http://pizarro.fll.urv.es/continguts/hispanica/profes/public/jmfg_azorin.htm
EL ZUMO AMARGO
DE AZORÍN. PENSAMIENTO POLÍTICO
José María Fernández Gutiérrez
Universitat Rovira i Virgili.Tarragona
E.
Inman Fox (1) en "Azorín y el franquismo. Un escritor entre el sielncio
y la propaganda", comienza explicando que así como sus novelas, (las
de Azorín) y su producción literaria en general, han recibido una atención
crítica encomiable, sus ideas políticas, sin embargo, apenas han sido comentadas,
particularmente las que guiaron su obra de creación en la época de Franco
y que se supone y se acepta, sin apenas análisis, que fueron distintas de
las de la etapa anterior. Añade Inman Fox:
"En
el fondo, sólo sabemos que acabó asociándose con el régimen, hasta el punto
de ser convertido en uno de sus escritores más exaltados y premiados"
(P. 81). Y para fundamentar la afirmación anterior, en nota, se citan las
siguientes disticiones:
"En
1943 obtiene un Premio de la Delegación Nacional de la Prensa; en julio de
1946 se le concede la Gran Cruz de Isabel la Católica; en 1955, por iniciativa
de Serrano Súñer, se le da un premio de medio millón de pesetas, dotado por
los bancos españoles; X en 1956, recibe la Gran Cruz de Alfonso el Sabio;
en 1958 la Fundación March le concede otro premio de medio millón de pesetas;
en 1966 el Gobierno le concede la medalla de oro de Mérito del Trabajo, y
en 1967 el Ministerio de Información y Turismo concede el Premio Unamuno de
Ensayo a su libro, España clara".
Con
estos prolegómenos, podríamos concluir, y quizá el lector quedase satisfecho
y contento, podríamos concluir, digo, que Azorín, desde posiciones muy alejadas,
terminó aterrizando en la época de Franco en la procesión de los que llevaban
el incensario para utilizarlo nada más y siempre que se presentase la ocasión.
Tendríamos, sencillamente, un Azorín "tránsfuga"; y casi todos
contentos. Al fin y al cabo fue la fruta del tiempo.
Pero
en un libro, reciente cuando escribo estas líneas, y específico sobre el tema
durante la guerra civil, Las armas y las letras (2), se ve el caso
de Azorín y el de sus colegas del 98 con un enfoque distinto:
"Los
viejos del 98, a la altura de 1930, miraban la política con un vago escepticismo:
pólvora mojada". Con lo cual el alcance conceptual del transfugismo,
si es que lo hubo, era distinto. Los viejos del 98, ya en 1930, pensaban que
la política era "pólvora mojada". En la época de Franco, una década
después, ¿eran tránsfugas, o transigían, o incluso colaboraban porque estaban
decepcionados y en el fondo les daba igual casi todo? Tal vez, cuando está
en juego el pan y hasta la vida, cambia el punto de vista de las cosas.
¿Todo el mundo tiene un precio?
La
revista "Tiempo" (3) publicó un extracto del contenido de los "Archivos
secretos de la policía política de Franco" en el que, junto a Baroja,
García Lorca, Raquel Meller y otros, aparece Azorín. Pesa sobre él la acusación
de maquinar contra el régimen en los artículos que publicaba en ABC y se le
califica de personaje esperpéntico al que había que apartar del periodismo
y de la política.
Si
esto es así, o Azorín no era tan tránsfuga como habíamos apuntado, o los informantes
encargados de los archivos eran tendenciosos, o la nueva actitud no era suficiente
para lavar los "pecados" anteriores. Y puede que fuesen todas las
cosas juntas.
La
historia, tal como se cuenta en la revista "Tiempo", es como sigue:
"En
agosto de 1943, la DGS ordena que "se localicen los artículos que publica
el escritor Azorín en ABC".
Una
denuncia remitida por un importante personaje señala que el autor publica
una serie de artículos "en los que al parecer ensalza la figura del Caudillo.
Este tema obsesionante para el escritor sólo es abandonado aparentemente para
escribir sobre un ente al que llama "Silverio Lanza". Digo aparentemente
porque el segundo artículo sobre el tal Silverio Lanza, publicado en el número
del domingo, es tan taimado y malintencionado como el primero, ya que se
ven claramente las veleidades críticas al Caudillo y al Régimen, terminando
con una invitación para que "aprovechando la ocasión (de la situación
de Italia se dé la vuelta al Régimen)". La denuncia acaba de forma virulenta
e insultante: "¿Hasta cuándo se va a permitir a este esperpento que actúe
en periodismo y en política? Apartándole definitiva y violentamente, ganaría
mucho la patria, la prensa e incluso la literatura".
Parece
que hay algún error de imprenta en el texto publicado por "Tiempo":
Desde luego, no se cierran las comillas en la frase que, creemos, que deberían
cerrarse, con lo cual el texto quedaría así: "en los que al parecer ensalza
la figura del Caudillo". Y, en consecuencia, para La Dirección General
de Seguridad, Azorín tendría una ficha con los siguientes datos:
1.-
Que escribe artículos en ABC en los que ensalza al Caudillo.
2.-
Que no es de fiar, porque al lado de los anteriores escribe uno sobre Silverio
Lanza que es subversivo y que insta a los lectores a remover el Régimen.
3.-
Que el veredicto final es de condena y, por lo tanto, que habría que prohibirle
publicar.
Ahora,
pretendemos estudiar cada uno de los apartados anteriores con algún detenimiento
para intentar, después, llegar a conclusiones razonables.
Lo
primero: Que escribe artículos en ABC (4) en los que ensalza a Franco, vamos
a comprobarlo inmediatamente después de algunas aclaraciones metodológicas.
