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Azorín y la urbanización...
José
Augusto Trinidad Martínez Ruíz, mejor conocido como “Azorín”, era
un escritor filosofo y anarquista que por medio de sus obras
rebela un sentimiento anti-urbano. Sin embargo el principio de
la urbanización era para Azorín un gran acontecimiento ya que
surgirían más intelectuales debido a la construcción de nuevas
fabricas de libros y escuelas. Pero su opinión cambia
repentinamente cuando en 1897 publica la obra “Bohemia.” Azorín
empieza a mostrar su animosidad contra la ciudad moderna.
Desarrolla una irritada repulsión por la vida urbana y hace de
ello el núcleo central de una filosofía anti-urbana. Azorín ve
la ciudad como centro de la corrupción espiritual y ética de la
moralidad del ser humano.
En lo que se refiere a la vida rural, para Azorín, el
éxodo rural a las grandes ciudades destruye el equilibrio
urbano-rural existente en épocas preindustriales, y eso hace que
las grandes ciudades sean absurdas. Azorín atribuye la
decadencia de España en el siglo XVIII a la formación de grandes
urbes que desde esa época atraían a la población rural, que
dejaba los campos sin cultivar. Ahora ve como se repite el
proceso con el advenimiento de la civilización industrial. En su
obra “ La Voluntad,” usando como plataforma el personaje
intelectual de Yuste, Azorín se queja y desespera del futuro del
campesinado que ha sido la base del país durante veinte siglos de
cristianismo. La emigración rural a las ciudades aumenta cada
día, y estos nuevo centros atraen con su falso brillo al elemento
mas saludable del campo, pues quienes emigran son los más fuerte
y los más inteligentes. Dentro de pocos años, concluye Azorín a
través de este personaje, sólo quedarán en el campo hombres
estúpidos y pasivos, incapaces de implantar una agricultura
basada en nuevos métodos para una mejor y mayor productividad.
Atacando a la ciudad moralmente, Azorín establece dos
puntos de vista. Él considera la vida urbana como corruptora de
los valore tradicionales populares. Posiblemente influenciado por
las ideas de Alfred Fouille, a quien menciona con frecuencia,
Azorín basa sus razonamientos en la tendencia innata del hombre a
la imitación. Este es el espíritu que anima los nuevos y grandes
centros urbanos, allí crecen el vicio y el crimen más que en los
campos. Los crímenes más atroces casi siempre ocurren primero en
las ciudades, extendiéndose al campo y toda la nación. Azorín
ilustra su teoría con una narración de una serie de asesinatos y
cuerpos mutilados que empezó en 1876 con los crímenes Billor.
Este horrible modelo se extendió desde París, Marsella y Toulouse
hasta pequeñas aldeas del Niévre, el Loir et Cher y el Eure et
Loir. Azorín concluye su teoría en la diferencia entre el
criminal del campo y el criminal de la ciudad. Según él, el
criminal del campo es más generoso, y el criminal de la ciudad es
más cruel y vil.
En su filosofía anti-urbana el peor mal que Azorín
atribuye a la ciudad es su tendencia a destruir la voluntad y la
personalidad humana. En "Bohemia" nos describe los ideales de un
escritor que lucha por abrirse paso, pero es finalmente vencido y
destruido por la ciudad. Este escritor sueña con crear una obra
maestra que, significativamente, se llamaría "Paisajes." La idea
era crear un libro que revivificaría la naturaleza con una serie
de cuadros sin figuras, de manchas de color, y visiones, estado
de alma a un pedazo de Naturaleza, sensaciones de la madre
tierra.
Desgraciadamente la ominosa influencia de la ciudad
sobre el joven escritor hace que este libro nunca se escriba.
Debido a esto, el joven termina su vida como uno de tantos
parásitos urbanos, muriendo prematuramente. En la ultima escena
del cuento, la madre del escritor, una vieja aldeana vestida de
luto, regresa a su pueblo bañada en lagrimas. Este mismo
personaje del escritor, también aparece como Antonio Azorín y La
Voluntad. Antonio Azorín, tras una estancia en Madrid, encuentra
que su pesimismo instintivo se ha consolidado; su voluntad ha
acabado de disgregarse en este espectáculo de vanidades y
miserias.
En "El Diario de un Enfermo," Azorín muestra más aun
su radicalismo anti urbanización. Lo que, para él, al principio
era la meta de la humanidad es sin duda el monstruo que devora
las generaciones futuras. Azorín ahora detesta la tecnología
moderna, el telégrafo, los trenes y los barco, y califica al
industrialismo moderno de barbarie, peor que el salvajismo
primitivo. La ciudad y el industrialismo solo han servido para
esclavizar al hombre a la despiadada lucha por el dinero: lo han
esclavizado a empresas ferroviarias y bancarias, han destruido el
individualismo, y ahora el hombre esta sometido a la masa, debe
conformarse con la mediocridad, y se siente ahogado en el
enloquecedor tiempo urbano. Para Azorín, la vida en las aldeas
puede parecer monótona a primera vista, las horas parecen mas
largas y aburridas, pero, paradójicamente, como dice Antonio
Azorín, en estas aldeas la vida es vivida con mas pasión y es mas
apreciada que en las ciudades.