16.- CAMPO DE CRIPTANA, TIERRA
DE GIGANTES
Señor Azorín:
Land of Giants… “There they discovered
thrty or dorty windmilss that can be found in field…” For many
specialists in Cervantes and historians, the great writer was…
No se preocupe usted que seguimos por
la ruta de Don Quijote. Así empieza el catálogo que le dieron a mi
mujer en las oficinas de Información y Turismo del Campo de Criptana,
se ve que le vieron cara de turista, no sé cómo sucedió esta
equivocación, si ella es de piel canela morena como las mujeres de
Vandalia por no decir Andalucía, tiene los ojos marrones como la
banda magnética de la tarjetas de crédito y el pelo una veces negro,
otras con mechas, otras como la mermelada del albaricoque, o castaño
o caoba, con el brillo de las plis de las peluquerías.
De Alcázar de San Juan a Campo de Criptana hay ocho kilómetros. Por
fin tomamos la N-420, la travesía pasa por la zona sur de Campo de
Criptana, sólo había que buscar el letrero que indica: Molinos de
Viento. Cuando lo vimos encaramos el coche por una cuesta hacia lo
que se conoce como cerro de la Paz, en el Albaicín de Criptada, como
el barrio morisco de Granada. Aunque recuerdo que Cervantes no tenía
muy buen concepto de ellos: «y de los moros no se podía esperar
verdades alguna, porque todos son embelecadores, falsarios y
quimeristas» (II.20).
Usted, le dedica las crónicas XI y XII a Criptana. Pasa desde la
crónica X de la Cueva de Montesinos a Campo de Criptana: «He llegado
a Criptana hace dos horas; a lo lejos, desde la ventanilla del tren,
yo miraba la ciudad blanca, enorme, asentada en una ladera, iluminada
por los resplandores rojos, sangrientos, del crepúsculo».
Efectivamente Campo de Criptana tiene estación de ferrocarril, la que
va dirección Valencia y Alicante. Usted ha emprendido una «caminata
por la carretera adelante, hacia el lejano pueblo… Yo iba embozado en
mi capa lentamente, como un viandante, cargado con el peso de las
desdichas». Usted pregunta por la fonda, una fonda que no tiene
nombre, le indican una casa que es vetusta, tienen un escudo; tiene
de piedra las jambas y el dintel de la puerta. Alguien ha llamado a
gritos a ¡Sacramento! ¡Tránsito! ¡María Jesús! Y a la vez le pide que
se siente, no hay luz porque la «echan muy tarde», después le han
dado la habitación, «la de dentro», ha salido la luz de la
palmatoria, le ayuda a ver la cena, ya de noche con una luna suave,
siente un placer íntimo, al escuchar el ladrido plañidero de los
perros. Yo pregunté por la fonda, pero nadie me dio norte.
Usted sube con don Jacinto por callejuelas empinadas hasta lo alto
donde, para no variar, «los molinos surgen vetustos». Nos cuenta lo
que dice la guía de Richar Ford en su Handbook for travelller in
Spain. Que los molinos se implantaron en La Mancha en 1575. Nos
habla usted de una senda por donde van las mujeres enlutadas para
besarle los pies al Cristo de Villajos.
Villajos se sitúa a unos cuatro kilómetros hacia el Norte,
ocupado desde tiempos remotos por el hombre, aparece en el documento
citado en 1162 con Chitrana, Kero y Attires, como propiedad de la
Orden de San Juan. En Criptana
hay otras tres ermitas famosas, la de San Isidro, la de la Virgen de
Criptana y la de la Paz que lleva el nombre del cerro.