Parece
que limitar el análisis a los artículos de ABC, cuando existen otros muchos
sobre el tema, según se desprende de la lista que proporciona E. Inman Fox
y que nosotros transcribimos en nota (5), no es muy adecuado; y tampoco nos
parece oportuno seguir y parafrasear -inevitablemente- a Inman Fox.
Por
eso, también hemos centrado nuestro objeto de estudio en la obra de creación
de Azorín durante aproximadamente seis años (1939- 1945). Son, en concreto,
los volúmenes V, VI y VII de las Obras Completas de Azorín, preparadas
por Angel Cruz Rueda, Madrid, Aguilar, 1960 y 1962. (En total cerca de 1500
páginas de texto, con referencias predominantemente literarias, pero con algunas
políticas que sirven de complemento y apoyatura a las que encontramos en los
artículos propiamente políticos).
Españoles
en París (tomo V de Obras Completas), es de 1939. La guerra se acerca
a su fin y el que quiere y puede tomar posiciones, lo hace.
Las
primeras palabras del "Prólogo" del libro son para lamentarse de
estar de nuevo en París, pero ahora "de un modo penoso" (p. 743)
porque "¿Qué voy a hacer yo en París? (...) No puedo menos de pensar,
querido lector, en la cuestión económica (...) ¿y cómo vivir en París, donde
la vida es tan cara, con unas pocas pesetas?" (p. 744).
Y
en la última línea del prólogo anticipa la referencia a España que va a ser
constante, reiterativa, a lo largo del libro: "escuchando de cuando en
cuando el retemblar de los trenes, me sentía más cerca de España, de mi querida
y dolorida España" (p. 746).
Después,
en "Edipo llega a París", p. 751, cita el "dolor de España";
en "No está Venus de Milo", p. 752, añora España; en "Una carta
de España", p. 760, se lamenta de que no lleguen cartas de España; en
"Job está en París", p. 766, comenta que está solo y que añora España;
en "Hay loto en París", p. 768, habla del dolor de los que quedan
en España y en la p. 770 de que no puede olvidarse de España y en "Tobías
en París", a lo largo de todo el capítulo, se refiere a la incomunicación
con España y al dolor de no saber qué está pasando.
Se
puede afirmar que ésta es la constante del libro: su dolor, el dolor de España,
la melancolía por estar lejos, la añoranza de los pueblos y ciudades españolas
y las ganas de ver España. Repito que el lector puede advertir estos temas
y esta actitud de Azorín casi por doquier, pero particularmente, y además
de en los capítulos citados, en "En Emaus y en París", p. 783; "Su
llegada a París", p. 787; "El pobre pescador", p. 791 y "Por
Gaiferos preguntad", p. 798.
El
tomo V de las Obras Completas, después de Españoles en París,
incluye: En torno a José Hernández, 1939 y Pensando en España,
1940.
Prescindimos
del primero y nos ocupamos del último porque ofrece más interés para el estudio
que estamos realizando.
Pensando
en España, 1940, reúne una serie de artículos anteriores, normalmente
de 1939 y está dedicado a "Ignacio Zuloaga, pintor de España. Con la
admiración y cariño de un español", p. 913. No hay nada más en la dedicatoria,
pero volveremos sobre ella más adelante. Por lo demás, los diversos capítulos
o artículos que lo integran repiten, con variantes, lo ya visto en Españoles
en París. No obstante, explicitamos el título y el contenido de los artículos
que más nos interesan:
"La
Pitonisa de Coca", p. 940: Alaba la belleza del paisaje español.
"No
juguéis con el misterio", págs. 946 a 950: Un personaje en París pierde
el amor a las cosas y lo recupera en España donde se encuentra mucho más a
gusto.
"Al
salir del olivar, I", págs. 951 a 953: Se declara desterrado, lo que
le hace más patriota, pero de una España más tradicional (Felipe III...).
"Al
salir del olivar, II", págs. 954 y 955: Se repite el patriotismo citado
anteriormente, pero referido a las cosas y comidas de España.
"Schlemilh
en España", (1938), págs. 1033 a 1038: Añora España, pero reflexiona
y admite que es muy difícil que alguien que no pertenezca a ningún bando pueda
vivir en España.
"La
leticia de la egestad" (1939), págs. 1039-1040: Dice que España es única
y lo mejor del mundo.
"El
extrajero en su patria" (1939), págs. 1058 a 1062: Trasluce su amor a
la patria y al idioma español.
"Epílogo"
(1939), págs. 1080 a 1084: Comenta que desde el extrajero siente mejor España
y se alía con el pintor Zuloaga para reflejar en un hipotético cuadro qué
piensan, cómo sienten y ven a España. "Vamos a pintar, Zuloaga..."
(p. 1082). "Este cuadro se titulará Cervantes de vuelta, Cervantes
a los sesenta y ocho años, enfermo, herido ya de muerte..." (p. 1083).
"Cervantes había llegado en la senectud a expresar sólo lo esencial de
las cosas. Como usted, Zuloaga, ha llegado también a lo escueto esencial".
(p. 1083).
"Ignacio
Zuloaga, sentado en un bajo diván, escucha con la cabeza gacha, casi oculta
entre las manos. La actitud es de meditación, de melancolía y de ensueño y
la lluvia, en esta tarde gris, continúa llorando en los cristales" (p.
1084).
En
nota a pie de página, Angel Cruz Rueda dice que Zuloaga no pudo pintar este
cuadro porque se murió y que Azorín acompañó sus restos mortales (1/ XI/ 1945),
embargado de profundo dolor.
Hasta
aquí, como estamos comprobando, Azorín no alude para nada a Franco. Declara,
eso sí, un firme apego a lo español. Pero un apego que es universal, que está
por encima de las banderías y rencillas fratricidas. Un amor a lo español
que se acentúa con la lejanía y que puede encontrarse en cotas similares en
varios artículos de los republicanos en revistas del exilio mejicano, como
"Romance" y en libros de poemas como Destierro. Recordando un
óleo de Antonio Rodríguez Luna de Luis Rius donde la falta de España se
vive como negrura o ausencia de luz:
"La
noche sin estrellas.
