
El
pueblecito
que tenía un plan
Érase una vez un pueblecito
no muy grande donde vivían gentes que solían respetarse mutuamente. Cada
cuatro años, los vecinos acudían a votar
para que uno de los vecinos les gobernase en paz, respeto y armonía durante
ese tiempo. Siempre solía haber problemas porque no se podía contentar a todos
pero al final se solucionaban las cosas, casi siempre con una moción de
censura o dos; unas veces salía mejor y otras peor, pero esos problemas no
eran preocupación diaria para las gentes del pueblo ya que estaban
acostumbradas.
Un día, se
presentó un hombre
y nos decía todos los días que él quería ser el que nos gobernara durante los
cuatro años siguientes, y para convencer a las gentes no hacia más que
repetir; “todos me conocéis”, “todos me conocéis”. La gente en realidad
pensaba que ese hombre tenía una preparación para gobernar a los vecinos,
porque era de una familia en la que sus antepasados eran muy conocidos en el
lugar, por lo sociales y trabajadores que eran, y se suponía que podía ser
respetuoso con “todos” los vecinos y que por su experiencia, conocimientos y
educación, podía ser la persona más adecuada para el cargo.
La gente
no se lo pensó y lo nombraron gobernador
del pueblecito y empezó a trabajar para el bienestar de todos los vecinos. Un
día pidió ayuda a otros que también querían gobernar, porque necesitaba que
confiaran con él, ya que le faltaba un concejal para tener todo el poder, y le
negaron la ayuda y además, con malas artes, lo destituyeron del cargo
castigándolo a ver como mandaban los otros y el no.
Pasó más o
menos un año, y un día de esos se le acercó el señor oscuro
(pulsar
en el señor oscuro para oír)
(nadie recuerda quien le puso ese nombre ni por qué) y le dijo al oído:
¿quieres volver a gobernar?, Yo, el señor oscuro, tengo el poder de
decidir quien gobierna y quien no; ten en cuenta que no importa lo que digan
los vecinos, yo soy “El” que al final decide. El hombre electo que estaba ya
cansado y enfadado por no poder gobernar, no se lo pensó y aceptó
las condiciones que el hombre oscuro le propuso.
Empezó a
gobernar de nuevo y lo primero que hizo, con la ayuda del señor oscuro, fue
condenar al silencio y a la marginación a aquellos que osaron quitarle el
poder, sin perdonarles nunca jamás su defenestramiento, aún alegando estos
que actuaron bajo el poder maléfico del señor oscuro. Las cosas se calmaron y
el pueblecito vivía de forma cotidiana con sus problemas y alegrías de
siempre, pero al poco tiempo... algo raro estaba ocurriendo; aquel señor que
presumía que todos lo conocían, empezó a cambiar; cada día estaba mas
enfadado,
fue perdiendo esa educación y ese don de gentes que fue uno de los motivos
por los que la gente confió en él. Se volvió antipático y maleducado, y se
ponía nervioso cuando alguien no estaba de acuerdo con sus ideas, incluso
llegó a expulsar al que no le gustaba oír, o a decir ¡¡aquí mando yo!!
A los
habitantes del pueblo no les gustaba que el que los representaba tuviese ese
triste comportamiento y cada día las personas se decepcionaban más y más.
El mago del
pueblecito
intuía que el cambio de carácter del gobernador del lugar, se debía al
poder que el señor oscuro ejercía sobre él, pero nadie se atrevía a comentarlo
por miedo a represalias. La casa del gobierno del pueblo parecía como
embrujada, se oían a menudo gritos desde la calle que decían: ¡¡ESE, ESE Y
AQUEL, QUE NO ESTÁN DE ACUERDO CON NOSOTROS, ES PORQUE SON SOCIALISTAS!!

Así que la
gente no se atrevía a quejarse, porque entonces decían que eras socialista y
estabas condenado a la marginación y al olvido. Todos los que gobernaban con
el elegido y con el señor oscuro estaban sometidos a la total disciplina de
los mismos, sin derecho a rechistar, y defendían a capa y a espada todas las
decisiones, ya que también se encontraban bajo el poderoso hechizo y temían
ser convertidos en sapos,
a los cuales ni un beso de la persona más querida desharía el encantamiento.
Bueno... hubo
una mujer que no pudo ser hechizada por el señor oscuro, y por ese motivo
la tenían también marginada, en la soledad de las tinieblas, sola y aburrida,
como el que tiene un portarretratos con una foto de muestra, de una persona a
la que no conoces de nada y la tienes puesta encima del televisor de tu casa.
