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 06 de junio del 2005, lunes

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puede verse esta página Web sobre Azorín:

AZORíN

  1. Breve biografía
  2. Etapas
  3. La obra de Azorín
  4. Conclusión
  5. Biografía

BIOGRAFÍA

José Augusto Trinidad Martínez Ruiz nació en Monóvar (Alicante) el 8 de junio de 1873. Su padre, natural de Yecla, ejercía de abogado en Monóvar y  poseía una importante hacienda; la madre había nacido en Petrel. Se trataba la suya de una familia tradicional, burguesa, que disfrutaba de una desahogada situación económica. José Augusto fue el mayor de nueve hermanos.

Políticamente, el padre militaba en el partido conservador y, con el tiempo, además de ocupar algunos cargos (alcalde, diputado), se reconocerá seguidor de Romero Robledo.

Desde pequeño, Pepe, tal es el hipocorístico con que se le conoce familiarmente, da muestras de ser un espíritu independiente y solitario, al que le gusta llevar una vida apartada, a menudo en la finca familiar del Collado de la Salina, en Almodóvar. Allí se entrega con pasión al ejercicio de la lectura, y escribe (1).

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ETAPAS

Para un mejor análisis de la vida y la obra de José Martínez Ruiz seguramente nos resultará de utilidad el esquema planteado por Mercedes Vilanova (2),que divide el espacio biográfico en cuatro grandes etapas:  

1. Años de formación y lucha (1873-1900). Formación académica. Se inicia como periodista y escritor. Abarca hasta la publicación de El alma española (1900).
 
2. Años de transición (1900-1905). Se produce un cambio sustancial en su actitud, que, en 1905, le llevará a afiliarse al Partido Conservador. Inicia sus colaboraciones en el periódico ABC.
 
3. Etapa de afianzamiento (1905-1924). Participa de forma activa en la política del momento. Ocupa escaños de diputado y es nombrado subsecretario de Instrucción Publica bajo la protección del ministro Juan de la Cierva y Peñafiel.

4. Etapa de declive (1924-1967). Su entrada en la Real Academia Española de la Lengua marca el inicio del apartamiento de la vida social. Se produce el paréntesis de la guerra civil, que pasó en París, y el regreso, a pesar de los homenajes que se le rinden, significó ya su ocaso como escritor.

ETAPA DE FORMACIÓN Y LUCHA
A los ocho años ingresa como alumno interno en el colegio que los Padres Escolapios regentan en Yecla. Permanece allí una larga temporada, hasta los dieciséis años, cursando los estudios de enseñanza secundaria. El escritor revisará con frecuencia estos años de enclaustramiento, de los que no guardará gratos recuerdos.

En 1888 se traslada a Valencia para cursar la carrera de Derecho. Intenta, sin demasiada aplicación, obtener la licenciatura; primero en la Universidad valenciana, posteriormente realiza exámenes en otros centros universitarios, como Granada, Salamanca o Madrid.

En la ciudad del Turia inicia una etapa que va a tener decisiva importancia en su formación intelectual. Conecta con las últimas corrientes del pensamiento y el arte (krausismo, anarquismo, etc.), se entrega febrilmente a la lectura de obras literarias y políticas, y realiza sus primeras incursiones en el mundo del periodismo. El adolescente Martínez Ruiz, asiduo de las tertulias de los cafés, se siente muy interesado por las nuevas ideas sociales. Surge en él la actitud rebelde, ácrata, que caracterizará sus años de juventud, al tiempo que se afianza en su espíritu la voluntad de hacerse escritor. Colabora en distintos periódicos en los que utiliza diversos seudónimos: Fray José, en "La Educación Católica", de Petrel, Juan de Lis, en "El Defensor de Yecla", etc. Escribe también en "El Eco de Monóvar", "El Mercantil Valenciano", e incluso en "El Pueblo", el periódico de Vicente Blasco Ibáñez (3). Por lo general, hace crítica teatral (elogia las obras de Guimerá y Galdós o el Juan José, de Joaquín Dicenta), aunque se decanta ya, de forma especial, por la crítica político-social.

Importante resulta también en estos años de preparación su actividad traductora, con trabajos como el drama La intrusa, de Maeterlink, la conferencia del francés A. Hamon, De la patria, o el folleto Las prisiones, del príncipe anarquista Pedro Kropotkin. El 25 de noviembre de 1896 se traslada a Madrid. Llega con una carta de recomendación de Luis Bonafoux para el director del periódico "El País".

Aquel mismo año arribaron también a la capital de España Ramón del Valle-Inclán y Manuel Bueno. Baroja estaba ya en la Corte y Maeztu llegaría a principios del año siguiente. No tardarán en relacionarse todos, en intimar y en acometer juntos algunas empresas.

