EPISTOLARIO DE AZORÍN
José Payá Bernabé.
El 3 de junio de 1881 un estudiante de las Escuelas Pías de Yecla
concebía una epístola dirigida a sus padres acusando recibo de una
carta de éstos y mandando besos a sus hermanos. Comenzaba así una faceta
nueva en su vida: la de escritor de misivas, un aspecto que, con su
triunfo como prosista, adquiriría un valor incalculable para los
admiradores y estudiosos de su obra.
Desde esta carta hasta su fallecimiento, el 2 de marzo de 1967, José
Martínez Ruiz redactó alrededor de mil quinientas misivas. Esta es una
cifra aproximada, calculada sobre la base de las cartas catalogadas y en
el hecho de haber constatado claras ausencias entre la documentación
conservada.
Martínez Ruiz fue una persona absolutamente dedicada a la Literatura.
Sus cartas no hacen más que reafirmarlo. Si las observamos detenidamente
veremos cómo rezuma su amor por ella, incluyendo en este concepto su
fervor por los libros; su lucha constante por innovar; la preocupación
por hacerse un sitio en las redacciones y en el mercado editorial; su
interés por estar al día en las novedades bibliográficas o su ansia de
consolidarse como escritor.
Trasluce el epistolario la delicadeza y sensibilidad que tenía para
granjearse la amistad de determinas personas que resultaron claves en la
evolución de su personalidad y en la confección de su producción. Entre
éstos, cabe citar a sus biógrafos Ramón Gómez de la Serna; Ángel Cruz
Rueda; José Alfonso Vidal; José García Mercadal y Santiago Riopérez,
así como viejos conocidos: Clarín,
José Pérez Bernabeu; Pedro Dorado Montero; Queremón Alfonso y José
Capilla Beltrán, quien, por cuestiones de índole política, no pudo
llevar a cabo su biografía Azorín, paso a paso.
Una visión de conjunto nos permite ver cómo, en ocasiones, Azorín va
mostrándose en su epistolario —mediante
esbozos de pequeños tratados de literatura—,
generoso defensor de sus compañeros de letras. Hay decenas de
manifestaciones de apoyo o peticiones de favores en pro de Fray Candil,
Miró, Juan Ramón, Baroja, José Alfonso, Cruz Rueda, Díaz Plaja o
Torcuato Luca de Tena. Es conocido que Azorín admitía siempre la crítica
de ideas, pero no la desconsideración personal como le ocurrió, en 1912,
con Maeztu y Catalina o, el 17 de noviembre de 1944, con Federico García
Sanchis, según se deduce de las misivas remitidas a Ortega y Gasset,
Antonio Maura y Marañón respectivamente.
Uno de los autores por quienes siente predilección es Gabriel
Miró. Reconoce sentirse, ya en 1912, interesado vivamente por cuanto
hace su paisano. Le define como “poseedor de una personalidad relevante
en su estilo y en su visión”. Y es que a Azorín siempre le han atraído
los nuevos literatos.
A partir de los años veinte, Azorín se muestra elogioso con los
nuevos poetas. Esto motivó que la buena amistad con Juan Ramón Jiménez
se enfriara. La explicación —a
falta de que aparezcan sus cartas a Jarnés, Dámaso Alonso, Alberti,
Aleixandre…—,
puede estar sintetizada en la misiva que le dirige a Gabriel Miró el 24
de marzo de 1929:
“Defiendo a la juventud por razones estéticas, sociales y
biológicas: estas últimas son las más poderosas, cuanto más avance en
los años, me aferraré más a lo nuevo; esa estribación es la razón
suprema —para
mí— del vivir.
Y abandonaré a esta juventud, en cuanto salga otra, si llego a vivir
tanto”.
Una claridad y contundencia que solía usar, a principios de
siglo, cuando se mostró fascinado por la figura de Pí y Margall, a quien
consideraba “padre del anarquismo español”. Así se desprende en el
epistolario dirigido a José Pérez Bernabeu, presidente del partido
federalista de Monóvar, con quien mantuvo una extensa y densa
correspondencia entre 1897 y 1908 y a quien dedica una semblanza en
Memorias Inmemoriales.
