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Un canto
melodioso fluye hasta bastante después de que el último rayo de
sol se haya desintegrado, al igual que lo hará antes de que la
luminosa estrella empiece siquiera a despuntar. El "flautista" no
es otro que el Mirlo y con su canto parece anunciar los cambios
que se avecinan. Ciertamente no es el único y conforme va
amaneciendo se van sumando con su canto diferentes especies de
aves hasta formar una impresionante orquesta. Además, en la
mayoría de estas aves el macho hace gala de un plumaje con
colores más vivos e incluso diferentes al del resto del año. Para
lucir mejor estos trajes, se exhiben en lugares prominentes y en
vuelos acrobáticos. Cuando el sol todavía no ha bañado con su
cálida luz todos los rincones, las aves, las dueñas del aire, se
han encargado de dotar de música a la mañana y ayudan al sol a
pintar de colores el paisaje con los destellos de sus plumajes.
Pero no son
las aves los únicos seres que de repente se han envuelto en este
frenesí. De un día para otro, apareciendo casi de la nada,
aprovechando el rocío o una suave lluvia nocturna el suelo
aparece cubierto de un verde tapiz salpicado de flores de
infinidad de colores. A los árboles les ocurre lo mismo y en
dónde hasta ahora habían unas ramas desnudas, aparecen unas
delicadas flores. Éstas, auténticas maravillas diseñadas por la
Naturaleza, impregnan el ambiente de colores y aromas con los que
atraen a insectos invitándoles a un sorbo de néctar. Abejas,
mariposas, escarabajos, saltamontes, grillos, hormigas,
avispas... revolotean o se deslizan entre la diversidad vegetal.
También es
posible observar lagartos, lagartijas y serpientes tomando el sol
para cargar sus baterías e iniciar así su actividad.
Los
mamíferos, más discretos y, por tanto, más difíciles de observar,
llevan sin embargo algún tiempo con cierta actividad y, en la
mayoría de las madrigueras guardan celosamente un pequeño pero
trascendental milagro; el milagro de la vida. |
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Porque el
fin de tanta exuberancia, de tanto derroche de luces y colores,
de todas las músicas y bailes, de tanta alegría, no es otro que
la perpetuación de la propia vida. Verdecillos, jilgueros,
mirlos, gorriones, golondrinas, conejos, zorros, ratones, ginetas,
ardillas, lagartijas, salamanquesas, culebras, abejas, mariposas,
escarabajos, hormigas, pinos, amapolas, tomillos, romeros,
almendros... impulsados por un mecanismo interior intentan
perpetuar sus genes creando nueva vida.
Y todo este
maravilloso espectáculo tiene lugar cada primavera. Cada
primavera, invariablemente de que sea más árida o lluviosa, más o
menos fría, de las transformaciones a las que el hombre somete al
medio, todos los seres vivos que nos acompañan en esta aventura
intentarán sacar adelante a su descendencia.
La primavera
se encarga de suavizar las frías temperaturas del invierno y de
aumentar el tiempo en que el sol nos acompaña. Son las señales
para que la vida se embarque en la creación de nueva vida
impidiendo así que nuestros campos y montañas, y nuestra propia
existencia, se queden vacíos, inertes, sin colores ni sonidos.
Y, nosotros,
podemos ser testigos de tan fantásticos acontecimientos. De esta
explosión de vida. Con cautela, no interfiriendo en nada ni
molestando a ningún ser vivo en su proceso. Acostumbrados en esta
sociedad en la que vivimos a pagar por prácticamente todo, nos
encontramos ante todo un espectáculo del que podemos disfrutar de
una forma aún hoy en día gratuita, sin tener que pagar ni un euro
por ello.
Podremos
disfrutar viendo como los verdecillos picotean en el suelo y van
cogiendo con el pico aquellas ramitas que piensan son idóneas
para construir el nido en dónde la hembra depositará unos huevos
en cuyo interior ya palpitará la vida. Veremos a varios machos de
gorriones competir entre sí, exhibiendo sus plumajes, sus negros
baberos, persiguiendo a una hembra para que elija cuál de ellos
será su pareja. Golondrinas que, año tras año, recorrerán toda
África para compartir con nosotros el milagro de la vida.
Abubillas, con su largo pico abarrotado de insectos que
transportan incansables, para alimentar a sus vástagos. Águilas,
poderosas, con garras y picos capaces de desgarrar a su presa
alimentando con inusitada ternura y delicadeza a su pequeño...
todos, aves, reptiles, anfibios, mamíferos, plantas e insectos
inmersos en el fenómeno más grandioso y misterioso de cuántos nos
rodean: la vida.
Una vida
variada hasta el infinito. Sin limites a la imaginación. Siempre
cambiante. Adaptable. Conquistando todos los rincones de este
planeta. En todas las condiciones. Con respuesta a todas las
dificultades.
Una vida
única. Tan poderosa como frágil. Prisionera del planeta que la
creó. Y, nosotros, los seres humanos inmersos también en ella.
Pues somos vida. Creamos vida, aunque parezca que nos empeñemos
en hacernos creer a nosotros mismos que nuestro papel es
destruirla. De hecho, todos los días desaparece alguna especie de
planta o animal sin que ni siquiera hayamos llegado a conocerla.
Por eso,
detengámonos esta primavera y disfrutemos de toda la nueva vida
que brota a nuestro alrededor. Descubriremos cuan valiosa e
importante es la nuestra propia. Y además, se muestra ante
nosotros de forma gratuita, al menos de momento... |