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 28 de abril del 2005, Jueves

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AZORÍN, EL ÚLTIMO ROMÁNTICO 

 El autor

 Por  Ramón Fernández Palmeral

     «La figura señera y la ingente obra de Azorín», como ya escribiera Vicente Sala Belló para la presentación de «Azorín y el fin de siglo (1893-1905)», con motivo del I Centenario del Desastre de 1898, debería ser considerada como «El último romántico» por la génesis de su formación política, filosófica  y literaria en lo que corresponde a la etapa de su adolescencia hasta su viaje a Madrid (1896) ya convertido en adulto y en un periodista vocacional y una reconocida promesa literaria. Un periodo juvenil, anterior al de ser reconocido por su imperial pluma universal. Demostraremos que  este apelativo de «El último romántico», no es gratuito. Sin embargo, situemos el vocablo romántico donde le corresponde históricamente, no con la acepción que nos sugiere actualmente de enamoramiento o soñador, sino como revolución, progreso y libertad (finales del XVIII a primera mitad del siglo XIX). 

     Antes de llegar al peculiar estilo periodístico por el que le conocemos, aparentemente sencillo y sucinto con escasas subordinadas, frases cortas y léxico rico en arcaísmos, de palabra precisa y justa, vivió una adolescencia bélica de ideas y agresiva, anarquista, realista en un intento de denunciar la injusticia social. Más tarde se incorporaría a lo que se llamó modernismo o renovación e innovación del lenguaje y sobre todo repudiando viejos vicios dieciochescos, un movimiento occidental de cambios filosóficos, literario y artístico (las vanguardias). Miguel Ángel Lozano Marco, Universidad de Alicante,  comentó:

      «Conocedor del valor sustancial de la literatura, Martínez Ruiz, comenzó su vida pública como crítlico (sic), [crítico], precoz –lo que él encontraba a su alrededor– sino interpretación, comprensión, intento personal de apresar el espíritu del libro». (Azorín. La mirada atenta, 1998). 

     En este trabajo hemos tenido presente el artículo del biógrafo de Azorín, Santiago Riopérez y Mila, titulado «Azorín, anarquistas» (Anales Azorinianos, nº 2, Monóvar, 1985), en el que nos expone una amplia tesis sobre este credo anarquista de José Martínez, que comentaremos puntualmente.

      Para analizar y documentar la hipótesis romántica tardía de su adolescencia como revolución y renovación de ideas, hemos de indagar primero en las fuentes. 

 

     DATOS FILIALES:

     Su filiación es harto conocida, a pesar de ello, no puede faltar en este artículo sobre los primeros años de vida y su formación espiritual. José Martínez Ruiz (Azorín), nació a las tres de la madrugada del domingo 8 de junio de 1873, en calle Cárcel (un caserón hidalguesco de dos pisos y otro con troneras de desvanes, según descripción que hizo Ernesto Giménez Caballero) [1], en Monóvar (Alicante), localidad de habla valenciana del Alto Vinalopó o valle de Elda. Al neófito le bautizaron con los nombre de José Augusto Trinidad, en la parroquia de San Juan Bautista.

Finca "La Cañada", cuadro de Luis Vidal Maestre

Fue el mayor de nueve hermanos, hijo de don Isidro Martínez Soriano, natural de Yecla (Murcia), abogado,  alcalde de Monóvar desde 1877 hasta 1881, y de doña María Luisa Ruiz Maestre, natural de Petrel, descendiente de los Ruiz, linaje de hidalgos con privilegios de Corte, era hija de propietarios. La familia tenía una casa de campo en Collado de Salinas. (La Cañada, era el nombre de la finca de los padres,  donde el joven Pepe, así le llama la familia, empezó a observar la naturaleza. (Ver fotografía adjunta, de un cuadro del pintor Luis Vidal Maestre –Monóvar 1909-1970– fundador del grupo «Palera». Gerardo Diego escribió el texto al catálogo de una exposición de Luis en 1976 en Monóvar).