El
silencio sin lágrimas.
Enorme
y silenciosa,
por
los parajes últimos de España
es
la oscura sierpe del destierro
que
en la noche se arrastra". (6).
José
Ramón Marra-López (7) llega a acuñar para el fenómeno, el término de la "España
inventada" de la que dicen que participan novelistas como Serrano Poncela,
Max Aub y Ramón J. Sender, quienes traslucen una enorme añoranza y deseo de
la patria lejana.
Por
tanto, hasta aquí (O. C. tomo V), Azorín, con unas esencias típicas del 98
y un poco más insistente (pesado, si se quiere) comparte el tema con gran
número de escritores del exilio y, por ello, no podemos hablar de pensamiento
conservador, ni de sometimiento al régimen de Franco.
Pero
Azorín, en un estudio sobre Ignacio Zuloaga, dos años posterior a la dedicatoria
y al Epílogo de Pensando en España, es decir, de 1941, con la guerra
civil en el recuerdo inmediato y probablemente con la necesidad de reorientar
la propia vida y el propio pensamiento acordándolo con las nuevas circunstancias,
escribe en "Vértice" (8) con un tono decididamente distinto:
"...
sobre la santa tierra de España, allá en lo alto, la mantenía el Caudillo,
señero y noble. (...) Francisco Franco, Caudillo de España, iniciador del
sacudimiento que ha de salvar a Europa".
Hay,
además, otro retrato, el de Serrano Súñer:
"Su
traje es el arreo de la Falange... y una de las manos pende..."
Y
continúa con la descripción del personaje y con el recuento de sus muchas
actividades en las que pone todo su empeño y dedicación.
Lo
de Serrano Súñer, tal vez, se entienda en el contexto de unas interesantes
relaciones entre ambos. El número de "Vértice" con el estudio de
Zuloaga, que estamos comentando, es de junio de 1941 y E. Inman Fox dice a
propósito de este asunto:
"A
principios de 1941, Azorín recibe por fin la tarjeta de periodista, gracias
a la intervención de Ramón Serrano Súñer, Ministro de Gobernación y Presidente
de la Junta Política de la Falange; y desde febrero colabora en "Arriba",
órgano del partido. También, en marzo de 1941, la censura dio visto bueno
a sus dos tomos de memorias, Valencia y Madrid, con dedicatorias
respectivamente a Maximiano García Venero y Antonio Tovar, dos falangistas
que trabajaban en la censura, siendo Tovar desde octubre de 1940 Subsecretario
de Prensa y Propaganda. Está claro, entonces, que Azorín se había comprometido
al aparato propagandístico del franquismo o por una necesidad psicológica
o económica de practicar el periodismo, o por razones ideológicas" (9).
Nosotros
añadimos una pregunta: ¿Agradecimiento real o fingido?
Todo
el puzzle parece que encaja mejor si revisamos la correspondencia de Azorín.
Azorín
-lo cuenta muy bien José Payá- luchó denodadamente, durante su estancia en
París, por dos cuestiones:
"Para
liberar a Antonio Espina de la cárcel y de la pena de muerte, por azañista
y gobernador civil de Baleares; y dos, sus largas epístolas dirigidas a Franco,
en nombre de los intelectuales exiliados, tratando de obtener un pacto honroso.
El 21 de enero de 1939, redactó un memorial inspirado en el mismo amor a España
que en toda ocasión guió su pluma -según dice-, exponiendo a Franco que la
nueva España no puede fundarse sobre bases únicamente materiales, con exclusión
de los valores del espíritu y menos sin contar con el millar de intelectuales
que hay fuera de España. (Se lo plantea a Franco en una carta, que más adelante
incluimos y a la que remitimos al lector).
En
agosto de 1939, con el salvoconducto número 5172, retorna Azorín desde París.
En España le aguardan nuevos contratiempos. Había dejado un exilio -indica
Serrano Súñer-, para encontrarse con otro, ahora dentro de su misma patria:
Rafael Arias Salgado, vicesecretario de Falange y vicepresidente de la Junta
Política, había dado órdenes tajantes para que no se permitiera a Azorín publicar
en los periódicos. La situación era tan tensa que Serrano Súñer, Ministro
de la Gobernación y Presidente de la Junta Política de Falange, tuvo que intervenir
afirmando que Azorín "no era un tránsfuga" -como decía Arias e Ibáñez
Martín-, sino un español de cuerpo entero que debía seguir actuando con toda
su plenitud intelectual y no sólo como titular de una cartilla de racionamiento.
Esta defensa de Súñer fue secundada, de forma un tanto airada, por un falangista
llamado Luna, según nos reveló el propio cuñado de Franco.
Este
hecho, junto a una secreta enfermedad, fueron decisivos para que Azorín se
creara un clima de inestabilidad psicológica, de desorientación y pesimismo,
que alcanzaron su punto máximo con la confección de El Escritor, al
que siguen una serie de signos como las dedicatorias de sus obras a destacados
falangistas y la resignación y el abandono del mundo real, en una actitud
coherente si consideramos cuán lejos está la España nueva que él propone a
Franco y la que se encuentra con la negativa de publicar artículos hasta el
18 de noviembre de 1941 en ABC". (10).
El
agradecimiento de Azorín a Serrano Súñer por su intervención se tradujo, a
la larga, en una amistad entre ambos. (11)
Parece,
por consiguiente, que por encima de las ideas y la política, Azorín valora
a las personas: La defensa de Antonio Espina, porque así lo creía justo y
la confianza cordial con Serrano Súñer al que le llega a contar, según dice
Payá Bernabé, detalles muy personales:
"Me
encuentro en la cama, enfermo, etc".
