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BUSCANDO A AZORÍN POR LA MANCHA
Por
Ramón Fernández Palmeral
1.- CARTA
PARA AZORÍN
6.- DE RUIDERA A VILLANUEVA DE LOS INFANTES
7.- LAS LAGUNAS DE
RUIDERA
8.- EL CASTILLO DE PEÑARROYA
9.- EN LA
ARGAMASILLA DE ALBA, «EL LUGAR»
10. DON RODRIGO DE
PACHECO, SEMBLANZA DE DON QUIJOTE
11.- EN LA PRISIÓN DE CERVANTES
12. REFUTACIONES A SU VIAJE DESDE MADRID A
ARGAMASILLA.
13.- EN LA CASA DEL BACHILLER SANSÓN CARRASCO
14.- TOMELLOSO, LA VIÑA DE LA VIRGEN
15.- ALCÁZAR DE SAN JUAN, NUDO FERROVIARIO
16.- CAMPO DE CRIPTANA, TIERRA
DE GIGANTES
17.- EL TOBOSO
DE MIS AMORES
Señor Azorín:
Como su viaje en marzo de 1905
le llevó desde Campo de Criptana al Toboso, sería negligente por mi
parte saltarme «la gran ciudad de El Toboso», y como en este viaje no
vamos a desplazarnos a ella, voy a recordar otro viaje anterior que
hicimos al domicilio de la sin par Dulcinea, princesa de La Mancha,
emperatriz de los caballeros andantes; una metrópolis, no se muy bien
dónde lo he leído, que se salvó de la destrucción por las tropas
napoleónicas en 1809, por ser, precisamente, la patria de Dulcinea.
Este romántico proceder del invasor francés, este indulto a un
personaje literario trasciende la realidad cruel de la historia. Sin
embargo, a pesar de todo este bagaje entre la historia y la ficción,
El Toboso aun no figura en el catálogo del los Conjuntos
Histórico-Artístico, y eso que sus ediles y amigos del saber no
paran de organizar actividades culturales.
Usted le dedica dos crónicas a
El Toboso, la XIII y la XIV en su maravilloso y comentado libro, que
ya dijera José María Valverde que usted era «el mejor crítico de la
obra cervantina». En la primera crónica nos narra que llega a El
Toboso en un carrito, volvemos a las refutaciones del medio de
transporte que es la clave de todo viaje. Si usted llegó a Criptana
en tren, y se desplaza de Criptana al El Toboso en carrito, ¿dónde
alquiló el carrito?, hubo de ser en Criptana, pero no nos dice nada
sobre un nuevo carretero, o ¿caso usted nos habla de un carrito
conceptual como una continuación a las crónicas anteriores?, para que
el lector ingenuo, no atento a sus juegos malabares haga una elipsis
o una asociación libre sin pararse a pensar en la logística tan
necesaria y precisa en los libros de viajes como el caso del francés
Pierre Loti, que no equivoca los medios de transporte en sus
infinitos viajes alrededor del mundo, porque en realidad no los
nombra.
En la crónica XIII usted entra en El Toboso: «El Toboso ya es
nuestro. Las ruinas de paredillas, de casas, de corrales han ido
aumentando; veis una ancha extensión de campo llano cubierta de
piedras grises, de muros rotos, de vestigios de cimientos. El
silencio es profundo; no descubrís un ser viviente; el reposo parece
que se ha solidificado». Una descripción injusta del Toboso como un
pueblo triste y muerto, la iglesia con «la torre cuadrada, recia,
amarillenta, de la iglesia y las techumbres negras de las casas», nos
habla de una ermita ruinosa, negra, entre árboles escuálidos, para
llegar a la síntesis de que en este pueblo reina toda «la tristeza de
la Mancha».
Era media noche más o menos
cuando Don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso,
cuando el pueblo era un remanso de sosegado silencio, no se oía ni el
ladrido de los perros, el rebuzno de un jumento, el gruñir de los
puercos ni el mayar o maullar de los gatos, cuando le pidio a
Sancho que le guiara al palacio de Dulcinea. «Guió don Quijote, y
habiendo andado como doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la
sombra [si era la medio noche poca sombra podía dar la torre],
y vio una gran torre, y luego conoció que tal edificio no era
alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo: –Con la
iglesia hemos dado, Sancho» (II,9). Esta famosa frase no tiene
segunda intención ni puede tenerla, como escribe Martín Riquer y
también Francisco Rico, y sólo quiere significar que en vez de dar
con el alcázar o palacio de Dulcinea han dado con el edificio de la
iglesia. Porque la iglesia es el eje central de este pueblo como de
tantos otros de La Mancha, que como un faro/torre y el lenguaje de
sus campanas anuncian los acontecimientos más puntuales de una
sociedad rural, desde un nacimiento, a un entierro, una fiesta o las
llamadas a misa.
