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José Augusto Trinidad Martínez Ruiz Azorín nació en
Monóvar (Alicante) el 8 de junio de 1873 fallece en 1967.
Su producción literaria se divide fundamentalmente en dos grandes
apartados: el ensayo y la novela. También escribió algunas obras
teatrales de escaso éxito.
Como ensayista dedicó especial atención al paisaje de
España y a la reinterpretación de las obras literarias clásicas. En
los ensayos dedicados a la situación española se observa el mismo
proceso evolutivo que marcó a toda la Generación del 98: si en
sus primeras obras examina aspectos concretos de la realidad española
y analiza los graves problemas de España, en Castilla (1912)
su objetivo es profundizar en la tradición cultural española
(reflexiones que surgen espontáneamente a partir de pequeñas
observaciones del paisaje), además de incorporar el tiempo como un
valor inestimable. Entre los ensayos literarios de Azorín destaca
Ruta de don Quijote (1905), Clásicos y modernos (1913),
Los valores literarios (1914) y Al margen de los clásicos
(1915). En ellos, su intención no es la de hacer un estudio
pormenorizado de los textos, sino despertar la curiosidad y el
interés. Por tanto, se limita a expresar sus impresiones y
reflexiones personales sobre la literatura española.
Las novelas de Azorín se pueden dividir en cuatro etapas:
La primera etapa muestra predominio de los elementos
autobiográficos y de impresiones suscitadas por el paisaje. El
protagonista es Antonio Azorín (del cual tomará su seudónimo),
personaje de ficción que se convierte en la conciencia de su creador.
Estas novelas son un pretexto para desarrollar las experiencias
vitales y culturales del autor. A ella pertenecen La voluntad
(1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un
pequeño filósofo (1904).
En la segunda etapa, Azorín abandona los elementos
autobiográficos, si bien continúa reflejando sus propias inquietudes
en los personajes: la fatalidad, la obsesión por el tiempo, el
destino, etc. Una muestra de ello es Doña Inés (1925). A esta
misma etapa pertenece Don Juan (1922), basada en la conversión
cristiana del mito.
A la tercera etapa pertenecen Félix Vargas (1928),
Superrealismo (1929) y Pueblo (1939), marcadas por el
vanguardismo y por el drama personal y cosmológico inspirado en el
gran poeta austro-alemán Rainer María Rilke.
En la cuarta etapa, tras un período de relativo silencio
profundamente marcado por la contienda civil, Azorín vuelve a la
narrativa con El escritor (1941), la novela rosa María
Fontán (1943) y La isla sin aurora (1944).
Azorín siempre sintió gran afición por el teatro; sin
embargo, sus obras no gozaron del favor popular. De su pluma saldrían
Old Spain (1926), Brandy, mucho brandy (1927),
Comedia del arte (1927) y la trilogía Lo invisible de la
que forman parte La arañita en el espejo, El segador y
Doctor Death, de 3 a 5, considerada por algunos críticos como
su mejor producción dramática.
Ruiz Ramón resume así la propuesta teatral azoriniana:
- Azorín señala la importancia y la libertad creadora del
director de escena y de los actores.
- Llama la atención sobre las nuevas relaciones entre la técnica
cinematográfica y la técnica teatral.
- Hace hincapié sobre la aparición del mundo de lo subconsciente
en la escena.
- La nueva realidad de la obra teatral, de acuerdo con las
necesidades de la nueva sociedad y con el ritmo de la vida moderna,
debe ser «rápida, tenue y contradictoria».
- Deben suprimirse o reducirse al mínimo las acotaciones.
- Es el mundo interior, el mundo de las ideas y de los problemas
del espíritu y de la imaginación, quien debe suministrar sus
materiales al dramaturgo.
La intención de Azorín es liberar el teatro español de todo
provincialismo y elevarlo a la categoría de teatro europeo. Pero la
mentalidad española no estaba preparada para asumir estas nuevas
propuestas dramáticas. De ahí que el teatro azoriniano, al igual que
el de Ramón Valle-lnclán o Miguel de Unamuno, tuviera un éxito más
bien escaso.
Cita: "La vejez es la pérdida de la curiosidad." (Azorín)