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              Luis Sogorb Mallebrera

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Damos por sentados muchos acontecimientos de nuestra vida. Amaneceres y anocheceres. El paso de las diferentes estaciones. Y son tan fieles a su cita, que cuando venimos a darnos cuenta resulta que ya es, por ejemplo, de nuevo primavera. Unidos a los cambios climáticos propios de la estación, un buen día advertimos la presencia de unas aves que están íntimamente ligadas a la primavera. Llegan a nuestra ciudad y nuestros campos. Buscan nuestra compañía. De tonos oscuros, cuerpos esbeltos y vuelos acrobáticos y rápidos. Se trata como más de uno (espero) habrá podido adivinar de los vencejos y golondrinas.

 

Estamos tan habituados a que lleguen con la primavera, que apenas reparamos y nos interesamos por estas aves. Por eso, aprovechando que en estos momentos, con la llegada del otoño vuelven a sus cuarteles de invernada, quiero ahondar sobre estas fascinantes pequeñas aves que tan buenos ratos me han proporcionado viendo sus acrobacias aéreas desde la ventana de casa.

 

Primero quiero llamar la atención de que vencejos y golondrinas, a pesar de su parecido, no pertenecen a la misma familia. Es un caso de lo que los científicos llaman convergencia evolutiva, es decir, que ante unas costumbres similares han encontrado adaptaciones similares. Así, sus cuerpos son aerodinámicos pues pasan gran parte del tiempo en el aire y como comen insectos voladores que capturan en el aire, han desarrollado unos picos pequeños y finos pero con una boca ancha.

 

Pero, antes de seguir y empezar a hablar de unos y otros, ¿nos hemos preguntado alguna vez de donde vienen estas aves? Pues la mayoría de ellas vienen del Sur de África y no se quedan aquí, no, que va, algunas llegan incluso a los países del Norte de Europa. O sea, que se pegan un viajecito de unos 15.000 km. Ahí es nada. Ya sólo por esto ya se merecen que les prestemos un poco más de atención ¿no?

 

Normalmente las golondrinas empiezan a llegar un poco antes y, de las cinco especies que llegan a la Península Ibérica, las cinco pueden ser vistas en nuestras tierras. Estas especies son: Golondrina Común, Golondrina Dáurica, Avión Común, Avión Roquero y Avión Zapador. La golondrina dáurica y el avión zapador son las más escasas y por tanto las más difíciles de observar. La golondrina común es como su nombre indica la más común aunque prefiere la zona rural a la hora de elegir el emplazamiento del nido. El avión común, por el contrario, tiene predilección por repisas de edificios, ventanas y balcones y podemos ver sus colonias, por ejemplo, en la Plaça La Sala. El avión roquero, prefiere la montaña y sólo se acerca un poco a nuestro casco urbano en invierno. Sí, no me he equivocado, he escrito invierno pues es la única especie en que algunos ejemplares permanecen todo el año con nosotros.

 

En cuánto a los vencejos, tres son las especies que podemos ver de las cuatro que visitan la Península Ibérica: Vencejo Real, Vencejo Común y Vencejo Pálido. El vencejo real es de mayor tamaño que las otras dos especies y presenta el abdomen de color blanco que lo hace inconfundible además de vivir en las paredes rocosas de algunas de nuestras montañas. Sin embargo, la cosa se complica con las otras dos pues ambas son de tamaño similar, de color marrón y ambas especies viven en nuestra ciudad, anidando en los cada vez más escasos tejados de teja árabe. A simple vista parecen iguales y tendremos que tenerlos prácticamente en las manos para diferenciarlos. El vencejo pálido es, eso, de plumaje un poco más claro y quizá nos ayude un poco a diferenciarlo el hecho de que suele llegar antes y se marcha más tarde que su vecino el vencejo común.

 

