Si Azorín pudiera ser algún objeto, elegiría ser libro y por ello dedicó
toda su vida a las letras. Su pasión era tan sublime que abarcó disciplinas
tan diversas como la Medicina, el Periodismo o la Literatura. Quien se
acerque un día a Monóvar para visitar su Casa- Museo y saber de su vida y
obra, sólo podrá conocer un atisbo de lo que hizo este gran maestro de la
literatura, pintor y periodista. Todo gracias a la exhaustiva labor de
restauración que llevó a cabo Obra Social de la CAM.
Azorín ha conseguido tener seguidores de todas las profesiones. «En su
juventud, pensaba que para triunfar en la vida había que llamar la
atención», manifiesta el director del museo Casa-Azorín, José Payá. Decidió
ser una personalidad de relevancia y lo consiguió, aunque le costara
soportar una etapa de amargura encerrado en su cuarto. Época que le sirvió
para madurar su estilo lingüístico y escribir las novelas que le llevarían a
lo más alto.
El escritor era meticuloso hasta la médula. Conservaba como oro en paño
hasta el más mínimo texto, como el primer y único poema que escribió a los
18 años. Las 3.000 cartas que redactó, los 8.500 estudios críticos y sus más
de 17.000 volúmenes, recopiladas por la CAM, permiten hoy llevar a cabo un
seguimiento de su vida, obra, sentimientos, incertidumbres e inquietudes.
Fascinación: Es impresionante adentrarse en el hogar de Azorín.
Conserva el suelo original y las paredes están pintadas con el mismo color
de antaño. El mobiliario sumerge a cualquiera en una atmósfera envolvente
que hace revivir al visitante situaciones idílicas.
La biblioteca es un mundo aparte. Entusiasma observar auténticas obras
maestras, joyas de papel que guardan celosas una historia del artista y que
Azorín necesitaba cerca como fuente de inspiración. En la mesilla de su
habitación tenía una Underwood para redactar sus artículos, una máquina de
escribir de última generación en aquella época. Otra de la misma marca que
expone la Casa-Museo fue un regalo de la prensa de Buenos Aires, porque no
entendía la letra de sus artículos.
Le encantaba el cine. Es autor de los guiones La ruta de Don Quijote y el
manuscrito El cine del Momento. Pero no fue lo único que escribió al
respecto. Después de hacer sesión doble en el cine, se retiraba a su casa
para realizar las críticas. Con la sintaxis era tan estricto como con su
horario. «A las ocho en punto de la tarde, cenaba. A las 20:30 se recostaba
en la cama turca de su habitación, hasta las 2.30 de la madrugada, en que se
levantaba para recoger los artículos que llegaban a su casa. Recibía visitas
a las 11 de la mañana; eso sí, a aquellos que no fueran puntuales, no les
atendía», afirma el director del museo, José Payá. A las 13:00 horas ya
estaba comiendo y después, al cine. Llegó a ver 400 películas en los años
50.
Azorín y
Cervantes: La Casa-Museo, Obra Social de la CAM, ha organizado la
exposición Rutas Literarias para Mayores a Monóvar con el objetivo de
«divulgar la vida y obra del escritor alicantino, de su personalidad, su
legado y el estudio de su intimidad a través de su escenografía familiar».
Además, muestra de manera monográfica su vinculación con Cervantes para
ofrecer otra perspectiva de la obra cervantina». Prueba de ello son siete
monografías, 300 artículos en los que habló de su obra, más de 50 cartas en
las que le citó y. traducciones de La ruta de Don Quijote, libro que es
lectura oficial en toda Argentina como reconoce en una carta original de
1912. Según Azorín, Cervantes no escribió sus textos sino que «la Humanidad
engrandece su obra con su lectura, lo que jamás imaginaron los buenos
vecinos de Argamasilla».
No todos los días puede uno visitar hogares de ilustres escritores que
contengan tanto en tan poco y calen tan hondo como el de Azorín.
De Don José Martínez Ruiz a 'Azorín': La evolución del escritor
alicantino fue radical. Estuvo marcada por la crisis existencial y
política que sufrió en su época de juventud.
Pasó a ser de un hombre anarquista y rebelde que arreme contra el
caciquismo, el periodismo, los frailes... a una persona moderada para,
más tarde, acabar sumido en el conservadurismo. Además, dejó de ser un
hombre activo para convertirse en una persona reflexiva y
contemplativa. José Payá comenta que, gracias a ello, Azorín consigue
«su verdadero estilo, el que le hace triunfar».