Sería bueno recordar que con, anterioridad a 1980, la Casa-Museo
Azorín, Obra Social de la CAM, que había sido abierta al público en
1969, atesoraba un cuantioso material librario en claro contraste con un
reducido número de documentación. Este hecho era comentado, con
extrañeza, por los investigadores. El motivo no era otro que, por
expreso deseo de Azorín, en 1975, Julio Rajal donó la biblioteca
particular del escritor pero no hizo lo propio con el epistolario que se
guardaba en ella.
El Museo alberga, en cambio, parte de las cartas recibidas por
Martínez Ruiz en su juventud y las de éste dirigida a sus padres y
hermanos. Dichas epístolas fueron publicadas parcialmente, entre otros,
por José Rico Verdú, en Un Azorín desconocido (1973); por Cela y
Caudet ( 1973); Santiago Riopérez (1979) y Salvador Pavía (1986).
La colección de cartas dirigidas a Azorín se compone de trescientas
setenta y cinco cartas, con cuatrocientas setenta referencias
bibliográficas. Las cartas de Azorín hasta ahora catalogadas
—según guía que
acompañamos—,
son mil trescientas treinta y dos dirigidas a ciento setenta y una
personas e instituciones, con mil ciento treinta y ocho referencias
bibliográficas y hemerográficas.
Como podemos apreciar, no existe equilibrio entre las cartas a y
de Azorín. Nuestra tarea persigue cuadrar una y otra parte. Una
muestra de este tipo de recopilación puede verse reflejada en
Azorín - Unamuno: cartas
y escritos complementarios
(1990), del profesor Laureano Robles. Una
eficaz labor en la que viene perseverando con trabajos como “Cartas
inéditas de Azorín a Dorado” (1986) o “Azorín y los Maura” ( 1996).
El elevado número de cartas de Azorín se debe a la búsqueda en
archivos públicos y privados y al estudio de la bibliografía azoriniana.
El punto de arranque de esta compilación parte de los estudios de
Dionisio Gamallo Fierros, Hacia una bibliografía cronológica en torno
a la letra y el espíritu de Azorín, y del capítulo quinto de
Azorín: guía de la obra completa (1992), del profesor Inman Fox,
que versa sobre el epistolario, pese a no ser ese el objeto central de
su imprescindible trabajo. A diferencia de dichos estudios, desde 1995,
con el estudio del epistolario de y a Azorín adoptamos el objetivo de
realizar un examen minucioso de su correspondencia tratando de analizar
tanto el aspecto formal como el contenido de los documentos existentes.
El método de trabajo consiste en dividir en dos partes la
correspondencia: cartas dirigidas a Azorín y cartas escritas
por él.
A tal fin, se estable un orden alfabético y, dentro de éste,
cronológico. Asimismo, desarrollamos una base de datos específica con el
fin de incluir toda la información relativa que permita conocer de un
modo exhaustivo cualquier dato relacionado con este epistolario,
facilitando el acceso a diferentes campos que señalan, entre otros
aspectos, la fecha, remitente, destinatario, leyenda del membrete, breve
resumen, materia, descriptores, formato, grafía, depósito y si es copia
ó original. También se indican las referencias bibliográficas, es decir,
quién las ha publicado, dónde han aparecido, en qué orden han sido dadas
a conocer y cuáles permanecen inéditas. Por otra parte, se especifica,
en los casos conocidos, su procedencia.
Epistolario de Martínez
Ruiz
Es el más numeroso. Crece cada año. De 1980 a la actualidad se
ha triplicado merced a los trabajos de investigación que constan en la
Guía que acompañamos y a la labor de búsqueda, adquisiciones y
donaciones llevada a cabo desde la Casa-Museo de Monóvar.
