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Damos
por sentados muchos acontecimientos de nuestra vida.
Amaneceres y anocheceres. El paso de las diferentes
estaciones. Y son tan fieles a su cita, que cuando venimos a
darnos cuenta resulta que ya es, por ejemplo, de nuevo
primavera. Unidos a los cambios climáticos propios de la
estación, un buen día advertimos la presencia de unas aves
que están íntimamente ligadas a la primavera. Llegan a
nuestra ciudad y nuestros campos. Buscan nuestra compañía. De
tonos oscuros, cuerpos esbeltos y vuelos acrobáticos y
rápidos. Se trata como más de uno (espero) habrá podido
adivinar de los vencejos y golondrinas.
Estamos tan habituados a que lleguen
con la primavera, que apenas reparamos y nos interesamos por
estas aves. Por eso, aprovechando que en estos momentos, con
la llegada del otoño vuelven a sus cuarteles de invernada,
quiero ahondar sobre estas fascinantes pequeñas aves que tan
buenos ratos me han proporcionado viendo sus acrobacias
aéreas desde la ventana de casa.
Primero quiero llamar la atención de
que vencejos y golondrinas, a pesar de su parecido, no
pertenecen a la misma familia. Es un caso de lo que los
científicos llaman convergencia evolutiva, es decir,
que ante unas costumbres similares han encontrado
adaptaciones similares. Así, sus cuerpos son aerodinámicos
pues pasan gran parte del tiempo en el aire y como comen
insectos voladores que capturan en el aire, han desarrollado
unos picos pequeños y finos pero con una boca ancha.
Pero, antes de seguir y empezar a
hablar de unos y otros, ¿nos hemos preguntado alguna vez de
donde vienen estas aves? Pues la mayoría de ellas vienen del
Sur de África y no se quedan aquí, no, que va, algunas llegan
incluso a los países del Norte de Europa. O sea, que se pegan
un viajecito de unos 15.000 km. Ahí es nada. Ya sólo por esto
ya se merecen que les prestemos un poco más de atención ¿no?
Normalmente las golondrinas empiezan a
llegar un poco antes y, de las cinco especies que llegan a la
Península Ibérica, las cinco pueden ser vistas en nuestras
tierras. Estas especies son: Golondrina Común,
Golondrina Dáurica, Avión Común,
Avión Roquero y Avión Zapador. La
golondrina dáurica y el avión zapador son las más escasas y
por tanto las más difíciles de observar. La golondrina común
es como su nombre indica la más común aunque prefiere la zona
rural a la hora de elegir el emplazamiento del nido. El avión
común, por el contrario, tiene predilección por repisas de
edificios, ventanas y balcones y podemos ver sus colonias,
por ejemplo, en la Plaça La Sala. El avión roquero, prefiere
la montaña y sólo se acerca un poco a nuestro casco urbano en
invierno. Sí, no me he equivocado, he escrito invierno pues
es la única especie en que algunos ejemplares permanecen todo
el año con nosotros.
En cuánto a los vencejos, tres son las
especies que podemos ver de las cuatro que visitan la
Península Ibérica: Vencejo Real, Vencejo
Común y Vencejo Pálido. El vencejo real
es de mayor tamaño que las otras dos especies y presenta el
abdomen de color blanco que lo hace inconfundible además de
vivir en las paredes rocosas de algunas de nuestras montañas.
Sin embargo, la cosa se complica con las otras dos pues ambas
son de tamaño similar, de color marrón y ambas especies viven
en nuestra ciudad, anidando en los cada vez más escasos
tejados de teja árabe. A simple vista parecen iguales y
tendremos que tenerlos prácticamente en las manos para
diferenciarlos. El vencejo pálido es, eso, de plumaje un poco
más claro y quizá nos ayude un poco a diferenciarlo el hecho
de que suele llegar antes y se marcha más tarde que su vecino
el vencejo común.
Volviendo a las similitudes entre
golondrinas y vencejos vemos que presentan cuerpos esbeltos,
aerodinámicos, con alas largas y puntiagudas y colas más o
menos ahorquilladas. Y es que estas aves están hechas para
pasar el mayor tiempo de su existencia volando. Observándolas
podemos comprobar la agilidad de sus movimientos, la
facilidad para salvar obstáculos, la velocidad de sus vuelos.