Y,
" he repasado los trabajos de los premios (...). Creo que el Cavia lo
merece Ridruejo, el Luca de Tena, Luis Armiñán", etc. (12)
Vuelvo,
ahora, al interrumpido repaso y estudio de lo publicado por Azorín en las
O.C., tomos, V, VI y VII.
El
tomo VI contiene varios textos interesantes para seguir la actitud y el compromiso
ideológico de Azorín. El primero es el libro Valencia (1941), dedicado
a Antonio Tovar. Tanto del libro, como de la dedicatoria, ya hemos dicho algo,
por lo que nos centramos exclusivamente en el contenido, del que quiero destacar
dos detalles:
El
primero referente al capítulo titulado "Discrepancia", p. 45, en
el que, a propósito de la Universidad dice que él (Azorín) es individualista
alejado del comunismo.
Como
la trayectoria de Azorín demuestra que sus simpatías no eran precisamente
las del comunismo, no parece razonable atribuirlo a una concesión al pensamiento
del régimen franquista.
El
segundo, que el libro consiste en una evocación de Valencia y de sus lugares
y gentes, pero en 1941 (no se olvide que estamos en 1941), hay, págs. 174 y
175, por ejemplo, con expresiones en catalán (valenciano) y se me ocurre pensar
que es un síntoma de folclorismo porque, de lo contrario, no denota sometimiento
rígido al régimen de Franco que, al parecer, eliminó lo que hoy pomposamente
se suele denominar "rasgos diferenciales" y particularmente el rasgo
de la lengua.
El
siguiente título del volumen es Madrid, dedicado a Maximiano García
Venero.
El
libro nos introduce en redacciones de periódicos, nos habla de escritores,
músicos, pintores, lugares madrileños, etc. Y en el epígrafe de "España",
págs. 523 y 524, declara paladinamente que él y los otros miembros de la generación
del 98 quieren, con seriedad, a España. No es, desde luego, nada nuevo.
El
capítulo titulado "Silverio Lanza", págs. 260- 263, tiene un interés
primordial. Recordemos que en la ficha policial de Azorín se decía que escribía
sobre un tal Silverio Lanza con la intención de socavar los cimientos del
régimen. (Volveremos en su momento sobre esto).
También
tiene interés la novela, El escritor, 1942, dedicada a Dionisio Ridruejo,
en la que, en el capítulo titulado, "A los jóvenes", págs. 382 a
384, termina con un "(Arriba España!", que comentaremos más adelante.
De
los demás escritos del volumen, se pueden destacar Cavilar y contar,
Sintiendo a España y El enfermo, en los que, de una forma puntual
y sin demasiada insistencia, se habla de España, de sus gentes y del amor
a la patria.
Casi
exactamente lo mismo se puede decir de las dos novelas, María Fontán
y La isla sin Aurora, que aparecen en el tomo VII de las O.C.
En
María Fontán, España, p. 503, es un país bonito y con luz y en La
isla sin aurora, p. 104, declara su amor por España.
El
resto del tomo VII carece de interés para nostros, porque recoge artículos
publicados mucho antes de la guerra civil.
Al
final del tomo V de las O.C. decíamos que las ideas más frecuentes
eran las del amor y la búsqueda de las esencias de España y ahora, después
del estudio del contenido de los tomos VI y VII, repetimos lo dicho a propósito
del V.
Azorín,
por lo que se refiere a sus escritos recogidos en las O.C., no se caracteriza
ni por adhesiones, ni por rechazos del régimen. Le interesan las gentes y
las tierras de España.
Para
ser exactos, hay una excepción elocuente, la del escrito dedicado "A
los jóvenes", págs. 382- 384, tomo VI, que termina con un:
"(Arriba
España!".
Las
últimas líneas dicen:
"Jóvenes:
(...) Cumplid siempre vuestras promesas: promesas a la patria, o promesas
a la amistad, o promesas al amor. Entre todas las definiciones que los filósofos
han dado del hombre, resalta la de Federico Nietsche. "El hombre -ha
dicho Nietsche- es el animal capaz de prometer y de cumplir sus promesas".
Jóvenes:
(En pie y arriba España!
Todos
en pie, tendido el brazo, abierta la mano, han gritado:
(Arriba
España!" (13).
Declaro
abiertamente que este texto excepcional entre los escritos recogidos en las
O.C. me impactó, pero lo relativicé cuando me acordé de un caso no
menos impactante de un personaje, desde luego, nada sospechoso. El caso y
el texto es el siguiente:
"El
espíritu deportivo de la declaración de Arconada fue desapareciendo, los ánimos
se crisparon y Giménez Caballero terminó sólo en "La Gaceta", redactando
íntegramente algunos de sus números, a los que llamó "El Robinsón literario
de España". Los liberales se fueron yendo de la revista y se quedaron
media docena de amigos, entre ellos Ledesma Ramos, que ya sabía que era fascista;
Giménez Caballero, que, según él, estaba pensando si se hacía fascista o comunista,
y Arconada, que no tardaría en engrosar las filas comunistas. Por otro lado
no deja de ser curioso y premonitorio: fue Arconada quien le presentó Ledesma
Ramos a Giménez Caballero, quien a su vez confesó que el primer escritor que
le saludó brazo en alto como los fascistas fue, en 1926, en los talleres tipográficos
de su padre, en la calle Canarias, Rafael Alberti. El mundo se iba adividir,
pues, entre quienes lloraban de emoción ante el tendido eléctrico que unía
Tiflis y Moscú y los que reputaban el bigotito de Hitler no sólo convincente,
sino elegante y distinguido; entre los que iban a rugir (Viva Rusia! y los
que iban a vocear (Viva el Duce!, sólo porque encontraban a Mussolini, con
el puño en la cadera, muy viril." (14)
Como
el estudio de los textos recogidos en las O.C. no me parece completo
y definitivo, añado el de artículos de ABC que, según la ficha policial, prometen
ser sustanciosos.