Es difícil dar una visión suficientemente amplia de los temas tratados
en este epistolario. Sin embargo, tras su lectura, se constata que no
deberían acometerse nuevos proyectos de biografías de J. Martínez Ruiz
sin contar con el mismo. Es la mejor manera de sea fidedigna, ya que los
epistolarios son trascendentales para su elaboración. Sirven, además,
para completar la labor de un autor incluso desde el punto de vista
ético.
En el caso de Azorín hay determinadas cartas que tienen valor de
inmediatez, pero también hay decenas de cartas que parecen haber sido
escritas para la posterioridad, como las dirigidas a Pérez Bernabeu. Son
cartas personales en las que se traduce parte de su pensamiento político
e ideológico y su afán por mejorar España.
Su permanente anhelo por llegar al Congreso,
bien sea como Cronista, candidato, Diputado a Cortes, Subsecretario de
Instrucción Pública o simple espectador de la política, queda reflejada
en las cartas remitidas a Antonio Maura (1905-1925); Eduardo Dato
(1906-1909);
La Cierva —de
quien se convirtió en consejero y al que mandaba cartas llenas de
confidencias entre 1910 y 1930—;
Conde de Romanones (1916); Lerroux (1917); Maurras ( 1918); Gil-Robles
(1933); Villalobos (1935); Franco (1939-1942); Franco Salgado-Araújo
(1939); Tovar (1941) o el Ministro de Información y Turismo (1954). No
incluimos en este apartado las misivas enviadas a su albacea
testamentario Serrano Suñer, entre 1947 y 1966, por considerar, al igual
que el profesor José Mª Fernández,
que no son documentos políticos.
También Azorín se ocupa de establecer relaciones con Alcaldes de
poblaciones vinculadas tradicionalmente a su obra. Así, entre 1917 y
1965, cruza correspondencia con cuatro Alcaldes de Monóvar; Alicante
(1924 y 1946); Tarragona (1932); Madrid ( 1947);
Yecla (1953); Petrer (1957) y Valencia (1966). Asimismo, mantuvo
relación con dos Presidentes de la Diputación Provincial de Alicante.
Estas y otras poblaciones no sólo están presentes en su correspondencia
a través de las misivas remitidas a cargos públicos, sino que aparecen
aludidas en multitud de ocasiones, fundamentalmente cuando se dirige a
Capilla Beltrán (Elda); Rafael Ferreres ( Valencia); Queremón Alfonso,
los presidentes del Casino (1947 y 1960) y José Alfonso ( Monóvar); José
y María Martínez del Portal (Yecla); Manuel Casás ( Galicia); Antonio y
Gabriel Maura ( Mallorca); Vicente Medina y La Cierva (Murcia)…
En diversas ocasiones se ha comentado la necesidad vital que tenía
Martínez Ruiz de rodearse de médicos. Por eso no es extraño ver en su
epistolario cartas dirigidas a los doctores y amigos Gregorio Marañón;
Mas Magro y a su cardiólogo Francisco Vega Díaz (1963-1966),
así como a su hermano Ramón.
La correspondencia remitida a su familia desvela su perfil humano y
algunas de sus preocupaciones profesionales. En este grupo está el mayor
número de cartas redactadas por Martínez Ruiz. Hay cartas a sus padres
desde 1881 hasta el fallecimiento de su madre, en 1916 y, hasta 1913, en
el caso de su padre, cuyo óbito tuvo lugar tres años después. Sólo hay
una carta dirigida a su esposa, Julia Guinda, desde Sevilla, lo cual
contrasta con el elevadísimo número remitido a sus hermanos,
especialmente a Amancio, al cual, desde 1902 hasta 1966, manda casi
quinientas cartas. Fue, sin duda, a tenor del epistolario y de
Memorias Inmemoriales, la persona más ligada a él.