     Don Isidro Martínez pertenece a una familia acomodada, católica, tradicional, conservadora «romerista», es decir, partidaria del político conservador antequerano Francisco Romero [2].      

     Los antecedentes maternos de Azorín, se hallan en Petrel, investigados concienzudamente por José Payá Bernabé, director de la Casa-Museo, de quien tomo el siguiente párrafo:

      «Entre los antepasados de J. Martínez Ruiz por la rama materna figuran, entre otros, Pedro Ruiz Hernández Yagüe, familiar del Santo Oficio, casado en Monóvar con Catalina Escrivana Romero; Fernando Ruiz, Rector de la Iglesia parroquial de Monóvar; Pedro Ruiz Miralles, Licenciado presbítero que recibió, en 1708, el título de Noble Hijodalgo de manos del Rey Felipe V».

     Descendiente de este árbol genealógico fue Amancio Ruiz Mira, de Monóvar, que se casó con Josefa Maestre Rico, natural de Petrer. Josefa y Amancio tuvieron dos hijas: Josefa María Roberta, que falleció con un año de edad, y María Luisa quien, con el tiempo, se convertiría en la madre de Azorín.

     El carácter de José Martínez era el de un tipo raro, reservado, según los vecinos contemporáneos que le conocían, y que a penas tenía contacto con la gente, a pesar de conocer muy bien las costumbres y los lugares geográficos. 

 

    PRIMEROS ESTUDIOS:
 

    Las primeras  letras o «luces», como nos dejó escrito el propio Azorín,  según cuenta en Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), las aprendió en la escuela de Monóvar, donde nos confiesa, nunca mejor dicho, que «este maestro que me inculcó las primeras luces  era un hombre seco, alto, huesudo, áspero de condición, brusco de palabra, con unos bigotes cerdosos y lacios... porque yo –hijo del alcalde- recibía del maestro todo los días una lección especial.» 

    Con nueve años, en 1881, ingresa como alumno interno al Colegio de los Padres Escolapios de Yecla (Murcia), o la Yécora de Pío Baroja en Camino de perfección, pueblo de naturaleza del padre, para estudiar el bachillerato que le costará siete años.  Salió con  dieciséis años de edad para Valencia. Tuvo como profesor al padre Carlos Lasalde (1841-1906). Esta triste época juvenil nos la relatará más tarde en su primera novela La Voluntad (1902). El hispanista estadounidense E. Inman Fox, escribió una amplia introducción a modo de ensayo de la citada novela para la edición de Clásicos Castalia, nº 3 ,1989, en la que argumenta sobre su estancia yeclana: «Los años de Yecla resurgen en la memoria de Azorín como una sombra casi siempre teñida de tristeza. Habíase sentido arrancado del seno familiar y de la radiante naturaleza alicantina». Esta última apreciación de E. Inman Fox no debería  provocar aflicción, no obstante, para la sensibilidad el joven Pepe, sí es causa de tristeza, a pesar de que las dos localidades, sin pertenecer a la misma provincia, separadas por unos 40 kilómetros, pertenecen a la misma comarca geográfica.

     En el mismo comentario crítico de E. Inman Fox (1989, p.13), argumenta que «sólo Gabriel Miró, otro alicantino, ha dejado impresiones más intensas, de una angustia artísticamente muy elaborada, sobre el impacto opresivo que produce el internado en un colegio de religiosos...» (recordemos que Gabriel Miró era buen amigo de Azorín [3] estudió en el colegio Santo Domingo de los jesuitas de Orihuela 1887/92). 

     ETAPA VALENCIANA Y FORMACIÓN ROMÁNTICA.

     En octubre de 1888 comienza la carrera de Derecho en la Universidad literaria de  Valencia, ciudad de color huertano y sorollesco, su profesor de Derecho Político era Eduardo Soler, krausista. Carrera que se ve truncada, ya que el Derecho Romano se le atranca. Aquí, en Valencia, a través de la recomendación de su tío Miguel, publica sus primeros artículos en La Monarquía de Alicante y otros diarios  regionales, y empieza la batalla en busca de un seudónimos, primero: «Juan de Lis» y «Fray José», no sólo por lo común de sus apellidos, sino porque quería ocultarse de la autoridad paterna que, seguramente, no vería con buenos ojos que su hijo se distrajera de los estudio con artículos periodísticos.

