digitales! No desesperemos pensando que es orfandad de
ideas, seamos desprendidos y creamos que solo es flojera ante el
debate).
Es responsabilidad de quienes están en la vida pública
que el entusiasmo de los más jóvenes no se torne en desengaño y
decepción. Si se instala el desencanto, y en Monóvar se detectan
síntomas, la decadencia, no sólo de los principios, sino de la propia
sociedad será la que se acomode para beneficio de los políticos menos
escrupulosos con el sistema que nos hemos dado. Por ello le pido a
Carlos que no se retire, que siga opinando con el sentido crítico y el
respeto que ha demostrado. También ellos –los jóvenes– son responsables
de que el actual sistema de convivencia se mantenga y se perfeccione. Un
saludo.
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Sobre borrachos y
picoletos
nº 794
Arturo Pérez Reverte
Tengo un amigo que es picoleto de los de toda la
vida. Guardia Civil caminera o como se diga ahora, si es que se dice.
Rural, me parece. En Extremadura. Quiero decir que no va en moto, ni es
de los que Tráfico relega a la pasiva e indigna tarea de esconderse tras
una curva a ver si le hacen una foto a alguien; y si ese alguien paga
una multa tres meses después –da lo mismo a quién atropelle o desgracie
hoy– el Estado trinca su viruta y respira satisfecho. Precisamente de
eso, tomando una caña hace unos días, se quejaba mi amigo. Mucho radar
en autovía y autopista, mucha campaña recaudatoria de Tráfico, mucho
anuncio en la tele y mucho marear la perdiz, decía. Pero eficacia y
medios reales que eviten tragedias concretas, un carajo. Por ejemplo: si
vamos de servicio y observamos a un conductor que lleva una tajada de
campeonato, no tenemos ni medios ni autoridad para comprobarlo. Sólo
podemos decirle quieto ahí, y llamar al equipo de Atestados de Tráfico.
Ellos vienen, realizan la prueba de alcoholemia, se sanciona si
corresponde, y si el fulano va muy para allá, se lleva al juez y ya
está. ¿Me sigues, colega? Bueno, pues no. Esto no es lo que ocurre
realmente. Y te voy a decir por qué.
En ese momento –supongo que para darle suspense, porque
es lector de novelas policíacas, y les ha cogido el tranquillo–, mi
amigo el cigüeño pide otras dos cañas y espera a que las pongan sobre el
mostrador. Entonces bebe un sorbo, me mira al fin, y sigue. El porqué,
añade, es muy simple. En mi zona no hay más que un equipo de Atestados,
que no da abasto. Puedes creértelo. Y como siempre hay cosas más gordas
que un conductor pasado de copas, imagínate. La pareja dos o tres horas
con el prójimo, esperando, mientras a éste se le pasa la jumera y se
cabrea poquito a poco; los hay que hasta piden un abogado. Y nosotros
allí, parados sin poder atender otras incidencias, con los colegas
mentándonos a la madre por el walki; y, encima, aguantando
impertinencias del trompa. Que, según como la lleve, puede quemarte la
sangre no imaginas cómo. Conclusión: vas por ahí rezando para no
encontrarte con esa clase de conductores, aunque suene triste. Y si no
tienes más remedio que parar a uno, al fin terminas recurriendo a alguna
argucia legal para depositarle el vehículo y apartarlo un rato de la
circulación, sancionándolo por algo que le quite puntos del carnet. Para
entendernos: jugándote el culo con maniobras orquestales en la
oscuridad, a veces eficaces pero nunca deontológicas...
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El Artículo semanal de Demetrio
Mallebrera
(Continuación Semana 193)
nº
711 de
DEMETRIO MALLEBRERA
Más que lo que vemos
Procedentes de la difusión por
Internet de alguno de los foros que tomaron como motivo el IV Congreso
Internacional de la Lengua Española, celebrado en Cartagena de Indias en
marzo del 2007, pude hacerme con algunos artículos que consideré
interesantes. Por ejemplo el titulado Camino del lenguaje, firmado por
Milagros Salvador, viene a ilustrarnos sobre la importancia que tiene en
nuestras vidas ese camino que normalmente se inicia con la primera
palabra que sale airosa y a empujones del niño jubiloso que se encuentra
la mar de contento, entre otras cosas porque pronunciarla forma parte de
esa seguridad que precisa y que le acompañará siempre, y acabará por las
rutas que haya trazado el destino para nosotros, y para cuyos instantes
sea preciso recordar a través de la belleza del propio lenguaje,
reflejado en un modismo profundo o en el uso floreado del verso con su
cadencia y musicalidad. Dejando a un lado el lenguaje no verbal que no
necesita idioma alguno, la primera palabra es el reconocimiento de una
cosa y al mismo tiempo la expresión de una relación y de la primera
sensación de supervivencia, tan necesaria para el desarrollo posterior
que irá ensanchando nuestro mundo como algo que vamos conquistando, lo
hacemos nuestro, nos resulta familiar, y cuyos efectos se palpan desde
lo sensorial a lo emocional.
Dice la autora de este Camino del lenguaje que
maduramos en la medida que vamos conociendo el mundo, pero resulta que
nuestro mundo es más que lo que vemos o tocamos ahora, incluso ese
presente también se agranda con el antes y el después, pues son los
verbos los que van ocupando todo el espacio capaz de albergar la
sucesión de hechos reales o ficticios, dando entrada al simbolismo de lo
mágico y lo fantástico a través de la imaginación, la creación y la
recreación, pudiendo entender primero y luego expresar o contar lo que
se ve y se siente, y luego lo que quizás nunca ha existido. Además, la
natural necesidad de dar salida a la expresión de sentimientos como
experiencias interiores, abrirá un cauce lírico, brillante, al propio
lenguaje que parece que sobrevuela y se escapa del mundo que uno se ha
forjado. De ahí que ahora lleguemos a lo que escribió Héctor Perea (en
el artículo de título tan significativo como Lengua de lenguas: el
español) que «la lengua representa no sólo a las palabras, sino al
pensamiento mismo, y el pensamiento encierra toda una forma de vida».
Demuestra que cada cual y cada cultura ha desarrollado las cadencias
(tono de voz, gesticulación, rasgos expresivos) para acompañar mejor lo
que va diciendo, de ahí las dificultades que encuentran los traductores
cuando han de pensar en un idioma o en otro, pero que en el español se
complica por tener tantas variantes (y, por lo tanto, riquezas), dada la
diversificación y desenvolvimiento de su mundo de mundos que es como un
enjambre lleno de multitud de maneras expresivas.
Por eso existe también el artesano llamado escritor,
para quien una palabra ya no es sólo un medio de comunicación sino un
fin en sí misma. Así lo definió en otro artículo (Acerca del idioma)
Alfonso Cueto, quien completa el pensamiento anterior diciendo que las
palabras son talismanes y para los que escriben son algo más: son
tesoros de posibilidades expresivas que pueden conducir a una
comunicación profunda. Y nos recuerda que «el español sobrevive gracias
a sus escritores», a lo que añadiremos nosotros, tomando el riesgo
correspondiente, sacado de la experiencia íntima y de la intensidad del
día a día, que es mucho más que lo que vemos y se hace imprescindible
para alimentar la curiosidad siempre creciente, para tener sentido de
utilidad, para viajar por toda la galaxia, para caminar con el apoyo de
diferentes muletillas, para respirar sin ambientes viciados, para soñar
lo más raro e imprevisible, para imaginar el cielo, para poder vivir.
(DEMETRIO MALLEBRERA, La Verdad, 11 de agosto de 2007)
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