En esta dirección
http://www.ctv.es/USERS/cpralcoben/intertextos/azorin.htm#AZORIN
puede verse esta página Web sobre Azorín:
- Breve
biografía
- Etapas
- La
obra de Azorín
- Conclusión
- Biografía
José Augusto Trinidad Martínez Ruiz nació en Monóvar (Alicante)
el 8 de
junio de 1873. Su padre, natural de Yecla, ejercía de abogado en Monóvar y
poseía una importante hacienda; la madre había nacido en Petrel. Se
trataba
la suya de una familia tradicional, burguesa, que disfrutaba de una
desahogada situación económica. José Augusto fue el mayor de nueve
hermanos.
Políticamente, el padre militaba en el partido conservador y, con
el
tiempo, además de ocupar algunos cargos (alcalde, diputado), se
reconocerá
seguidor de Romero Robledo.
Desde pequeño, Pepe, tal es el hipocorístico con que se le conoce
familiarmente, da muestras de ser un espíritu independiente y
solitario, al
que le gusta llevar una vida apartada, a menudo en la finca familiar
del
Collado de la Salina, en Almodóvar. Allí se entrega con pasión al
ejercicio
de la lectura, y escribe (1).
Volver al inicio
Para un mejor análisis de la vida y la obra de José Martínez Ruiz
seguramente nos resultará de utilidad el esquema planteado por
Mercedes
Vilanova (2),que divide el espacio biográfico en cuatro grandes
etapas:
- 1. Años de formación y lucha (1873-1900). Formación académica.
Se inicia como periodista y escritor. Abarca hasta la publicación de El
alma española (1900).
-
- 2. Años de transición (1900-1905). Se produce un cambio
sustancial en su actitud, que, en 1905, le llevará a afiliarse al Partido
Conservador. Inicia sus colaboraciones en el periódico ABC.
-
- 3. Etapa de afianzamiento (1905-1924). Participa de forma
activa en la política del momento. Ocupa escaños de diputado y es nombrado
subsecretario de Instrucción Publica bajo la protección del ministro Juan de
la Cierva y Peñafiel.
4. Etapa de declive (1924-1967). Su entrada en la Real Academia
Española de
la Lengua marca el inicio del apartamiento de la vida social. Se
produce el
paréntesis de la guerra civil, que pasó en París, y el regreso, a
pesar de
los homenajes que se le rinden, significó ya su ocaso como escritor.
ETAPA DE FORMACIÓN Y LUCHA
A los ocho años ingresa como alumno interno en el colegio que los
Padres
Escolapios regentan en Yecla. Permanece allí una larga temporada,
hasta los
dieciséis años, cursando los estudios de enseñanza secundaria. El
escritor
revisará con frecuencia estos años de enclaustramiento, de los que
no
guardará gratos recuerdos.
En 1888 se traslada a Valencia para cursar la carrera de Derecho.
Intenta,
sin demasiada aplicación, obtener la licenciatura; primero en la
Universidad valenciana, posteriormente realiza exámenes en otros
centros
universitarios, como Granada, Salamanca o Madrid.
En la ciudad del Turia inicia una etapa que va a tener decisiva
importancia
en su formación intelectual. Conecta con las últimas corrientes del
pensamiento y el arte (krausismo, anarquismo, etc.), se entrega
febrilmente
a la lectura de obras literarias y políticas, y realiza sus primeras
incursiones en el mundo del periodismo. El adolescente Martínez
Ruiz,
asiduo de las tertulias de los cafés, se siente muy interesado por
las
nuevas ideas sociales. Surge en él la actitud rebelde, ácrata, que
caracterizará sus años de juventud, al tiempo que se afianza en su
espíritu
la voluntad de hacerse escritor. Colabora en distintos periódicos en
los
que utiliza diversos seudónimos: Fray José, en "La Educación
Católica", de
Petrel, Juan de Lis, en "El Defensor de Yecla", etc. Escribe también
en "El
Eco de Monóvar", "El Mercantil Valenciano", e incluso en "El
Pueblo", el
periódico de Vicente Blasco Ibáñez (3). Por lo general, hace crítica
teatral (elogia las obras de Guimerá y Galdós o el Juan José, de
Joaquín
Dicenta), aunque se decanta ya, de forma especial, por la crítica
político-social.