     Ante la evidencia de los  suspensos traslada el  expediente universitario a Granada (1892). Vuelve José Martínez Ruiz ese mismo año otra vez a estudiar en Valencia, pero ya le ha picado el gusanillo de la letra impresa, que debió provocar en su vanidad, ese vicio que nos sustenta a quienes intentamos seguir en vano el mismo camino. En Valencia descubre un mundo nuevo, y esta libertad, llamémosle libertad valenciana, lejos de la estrecha vigilancia del profesorado seglar de la Orden religiosa de los Escolapios de Yecla y de la vigilancia paterna, le facilitan los movimientos dentro de la ciudad naranja, libertad de elegir libros de viejo, no censurados por la iglesia, lecturas de las corrientes anarquista del momento, que le convierten en un rebelde de ideas, como no podía ser menos en una incipiente vocación de escritor, crítico y periodista.  Empieza a escribir artículos  en 1892 en La Educación Católica con el seudónimo de Fray José, en El Defensor de Yecla con el de Juan Lis, y El Eco de Monóvar.

      Durante su etapa valencia-universitaria no se aplica en los estudios, pierde el tiempo con la afición al teatro (actores de la época eran Vico, Novelli...), acude a las tertulias de café a escuchar música de Wanger (1813-1883), que por aquella época el músico alemán era predilecto de los valenciano. Se siente liberado de la represión a que había sido sometido en sus años de bachillerato en el internado de Yecla. En su libro Valencia, (1941), comenta  que asiste a conferencias, frecuenta las librerías de viejo, también iba a los toros, aunque luego renegara de esta afición. Salas de juego, cafés como el de España [4]. Conoce a artistas como Benlliure  Además era un joven aficionado al deporte de la pelota valenciana y a la pintura.  Pensamos que los padres no deberían estar muy contentos con la alergia que su hijo le tenía a los libros de texto de Derecho: eterno repetidor de asignaturas.  En 1896 traslada el expediente universitario a Salamanca y desde allí a Madrid.

     En Valencia había dos ambientes, dos corrientes estéticas, es decir dos tendencias de ideas, una la de Teodoro Llorente, director de Las Provincias, y otra  la de Vicente Blasco Ibáñez, director de El Pueblo. Se incorpora a la redacción de El Mercantil Valenciano, de Francisco Castell, no gustó uno de sus artículos y le echaron de la redacción. Colabora en la revista valenciana Bellas Artes entre 1894-1895En El Pueblo, de Blasco Ibáñez entre 1894 a 1896, éste autor le dedicó su libro Arroz y Tartana, (según la nota de José Payá en su artículo «Blasco Ibáñez en Azorín») con la dedicatoria «a mi querido amigo el distinguido crítico don José Martínez Ruiz, como muestra del afecto». Empieza a firmar con los ya repetidísimos pseudónimos, y «Cándido» para el folleto de el Ateneo de Valencia, La crítica literaria en España, como búsqueda de un necesario encubrimiento o desdoblamiento de personalidad que le llevó hasta 1903 tras el éxito de la novela Antonio Azorín (1904), aunque el personaje Antonio Azorín  aparece por primera vez en La Voluntad.  Firma con el definitivo pseudónimo de Azorín en su artículo «Somos iconoclastas», publicado en Alma Española el 28 de enero de 1904, un apellido común de la comarca del Vinalopó. Quizá sea interesante observar el prefijo semejante a azor, azotar, ácido, y el sufijo de esa "í" tónica y aguda con sonido casi onomatopéyico: ring o rín.