Los habitantes
del pueblo, que solían tener mucha paciencia, empezaban a preocuparse. Se
hacían corrillos para comentar sus opiniones, evitando ser escuchados por los
espías del señor oscuro, que lo controlaba todo.
Día a día el ambiente se enrarecía, cuando no por una cosa, por otra. La
gente estaba disgustada porque ayudaban a unos y a otros no.
Otro día
apareció un señor con bigote,
con un montón de planos bajo el brazo, a la casa de gobierno del pueblecito, y
todo el mundo se puso muy contento, incluso el gobernante y el señor oscuro;
aquellos planos eran el futuro de ese pueblecito.
El gobernante
cambio de actitud y volvió a ser simpático y atento. Se dirigió a todos los
habitantes y puso los planos a exposición pública, para que las gentes del
pueblo dieran su opinión. El gobernante explicó a todos los habitantes que se
dieran prisa para verlo, ya que si no se presentaba todo el plan en una fecha
concreta,
habría que tirar todo el trabajo a la basura, porque la LRAU iba a cambiar y
no serviría de nada.
Todo el mundo
empezó a ponerse nervioso, la gente hacia corrillos en los bares y parques,
y discutían unos con otros, porque no entendían bien lo que estaban viendo en
los planos. Algunos, para que les aclararan la situación, fueron a la casa de
gobierno para que les dieran la memoria justificativa del plan, y se la
negaron,
(lo que parece que es ilegal) y la cosa se puso peor. Los socialistas
intentaron hacer una reunión para explicar lo que ellos pensaban, y no les
dejaron el salón de actos,
por tratarse de un acto político.
Entonces
decidieron que, para que la gente del pueblecito se enterara bien de cómo
estaba el tema, fueran los mismos habitantes los que crearan una plataforma
para informar a los ciudadanos, independientemente de si eran
socialistas o de otro clan.
A ellos,
también les denegaron el salón de actos,
porque estaba ocupado para otro acto que era mucho más importante, y que no
podía demorase; se trataba de la entrega de premios de belenes,
que, evidentemente, tenía muchísima más importancia que un PGOU.
La plataforma
tuvo que desplazarse
a un salón de banquetes para poder tener esa reunión informativa. La gente se
quedó muy decepcionada, y pensaban que ellos también estaban marginados y
condenados al olvido, porque el gobernante y el señor oscuro no atendían a
razones, y tenían mucha prisa por zanjar el tema. La gente se preguntaba...
¿cómo es posible que se comporte así? ¿Qué hemos hecho para que nos traten con
esa prepotencia? ¿Qué está ocurriendo?
Algunos que no
pudieron ir a la reunión informativa de la plataforma en contra del plan, no
lo pudieron ver en televisión, porque tampoco lo televisaron, y un habitante
llamado Baroncio
preguntaba constantemente... ¿Porqué no televisan la reunión?, bueno..., la
verdad es que el tal Baroncio siempre estaba en el mismo plan.
Los habitantes
del pueblo se dirigieron al mago
para pedir ayuda, y les aconsejo que recurrieran a la Secretaría de la casa de
gobierno.
Para este cuento, hay varios finales:
1º- El plan se aprobó,
a mas de uno jodió,
y a algunos enriqueció.
2º- El plan se aprobó, y el
pueblo de mafias
se nos llenó, constructores y promotores, a mogollón, fueron al tiempo dueño y
señor. Y, como no podía ser de otra manera, el gobernante y el señor oscuro
fueron felices
y comieron perdices, con calle dedicada incluida.
3º-El plan, se rectificó. Se
perjudicó lo menos posible, y se realizó un plan de crecimiento sostenible y
progresivo, que dejó un pueblo bonito, tranquilo, con la calidad de vida que
nos merecemos. Todos fueron felices y comieron perdices, y la gente, contenta,
volvió a confiar con el que todos creíamos que lo conocíamos, y el hechizo del
señor oscuro desapareció, y le dio una patada en el culo, y nunca más se supo
de “ÉL”, y fue capaz, con el tiempo, de cumplir las promesas que hizo en un
catálogo a todo color, hace mucho, mucho tiempo.
Y colorín, colorado este cuento se ha acabado.
(Cualquier parecido de este
cuento y sus personajes con la realidad, es pura coincidencia).
MANOLO