Entre los pocos documentos que permiten saber algo de la intimidad del
escritor —en
palabras del profesor Francisco López Estrada—,
se encuentra una carta a su cuñado José Martínez del Portal anunciándole
su intención de contraer matrimonio. Con su cuñado tuvo Martínez Ruiz
muestras de gran afecto y confianza, tal y como se desprende del
epistolario remitido entre 1902 y 1907. Con sus sobrinos Juan, Javier y
María Luisa Martínez del Portal y con su sobrina nieta, María Martínez
del Portal (1960-1967), continuó este cariño y relación hasta el
fallecimiento del escritor.
Pormenores de su vida y la preocupación por las cuestiones que
planteaba su oficio de escritor para la prensa, se desprenden de la
lectura del epistolario de Martínez Ruiz a diferentes cabeceras de
periódicos y a sus propios colegas. Desde El Mercantil Valenciano
(1894) hasta Prensa Española (1966), son muchos años al servicio de la
actualidad, con multitud de acontecimientos sociales y periodísticos
vividos. Algunos de ellos han quedado plasmados en las cartas remitidas
a Luis París (1894); Ruiz Contreras y Francisco Lloret ( 1897); Ortega
Munilla (1900-1905); Diario España (1904); Emilio Costa (1916):
Nin Frías (1925); Torcuato Luca de Tena (1925-1966); Joaquín Aznar
(1933); Miguel Pérez Ferrero (1938-1957); Diario Arriba (1941);
Pedro de Lorenzo (1942-1965); Juan Ignacio Luca de Tena (1966) o el
Presidente de Prensa Española (1966).
Su amor por el arte, especialmente por la pintura, también tiene su
sitio en este epistolario. Daniel Vázquez Díaz (1915-1945); Francisco
Peiró Hurtado (1953-1962) y John Ulbricht (1965) son los únicos artistas
de los que hemos podido recopilar correspondencia. Es lógico pensar que
falte el epistolario dirigido a Sebastián Miranda, Victorio Macho, José
Palacios, Genaro Lahuerta, Joaquín Sorolla, Ricardo Baroja, Zuloaga,
Aureliano de Beruete o Adelardo Parrilla. Tampoco descartamos que
existan cartas remitidas a Domenech i Montaner, Puig i Cadafals, el
Conde Güell, Rusiñol, Riquer, Casas, Adrià Gual y otros personajes
catalanes que tuvieron relación con Martínez Ruiz.
Es novedosa la recuperación del epistolario de Azorín dirigido, desde
1928 a 1944, a su editor José Ruiz Castillo. Un buen ejemplo para
estudiar cómo se desenvolvía profesionalmente, auspiciando, incluso,
ediciones de sus amigos; por ejemplo, Cruz Rueda o José Alfonso.
Estudioso de epistolarios
Azorín no sólo remitió cartas, sino que escribió en la prensa sobre
ellas. Con motivo de haberse comenzado a publicar el Epistolario de
Teodoro Llorente, poeta, historiador y periodista, se congratula de
la aparición de esta edición recordando cómo era el director de Las
Provincias
.
En La Prensa
, publica un extenso artículo sobre
“La Literatura epistolar” narrando cómo se escriben todavía cartas en
los cafés. Lo cual, en sí, carece de importancia. Sin embargo hay una
serie de frases que nos llevan a reflexionar si, en el fondo, no se
refiere a él mismo y a su faceta de autor de cartas. Leemos:
“La literatura epistolar es literatura especialísima. Si las
cartas son realmente íntimas, habrán sido escritas sin pensar ni
remotamente en su publicación. Sólo en tales condiciones la pluma se
expande efusiva y cordial. (…) La literatura epistolar es abundante en
España”.
Azorín repasa el epistolario de Hernando del Pulgar, cronista de
los Reyes Católicos; de Antonio Pérez; Santa Teresa de Jesús; Juan de
Avila; Góngora, Nieremberg; Lope de Vega —de
quien espera que la Academia pondrá empeño en que se publiquen sus
cartas en su integridad—;
Moratín; las cartas familiares del Padre Isla o el primer tomo del
Epistolario de Gregorio Mayans en el que se recoge una carta del
canónigo de Toledo don Alvaro Villegas. Se nos revela como un profundo
conocedor de este género.