     En alusión a las lecturas juveniles tomo el párrafo de su biógrafo Santiago Riopérez (1985, p.36):

        «Y, sobre todo, el aluvión de sus lecturas juveniles –cuyas obras podemos ver en el despacho de esta Casa-Museo–, y sus personales traducciones de anarquistas eminentes. Repasemos estos nombres: Hamon, Kropotkine, Bakunin, Faure, Nietzsche, Shopenahauer, Leopardo, Baudelaire, Kafca y Larra, que le ha iluminado por su tragedia, de maestro de la presente juventud». 

        La influencia de los artículos periodísticos de Mariano de Larra son harto evidentes, no ya por el encargo de selección de Azorín de Artículos de costumbres, Madrid, Espasa-Calpe, 1942 (col. Austral), sino por el estilo agresivo y directo del suicida madrileño. Un 13 de febrero de 1901 –nos lo cuenta José Ferrándiz Lozano en «Periodismo y literatura: el roce hace el cariño»-, unos enigmáticos visitantes pronunciarán un discurso ante su tumba: Pío Baroja redactó una crónica que se imprimió en hoja suelta; José Martínez Ruiz -todavía no firmaba con su pseudónimo Azorín- incluyó la escena en su novela La Voluntad (1902). «Los tres hallaron su medio de vida en el periodismo». 

Cuadro del autor

         FEDERALISTA:

        Lee infatigablemente lecturas de ideólogos anarquistas como Dorado Montero [5], con quien mantiene una correspondencia epistolar, lee también estudios sociales y jurídicos de Lombroso, y lecturas francesas de Baudelaire, las Flores del mal (1857), lecturas que le conducen a su concepto de anarquismo de ideas basado en Dubois, amante de la justicia y de la libertad, le llevan a escribir Notas sociales, y Anarquistas literarios (1895) que firma con su nombre y guiños hacia el federalismo, no en vano era hijo espiritual de la I República Federal, con el mandado del apático y falto de carácter primer presidente Estanislao Figueras Morante, por 244 votos,  que a los cinco meses de presidencia abandonó el gobierno y marchó a Francia de incógnito. Le sucedió en la presidencia un seguidor de las ideas federalistas, el catalán  Pi y Margall [6], pontífice máximo del federalismo español provocando con su actitud el movimiento cantonalista, periodo entre el reinado de Amadeo y la restauración de Cánovas. Años después Azorín, escribe en Crónica de 26 de enero de 1897, «El País», considera a Pi y Margall «padre del anarquismo español, adversario del Estado y de la Autoridad».

      El federalismo es, ideológicamente, sucesor de los principios románticos de libertad, nacionalismo, ideas sociopolíticas que se venían arrastrando del llamado "Siglo de las Luces" y la revolución Francesa y el romanticismos  histórico  en El Contrato Social  (1762) de Rousseau. (Ver los trabajos de Giovanni Restrepo sobre este tema). Las tesis románticas de las nacionalidades se deben a la creencia en la libertad del individuo basada en su voluntad y, además, en  que la justicia y la verdad no eran categorías permanentes. (Voluntad del individuo como sugerencia al título de su famosa novela La Voluntad).

    La tesis que Carlos Seco Serrano, de la Real Academia de la Historia, nos lo confirma cuando escribe «Desconcertante Azorín el de sus vinculaciones políticas: que parte del afectado gesto anarquista; que se identifica más tarde con Pi y Margall y con Castelar, y luego se vincula al maurismo...», en su artículo «Mi amistad con Azorín»  (Anales Azorinianos, nº 5, Monóvar, 1993, pp. 269, 270).

    Envía una carta el 21 de septiembre de 1897 al Presidente del Comité local de Partido Republicano Federal de Monóvar, José Pérez Bernabeu,  que era médico [7], de adhesión al federalismo. Ese año, 1897,  Martínez Ruiz se convierte públicamente en un infatigable luchador en pro del anarquismo de ideas, portavoz de la intelectualidad ácrata. Sus primeros trescientos artículos periodísticos combativos Obras Completas (Madrid, 1947), a los que consideró, en su vejez, artículos agraces o inmaduros, de propaganda anarquista «Desde ellos, se alcanzó una voz limpia y fuerte, hondamente preocupada por los problemas nacionales, denunciadora de injusticias, atropellos y corruptelas...» según el ya referido artículo de Riopérez. Ideas quijotescas que se transformaron a través de los siglos en románticas ideas, ideales imposibles y utópicos, que después pasaron a un joven progresista que tomó la pluma como arma beligerante.

