"Sin fumadores, sería la ruina"
Los bares
consideran que erradicar el tabaco les haría perder mucha clientela.
Los restaurantes estudian fórmulas para compaginar los espacios con
humo y sin humo.
El Periódico de Aragón - F. V.
Los bares de Zaragoza no están por la labor de prohibir el consumo
de tabaco. Todos los negocios de la ciudad que ocupan menos de 100
metros cuadrados seguirán como siempre el día 1 de enero. Es decir,
con la clásica nube de humo que sólo los no fumadores aciertan a
discernir por encima de la barra, los veladores y los botelleros.
"Sin tabaco, sería la ruina total", sintetiza Antonio,
dueño de El Picadillo, un bar de tapas situado en la calle
Manifestación del casco antiguo.
En el fondo, muchos propietarios de bares no se consideran
capacitados para convertirse en cruzados del prohibicionismo. "El
concepto que yo tengo es que no soy quién para prohibir nada a la
gente", afirma Francisco José Pérez, dueño de la cafetería
España, en la plaza del Pilar. Para que no quepa duda de su actitud
tolerante, ya ha encargado dos carteles con la leyenda Local
autorizado para fumadores .
Café y cigarro
"Si no dejáramos fumar, no tendríamos ni un cliente",
comenta Rafael Martínez, de El Supremo, un bar al que la gente va
"a su café y a su cigarro".
El sector hostelero se mueve con números, y éstos indican que los
fumadores son mayoría. "Bastante más del 60% de nuestra clientela
es fumadora", explica José Manuel, del bar Ibiza, que está entre
Conde Aranda y César Augusto.
Los restaurantes, especialmente los que rebasan los 100 metros,
tienen más difícil adaptarse a la ley antitabaco. "Aún no sabemos
qué haremos", reconoce Miguel Poveda, encargado del bar
restaurante El Real, en la calle Alfonso. "En cualquier caso, es
posible que en el bar se permita fumar, mientras que en el
restaurante quizá ya no se pueda hacerlo en adelante", señala.
En el restaurante asador Santa Isabel, también en el casco viejo,
Lorenzo Salvador aún no sabe qué hacer. Sin embargo, como en muchos
otros locales con comedor y barra, es posible que cree dos ambientes
diferenciados. En el bar se podría continuar fumando, mientras que en
el restaurante se prohibiría.
"La verdad es que no conozco la ley, todavía tengo que
estudiarla para ver qué hago", confiesa Salvador, que no es una
excepción en el sector, dado que muchos hosteleros consideran que no
han sido informados suficientemente sobre los cambios que entraña la
nueva normativa.
En El Cachirulo, el gran restaurante de las afueras de Zaragoza,
piensan que no tendrán problemas para separar fumadores de no
fumadores, dado que poseen mucho espacio. Pero Jesús Acín, el
propietario, es tajante: "En los banquetes no se podrá fumar, por
lo que lo fumadores tendrán que hacer gala de buena voluntad en
beneficio de todos los invitados", dice.
Además, los novios ya no podrán regalar los típicos puros, sino
cualquier otro detalle. Sin embargo, los fumadores no serán
totalmente excomulgados. "Los banquetes se organizarán de tal
forma que, como ya sucede ahora, los asistentes puedan echarse un
pitillo en la terraza, durante el aperitivo", indica Acín