Importante resulta también en estos años de preparación su
actividad
traductora, con trabajos como el drama La intrusa, de Maeterlink, la
conferencia del francés A. Hamon, De la patria, o el folleto Las
prisiones,
del príncipe anarquista Pedro Kropotkin. El 25 de noviembre de 1896 se traslada a Madrid. Llega con una
carta de
recomendación de Luis Bonafoux para el director del periódico "El
País".
Aquel mismo año arribaron también a la capital de España Ramón
del
Valle-Inclán y Manuel Bueno. Baroja estaba ya en la Corte y Maeztu
llegaría
a principios del año siguiente. No tardarán en relacionarse todos,
en
intimar y en acometer juntos algunas empresas.
Azorín publica diariamente trabajos en el nuevo periódico. Se
trata de
artículos vehementes en los que ataca las instituciones, los valores
más
arraigados, la política del Gobierno, la literatura en boga... Tras
un
artículo sobre el matrimonio y la propiedad, se ve obligado a
abandonar la
redacción de "El País". Le reciben en otros periódicos e inicia la
publicación de algunos folletos en los que da cuenta de sus
vivencias y
sentimientos: Charivari (Crítica discordante), de 1897, entre otros.
El
único respaldo que recibe en su denodada y solitaria batalla es el
de
Leopoldo Alas Clarín, que elogia la labor del joven periodista en
uno de
sus "Paliques". El alicantino considera este comentario como un
espaldarazo. A principios de octubre de 1897 comienza sus
colaboraciones en
"El Progreso", de Alejandro Lerroux. Se define como fervoroso
anarquista.
De la Universidad y de su carrera de Leyes se ha olvidado por
completo;
busca afanosamente el éxito literario, el reconocimiento, el
triunfo.
En esta etapa de formación y tanteos se prodigan los seudónimos
en los
escritos del joven autor: Cándido (La crítica literaria en España,
1893,
primer trabajo en forma de pequeño folleto), en memoria del
personaje de
Voltaire y Ahriman, apelativo que le relaciona con el dios del mal
de las
religiones persas son dos de los más conocidos. Pero seguirán otros:
Charivari, Este..., hasta ocho se recogen en el Diccionario de
Rogers-Lapuente, (4), contando con los ya citados. El seudónimo los
Tres,
utilizado conjuntamente con Maeztu y Pío Baroja, o el definitivo de
Azorín
llegarán un poco más tarde. En cualquier caso, por estos años, sus
artículos periodísticos los firmaba más frecuentemente como J.
Martínez
Ruiz.
Volver al inicio
AÑOS DE TRANSICIÓN
Martínez Ruiz logra consolidar su personalidad literaria tras la
publicación de una trilogía novelística con matices autobiográficos.
La
integran las novelas: La voluntad, Antonio Azorín y Las confesiones
de un
pequeño filósofo. Fruto de este encuentro consigo mismo es la
floración de
ese seudónimo definitivo y revelador, que ya le acompañará siempre:
Azorín.
Lo empleó por vez primera en 1904 en las Impresiones
parlamentarias, serie
de trabajos publicados en el semanario "España", y nace del nombre
del
protagonista de la trilogía citada. En 1905 el nuevo seudónimo
aparece al
frente del título de su libro Los Pueblos (5). Ya no lo abandonará
nunca
Martínez Ruiz.
Son éstos años decisivos en la evolución personal del escritor.
Azorín,
hacia el final de esta etapa abandona la lucha literaria, se muestra vacilante y comienza a adentrarse en el estudio del pasado histórico
y
cultural de España. Se pierde por archivos y bibliotecas en una
especie de
huida de la realidad cotidiana. Conseguido el triunfo, su
pragmatismo opta
por el apartamiento, por la soledad y el conformismo.