Azorín publica diariamente trabajos en el nuevo periódico. Se trata de artículos vehementes en los que ataca las instituciones, los valores más arraigados, la política del Gobierno, la literatura en boga... Tras un artículo sobre el matrimonio y la propiedad, se ve obligado a abandonar la redacción de "El País". Le reciben en otros periódicos e inicia la publicación de algunos folletos en los que da cuenta de sus vivencias y sentimientos: Charivari (Crítica discordante), de 1897, entre otros. El único respaldo que recibe en su denodada y solitaria batalla es el de Leopoldo Alas Clarín, que elogia la labor del joven periodista en uno de sus "Paliques". El alicantino considera este comentario como un espaldarazo. A principios de octubre de 1897 comienza sus colaboraciones en "El Progreso", de Alejandro Lerroux. Se define como fervoroso anarquista.

De la Universidad y de su carrera de Leyes se ha olvidado por completo; busca afanosamente el éxito literario, el reconocimiento, el triunfo.

En esta etapa de formación y tanteos se prodigan los seudónimos en los escritos del joven autor: Cándido (La crítica literaria en España, 1893, primer trabajo en forma de pequeño folleto), en memoria del personaje de Voltaire y Ahriman, apelativo que le relaciona con el dios del mal de las religiones persas son dos de los más conocidos. Pero seguirán otros: Charivari, Este..., hasta ocho se recogen en el Diccionario de Rogers-Lapuente, (4), contando con los ya citados. El seudónimo los Tres, utilizado conjuntamente con Maeztu y Pío Baroja, o el definitivo de Azorín llegarán un poco más tarde. En cualquier caso, por estos años, sus artículos periodísticos los firmaba más frecuentemente como J. Martínez Ruiz.

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AÑOS DE TRANSICIÓN

Martínez Ruiz logra consolidar su personalidad literaria tras la publicación de una trilogía novelística con matices autobiográficos. La integran las novelas: La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones de un pequeño filósofo. Fruto de este encuentro consigo mismo es la floración de ese seudónimo definitivo y revelador, que ya le acompañará siempre: Azorín.

Lo empleó por vez primera en 1904 en las Impresiones parlamentarias, serie de trabajos publicados en el semanario "España", y nace del nombre del protagonista de la trilogía citada. En 1905 el nuevo seudónimo aparece al frente del título de su libro Los Pueblos (5). Ya no lo abandonará nunca Martínez Ruiz.

Son éstos años decisivos en la evolución personal del escritor. Azorín,  hacia el final de esta etapa abandona la lucha literaria, se muestra vacilante y comienza a adentrarse en el estudio del pasado histórico y cultural de España. Se pierde por archivos y bibliotecas en una especie de huida de la realidad cotidiana. Conseguido el triunfo, su pragmatismo opta por el apartamiento, por la soledad y el conformismo.

No se conocen suficientemente los motivos de este giro tan sorprendente: ¿Oportunismo? ¿Identificación con los valores tradicionales? ¿Conveniencia? ¿Traición? ¿Fracaso personal como artista?

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ETAPA DE AFIANZAMIENTO

A partir de 1905 el pensamiento y la literatura de Azorín están ya claramente instalados en un cómodo conservadurismo de corte tradicional, tras un inesperado proceso de transformación. Comienzan a aparecer sus artículos en "ABC" y participa activamente en la vida política. Su carrera se proyecta de forma ascendente: diputado en cinco ocasiones, subsecretario de Instrucción Pública en 1917 y 1919... Antonio Maura, y sobre todo el ministro La Cierva, se convierten en sus máximos valedores.

Ante los ásperos sucesos del momento, el otrora rebelde Martínez Ruiz ha pasado a convertirse en un "pequeño filósofo", un escritor gubernamental que vive situado en la comodidad y que elogia la política de sus protectores.

El escritor ha conseguido evidenciar una nueva dimensión: la de hombre cambiante, ambiguo, con una enorme capacidad de adaptación a la realidad más ventajosa. En 1924 entra en la Real Academia Española de la Lengua.

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ETAPA DE DECLIVE

La dictadura de Primo de Rivera enfrió la actividad pública de Azorín, de modo que renuncia a aceptar cargos políticos. Literariamente se encuentra en una fase de no progresión. Su trabajo se reduce a repeticiones y modificaciones de su obra anterior. Su interpretación de la Historia de España se orienta por las vías del Imperio, la madre patria y la mitificación del pasado. Se trata de un enfoque preocupante en un
intelectual de su condición.

Con el advenimiento de la República intenta la recuperación de sus teóricos ideales progresistas, fiel exponente de un personaje con clara
predisposición al arreglo y el acomodo. Pero predomina en él la confortable opción del retiro y la soledad, en consonancia con su estatus de burgués.