De
la lista de artículos políticos de Azorín, según Inman Fox, hemos seleccionado
unos pocos que nos parecían representativos. En la selección hay uno de 1939,
dos de 1942, y otros dos de 1943 y 1945, respectivamente.
Casi
todos tratan de Franco, pero hay uno sobre José Antonio y dos sobre valores
fundamentales o pilares del régimen: la paz y el Fuero de los españoles. Así,
creemos que está bastante completo el espectro de análisis.
Sigue
la lista de artículos con un breve comentario del contenido de cada uno:
"Elegía
a José Antonio", (30 / XI / 39): Alabanza desmedida de su persona (la
de José Antonio): sabio, honrado y casi santo.
"El
Caudillo piensa y habla" (13/ XII / 42): Acerca de cómo piensa y pronuncia
sus discursos Franco. Yo creo que, astutamente, Azorín no alaba el contenido,
ni la oratoria de Franco, sino que insiste en describir lo que él (Azorín)
piensa que transita por la mente del Caudillo cuando prepara sus intervenciones
oratorias.
"El
Caudillo y Cervantes" (6/ XI /42): En realidad, habla de los valores
del Quijote y la relación con el caudillo es sólo fugaz y traída muy forzadamente.
"Leyendo
a Franco" (26 /VI/ 43): Habla del contenido del libro de Franco, Marruecos
y lo compara con otro antiguo, el de Hurtado de Mendoza sobre la Guerra
de Granada. Nada de incienso a Franco.
"Los
viajes del Caudillo" (14 /V/ 43): Dice que le halaga a Franco el aplauso
de la multitud. (Pero no dice si él, Azorín, también se suma a ese aplauso).
Dice lo que cree que piensa el caudillo en los descansos de sus viajes. (Pero
no aclara cuál es su postura, la de Azorín).
"En
la paz" (4 /V/ 45): Habla de la ayuda de España a la concordia europea,
después de la guerra. (Sólo de pasada dice que Franco ha reconstruido España).
"El
Fuero de los Españoles" (28 /VII/ 45): Habla de las Constituciones españolas
y de su función y viene a afirmar que el Fuero de los Españoles cumple perfectamente,
como ordenamiento jurídico, su misión. (No se pronuncia claramente).
Si
exceptuamos el dedicado a José Antonio, para los demás artículos permítaseme
una comparación y un lenguaje muy usado por la Iglesia en tiempos de Franco:
Azorín (los artículos de Azorín) serían un "sepulcro blanqueado"
y, según quién los juzgue, pueden parecer suficiente para admitirlo como "uno
de los suyos", o pensar que se trata de un tibio, "un sepulcro blanqueado".
Lo
que parece deducirse es que Azorín no estaba convencido de casi nada y que
el régimen de Franco no le llegaba hondo, aunque tampoco lo rechazaba.
El
otro documento que nos parece interesante analizar entre los escritos por
Azorín sobre el tema que nos ocupa, es una carta que Azorín dirigió a Franco.
(La
transcribimos entera, debido a su interés):
París
21 de enero de 1939
14,
rue Tilssit (8)
A
S. E. el Jefe del Estado, Generalísimo D. Francisco Franco Bahamonde.
Señor:
Se
van precipitando los acontecimientos y quiero terminar la serie de mis memoriales,
elevados con todo respeto a S. E., con uno más de carácter práctico. No he
temor de incurrir en impertinencia ahora, ni de haber incurrido antes, puesto
que siempre escribo comedidamente e inspirado en el mismo amor a España que
en toda ocasión guió mi pluma. Pronto pudiera ser tocada, al entrar las tropas
nacionales en Barcelona, la magestuosa marcha de los clarines, que hoy toca
nuestra caballería, y que es la primera marcha española que se compuso para
tocarla cuando penetraron los Reyes Católicos en Granada. La restauración,
nueva reconquista, estará en breve cumplida. Y el Derecho, restablecido. Pero
quedará fuera de España un millón de sus laboradores del intelecto. Entre
estos, trescientos eminentes indiscutiblemente. Se habrá conquistado el territorio
y quedará extravasado del área nacional del espíritu. Una España nueva no
puede fundarse sobre bases únicamente materiales, con exclusión de los valores
del espíritu. Tanto valdría, si eso fuera, como profesar el concepto materalista
de la Historia, que ha sido combatido ardientemente con las armas. )Qué España
es esa -se preguntaría el mundo- de la que están huidos voluntariamente, si
no proscritos, sus más ilustres hijos? Suplico de nuevo a S. E. que perdone
mi obligada sinceridad. Las naciones las hacen la espada y la pluma. La espada
echa los cimientos y la pluma levanta el edificio. )Y cómo va a crearse una
España nueva, repito, sin valores morales? Cuenta con ellos -y son muy respetables-
la España nacional en la actualidad. Pero son esos valores en número escasísimo
comparados con la pléyade dispersa por los diversos países de Europa y América
y con el grupo estante en la fragmentaria España republicana. En esa pléyade
y grupo figuran poetas, novelistas, ensayistas, filólogos, historiadores,
críticos literarios, periodistas, comediógrafos, juristas, catedráticos, filósofos,
eruditos, economistas, actores, físicos, químicos, matemáticos, botánicos,
zoólogos, astrónomos, arqueólogos, arquitectos, médicos, geógrafos, pintores,
músicos, estatuarios... Sin contar la muchedumbre de los oficiales mecánicos
habilísimos en la práctica de la maquinaria y las artes industriales.
¿Cuál
podría ser el espectáculo, contemplado por Europa y América, de una España
flamante, creada a costa del más puro heroismo, de sacrificios sublimes, en
que falte, empero, cantidad de distinguidos hijos suyos? En América debemos
pensar sobre todo. Preciso sería rectificar la indiferencia estulta con que
hemos procedido con un mundo descubierto y conquistado gloriosamente por nosotros.