En ABC
tornará a analizar el epistolario de Santa Teresa de Jesús; las
cartas familiares del Padre Isla y Moratín afirmando que “no se
escribieron para la publicidad”. Sin embargo, piensa que las misivas de
Antonio de Guevara y Antonio Pérez sí fueron escritas “con ánimo de que
se publiquen”. Esta división es la que lleva a Azorín a interrogarse
sobre ¿cuál será su actitud cuando, con la pluma en la mano, se disponga
a escribir una carta?. He aquí su respuesta:
“Un refrán dice: La carta no tiene empacho; negamos o
pedimos en carta lo que personalmente no nos atrevemos a negar o pedir.
Un adagio latino nos advierte: Verba volant, scripta manent , las
palabras se vuelan, los escritos permanecen. No sabemos a dónde irá a
parar una carta que escribimos a determinada persona; a veces una carta
da muchas vueltas; encontramos una carta después del tiempo, en manos de
quien no sospechábamos. Pongamos tiento en lo que escribimos. No ataje
nuestro sentir el escrúpulo de la ortografía. Debemos observar las
reglas establecidas. No nos escandalicemos, sin embargo, de las
incorrecciones. Los clásicos no tenían ortografía; Cervantes escribe su
propio nombre unas veces Cervantes y otras Cervantes. Se dirá que en
aquellos tiempos la ortografía no estaba fijada; no lo está hoy tampoco.
Muchos vocablos tienen una ortografía caprichosa; existe toda una
desidencia ortográfica: la ortografía llamada racional no es más ni
menos racial que la otra. (…) se puede poner ortografía a una carta que
no la tenga: no es posible infundir vida a una carta que carezca de
ella. Y sin vida no hay cartas ni los demás géneros literarios”.
¿Quiere decirnos que no plasmaba en el papel cuanto pensaba?.
Tal vez la respuesta nos la del propio escritor en Memorias
(1943) y Memorias Inmemoriales (1946):
“ Lo hondo no gustaba de manifestarlo nunca. Ni en los escritos
(…) ni a nadie, ha revelado nunca X sus íntimos sentimientos”.
Frase contundente, auténtica, que concuerda con el hecho de que
asuntos como su relación con Julián Besteiro y Margarita Nelkens o su
pertenencia a la Agrupación al Servicio de la República,
sólo han podido ser conocidos, parcialmente, en los últimos años.
Su biógrafo, Santiago Riopérez, considera que Azorín es esquivo,
solitario e independiente.
Por eso es extraño, conociendo su hermetismo, que revelara a Ortega y
Gasset, en una efusión íntima, su simpatía por Alemania
y , en 1953, a Mariano Rodríguez de Rivas que en la guerra civil fue
“agente de canje de prisioneros y gozaba de la confianza de uno y otro
Gobierno”. También es rara su carta a José García Mercadal, el 19 de
agosto de 1961, confesándole que “ no habla nadie de guerra. Va
retornando la gente. Va volviendo la normalidad callejera. Van los
editores despertando”.
Hay dos rasgos del epistolario de Unamuno que a Azorín le llaman
sobremanera la atención: “Las cartas de Unamuno son muy extensas. No he
podido yo escribir nunca largo. Escribía mi correspondiente con gran
franqueza”.
De nuevo —recuérdese
que confecciona Madrid en 1940—,
vuelve a preocuparse de la sinceridad en el epistolario. Un aspecto que
ya confesó había apuntado en carta a Juan de la Cierva:
“Hace años —valga
la sinceridad, que pocas veces tengo en estas cosas—;
hace años, cuando era yo redactor de El País, estuve veinticuatro
días comiendo lo siguiente, nada más que lo siguiente: por la mañana, a
mediodía, un panecillo de diez céntimos; por la noche, otro panecillo de
diez céntimos; por la noche, otro panecillo de diez céntimos. Todas las
noches iba a la redacción, hacía mi artículo, trabajaba reciamente, y
nadie sospechó siquiera el trance terrible por el que estaba yo
pasando”.