Y todo en perfecta armonía y sin aparente esfuerzo. Se
deslizan en el aire. Son aire en movimiento. Son las alas del
viento. Pero es en los vencejos en donde estas habilidades
alcanzan su punto más alto. Si a las golondrinas podemos
observarlas de vez en cuando posadas en algún cable o rama no
veremos nunca hacer esto a un vencejo. A lo sumo se agarrará
a la pared para entrar al nido. El resto del tiempo lo
pasarán volando. Comerán volando. Dormirán volando. Incluso
realizarán la cópula volando. Así, como los vencejos alcanzan
la madurez sexual a los dos años, si tenemos la suerte de ver
salir a algún ejemplar joven del nido en su primer vuelo,
permanecerá volando hasta que se marche a África a finales
del verano o principios del otoño. Allí pasará el otoño y el
invierno y en todo ese tiempo permanecerá suspendido en el
aire. Con la primavera iniciará el regreso a nuestras
tierras. Volverá a nuestra ciudad y el tiempo que permanezca
con nosotros lo hará volando en todo momento. Si por alguna
circunstancia cayera al suelo, sus patas extremadamente
cortas y sus largas alas le impedirán levantar de nuevo el
vuelo, quedando indefensos en el suelo. En ciertas ocasiones
he encontrado así a más de un vencejo. Entonces, con sumo
cuidado lo he cogido entre mis dos manos, lanzándolo hacía
arriba en un suave impulso. Lo suficiente para que de nuevo
sus poderosas alas, sesgando el aire le hagan alcanzar
rápidamente altura a gran velocidad. Continuando con ese
joven, llevará ya un año volando sin cesar y volverá a
repetirse lo mismo un año más. Pero es que el resto de sus
vidas los periodos en que tomen contacto de alguna forma con
la tierra será en la época reproductora. Increíble. Desde
luego, si el viento adoptará la forma de un ave, sin lugar a
dudas, esta sería la del vencejo.
Y, todas estas golondrinas y vencejos,
volando sin cesar comiendo en el aire, ¿qué comida encuentran
en un medio en que a nuestra vista no parece haber nada? y
además, ¿no se pelean entre ellos si buscan la misma comida?
He oído en muchas ocasiones aquello de que "la Naturaleza es
sabia" y en esta ocasión podemos ver un ejemplo de ello.
Todos ellos explotan el mismo recurso trófico, el llamado
plancton aéreo, constituido por infinidad de diversas
especies de pequeños insectos voladores y de otros en
suspensión. De ahí que sus bocas sean anchas pues van de aquí
para allá "abriendo la boca" y engullendo estos insectos.
Para no entrar en competencia, lo han solucionado de una
manera muy sencilla y efectiva: La estratificación vertical;
es decir, las diferentes especies cazan a diferente altura
del suelo. Así, las diferentes especies de golondrinas se
reparten las capas bajas e intermedias y los vencejos las
capas altas. Así, todo solucionado. Hay comida para todos.
Vemos, por tanto, que por su
alimentación es beneficioso tener estas aves cerca de
nosotros pues nos libran de un importante número de insectos
que de otra manera nos causarían mayores molestias. Como
ejemplo, una sola ceba de un vencejo puede contener hasta 600
pulgones. Creo que ya sólo por esto deberíamos preocuparnos
un poco más por estos vecinos estivales. No solamente
molestándolos lo menos posible. También procurándoles lugares
en donde anidar, pues desde hace mucho tiempo nuestras
viviendas han sustituido las paredes rocosas en donde
anidaban antes (y siguen haciéndolo) y los nuevos diseños de
construcción dejan pocos lugares para anidar a estas aves,
sobre todo a los vencejos que en los tejados de teja árabe
habían encontrado un lugar idóneo. Así, las poblaciones de
estas aves van disminuyendo año tras año pues con nuestros
cambios las vamos echando de nuestro lado. Con pequeñas
exigencias particulares y de las autoridades locales para
realizar modificaciones que faciliten el poder anidar en las
nuevas viviendas estaría solucionado el problema y podríamos,
por una parte disfrutar viéndolas jugar con el viento, y
además nos aseguraríamos un eficaz insecticida natural.
En estos momentos, miles de golondrinas
y vencejos cruzan nuestro término municipal todos los días
camino de África. Desde el amanecer hasta que se pierde el
sol por el horizonte. En una misma dirección. Ejemplares que
vienen de otras partes de España. Con otros, que vienen de
más lejos. De otros países europeos, incluso veremos
ejemplares que vienen de Noruega o Finlandia. Todos han
pasado la primavera y el verano con nosotros. Ahora, se
marchan al continente africano pues en invierno van a poder
seguir alimentándose de insectos. Pero, tengamos por seguro
que, fieles a su cita, en los albores de la próxima
primavera, volverán a surcar el fresco aire de nuestras
tierras y los mismos ejemplares volarán por las mismas calles
que lo han hecho este año y, el anterior, y... anidando en
las mismas casas. Para ellos no existen las fronteras y lo
único que piden es que les dejemos vivir con nosotros. Ellos
hacen lo mismo.
Conociéndolas ahora un poco más, seguro
que disfrutaremos del maravilloso espectáculo de la migración
y a buen seguro que en la próxima primavera no se nos pasará
desapercibida la llegada de estas fascinantes aves y
estaremos esperando su visita. |