Volviendo a las similitudes entre golondrinas y vencejos vemos que presentan cuerpos esbeltos, aerodinámicos, con alas largas y puntiagudas y colas más o menos ahorquilladas. Y es que estas aves están hechas para pasar el mayor tiempo de su existencia volando. Observándolas podemos comprobar la agilidad de sus movimientos, la facilidad para salvar obstáculos, la velocidad de sus vuelos. Y todo en perfecta armonía y sin aparente esfuerzo. Se deslizan en el aire. Son aire en movimiento. Son las alas del viento. Pero es en los vencejos en donde estas habilidades alcanzan su punto más alto. Si a las golondrinas podemos observarlas de vez en cuando posadas en algún cable o rama no veremos nunca hacer esto a un vencejo. A lo sumo se agarrará a la pared para entrar al nido. El resto del tiempo lo pasarán volando. Comerán volando. Dormirán volando. Incluso realizarán la cópula volando. Así, como los vencejos alcanzan la madurez sexual a los dos años, si tenemos la suerte de ver salir a algún ejemplar joven del nido en su primer vuelo, permanecerá volando hasta que se marche a África a finales del verano o principios del otoño. Allí pasará el otoño y el invierno y en todo ese tiempo permanecerá suspendido en el aire. Con la primavera iniciará el regreso a nuestras tierras. Volverá a nuestra ciudad y el tiempo que permanezca con nosotros lo hará volando en todo momento. Si por alguna circunstancia cayera al suelo, sus patas extremadamente cortas y sus largas alas le impedirán levantar de nuevo el vuelo, quedando indefensos en el suelo. En ciertas ocasiones he encontrado así a más de un vencejo. Entonces, con sumo cuidado lo he cogido entre mis dos manos, lanzándolo hacía arriba en un suave impulso. Lo suficiente para que de nuevo sus poderosas alas, sesgando el aire le hagan alcanzar rápidamente altura a gran velocidad. Continuando con ese joven, llevará ya un año volando sin cesar y volverá a repetirse lo mismo un año más. Pero es que el resto de sus vidas los periodos en que tomen contacto de alguna forma con la tierra será en la época reproductora. Increíble. Desde luego, si el viento adoptará la forma de un ave, sin lugar a dudas, esta sería la del vencejo.

 

Y, todas estas golondrinas y vencejos, volando sin cesar comiendo en el aire, ¿qué comida encuentran en un medio en que a nuestra vista no parece haber nada? y además, ¿no se pelean entre ellos si buscan la misma comida? He oído en muchas ocasiones aquello de que "la Naturaleza es sabia" y en esta ocasión podemos ver un ejemplo de ello. Todos ellos explotan el mismo recurso trófico, el llamado plancton aéreo, constituido por infinidad de diversas especies de pequeños insectos voladores y de otros en suspensión. De ahí que sus bocas sean anchas pues van de aquí para allá "abriendo la boca" y engullendo estos insectos. Para no entrar en competencia, lo han solucionado de una manera muy sencilla y efectiva: La estratificación vertical; es decir, las diferentes especies cazan a diferente altura del suelo. Así, las diferentes especies de golondrinas se reparten las capas bajas e intermedias y los vencejos las capas altas. Así, todo solucionado. Hay comida para todos.

 

Vemos, por tanto, que por su alimentación es beneficioso tener estas aves cerca de nosotros pues nos libran de un importante número de insectos que de otra manera nos causarían mayores molestias. Como ejemplo, una sola ceba de un vencejo puede contener hasta 600 pulgones. Creo que ya sólo por esto deberíamos preocuparnos un poco más por estos vecinos estivales. No solamente molestándolos lo menos posible. También procurándoles lugares en donde anidar, pues desde hace mucho tiempo nuestras viviendas han sustituido las paredes rocosas en donde anidaban antes (y siguen haciéndolo) y los nuevos diseños de construcción dejan pocos lugares para anidar a estas aves, sobre todo a los vencejos que en los tejados de teja árabe habían encontrado un lugar idóneo. Así, las poblaciones de estas aves van disminuyendo año tras año pues con nuestros cambios las vamos echando de nuestro lado. Con pequeñas exigencias particulares y de las autoridades locales para realizar modificaciones que faciliten el poder anidar en las nuevas viviendas estaría solucionado el problema y podríamos, por una parte disfrutar viéndolas jugar con el viento, y además nos aseguraríamos un eficaz insecticida natural.

 

En estos momentos, miles de golondrinas y vencejos cruzan nuestro término municipal todos los días camino de África. Desde el amanecer hasta que se pierde el sol por el horizonte. En una misma dirección. Ejemplares que vienen de otras partes de España. Con otros, que vienen de más lejos. De otros países europeos, incluso veremos ejemplares que vienen de Noruega o Finlandia. Todos han pasado la primavera y el verano con nosotros. Ahora, se marchan al continente africano pues en invierno van a poder seguir alimentándose de insectos. Pero, tengamos por seguro que, fieles a su cita, en los albores de la próxima primavera, volverán a surcar el fresco aire de nuestras tierras y los mismos ejemplares volarán por las mismas calles que lo han hecho este año y, el anterior, y... anidando en las mismas casas. Para ellos no existen las fronteras y lo único que piden es que les dejemos vivir con nosotros. Ellos hacen lo mismo.

 

Conociéndolas ahora un poco más, seguro que disfrutaremos del maravilloso espectáculo de la migración y a buen seguro que en la próxima primavera no se nos pasará desapercibida la llegada de estas fascinantes aves y estaremos esperando su visita.

Luis Sogorb Mallebrera  

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