El académico José
María Martínez Cachero da una conferencia sobre dos obras de «Azorín»
«Hace falta un plan educativo que dé estabilidad y no produzca
víctimas»
«Me temo que los intelectuales de Cataluña
van a sufrir muchas arremetidas»
LA NUEVA ESPAÑA (Avilés) -
L. Á. VEGA - 30/07/2005
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=314120&pIdSeccion=36&pNumEjemplar=985
El
académico José María Martínez Cachero (Oviedo, 1924) cerró ayer el
curso de La Granda dedicado a «El Quijote» con una conferencia sobre
dos obras de Antonio Ruiz, «Azorín», «Un viaje por La Mancha» y «Libro
de melancolía», de 1905 y 1948, en las que el novecentista alicantino
ofreció su creativa visión del mito cervantino. El catedrático emérito
de Literatura accedió a hablar de Cervantes, pero también de otros
asuntos que afectan a la literatura y al español.
-¿Por qué Azorín?
-Es una antigua devoción mía. Cuando estudiaba Filosofía y Letras, en
los primeros cuarenta, cayó en mis manos «La voluntad» y me cautivó,
tanto por su contenido como por su expresión. Le conocí en Madrid, fui
varias veces a su casa y me regaló varios libros que conservo como
joyas. Es una figura controvertida, a veces negada y rebajada.
-¿Qué cautivó de «El Quijote» a los noventayochistas?
-En la obra de Cervantes hay una reflexión sobre España y los
españoles, algo que les interesaba mucho. El comentario de «El Quijote»
fue así una constante.
-Se ha decantado por Argamasilla de Alba como «el lugar de La Mancha»
frente a Villanueva de los Infantes.
-Me he remitido a los últimos estudios. No es que tenga ningún interés
por Argamasilla. No hay documento que lo diga. No pasa nada por hablar
de esto aquí en Asturias, pero hacerlo en La Mancha puede ser peligroso
-¿Qué le han parecido los fastos del centenario?
-Se está haciendo mucho y muy variado, lo que ocurre es que algunas
cosas son más de relumbrón que de eficacia. Se ha trabajado en preparar
nuevas ediciones de «El Quijote» asequibles económicamente. Lo que hace
falta es que los lectores lo lean.
-Quizás ayudaría la «traducción» al español actual que propone gente
como Trapiello
-Poner «El Quijote» en la lengua de hoy es un disparate, sería un
fraude al que quizás esté dispuesto Trapiello. La extrañeza que puede
provocar la lengua de Cervantes se supera con unas notas.
-¿Cómo ve el español en Cataluña o el País Vasco?
-Con una gran desesperanza. Ha invocado a Cataluña y al País Vasco,
pero también podría hablar de Galicia e incluso de algunas autonomías
que no tienen definida la existencia de una lengua propia, como
Asturias. Hay un interés en sacar esto adelante y no sé si será un
perjuicio. Con el español se va a todas partes, pero ahora parece que
está mal visto. Mientras en Hispanoamérica y otros países el español
recibe cada vez mayor interés, hay una situación diferente en la propia
patria. Lo deseable es que no hubiese esa marginación.
-¿Debe el Instituto Cervantes ofrecer clases de catalán?
-De cara al extranjero, lo que interesa primordialmente es el español.
El Cervantes es algo reciente, todavía están fundándose centros. Va
bien si se dedica en exclusiva al español. Ofrecerlo todo quizá sea
poco práctico.
-En Cataluña, los intelectuales se rebelan
-Me parece bien abrir puertas y ventanas y salir de la uniformidad y la
rigidez. Me temo que van a sufrir muchas arremetidas y que la
existencia de su empresa y de ellos mismos no va a estar muy segura.
Sólo hay que recordar cómo salió de Cataluña Federico Jiménez Losantos.
-¿Cómo ve el panorama literario?
-Los editores no quieren perder dinero y junto a los escritores se
prestan a enjuagues nada limpios que nada sirven a la causa literaria.
El panorama es de bastante escándalo y suciedad. El lector no debería
aceptar estas situaciones y la crítica podría ayudar pegando palos a
algunas novelas muy propagandeadas que son muy endebles.
-¿Y los periódicos?
-En general, aunque hay excepciones, el nivel no es muy alto. No sé si
es que no se forma en la Facultad, si no se hacen lecturas que puedan
servir de estímulo o porque la profesión camina con una marcha que
impide adquirir eso que no se tiene o se tiene mínimamente.
-¿Quizá por leyes como la Logse?
-Es un disparate completo. Sólo hay que fijarse en la confusión que
genera en los «pacientes», tanto docentes como discentes. Hace falta un
plan como Dios manda que dé estabilidad y no produzca más víctimas.
Pero no es un defecto exclusivo de los tiempos más recientes.
AZORÍN
en "Monòver
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