     Se hace necesario recordar que cerca de Monóvar  sucedió, años atrás, lo que se llamó «Guerra del Petróleo», promovida por la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) del 9 al 13  de julio de 1873 con el asalto y quema de la casa consistorial de Alcoy y la muerte de su alcalde Agustín Albors Blanes, el balance de víctimas fue de 15 muertos y 17 heridos.  Ver El cantonalismo en la ciudad y  reino de Valencia, (Vicente Gascón Pelegrí, Imp. Mari Montañana, Valencia, 1974).        

 

Cuadro del autor

    CONCLUSIONES:

    La conclusión a la que llego sobre esta primera etapa adolescente de Azorín hasta el 25 de noviembre de 1896 en que  viajará a Madrid instalándose en calle Barquillo: «Entré a trabajar en un diario (...) mi vida era austera y mi comer frugal» escribe en Posdata (1959), es impensable que un joven que deseara aspirar a empresas mayores, no se confiara a los brazos amables del conservadurismo cómodo, ajeno a la política del momento social y lucha de clases, ciego a la injusticia y a la vida propia de los sibaritas bajo la propina de los padres, y, a la espera de que alguien haga algo por ti, sin embargo en José Martínez la lecturas anarquistas le conducen a un ataque feroz  contra las instituciones (Estado, Ejército, Iglesia) que él considera que coartan la libertad individual de las personas. Por ello, y como un quijote, Azorín salió «por la puerta falsa de un corral», lleno de ideales hacia Madrid.

     ¿Fue la guerra de Cuba (1895-98), causa de su no beligerancia y anarquismo? El saneado patrimonio familiar, impiden su reclutamiento en el servicio militar obligatorio, tenía la edad para el alistamiento forzoso, se convierte en un soldado de cuota, posiblemente, su padre debió pagar las casi 2.000 pesetas para librarle de la leva,  de lo contrario le hubiéramos visto en la guerra de Cuba, vestido con el traje blanco a rayas y el sombrero de ala ancha, pero, seguramente, hoy no estaríamos analizando a un escritor innovador y revolucionario,  al último romántico del lenguaje.                    

NOTAS


[1] «Mi Azorín»,  Anales Azorinianos, nº 2 ,  p.53, Monóvar, 1985.  Ernesto Giménez Caballero da fe de que visitó a Azorín el 1 de abril de 1939, en su casa de Madrid, vestido con uniforme de alférez provisional, y le dijo: «–Azorín, vengo de su pueblo, de su casa, que he contribuido a liberar. Pero sobre todo, vengo a darle el parte de mi generación como gratitud a la suya: hemos recobrado la Voluntad. Eso es todo». Azorín le contestó «-Ya es bastante». (Esta fecha del 1 de abril es dudosa, ya que Azorín se exilió en París desde octubre de 1936 hasta  que regresó con su esposa el 23 de agosto de 1939).

[2] Francisco Romero Robledo, Antequera (Málaga). Abogado y diputado por la Unión Liberal desde l862. Contribuyó al destronamiento de Isabel II, formando parte de la Junta revolucionaria de Madrid; ingresó en el Partido Constitucional de Sagasta, de quien fue subsecretario de Gobernación (1871). Combatió a la I República (1873), y ayudó a Cánovas en su tarea de lograr la restauración monárquica, siendo con él ministro de Gobernación en el ministerio-regencia (1875). Tuvo a su cargo ese ministerio hasta 1879, y después en 1880- 1881 y 1884-1885, perfeccionando sus conocimientos, iniciados con Sagasta, para canalizar los comicios electorales en favor del gobierno. La cesión del poder a los liberales, tras la muerte de Alfonso XIII, provocó su ruptura con Cánovas y el acercamiento al general López Domínguez con quien formó en 1886 el Partido Liberal-Reformista. Tras el fracaso de éste (1888) se reintegró al Partido Conservador (1890), ocupando la cartera de Ultramar (1891-1892), con la oposición y dimisión de Silvela, y la de Gracia y Justicia (1895-1897). A la muerte de Cánovas (1897) mantuvo su propio grupo («romerista»), ante la incapacidad de acceder a la jefatura del partido de los conservadores; y ocupó la presidencia del Congreso desde 1902, teniendo, en poco tiempo, tres votos de censura. Romero Robledo falleció en Madrid en 1906.  (DD.AA.: Enciclopedia de Historia de España, vol IV (Diccionario biográfico). (1991). Madrid: Alianza Editorial. 910 pp.)