Por
las callejas estrechas, pendientes y retorcidas del caso viejo,
logré meter el coche y llegar hasta la cumbre de la Paz, a placer de
los vientos; este barrio es como un libro abierto del Quijote, donde
el callejero tiene nombres como: Senda de los Molino, Dulcinea,
Vizcaíno, Don Quijote, Gigante Briareo. Aparque al final de una calle
del error, me pareció ver la de Alfonso Quijana, en lugar de Alonso,
quizás este Alfonso era el hermano de don Quijote y padre de la
sobrina Antonia Quijana. Una vez bajados del coche, las calles no
tienen aceras, subimos unos escalones y ya vemos no treinta o
cuarenta molino sino una docena de molinos. «En esto descubrieron
treinta o cuarenta molino de viento que hay en aquel campo, y así
como don Quijote los vio, dijo a su escudero: -La ventura va guiando
nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque vez allí,
amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o pocos más,
desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a
todos las vidas…» (I. 8). Hemos entrado en la más famosas de la
ficciones del Quijote, sobre todo por la maestría de la fuerza del
diálogo y la puesta en escena, el humor, y sentido de la
verosimilitud, que ya Cervantes, seguramente, había leído en
Tirant lo Blanc (1490) de Joanot Martorell (libro salvado por el
cura y el barbero del escrutinio) o de Orlando furioso (1516)
de Ludovico Ariosto, cuyo héroe es torpe, tímido e irritable, por lo
que Cervantes también pudo haberle titulado a su libro El hidalgo
furioso.
Está
ell molino llamado Sardinero con su palo gobierno anclado al suelo,
desde allí, al otro lado norte vemos unos diez o doce molinos, las
fotos salieron muy bien en el cerro de la Paz donde se encuentra la
ermita del la Virgen de la Paz. Los turistas eran grupos de jóvenes
españoles, que se fotografiaban en unas siluetas de madera pintadas y
descabezadas con la figura de don Quijote y Sancho; no me pude
aguantar las ganas de hacerme una foto, que por arte de encantamiento
o de algún mago malandrín ha salido con mi cabeza repetida. El Cerro
de la Paz cumplía la función de avanzadilla del Castillo de Criptana,
surgido con la repoblación en el siglo XIII, y atrajo a la población
circundante, talvez debido a lo saludable y ventajoso de sus aguas y
sus aires. El nombre de Campo de Criptana está probado
documentalmente a comienzos del siglo XIV.
En la tienda de souvenir está Teresa, la mujer de Sancho Barbero y
su hija Marcela, porque como usted dice en su libro esto es «tierra
de Sanchos». Compramos una figuritas metálicas de don Quijote y
Sancho por 4 €, unas postales, unos cuadernos y alguna cosa más. La
mujer de Sancho se llamaba Teresa, una veces se apellida Panza y
otras Cascajo, tenía el matrimonio un hijo llamado Sancho y María
Sancha, para la tercera salida Sancho convence a su mujer
prometiéndole que le traerá otros cien escudos como los ya
entregados, y ella, mujer practica y realista le dice a su marido que
le pida un salario a don Quijote, y éste, que no tenía ni un pelo de
tonto, le respondió que no recordaba haber leído que ningún caballero
andante haya señalado salario a su escudero, y no tenía ejemplos para
saber cuanto cobraba un escudero al mes o cada año. Más o menos, le
dice, eran premiados con una ínsula, pero nada de soltar blanca, como
buen político y diplomático, estudiará el tema. Porque jamás habrá
oído usted decir un no claro a ningún político, pues estos se escapan
por las ramas a los tejados, por si luego han de arrepentirse. Porque
más vale buena queja que mala paga (II.7).
En la crónica XII, nos habla usted de «Los Sanchos de Criptana».
Discretos amigos de Criptana tanto o más que los discretos y amables
académicos de Argamasilla. Aquí vuelve a la ringla de dar nombres ya
tópico en su recurso, y que recibió el improperio de Unamuno en carta
del 14-V-1907. Los Sancho Panza de Criptana, quieren representar el
espíritu práctico, bondadoso y agudo del sin par Sancho. Y es don
Bernardo, el farmacéutico y músico, el autor de un himno a
Cervantes que tocará en el armónium de la ermita.