La nota de Martín Riquer dice:
«No obstante, esta frase,
desfigurada de cómo la escribió Cervantes («Con la Iglesia hemos
topado») ha venido a significar que no es conveniente que en los
asuntos de uno se interponga la Iglesia o sus ministros, a pesar que
nada de esto estuviera en la intención de Cervantes». La realidad es
que se ha
convertido en frase proverbializada para indicar un enfrentamiento
con una autoridad de la que hay que cuidarse.
Porque evidentemente el
diálogo «quijotesanchesco» no continúa por estos derroteros, aunque
le maldiga con «-¡Madito sea de Dios, mentecato!», al
equivocarse Sancho por tomar una callejuela sin salida buscando el
supuesto palacio.
A pesar de que es evidente que
nombra la iglesia con minúscula, lo cual identifica a un edificio y
no a la Iglesia con mayúsculas como entidad religiosa. No era posible
otro sentido, sino el panegírico, porque como dice la Aprobación de
la Segunda parte de don Quijote, escrita por el censor y capellán
toledano El Maestro Josef de Valdivielso, y firmado en Madrid, a 17
de marzo de 1615, escribe: «no contiene cosa contra nuestra fe
católica, ni buenas costumbres».
No nos habla usted del convento
de las Trinitarias Recoletas. Unos párrafos más adelante «La
sensación de abandono y de muerte que antes os sobrecogiera,
acentúase ahora por modo doloroso a medida que vais recorriendo estas
calles y aspirando este ambiente». Nos dice que la calle principal se
llama del Diablo, y no es verdad. Nos dice que la mansión de la más
admirable de todas las princesas manchegas es una «almazara
prosaica»; en la nota 37 de la edición José María Martínez Cachero,
aclara: «A la almazara en que Azorín vio convertida [en] la supuesta
casa de Dulcinea de El Toboso, ha sucedido en días más recientes la
instalación de una biblioteca cervantina, con mobiliario y objetos
típicos de la Mancha». Sin embargo, a mi entender hay un error, ya
que esta biblioteca cervantina está frente a la iglesia y se denomina
Centro Cervantino y es, hoy día un Museo de ediciones de El
Quijote que abrió sus puertas en 1983, no tiene pinta de haber
sido almazara.
La historia del Toboso se
remonta a tiempos ibéricos y romanos, fue musulmana hasta las Navas
de Tolosa en 1212. Formó parte del Común de la Mancha (1353). En
1531, la emperatriz Isabel (esposa de Carlos V, la mujer más bella de
su tiempo), le concede el privilegio de Villa, quedando el término
del Toboso reducido a 223 kilómetros cuadrados. Tiene 2.069
habitantes en el censo de 2001 y esta a 635 metros de altitud. En el
Toboso hay otra famosa Isabel Fernández Morales, “Ama” de la
hospedería La Casa de la Torre, dice Antonio Aradillas que la
casa tiene un pozo con la misma profundidad de la altura de la torre
de la iglesia. ¿Cuánto miden? Cada nueve de octubre (onomástica del
bautismo de Cervantes), es fiesta de guardar en La Casa de La
Torre, se otorga el título de Dulcinea a la mujer que más se
haya distinguido en difundir la obra cervantina. Y a «Media noche
era en filo, poco más o menos» (II,9), es ocasión de rondar a
Dulcinea, con guitarras y poesía por las calles que llevan nombres de
poetas españoles.
Al final de esta crónica,
usted nos contará la leyenda en boca de los toboseños, de la dueña de
la casa de la supuesta Dulcinea doña Aldonza Zarco de Morales, pero
no se llamaba Aldonza sino Ana Martínez de Zarco Morales, de ahí el
nombre de Dulcinea (Dulce Ana). El viajero puede visitar tres museos:
La Casa-Museo de Dulcinea, el Centro Cervantino y el Museo de
Humor-Gráfico Dulcinea con una colección de ilustraciones
humorísticas cedidas por el dibujante gráfico Mena, Mingote y otros
dibujantes, en una casa manchega rehabilitada. La Casa de Dulcinea
es realmente lo más conocido, casa de labor manchega pero de algún
hidalgo o caballero, no pechero, que se construyó en el siglo XVI con
planta rectangular y dos alturas, con una tercera en la parte central
a modo de torreón, fachada de piedras y portada adintelada que se
remata con cornisa y dos escudos, sillares en las esquinas. Al
interior en la planta baja ofrece la típica estructura de un caserón
manchego con cocina y dependencias de labor, huerto trasero, pozo, y
dormitorios en el segundo piso, y una redistribución de enseres para
recrear la época. Alberga un Museo quijotesco, decorado al estilo
manchego de la época con techos de vigas de madera, chimenea y
enseres domésticos. Hay que pagar un óbolo para visitar el interior
del museo.
Hemos de recordar por
obligación algunos párrafos de la carta de un enamorado: De don
Quijote a Dulcinea: «El ferido de punta de ausencia y el llagado
de las telas del corazón, dulcísima Dulcinea del Toboso, te
envía la salud que él no tiene [esta es una fórmula ya usada en
la Galatea]. Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi
pro, si tus desdenes son en mi afincamiento…» (I,25).