Y a América debemos ofrecer la visión de una España completa en su contenido
espiritual.
Para
llegar a ese extremo satisfactorio yo me atrevo a proponer a S. E. la celebración
en París, cuando sea llegado el momento, de una asamblea o conferencia consultiva.
Propondrá esa conferencia los arbitrios más eficaces y decorosos para la reintegración
a la Patria de la intelectualidad ausente.¿Qué mayor y más esplendorosa
sanción podría darse para la España nueva, sanción a vista del mundo, que
ese retorno de los intelectuales españoles a sus hogares nativos?. La conferencia
podría estar formada por elementos que han permanecido refugiados en París,
por elementos de la España republicana y por elementos de la España nacional.
Vendrían estos últimos debidamente autorizados por el Gobierno y con el Gobierno
estarían en contacto durante las sesiones de la Asamblea. Y la asamblea podría
presidirla hombre de prestigio universal, respetado por todos y tan eminente
en ecuanimidad y tacto como el Dr. D. Gregorio Marañón. La conferencia deliberaría
sobre la vuelta de los intelectuales a España y sobre las condiciones siempre
decorosas en que esos eleementos, integradores de la nacionalidad -hablo de
los no residentes en la España nacional- habrían de poder tornar a la Patria.
Señor:
Al
término de mi tarea, séame permitido evocar, pensando en los vencidos, las
palabras que uno de los más grandes estadistas que ha tenido España, D. Antonio
Cánovas del Castillo, pronunciara en el Congreso de los Diputados en la sesión
del 8 de abril de 1869. Vivía entonces España un trance decisivo en su Historia,
después de una Revolución. Arbitro de España era el conde de Reus, marqués
de los Castillejos, general D. Juan Prim y Prats. Cánovas del Castillo dijo:
"La templanza es una de las más grandes virtudes civiles; la energía
y el vigor en la lucha, cualquiera los tiene. Lo que no todo el mundo tiene,
y sólo es dado a los verdaderamente fuertes, es la templanza. De suyo es templado
el hombre cuando tiene la conciencia de su propio derecho, cuando siente en
sí la fuerza bastante para hacerse respetar a todas horas, de quien quiera,
y en todas partes.
Dios
guarde a S. E. muchos años.
José Martínez Ruiz (Azorín)"
La
carta ha suscitado comentarios para todos los gustos: desde los que dicen
que es un documento fehaciente del sometimiento de Azorín al régimen de Franco
hasta los que lo dejan en un acercamiento e, incluso, en un intento de concordia
loable.
Personalmente
pienso que la clave de la misma se encuentra en la pregunta acerca de ")Cuál
podrá ser el espectáculo (...) de una España flamante, creada a costa del
más puro heroísmo (...), en que falte (...) cantidad de hijos suyos?. Y como
consecuencia, la petición del retorno de los intelectuales a sus hogares.
Es
una petición sensata para intentar restañar odios y, por parte de Azorín,
generosa, aunque ingenua, porque el régimen no estaba para "pamplinas"
de ningún tipo.
Andrés
Trapiello zanja el asunto con un comentario, para mí, lúcido y definitivo,
por lo que, aunque abuse de la cita, lo transcribo:
"Este
memorial, enviado naturalmente a Franco, fue interceptado por Serrano Suñer,
quien, a renglón seguido, escribió a Marañón, quejándose de las "inaceptables"
proposiciones del aprendiz de político que era Azorín. "Mi querido amigo
-le escribía Serrano Suñer en noviembre del 39 a Marañón-: Le llegan con frecuencia
al Generalísimo cartas de Azorín. Junto a consideraciones que yo comparto,
hay puntos de vista y afirmaciones inaceptables. Habla en su última de una
extraña asamblea y da el nombre de usted para presidirla. La singularidad
de su caso no resulta favorecida con esta complicación con gentes que se encuentran
en otros, por fortuna para usted, bien distintos.
Creo
sabrá usted de qué manera yo le hago la justicia que usted merece, y el Generalísimo
también. Creo interesa que usted se desentienda un poco de los otros, donde
hay gentes que no pasan por un sincero arrepentimiento de sus errores políticos.
Le saluda afectuosamente su amigo", etc.
Divide
y vencerás. Fue la baza de ese régimen, de todo régimen antidemocrático: no
más pueblo. Cada uno es responsable de sí mismo. Las democracias se hacen
a la luz de los taquígrafos, para decirlo en una sola frase. Las dictaduras
se sustentan, por el contrario, sobre el principio de la cizaña, la traición
y la insolidaridad.
Azorín
volvió pronto a Madrid, en agosto de 1939. "No veo a nadie, ni nadie
me visita -dirá en una carta-. Ni hablo ni pablo, como se dice vulgarmente."
Durante
los dos primeros años, 39 y 40, se dio orden de que no se le dejase escribir
en los periódicos de España, porque, se decía, "Azorín es un tránsfuga".
En
efecto, el viejo maestro monovero raramente volvió a escribir de política,
que fue la principal manera de escribir la política que se tuvo durante el
régimen de Franco. El ostracismo al que al principio se le había condenado
resultó más livieno con el paso de los años, y a Azorín, reconocido como maestro
por los jóvenes falangistas, se le incorporó muy pronto al proyecto de la
revista "Escorial".
En
1967, Juan Aparicio, que sería responsable de la prensa de los sublevados
después de la guerra, llegaría a escribir: "El programa de Falange Española
y de las JONS ha podido redactarlo Azorín, más con su conducta reciente que
con sus párrafos lacónicos, reiterativos e influyentes". Azorín era un
conservador, pero eso resulta un poco hiperbólico y exagerado. Es difícil
asegurar si Azorín se sentía o no falangista. El viejo anarquista se sintió
desde luego, sobre todo los últimos veinte años de su vida, una persona de
orden, pero eso no era más que una versión de aquel "gubernamental"
con que lo motejó Baroja, el otro solitario de París". (15).