Aquí arriba junto a los molinos de viento con sombreros picudos
como embudos metálicos, descubrí o vi la luz al enigma del logotipo
del IV Centenario, unas aspas X y debajo QVI-xote en castellano
antiguo, dividido en dos partes como en la primera edición del
Quijote, las dos aspas representan el velamen de un molino de viento,
he podido averiguar que los autores del
logotipo son Nicolás Reyners, Alberto Salván y Francisco Villar, de
2º de Diseño Gráfico del Instituto Europeo Di Design de
Madrid. Escuelas de diseño de doce países presentaron sus propuestas.
Cada molino tiene su nombre y su alma,
como los tendría un gigante; son diez y se llaman: Lagarto, que
guarda un museo dedicado a aperos de labranza,
Culebro, dedicado a Sara Montiel, Infante, Poyatos, donde se
encuentra la oficina de turismo, Burleta, Pilón,
dedicado al vino, Vicente Huidobro, Cariari e
Inca Garcilaso (hombre, aquí tenemos a un poeta).
El Sardinero conserva la maquinaria original. Los molinos
tienen tres plantas llamadas silos. Para saber de los molinos de
viento en el mundo hay que visitar la página de la biblioteca del Tío
Kinke
Los molinos de España son construcciones
del siglo XVI, posiblemente con patente de los Países Bajos, son
maquinarias inauditas, vivas, cada pieza, cada tabla, cada rueda,
tiene su nombre propio, algunos son tan conocidos como las aspas,
vela, palo del freno, palo del gobierno, borriquillo, pero otros tan
desconocidos como rueda catalina, contrapeso del alivio, guitarra o
husillo de la interna. Y además hay registrados doce nombres para las
diferentes direcciones de donde sopla el viento, lo que se llama
Vientos del Molino. Me hubiera gustado mucho encontrar un molino con
su nombre, señor Azorín, pero no lo tiene, se han olvidado de
reconocer que este pueblo es conocido en el mundo literario gracias a
las referencias que usted hizo en La ruta...
Entramos en el molino dedicado a Sara
Montiel, siempre tan bellísima, como sacada de un encantamiento,
cuadros, retratos, mantillas, tiene otros pisos, pero yo no subí
arriba.
Si don Quijote murió, Sancho no, y
permanece aquí vivo, entre esta gente laboriosa, amable,
hospitalaria e industriosa del vino. En las Relaciones
Topográficas de Felipe II (1575) se le adjudican unos mil vecinos
y en el primer decenio del siglo XVII alcanzó una población entre mil
trescientos y mil quinientos vecinos,
actualmente tiene unos 14.000 habitantes. Hay una Asociación que se
llama «Hidalgos Amigos de los Molinos» cuya presidenta es Dolores
Martínez de Madrid Ortiz.
Cervantes hizo morir a su héroe para que no
hubiera tercera partes, sin embargo, Filleau de Saint-Martín (París
1678), que hizo una traducción bastante libre, eliminando todo
aquello que pecara contra el decoro, cambió los dos últimos capítulos
de la Segunda Parte, y don Quijote no muere, y así pudo escribir una
Tercera Parte en 1695, con variantes y sentido comercial, que es una
actitud de los ilustrados ante el Quijote, más tarde llegaron los
románticos alemanes que descubrieron en el Quijote valores
metafísicos y casi un modelo filosófico.
Usted le pregunta al ilustre y heroico
manco en su artículo «El secreto de Miguel», publicado en Ahora,
en 1935:
«Te has
ufanado siempre de ser un hombre de teatro. Tenías mucha razón. El
Quijote es la novela de un hombre de teatro. Con el arte de
interesar al público de modo tan extraordinario, tu novela había de
alcanzar un gran éxito».
Usted tiene parte de razón, uno de
los secretos de El Quijote es su puesta en escena de los
personajes, y Criptana con sus molinos de verdad y no de viento ni de
aire, es uno de los escenarios más impresionantes y célebres de la
coreografía de los gigantes en danzas desaforadas.
Ahora toca tomar el camino a Puerto Lapice.
17.- EL TOBOSO DE MIS AMORES