No se conocen suficientemente los motivos de este giro tan
sorprendente:
¿Oportunismo? ¿Identificación con los valores tradicionales?
¿Conveniencia?
¿Traición? ¿Fracaso personal como artista?
Volver al inicio
ETAPA DE AFIANZAMIENTO
A partir de 1905 el pensamiento y la literatura de Azorín están
ya
claramente instalados en un cómodo conservadurismo de corte
tradicional,
tras un inesperado proceso de transformación. Comienzan a aparecer
sus
artículos en "ABC" y participa activamente en la vida política. Su
carrera
se proyecta de forma ascendente: diputado en cinco ocasiones,
subsecretario
de Instrucción Pública en 1917 y 1919... Antonio Maura, y sobre todo
el
ministro La Cierva, se convierten en sus máximos valedores.
Ante los ásperos sucesos del momento, el otrora rebelde Martínez
Ruiz ha
pasado a convertirse en un "pequeño filósofo", un escritor
gubernamental que
vive situado en la comodidad y que elogia la política de sus
protectores.
El escritor ha conseguido evidenciar una nueva dimensión: la de
hombre
cambiante, ambiguo, con una enorme capacidad de adaptación a la
realidad
más ventajosa. En 1924 entra en la Real Academia Española de la
Lengua.
Volver al inicio
ETAPA DE DECLIVE
La dictadura de Primo de Rivera enfrió la actividad pública de
Azorín, de
modo que renuncia a aceptar cargos políticos. Literariamente se
encuentra
en una fase de no progresión. Su trabajo se reduce a repeticiones y
modificaciones de su obra anterior. Su interpretación de la Historia
de
España se orienta por las vías del Imperio, la madre patria y la
mitificación del pasado. Se trata de un enfoque preocupante en un
intelectual de su condición.
Con el advenimiento de la República intenta la recuperación de
sus teóricos
ideales progresistas, fiel exponente de un personaje con clara
predisposición al arreglo y el acomodo. Pero predomina en él la
confortable
opción del retiro y la soledad, en consonancia con su estatus de
burgués.
El estallido de la guerra civil le sorprende en Madrid, pero
consigue un
pasaporte diplomático que le permite exiliarse a París junto con su esposa,
Julia Guinda Urzanqui, con la que había contraído matrimonio en 1908
y con
la que compartirá una vida sin descendencia.
La vuelta de Azorín a Madrid después de los años de la guerra
civil se
produjo en 1939. Renueva sus colaboraciones en ABC y colabora con el
régimen, aunque su presencia no es bien recibida por todos: muchos
falangistas lo rechazan, a pesar del denodado afán del escritor por
conseguir su adhesión. El desdén se produce en parte por su pasado
juvenil,
en parte por su actitud oportunista y acomodaticia. No obstante se
le
tributan oficialmente homenajes y honores -la protección de Serrano
Súñer
resulta decisiva (6)-, por más que el escritor a menudo hace gala de
una
actitud de apartamiento y repudio de la notoriedad. Recibe el Premio
de la Delegación de Prensa (1943), la Gran Cruz de Isabel la Católica
(1946) y la
Gran Cruz de Alfonso X el Sabio (1956), amén de otros muchos premios
y
gratificaciones.
Murió el 4 de marzo de 1967. Fue el más longevo de los escritores
del 98.
PROYECCIÓN
Azorín, en la actualidad, es un escritor bastante olvidado,
incluso
denostado a veces, salvo en lo referente a los aspectos puramente
estilísticos. Su cambio de actitud a partir de 1904, con la renuncia
a los
postulados anarquistas y socializantes, y el deslizamiento hacia un conservadurismo rentable, ha sido estudiado y no explicado
suficientemente.