El estilo del epistolario es directo. Como él diría, “sin
entretenerse”. A diferencia de Unamuno, la extensión no suele rebasar
las cuatro cuartillas. Una excepción es su primer documento político: la
carta manuscrita, de once folios, a Pérez Bernabeu en 1897.
Tiende a ser tan escueto que quizá sea de los pocos escritores que
utiliza la tarjeta de visita autógrafa o mecanografiada.
Llama la atención de su epistolario que siendo
—según cuenta en Memorias
Inmemoriales—,
“el escritor más improperado de su tiempo”,
no haya casi ninguna alusión a estas diatribas. En 1915, al brotar en
ABC su polémica contra Blasco Ibáñez, solicita a su hermano Amancio
las cartas del autor de La Barraca para replicarle.
Su hermano Amancio, Cruz Rueda (1928-1958), Ortega y Gasset (1906-1932),
Antonio Maura, Dorado Montero (1894-1915); Serrano Suñer, La Cierva y
Juan Ramón Jiménez (1903-1921) —cuya
correspondencia desveló el profesor Urrutia—,
son quienes predominan como receptores.
Gabriel Maura, Miguel de Unamuno, José Alfonso Vidal, José Pérez
Bernabeu, Gregorio Marañón, Capilla Beltrán, Pérez de Ayala, su madre,
el doctor Francisco Vega Díaz y María Martínez del Portal, también
contaron con un nutrido grupo de cartas del escritor.
Azorín consideraba que “una obra artística la constituyen
momentos de emoción, de ternura, de pasión, de anhelar supremo, de
melancolía, que luego es preciso ir aglomerando, envolviendo en un
ambiente total”. Esto es precisamente su epistolario: una obra de arte
que sintetiza el trato humano del escritor, mostrándolo con toda su
exquisitez, meticulosidad y con una sensibilidad agudizada.
“Los pormenores secundarios, sin valor, desaparecen
—continúa diciéndonos
Azorín—, (…) la
selección del detalle se opera ella sola”.
Esto mismo ha de suceder con su epistolario, porque éste debe ser, ante
todo, un auxiliar de la investigación. Una investigación que ha de
contar, a priori, con el máximo material posible para poder abordarla.
Más tarde, ha de ser la labor del investigador, del erudito, quien
interprete todo aquello que haya que interpretar, viendo en esas
misivas un matiz que, tal vez, haya pasado desapercibido a otro
azorinista.
El epistolario de Azorín —del
que se han de recuperar más cartas—, da
una idea de la influencia de que gozó el escritor y de la resonancia de
su obra. Y, lo más importante, permite seguir la evolución en su
creación literaria
y pensamiento político, aportando noticias de sus obras elaboradas o en
producción.
Una lectura detallada del epistolario puede ser un recorrido de la mano
de Azorín por su bio-bibliografía. Siempre encontraremos un rasgo
interesante o un aspecto curioso que nos enriquezca. En el artículo
antes mencionado de “Cartas”, Azorín mismo se lamenta: “No contamos con
una antología de cartas: sería curiosa la que se formase”.
No nos cabe duda: sería curiosa y aleccionadora. Pocos escritores
que hayan vivido noventa y tres años, con una actividad pública de
primer orden, pueden alardear de poseer un epistolario tan limpio y
transparente —carente
de rencores y envidias—,
como el de Azorín.
(Introducción al Epistolario de Azorín. Madrid, Espasa Calpe, 1998, Tomo
III de las Obras Escogidas, de Azorín. Coordinador de
Miguel Ángel Lozano).
OPOSICIÓN A LAS MACRO-URBANIZACIONES
La Plataforma
Comarcal, sin representación monovera, realizó ayer una marcha en contra
de los planes urbanísticos
INFORMACION - B.R.