[3] Gabriel Miró en Azorín. Vivencias, es el título de un ciclo de conferencias que organizó el Instituto Juan Gil-Albert (Alicante-España), en colaboración con la Casa-Museo Azorín. El poeta y ensayista alicantino  Antonio Porpetta 15 de marzo 2005 conferencia que llevó por título «La música en la obra de Gabriel Miró». Y días 15 y 16 de marzo en la Casa-Museo de Azorín en Monóvar por catedráticos de la Universidad de Murcia, Francisco J. Díez de Revenga de «De la narrativa de Azorín a Gabriel Miró» y Miguel Ángel Lozano Marco con «Sigüenza, personaje de Gabriel Miró». Y la profesora y escritora Marina Mayoral con «La sensualidad trascendente en Gabriel Miró».

[4] Juan Gil Albert, lo comenta en su artículo «Azorín y la intravagancia» (Anales Azorinianos, nº 2), (...yendo a sentarse en el Café de España de la Bajada de San Francisco, «café suntuoso como no lo habría en parís», y en cuyos espejos alcancé yo a reflejarme de muy niño).

[5] Pedro Dorado Montero nació en Navacarros (Salamanca) el 19 de Mayo de 1861, en el seno de una humilde familia campesina. Los primeros estudios los realizó en la localidad próxima de Béjar, lugar donde tuvo ocasión de tomar contacto por primera vez con el pensamiento krausista que tanto influyó sobre su obra. Gracias a una beca del Colegio Mayor de San Bartolomé. En 1883 culminó sus estudios de doctorado en Madrid, y más tarde, en el Colegio de San Clemente de Bolonia. En la capital de España entró en relación con Francisco Giner de los Ríos y su "Institución Libre de Enseñanza", en Italia, con los criterios doctrinales de la scuola Positiva de Lombrosso, Ferri o Garofalo. Fruto de esta doble y bien dispar influencia es la penalogía doradiana.  

[6] Francisco Pi y Margall, nació en Barcelona en 1824. Era hijo de un obrero textil. Estuvo en el seminario (1831-1837) y estudió Derecho; muy joven, fue miembro de la sociedad Filomática, donde conoció a las principales figuras del romanticismo catalán. En 1847 fijó su residencia en Madrid. Colaboró en diferentes periódicos y en la redacción de diversas obras. En 1848 completó la obra "Recuerdos y bellezas de España", de Piferrer. En 1851, cuando gozaba ya de un cierto prestigio, inició una monumental Historia de la pintura, pero sus consideraciones sobre el cristianismo durante la Edad Media provocaron una fulminante condenación eclesiástica y legal. Su participación activa en política se produjo a partir de 1854. Segundo presidente de la I República española (11-06-1873) a (18-07-187). 

[7] En Algunos apuntes de la historia Médica de Monóvar, José Payá (Monóvar, Ayuntamiento, 2001),  nos cuenta que  José Pérez Bernabeu fue un médico que ejerció gran influencia en la juventud de Azorín al que llevaba lo menos veinte años. Ese ferviente republicano federal, es en 1897, cuando empieza la ascensión política del partido federalista en Monóvar.

Otras webs en las que publica Ramón Fernández Palmeral:

http://www.mundoculturalhispano.com/spip/

http://www.orihueladigital.es/orihuela/puntos/puntosdevista.htm

   
 

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