Nos habla usted de los
Miguelistas del Toboso que no son otros, sino aquellos que creen que
el abuelo de Miguel era del Toboso, y donde aparece en escena don
Silverio el maestro, a quien usted le dedicó su libro La ruta..:
«Al gran hidalgo don Silverio, residente en la noble, vieja,
desmoronada y muy gloriosa villa de El Toboso; porta autor de un
soneto a Dulcinea…». La crónica XIV está dedica íntegramente a
describir y a conversar con don Silverio, el tipo más clásico de
hidalgo que ha encontrado en tierras manchegas, y nos dirá que existe
una afinidad entre él y los muros en ruinas del Toboso, y que tiene
la idea de que Miguel de Cervantes era de Alcázar, por la teoría ya
desechada del alcazareño don Francisco Lizcano y Alaminos que en 1892
publicó un libro donde habla de la partida de bautismo de un tal
Miguel de Cervantes Saavedra nacido el 9 de noviembre de 1558. Don
Silverio tiene un pleito con los frailes y una colmena con una
ventanita de cristal por donde puede verse trabajar a las abejas, y
por dos veces se aferra en afirmar que el abuelo de Miguel era del
Toboso. También lo reafirma doña Pilar, una dama manchega, tan
española, discretísima y afable que sirve un «brebaje amoroso».
–¿Sabes tú qué es un brebaje
amoroso? -pregunto a mi mujer con discretas palabras, por si acaso.
–Eso será una manzanilla con miel y jalea real, ya que don
Silverio tiene una colmena. Y además si se le echa una ramita de
hierbabuena ya tienes un té moruno. Y si no tienen hierbabuena pues
sirve también la hierba-luisa.
Esta señora doña Pilar aparece
y desaparece en la crónica como las manchas de alcohol en la camisa.
Tanto si Cervantes era de Alcalá o de Alcázar usted arremete contra
los académicos o eruditos siempre orgullosos e impertinentes a los
que considera «un poder oculto, poderoso y tremendo». Por qué
quitarle a los del Toboso la creencia de que aquí han vivido
parientes de Cervantes cuando hay una casa que llaman La casa de
Cervantes, con un escudo de familia o de armas con los símbolos
heráldicos: Dos ciervas en campo duermen, /la una pace, la otra
duerme;/ la que poace, paz augura; la que duerme, la asegura.
Y mi mujer me pegunta con la
ruta en la mano:
–Si Miguel no era del Toboso sino de Alcázar, según don
Silverio, y el padre de Miguel se llamaba Rodrigo y el abuelo Juan,
¿por qué Azorín adjudica lo de «Los Miguelistas» a los del Toboso, no
lo entiendo? Lo lógico hubiera sido llamarles pajes de la princesa de
La Mancha.
–No le des más vueltas, una rosa es una
rosa –me pongo rilkeriano-, que esto de «cervantear «conduce a
inventar y polemizar. Esto es porque si los de Argamasilla son
Académicos, los de Criptana son Sanchos, pues los de El Toboso
serían Miguelistas, pero como ha resultado ser de la complutense
ciudad, quieren que la familia de Cervantes sea de allí. En fin, no
tiene otra explicación.
–De acuerdo, bien, y qué importancia tiene
esto, qué cualidad peculiar es esta tontería. Lo importante, creo, es
el viaje, el camino.
El abuelo paterno de Miguel
se llamaba Juan Cervantes, y según los más rancios eruditos como
Nicolás Díaz de Benjumea el abuelo paterno era de Galicia, corregidor
en Osuna, cuyo apellido se nombra en honra en los anales de las
guerras contra los «moros en España», ahora según Andrés Trapiello
era cordobés, estudió leyes, llegó a teniente corregidor y se instaló
en Alcalá de Henares. Escribe este autor que en 1819 Navarrete
publicó Vida de Cervantes, acompañado de documentos
ilustrativos, que fijan la opinión de que Miguel nació en Alcalá de
Henares, calle Imagen, pero no fue hasta 1858 cuando se declaró
oficialmente la villa complutense como patria de Miguel de Cervantes.
Porque si el Miguel de Alcázar nació y fue bautizado en 1558 no pudo
ser soldado en Lepanto en 1571. Por el origen del abuelo se cree que
Cervantes era converso de origen judío, de ahí que siempre se la
adjudicaran contaduría y recaudaciones, cosa de judío es contar
maravedíes y buscar la x, porque donde hay una x hay matemáticas. Y
por esto no le dejaron pasar a las Indias con arreglo a las Leyes de
Ovando que no daban salvoconducto a converso, bien de origen morisco
o judío.
18.- EN EL
CENTRO CERVANTINO
(Dibujos y fotografías del autor)
Otros escritos de
Ramón Fernández Palmeral en:
http://www.mundoculturalhispano.com/spip/
http://www.orihueladigital.es/orihuela/puntos/puntosdevista.htm
http://www.baquiana.com/numero_xxxv_xxxvi/Ensayo_I.htm
http://www.miciudadreal.com/modules.php?name=News&file=article&sid=19217
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01305008688359844423802/p0000001.htm#I_0_
AZORÍN
en "Monòver
punto com"
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