El
segundo punto de la ficha de Azorín en la D.G.S. lo concretábamos en que Azorín
era un personaje sospechoso porque escribía (en ABC) artículos sobre un tal
Silverio Lanza en los que "se ven claramente las veleidades críticas
al Caudillo y al Régimen, terminando con una invitación para que "aprovechando
la ocasión (de la situación de Italia) se dé la vuelta (al Régimen)"
(16).
Pues
bien, o todo el mundo está desinformado, o todo el mundo miente.
Voy
por partes.
Busco
el artículo, o artículos, sobre Silverio Lanza en la "Lista de artículos
sobre tema político de Azorín bajo el franquismo" en el estudio de Inman
Fox (ya citado) sobre Azorín y el franquismo, publicado en "Anales
Azorinianos/ 4" y no aparece. No me lo acabo de explicar porque un artículo
tan decisivo (la principal mancha en la ficha de Azorín) no debería faltar.
Busco
también en Azorín: guía de la obra completa (17) y encuentro citado
un artículo, que apareció en ABC, el 1 /8/ 1943, con el título de "Silverio
Lanza". Pero aparece catalogado como de tema literario.
Repaso
las Obras Completas y en Madrid, tomo VI, p. 260 y sigtes.,
encuentro el capítulo titulado, "Silverio Lanza".
Cotejo
ambos artículos y compruebo que son distintos en la redacción, pero prácticamente
idénticos en el contenido y en ambos se habla de Silverio Lanza, un personaje
y escritor original y olvidado, que destaca por escribir bien, pero sobre
todo, por el pensamiento:
Es
partidario de los valores aristocráticos frente a los democráticos y es un
detractor acérrimo del caciquismo del que dice que provienen muchos males
en España, incluso la falta de empuje en la novela. "El ejército debe
suprimir el caciquismo". (18).
Llegado
a este punto, parece que Inman Fox tenía razón al no incluir en los artículos
políticos el de "Silverio Lanza" y que, si es verdad que en la ficha
de Azorín de la Dirección General de Seguridad figuraba la referencia a los
artículos sobre Silverio Lanza y el comentario de por qué eran subversivos,
tenemos que concluir que esta ficha estaba hecha con "muy mala leche",
porque de lo que se dice en ella, nada de nada.
El
Régimen, o los acólitos del Régimen, parece que incluirían por capricho, por
inquina personal, por evitar que hiciesen sombra a alguien, etc, a las personas
que les parecía. Es decir, que objetivamente, Azorín no era, ni franquista,
ni antifranquista por aparecer en la ficha de la D.G. S. como contrario ideológicamente
al régimen de Franco.
Azorín
será lo que piense en su fuero interno y lo que escriba para comunicarse con
los demás. Y en este análisis estamos empeñados.
Es
muy probable que para Ramón Serrano Suñer sea una persona honesta y tolerante
con el régimen, no fanático; pero para Rafael Arias Salgado y su camarilla
sea una persona "con el colmillo retorcido" y que huele a rojo y
republicano por más que escriba bien sobre Franco y sobre la regeneración
de España bajo su mandato.
La
ficha policial de Azorín sería, por tanto, una mentira, una etiqueta inventada
que no nos sirve nada más que para saber cuál era el pensamiento oficial del
régimen sobre su persona, pero no para averiguar cómo pensaba Azorín, ni para
saber algo de su posible adhesión sincera o de su rechazo al régimen de Franco.
El
tercer punto que se desprendía de la ficha policial de la D.G.S., el de que
a Azorín había que prohibirle publicar por indigno y subversivo, es totalmente
gratuito. Podrían haberse ahorrado tanto razonamiento "en el aire"
y decir, si es lo que querían, que Azorín no iba a publicar más por "imperativos
categóricos". Hubiera sido más claro, más coherente y no habría confundido
a nadie.
Por
lo tanto, queda manifiesto que Azorín no hizo méritos suficientes para el
régimen. No fue, por tanto, un escritor fascista. No purgó suficientemente
su pasado.
Si
es que coqueteó, le aplicaron con rigor la frase evangélica: No se puede estar
a la vez conmigo y contra mí, que es la versión de no se puede servir a la
vez a Dios y a las riquezas.
Antología
de textos
Por
su interés, ofrecemos en esta Antología los principales textos menos conocidos
utilizados en la elaboración de este trabajo. Me ayudaron a conseguirlos,
Luis Navarro, director de la Hemeroteca de Tarragona y José Payá y Magdalena
Rigual, de la Casa-Museo Azorín. Manolo Fuentes me proporcionó los textos
de "Escorial". A todos mi agradecimiento.
NOTAS
1.-
E. Inman Fox: "Azorín y el franqismo. Un escritor entre el silencio y
la propaganda", en "Anales Azorinianos/4", 1994, p. 81.
2.-
Andrés Trapiello: Las armas y las letras, Barcelona, Planeta, 1994,
p. 25.
3.-
"Los informes reservados de la dictadura sobre intelectuales y artistas",
en "Tiempo", 17 de enero de 1994, p. 45.
4.-
"Tiempo", op., cit., 17 de enero de 1994.