Algunos analistas coinciden en subrayar la hipótesis de causas de
índole
artística en la raíz de esa trasformación del luchador de finales
del siglo
(7). Azorín se convirtió en un depurador del lenguaje por su
incapacidad
para la "inventio". Le falta imaginación, carece de dotes creativas,
no
domina la connotación ni la metáfora, ni se atreve con la sorpresa
del
adjetivo... Esta certidumbre le llevaría a renunciar a la creación
en aras
de la recreación: recreación de instantes, de tipos, de situaciones,
de
paisajes. Azorín no renueva el lenguaje sino que desempolva el
léxico y lo
pule, ordena la expresión, simplifica la sintaxis. Se convierte en
custodio
inmutable del orden y la moderación, en un bruñidor de palabras. (8)
No faltan admiradores del estilo preciso de Azorín. Se recuerdan
las
cualidades de una forma de escribir, en la que la precisión y la
economía
se ponen al servicio de la claridad. Una escritura de periodos
cortos, de
sencillez sintáctica y predominio de la frase nominal. Aunque
utiliza
algunos recursos (paralelismos, enumeraciones, repeticiones, incluso
comparaciones), en su prosa no encuentran acomodo figuras que propicien el
oscurecimiento o la sugerencia atrevida. Es cierto que en sus
descripciones
el lector descubre sensaciones nuevas, colorido y adjetivaciones
plenas de
exactitud y corrección; pero todo ello en un marco delimitado por la
contención antirretórica, el ritmo acompasado, el atildamiento
poético...,
y también la morosidad del detalle minucioso, hasta el punto de que
algunos
críticos hablan de una "estética del reposo".
Volver al inicio
La obra de Azorín es muy extensa (9). Escribió miles de artículos
a lo
largo de su vida. Artículos que aparecieron en los periódicos más
destacadas de finales del siglo XIX (El País, El Imparcial, El
Progreso,
Madrid Cómico, El Globo...). Más tarde, su pluma encontrará acomodo
en las
publicaciones conservadoras. A partir de 1905, recala en ABC, que
pasará a
ser, ya hasta el momento de su muerte, el periódico de referencia
para un
seguimiento de la producción azoriniana en los años de su madurez.
Como se sabe es autor de varias novelas ( Diario de un enfermo
(1901), La
voluntad (1902), Antonio Azorín (1903), Las confesiones de un
pequeño
filósofo (1904), Don Juan (1922), Doña Inés (1925), Félix Vargas
(1928),
titulada luego El caballero inactual, etc.), novelas con las que
intenta
una particular renovación del género, novelas sin fábula, sin
argumento. Y
escribió también obras teatrales (recuérdese la trilogía Lo
invisible o
alguna de su discutidas y originales piezas: Old Spain, Brandy,
mucho
brandy, Angelita, etc., incluido algún auto sacramental. Pero
publicó, sobre
todo, notables ensayos y libros de paisajes y semblanzas, en
realidad
recopilaciones de artículos periodísticos, entre los que no faltan
los
volúmenes que recogen parte de sus artículos literarios: Los pueblos
(1905), La ruta de don Quijote (1905), Lecturas españolas (1912);
Castilla
(1912); Clásicos y modernos (1913); Al margen de los clásicos
(1915)...).
En los años ya invernales de su dilatada existencia publica sus
memorias
(Memorias inmemoriales), de relativo interés (10).
Volver al inicio
Actualmente, la valoración de Azorín como hombre del 98 quizá
haya que
buscarla principalmente en sus impetuosos trabajos de juventud, en
los que
denuncia situaciones injustas y desigualdades con un indudable afán
de
renovación (11). Para ello no se para en barras a la hora de
desvelar la
realidad sangrante de los pueblos, el sufrimiento de las clases
trabajadoras o el comportamiento detestable de los políticos
profesionales.
Estimulado por unas lecturas devastadoras (Schopenhauer, Kropotkin,
Nietzche, Faure...), su apoyo a la causa de los desfavorecidos se
orienta
siguiendo las vías fundamentales del anarquismo (que encauza su
actividad
en la CNT) y el socialismo, que impulsa el nacimiento de la UGT. Son
los
años en que se prodigan los folletos sobre literatura y sobre
cuestiones
sociales.