El estallido de la guerra civil le sorprende en Madrid, pero consigue un pasaporte diplomático que le permite exiliarse a París junto con su esposa, Julia Guinda Urzanqui, con la que había contraído matrimonio en 1908 y con la que compartirá una vida sin descendencia.

La vuelta de Azorín a Madrid después de los años de la guerra civil se produjo en 1939. Renueva sus colaboraciones en ABC y colabora con el régimen, aunque su presencia no es bien recibida por todos: muchos falangistas lo rechazan, a pesar del denodado afán del escritor por conseguir su adhesión. El desdén se produce en parte por su pasado juvenil, en parte por su actitud oportunista y acomodaticia. No obstante se le tributan oficialmente homenajes y honores -la protección de Serrano Súñer resulta decisiva (6)-, por más que el escritor a menudo hace gala de una actitud de apartamiento y repudio de la notoriedad. Recibe el Premio de la Delegación de Prensa (1943), la Gran Cruz de Isabel la Católica (1946) y la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (1956), amén de otros muchos premios y gratificaciones.

Murió el 4 de marzo de 1967. Fue el más longevo de los escritores del 98.

PROYECCIÓN

Azorín, en la actualidad, es un escritor bastante olvidado, incluso denostado a veces, salvo en lo referente a los aspectos puramente estilísticos. Su cambio de actitud a partir de 1904, con la renuncia a los postulados anarquistas y socializantes, y el deslizamiento hacia un conservadurismo rentable, ha sido estudiado y no explicado suficientemente.

Algunos analistas coinciden en subrayar la hipótesis de causas de índole artística en la raíz de esa trasformación del luchador de finales del siglo (7). Azorín se convirtió en un depurador del lenguaje por su incapacidad para la "inventio". Le falta imaginación, carece de dotes creativas, no domina la connotación ni la metáfora, ni se atreve con la sorpresa del adjetivo... Esta certidumbre le llevaría a renunciar a la creación en aras de la recreación: recreación de instantes, de tipos, de situaciones, de paisajes. Azorín no renueva el lenguaje sino que desempolva el léxico y lo pule, ordena la expresión, simplifica la sintaxis. Se convierte en custodio inmutable del orden y la moderación, en un bruñidor de palabras. (8)

No faltan admiradores del estilo preciso de Azorín. Se recuerdan las cualidades de una forma de escribir, en la que la precisión y la economía se ponen al servicio de la claridad. Una escritura de periodos cortos, de sencillez sintáctica y predominio de la frase nominal. Aunque utiliza algunos recursos (paralelismos, enumeraciones, repeticiones, incluso comparaciones), en su prosa no encuentran acomodo figuras que propicien el oscurecimiento o la sugerencia atrevida. Es cierto que en sus descripciones el lector descubre sensaciones nuevas, colorido y adjetivaciones plenas de exactitud y corrección; pero todo ello en un marco delimitado por la contención antirretórica, el ritmo acompasado, el atildamiento poético..., y también la morosidad del detalle minucioso, hasta el punto de que algunos críticos hablan de una "estética del reposo".

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LA OBRA DE AZORÍN

La obra de Azorín es muy extensa (9). Escribió miles de artículos a lo largo de su vida. Artículos que aparecieron en los periódicos más destacadas de finales del siglo XIX (El País, El Imparcial, El Progreso, Madrid Cómico, El Globo...). Más tarde, su pluma encontrará acomodo en las publicaciones conservadoras. A partir de 1905, recala en ABC, que pasará a ser, ya hasta el momento de su muerte, el periódico de referencia para un seguimiento de la producción azoriniana en los años de su madurez.

Como se sabe es autor de varias novelas ( Diario de un enfermo (1901), La voluntad (1902), Antonio Azorín (1903), Las confesiones de un pequeño filósofo (1904), Don Juan (1922), Doña Inés (1925), Félix Vargas (1928), titulada luego El caballero inactual, etc.), novelas con las que intenta una particular renovación del género, novelas sin fábula, sin argumento. Y escribió también obras teatrales (recuérdese la trilogía Lo invisible o alguna de su discutidas y originales piezas: Old Spain, Brandy, mucho brandy, Angelita, etc., incluido algún auto sacramental. Pero publicó, sobre todo, notables ensayos y libros de paisajes y semblanzas, en realidad recopilaciones de artículos periodísticos, entre los que no faltan los volúmenes que recogen parte de sus artículos literarios: Los pueblos (1905), La ruta de don Quijote (1905), Lecturas españolas (1912); Castilla (1912); Clásicos y modernos (1913); Al margen de los clásicos (1915)...).

En los años ya invernales de su dilatada existencia publica sus memorias (Memorias inmemoriales), de relativo interés (10).