5.-
E. Inman Fox en su artículo sobre "Azorín y el franquismo", publicado
en "Anales Azorinianos/4", p. 110 y 111, ofrece la "Lista de
artículos sobre tema político de Azorín bajo el franquismo". En ella
aparecen citas de ABC, Arriba, Escorial, Vértice y El Español. Es la siguiente:
"Elegía
a José Antonio" (ABC, 30 /XI/ 1939); "Nietzsche en España"
(Arriba, 18 II/ 1941); "Leer y ler" (Escorial /V/ 1941); "Una
carata de Azorín. A propósito de un estreno" (Arriba, 20 /V/ 1941); "Víspera
de Samuel Ros" (Arriba, 21 /V/ 1941); "Iganacio Zuloaga" (Vértice,
/VI/ 1941); "José Antonio dice..." (Arriba, 27 /VIII/ 1941); "Carta
de Rusia" (Arriba, 21 /IX/ 1941); "Carta de Rusia" (Arriba,
5 /X/ 1941); "Carta de Rusia" (Arriba, 14 /X/ 1941); "El Caudillo"
(ABC, 1 /X/ 1942); "José Antonio y la poesía" (ABC, 29 /X/ 1942);
"El caballero español en la literatura" (El Español, 31 /X/ 1942);
"El Caudillo y Cervantes" (ABC, 6 /XI/ 1942); José Antonio en concreto"
(ABC, 20 /XI/ 1942); "El Caudillo piensa y habla" (ABC, 13 /XII/
1942); "1942 subjetiva y objetivamente" (ABC, 1 /I/ 1943); "Los
dos tiempos" (ABC, 21 /II/ 1943); "El siglo XIX" (ABC, 30 /III/
1943); ")Qué es un Caudillo?" (ABC, 1 /IV/ 1943); "Más del
siglo XIX" (ABC, 11 /IV/ 1943); "Fin del siglo XIX" (ABC, 17
/IV/ 1943); "Los viajes del Caudillo" (ABC, 14 /V/ 1943); "Leyendo
a Franco" (ABC, 27 /VI/ 1943); "Víctor Pradera" (ABC, 8 /VII/
1943); "Seguridad y organización" (ABC, 1 /X/ 1943); "La prueba"
(ABC, 25 /VII/ 1943); "Las ideas estéticas en la España de Franco"
(ABC, 1 /X/ 1943); "Ante el último discurso del Caudillo. Los enemigos
de España" (ABC, 6 /X/ 1943); "Las tres fases" (ABC, 18 /VII/
1944); "El ramo de oliva" (ABC, 1 /IX/ 1944); "El viaje de
España" (El Español, 30 /IX/ 1944); "En la paz" (ABC, 4 /V/
1945); "Con la paz" (ABC, 11 /V/ 1945); "El labrador en su
heredad" (ABC, 31 /V/ 1945); "La realidad viva" (ABC, 18 /VII/
1945); "Tradición, innovación" (ABC, 26 /VII/ 1945); "El Fuero
de los Españoles" (ABC, 28 /VII/ 1945); "Al margen del Fuero"
(ABC, 9 /VIII/ 1945); "Con el Fuero" (El Español, 1 /IX/ 1945);
"Con la verdad" (El Español, 29 /IX/ 1945); "De la raza"
(ABC, 12 /X/ 1945); "José Antonio en la historia" (ABC, 20 /XI/
1945); "España y el mundo" (ABC, 1 /X/ 1946).
Este
listado nos parece un documento fundamental, pero no definitivo porque admite
ciertas matizaciones. Así, "Leer y leer", publicado por Azorín en
el núm 7 de mayo de 1941 en la revista Escorial no tiene absolutamente nada
de político.
6.-
Cito por José María Díez-Borque: Historia de la literatura española,
Madrid, Taurus, 1980, p. 344.
7.-
José Marra-López: Narrativa española fuera de España (1931-1969), Madrid,
Guadarrama, 1963.
8.-
"Vértice", junio de 1941. Cito y me guío por el estudio de Inman
Fox en "Anales Azorinianos,4", p. 90 y sigtes.
9.-
E. Inman Fox, op., cit., en "Anales Azorinianos, 4", p. 85.
10.-
Ver "Azorín: su aventura política", de José Payá Bernabé, en Traslado
de los Restos mortales de José Martínez Ruiz "Azorín" y su
esposa Julia Guinda Urzainqui, Madrid-Monóvar, Consejería de Cultura,
Educación y Ciencia, junio de 1990.
11.-Consúltese
por su interés, José Payá Bernabé: "Leer a Azorín", en "Campus",
Revista de la Universidad de Alicante, núm. 10, 1987, p. 24.
12.-
Ramón Serrano Suñer publicó un artículo titulado "Mi amistad con Azorín",
en "Anales Azorinianos/3", págs. 41-47. Me parece necesario consultarlo
para observar la comunicación que existía entre ambos y ver cómo las cartas
(por lo menos las que allí aparecen) no son documentos políticos, ni mucho
menos. Son epístolas de amigos.
13.-
Azorín: Obras Completas, edic. de A. Cruz Rueda, t. VI, Madrid, Aguilar,
1962, p. 384.
14.-
Andrés Trapiello, op., cit., p. 32.
15.-
Andrés Trapiello, op., cit., págs. 137 y 138. Quiero precisar que de lo de
la "incorporación de Azorín al proyecto de la revista "Escorial",
como reconocimiento", no es muy exacto. Me asegura Manuel Fuentes, que
está a punto de leer su tesis doctoral sobre los escritores que colaboraron
en Escorial, que Azorín sólo lo hizo dos veces, ocasionalmente, se puede afirmar
y no con textos políticos, como se puede comprobar en el Apéndice en el que
los incluimos. Son los artículos (Azorín publicó exclusivamente éstos) titulados,
"Leer y leer", núm. 7 de mayo de 1941 y "Diario de una mujer",
núm. 21 de julio de 1942. Ninguno de los dos tiene carácter político, por
lo que lo de la incorporación a Escorial como ideólogo o maestro de los jóvenes
falangistas, habría que matizarlo o rectificarlo. (Incluimos estos artículos
en el Apéndice de textos para que el lector juzgue por su cuenta).
16.-
"Los informes reservados...", op., cit., rev. "Tiempo",
p. 46.
17.-
E. Inman Fox: Azorín: guía de la obra completa, Madrid, Castalia, 1992.
18.-
Azorín: "Silverio Lanza", en ABC, 1 /VIII/ 1943.