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EL CONGRESO |
16,30 horas:
Intervienen Enrique Rubio, José Ferrándiz Lozano y Pedro
Pablo Zegers.
20 horas: presentación de Anales Azorinianos 9 con José LUis
Villacañas, de la Universidad de Murcia.
1 de diciembre: Teatro Principal de Monóvar. Antes del acto
de clausura a las 20.15 horas se presenta la web de la Casa
Museo y debate. |
Azorín y Cervantes siguen dando juego. El congreso que sobre el
escritor alicantino realiza la CAM en Alicante abordó ayer esta
relación a través de José Montero Padilla, profesor de la
Complutense y presidente de la sociedad Cervantina de Madrid.
Horas antes, acompañado por Roberta Johnson, de la Universidad de
California, que mañana interviene en el Teatro Principal de
Monóvar, y Pedro Pablo Zegers, de la Biblioteca Nacional de Chile
y ponente mañana sobre el periodismo de Azorín provocó otro
debate más particular e improvisado en el hotel donde se alojan
todos.
Montero Padilla reconoció su vocación por Cervantes y también «la
insistencia» del nombre de El Quijote este año. Hace poco habló
sobre él en la UA y también recuerda la caja cerrada con El
Quijote y las flores que lanzaron desde una goleta en Grecia,
pero ahora afirmó que todavía quedan «zonas oscuras» en su
biografía al carecer de información o del «por qué de algunos
hechos». Para el especialista cervantino «lo que hay entre él y
Azorín es una amistad, porque en un determinado momento tienes la
impresión de que son verdaderos amigos».
Para Roberta Johnson, conocedora a fondo de la novela del autor
de La Voluntad, «en ella se une lo ideal y lo real, porque casi
todos los personajes de Azorín tienen ese aspecto de idealismo
que luego chocan con la realidad». La hispanista reconoce que
detrás de esa concepción está «el choque entre lo que él quisiera
de España y lo que es en realidad», como muestra en La Voluntad,
«al intentar sobrevivir en un país dominado por la iglesia
católica y que va desilusionándose, igual que Cervantes en su
mundo caballeresco», comentó. Sin embargo, «el Azorín real era
menos propenso a la depresión que los personajes de sus novelas,
era más acomodaticio», argumentó Roberta Johnson.
Pionero: Respecto
al lenguaje de su novela, la especialista norteamericana habla de
claridad, precisión de la frase, lirismo, innovación y la no
división «entre la psicología del personaje y los pasajes
líricos, como ocurría en el siglo XIX, y mucho antes que Joyce y
Virginia Wolfe». La profesión de periodista de Azorín no es ajena
a su forma de escribir novelas. «Si no lo hubiera sido no habría
sido el mismo escritor», reafirmó la hispanista.
Montero Padilla también insistió en las dobles lecturas de Azorín.
«Hay que leer más allá de las palabras, encontramos un gran mundo
de sugerencias», y en las escuelas de periodismo se aprenden
muchos aspectos y una escritura que le serán útiles al creador
literario, «y en su caso, cuando ejercía, el periodismo contaba
con grandes escritores, no existía la alcachofa, y estaba
impregnado de literatura», argumentó. Algunos precedentes
similares, para Montero Padilla, tienen también renombre.
«Antonio Machado y Ortega y Gasset también escribieron en los
periódicos», concluyó.