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CONCLUSIÓN

Actualmente, la valoración de Azorín como hombre del 98 quizá haya que buscarla principalmente en sus impetuosos trabajos de juventud, en los que denuncia situaciones injustas y desigualdades con un indudable afán de renovación (11). Para ello no se para en barras a la hora de desvelar la realidad sangrante de los pueblos, el sufrimiento de las clases trabajadoras o el comportamiento detestable de los políticos profesionales. Estimulado por unas lecturas devastadoras (Schopenhauer, Kropotkin, Nietzche, Faure...), su apoyo a la causa de los desfavorecidos se orienta siguiendo las vías fundamentales del anarquismo (que encauza su actividad en la CNT) y el socialismo, que impulsa el nacimiento de la UGT. Son los años en que se prodigan los folletos sobre literatura y sobre cuestiones sociales.

Por otra parte, también en la línea revisionista de la Generación del 98, a Martínez Ruiz le corresponde el mérito de recuperar a algunos de nuestros clásicos más notorios y olvidados. Sin embargo, al hacerlo, el escritor levantino quizá adopte más claramente la postura del coleccionista nostálgico que la del analista riguroso o el impulsor concluyente.

Fue el teorizador de la Generación del 98. A él se debe la denominación con la que se conoce a este grupo de intelectuales (aunque el concepto de "generación" se atribuye a Gabriel Maura) (12). Él fue el que estructuró la realidad literaria de unos escritores comprometidos con su país y con su circunstancia. A este respecto resultan muy interesantes sus escritos de 1913 (Clásicos y modernos, trabajo en el que formula sus comentarios sobre la Generación del 98). El Grupo de los Tres (Baroja, Maeztu y Azorín) tuvo entidad propia, promovió algunos actos comunes y adoptó posturas definidas ante determinados hechos de la actualidad (su momento). Todo lo demás se puede discutir, pero no el inicial afán iconoclasta y renovador de estos jóvenes escritores.

En nuestros días, la importancia, de la obra de Azorín de alguna forma aparece diluida en las páginas marchitas de la historia de la literatura. Últimamente algunos escritores, como Vargas Llosa y otros, han prodigado efusivos elogios al estilo del alicantino y a su quehacer de miniaturista virtuoso. Pero nos tememos que, con el tiempo, su forma de escribir se convertirá en ese impecable modelo docente, recurso habitual de profesores de Academias y autores de manual, y no en solaz de los degustadores de la escritura innovadora y de la sorpresa estética. No obstante, hay que reconocer que en la prosa de Azorín siempre queda el sabor de la obra bien hecha y el poso de la sabiduría del escritor curtido en la sufrida tarea de producir textos literarios.

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BIBLIOGRAFÍA


(1) V. GRANGEL, L.S.: Retrato de Azorín, Madrid, 1958.
(2) Cf.: VILANOVA, M.: La conformidad con el destino de Azorín (Trayectoria de un escritor español), Barcelona, Ariel, 1971, pp. 19 y ss.
(3) V. Fox, E.I.: Intr. en MARTÍNEZ RUIZ "AZORÍN", La voluntad, Madrid,
Castalia, 1973, p. 15
(4) ROGERS, P.P. y F.A. LAPUENTE: Diccionario de seudónimos literarios españoles, con algunas iniciales, Madrid, Gredos, 1977.
(5) V.: AZORIN: Los pueblos. La Andalucía trágica y otros artículos (1904-1905), (Intr. de José M0 Valverde, Madrid, Castalia, 1974, pp. 18-19.
(6) Sobre estos temas puede verse: RIDRUEJO, D.: Sombras y bultos,
Barcelona, Destino-libro, 1983, 37-51; y también, TRAPIELLO, A.: Las armas y las letras. Literatura y guerra civil, 1936-1939, Barcelona, Planeta, 1994, p. 345.
(7) Cf.: UMBRAL, F.: Las palabras de la tribu (De Rubén Darío a Cela), Barcelona, Planeta-Bolsillo, 1996, pp. 35-39.
(8) Véanse al respecto las opiniones de A. TRAPIELLO: Los nietos del Cid. La nueva Edad de Oro de la literatura española (1898-1914), Barcelona, Planeta, 1997, pp. 169 y ss.
(9) Existe edición de las Obras Completas de Azorín, intr. notas prel., bibliografía y ordenación de A. Cruz Rueda, Madrid, Aguilar, 1947, 3 vols.
(10) AZORIN: Memorias inmemoriales, Madrid, Magisterio Español, 1967 (Novelas y Cuentos, 12).
(11) V.: BLANCO AGUINAGA, C.: Juventud del 98, Madrid, Siglo XXI, 1970.
(12) SALINAS, P.: Literatura española del siglo XX, Madrid, Alianza, 1979,
30, p. 26.

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Tomás Rodríguez Sánchez
Profesor de Lengua castellana y Literatura. I.E.S. "Juan de Mairena",
San Sebastián de los Reyes (Madrid)
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