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              Luis Sogorb Mallebrera

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Cantera de Biodiversidad, marzo
Vuelos Cautivos, febrero 
 Cambio de actitud, enero

"Me gustaría mucho que siempre, toda vuestra vida, en algún momento, ante una situación que exija vuestra decisión, penséis que se os ha dicho que la más importante, la más básica, la más trascendental de las decisiones del hombre actualmente es la conservación de la Naturaleza.

Se habla mucho de política, se habla mucho de deporte, se habla mucho de teología... Lo más acuciante es que estamos destruyendo el medio que nos soporta, que necesitamos oxígeno para respirar, agua para beber y vegetales para comer y que el día que acabemos con el oxígeno, con el agua y con la cobertura de la tierra, habremos acabado con nosotros mismos."

 

Félix Rodríguez de la Fuente (14 Marzo 1928 - 14 Marzo 1980)

 

Frío intenso. Llueve o nieva. O ambas cosas. Las montañas han sido absorbidas por un pálido cielo gris que pacientemente las va cubriendo de un blanco manto. Un manto de agua. Un manto de cristalina vida. De esta forma poco habitual por estas tierras se ha estrenado este año el mes de marzo. Y que mejor lugar para contemplar la transformación que la nieve ejerce sobre el paisaje que adentrarse en el Monte Coto, refugiado en sí mismo, placidamente adormecido.

 

Por la tarde, cuando ya las nubes se han dado por satisfechas y se retiran, empezamos a ascender por un acolchado camino níveo. Algunas placas de hielo sobre el mismo atestiguan las bajas temperaturas a las que estamos. Subimos por el camino por el que lo hemos hecho en tantas ocasiones. Nos adentramos con la mirada por los mismos barrancos. Vemos los mismos árboles... Sin embargo, parece que nos encontremos en otro lugar. En otra montaña. Con otros barrancos diferentes. En un bosque diferente, de un tímido verde.

 

Han desaparecido piedras, rocas y el manto vegetal que cubría buena parte del suelo. Dormitan bajo la nieve que se ha adueñado de todo creando un nuevo paisaje a su capricho. Incluso ha conseguido ocultar las heridas que el hombre le ha infringido a este lugar escarbando en sus entrañas a la búsqueda de la riqueza rápida. Destruyendo belleza para fabricar belleza.

Barranc de Caseta. 1 de marzo de 2005.

Aspecto que presentaba el Monte Coto después de la intensa nevada.

Una vez arriba, en el mirador podemos contemplar todo el "barranc de Caseta" cubierto de nieve. Tan sólo las copas de los pinos han conseguido librarse de la nieve que por su peso y la leve brisa que se desliza montaña abajo ha caído al suelo. En estos momentos la sensación de quietud es absoluta. Apenas podemos percibir el movimiento de alguna rama mecida por un relajado viento. También es difícil percibir sonido alguno. Ni el canto de ave alguna. Ni siquiera un par de alas surcando el pálido cielo. Parece como si todos los animales hubieran enmudecido ante el fugaz fenómeno meteorológico. Que al igual que uno mismo, estuvieran contemplando extasiados el paisaje. Acariciando la nieve, hundiendo las extremidades en el esponjoso tapiz. Oyendo como se resquebraja al pisarlo.

 

Sin embargo, es este un lugar que rebosa de vida. Es una fábrica de oxígeno y almacén de agua. Cientos de especies de plantas tapizan el suelo. Según el tipo de suelo, si es en solana o umbría, y la altura a que se encuentren, irán cambiando las especies vegetales. A su vez, insectos, reptiles, mamíferos y aves diferentes con relación a esas comunidades de plantas. Por si fuera poco otras especies de animales que existen porque existen las anteriores. Y otro grupo de animales que vive aquí porque lo hacen los segundos, que lo hacen porque hay otros que viven porque hay plantas, las plantas por el suelo, el aire y el agua. Y en constante multiplicidad de vida. Toda y cada una de ellas única e irrepetible. Si desaparece una insignificante planta, es muy posible que lo hagan otras formas de vida.

 

Siguiendo absorto aquí arriba en estos pensamientos, cuan afortunados somos de poder abandonar el hormigón y el asfalto, los ruidos y gases de automóviles y fábricas, perdiéndonos en un lugar como este. Un lugar repleto de vivacidad, de quietudes, de encuentros y de silencios. Paseando la mirada entre los árboles, dibujando sus formas, poco a poco, sin darnos cuenta vamos encontrando lo que siempre buscamos y nunca vemos. Una paz interior se apodera de nosotros y todo porque hasta nuestro cerebro ha dejado de pensar. Hasta la última de nuestras células no hace otra cosa que no sea disfrutar de este instante. De formar parte de esas vidas que nos rodean. De que si desaparece esa insignificante planta, algo de nosotros habrá dejado de existir también con ella.

 

Necesitamos de la vida para que exista la nuestra propia, por lo que hemos de ser conscientes de que hemos de cultivarla y no destruirla. De que al igual que necesitamos de la tecnología para mejorar nuestras vidas, necesitamos de lugares como el Monte Coto para crecer como personas y para que lo sigan haciendo nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos y así sucesivamente. Cuanta más diversidad de vida fluya, más rica será la nuestra.

 

Hace unos días la corporación municipal de Monòver decidía por unanimidad solicitar al gobierno autonómico la declaración del área pública como Paraje Natural Municipal, con el objetivo de preservar a la zona de posibles alteraciones que pudieran dañarla. Es un primer paso para asegurarnos de que al menos se conservará tal y como está. Pero no debe quedarse tan sólo en eso y se deben tomar aquellas iniciativas que sirvan para mejorar su diversidad de vidas y aquellas que sirvan para concienciar y educar a cada uno de nosotros para que comprendamos porque se tiene que conservar la naturaleza que nos rodea y para que la disfrutemos porque de seguro que contribuirá a que seamos más humanos.

 

El Monte Coto es una enorme cantera pero, una cantera de biodiversidad de la que se extrae vida constantemente y es así porque la montaña es la madre de todas esas vidas. Si la matamos, ¿qué nos queda? 

Luis Sogorb Mallebrera  

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