La Plataforma Comarcal del Vinalopó «Por un
Urbanismo Sostenible», compuesta por colectivos de Aspe, Elda, Hondón
de las Nieves, Monforte del Cid y Novelda programaron ayer varias
marchas a los diferentes parajes naturales y sierras de la comarca
«en peligro de ser arrasados» por la construcción de
macro-urbanizaciones con campos de golf que hay proyectados.
Sobre las nueve y media de la mañana centenares de personas salieron en
coche hacia Las Piletas y La Fuente del Lobo desde la Glorieta en la
Plaza del Progreso en Monforte del Cid, pasando por «Los Garroferos»
hasta la Sierra de San Pascual donde se inició el recorrido a pié por
sendas y caminos de la zona. En estos núcleos el gobierno municipal,
mediante la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana, pretende
llevar a cabo una urbanización de más de 17.000 viviendas con una
capacidad para más de 50.000 habitantes. Con pancartas como «No pasarán
las constructoras», «Salvemos Monforte del Cid, no al PGOU», «Prohibido
los campos de golf» o «Solidaridad, Vecinos Pla», los afectados
manifestaron su oposición a los planes urbanísticos asegurando que «para
llevar a cabo esta barbaridad se han levantado las protecciones a muchos
de los terrenos de valor ecológico y paisajístico mediante la
recalificación declarándolos urbanizables. Son actuaciones insostenibles
y debemos pensar que si destruimos nuestro medio ambiente nos destruimos
a nosotros mismos», en palabras de los congregados. Asimismo, los
componentes de la Plataforma Comarcal manifestaron su voluntad de
continuar esta campaña en contra de la especulación urbanística para
evitar construcciones «que vulneren la legalidad» según señalaron los
manifestantes.
Vacuna contra la inteligencia
Por desgracia para algunos, la mente alcanza a veces más de lo que
merece. Al asistir como involuntarios espectadores al presente
espectáculo del reparto
masivo de vacunas gripales, hay quien sin querer rememora las colas
con la cartilla de racionamiento, quien recuerda la gran marmita de
hirviente leche en
polvo distribuida a los escolares por el mismo gobierno que repartía
bombas atómicas y napalm a discreción... incluso hay quien se ve
asaltado por imágenes reales mucho más espeluznantes.
Y yo, que no debo ser bastante cretino, quiero aprovechar la rumbosa
temporada para solicitar humildemente tratamiento para mi inquietante
malestar: ¿Podría someterme a una operación gratuita de aniquilación
de inteligencia? Nada de reducción de estómago, por favor, que lo
llevo bastante bien, que me amputen la inteligencia. Toda. Y es que,
de momento, no me puedo quitar de la cabeza, por más que lo intento,
que la misma Sanidad que reparte ahora generosa inmunidad a bombo y
platillo, es la misma que me dijo que volviera dentro de un mes para
quitarme un tapón de cera que me había ensordecido un oído, que no
encuentra manera más políticamente correcta de tratar mi dentadura que
arrancármela, que no tuvo reparo de abrir en canal a mi mujer cuando
dio a luz para terminar antes, que se gasta millonadas en publicidad
para recomendar el uso responsable de los estupefacientes, que tiene
el aborto sistemático en nómina y la eutanasia en estudio, que no dice
ni "mu" respecto a las sanguinarias circuncisiones rituales de menores
ejecutadas precisamente por médicos y en establecimientos
sanitarios...
En fin, para que seguir, si cada cual tiene lo suyo que contar... y no
todo es malo, por supuesto. Mi hijo por ejemplo, está más que
agradecido por el guante de
látex que le dieron en la pasada consulta relámpago. Lo que no
toleraría por nada del mundo, sería la amena rutina de los payasos de
hospital. Por cosas de la
vida, no le gustan para nada ningún tipo de payasos.
http://www.quediario.com/blogs/2156
José Francisco Sánchez Beltrán
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