Por otra parte, también en la línea revisionista de la Generación
del 98, a
Martínez Ruiz le corresponde el mérito de recuperar a algunos de
nuestros
clásicos más notorios y olvidados. Sin embargo, al hacerlo, el
escritor
levantino quizá adopte más claramente la postura del coleccionista
nostálgico que la del analista riguroso o el impulsor concluyente.
Fue el teorizador de la Generación del 98. A él se debe la
denominación con
la que se conoce a este grupo de intelectuales (aunque el concepto
de
"generación" se atribuye a Gabriel Maura) (12). Él fue el que
estructuró la
realidad literaria de unos escritores comprometidos con su país y
con su
circunstancia. A este respecto resultan muy interesantes sus
escritos de
1913 (Clásicos y modernos, trabajo en el que formula sus comentarios
sobre
la Generación del 98). El Grupo de los Tres (Baroja, Maeztu y
Azorín) tuvo
entidad propia, promovió algunos actos comunes y adoptó posturas
definidas
ante determinados hechos de la actualidad (su momento). Todo lo
demás se
puede discutir, pero no el inicial afán iconoclasta y renovador de
estos
jóvenes escritores.
En nuestros días, la importancia, de la obra de Azorín de alguna
forma
aparece diluida en las páginas marchitas de la historia de la
literatura.
Últimamente algunos escritores, como Vargas Llosa y otros, han
prodigado
efusivos elogios al estilo del alicantino y a su quehacer de
miniaturista
virtuoso. Pero nos tememos que, con el tiempo, su forma de escribir
se
convertirá en ese impecable modelo docente, recurso habitual de
profesores
de Academias y autores de manual, y no en solaz de los degustadores
de la
escritura innovadora y de la sorpresa estética. No obstante, hay que
reconocer que en la prosa de Azorín siempre queda el sabor de la
obra bien
hecha y el poso de la sabiduría del escritor curtido en la sufrida
tarea de
producir textos literarios.
Volver al inicio
_________________________
BIBLIOGRAFÍA
(1) V. GRANGEL, L.S.: Retrato de Azorín, Madrid, 1958.
(2) Cf.: VILANOVA, M.: La conformidad con el destino de Azorín
(Trayectoria
de un escritor español), Barcelona, Ariel, 1971, pp. 19 y ss.
(3) V. Fox, E.I.: Intr. en MARTÍNEZ RUIZ "AZORÍN", La voluntad,
Madrid,
Castalia, 1973, p. 15
(4) ROGERS, P.P. y F.A. LAPUENTE: Diccionario de seudónimos
literarios
españoles, con algunas iniciales, Madrid, Gredos, 1977.
(5) V.: AZORIN: Los pueblos. La Andalucía trágica y otros artículos
(1904-1905), (Intr. de José M0 Valverde, Madrid, Castalia, 1974, pp.
18-19.
(6) Sobre estos temas puede verse: RIDRUEJO, D.: Sombras y bultos,
Barcelona, Destino-libro, 1983, 37-51; y también, TRAPIELLO, A.: Las
armas
y las letras. Literatura y guerra civil, 1936-1939, Barcelona,
Planeta,
1994, p. 345.
(7) Cf.: UMBRAL, F.: Las palabras de la tribu (De Rubén Darío a
Cela),
Barcelona, Planeta-Bolsillo, 1996, pp. 35-39.
(8) Véanse al respecto las opiniones de A. TRAPIELLO: Los nietos del
Cid.
La nueva Edad de Oro de la literatura española (1898-1914),
Barcelona,
Planeta, 1997, pp. 169 y ss.
(9) Existe edición de las Obras Completas de Azorín, intr. notas
prel.,
bibliografía y ordenación de A. Cruz Rueda, Madrid, Aguilar, 1947, 3
vols.
(10) AZORIN: Memorias inmemoriales, Madrid, Magisterio Español, 1967
(Novelas y Cuentos, 12).
(11) V.: BLANCO AGUINAGA, C.: Juventud del 98, Madrid, Siglo XXI,
1970.
(12) SALINAS, P.: Literatura española del siglo XX, Madrid, Alianza,
1979,
30, p. 26.
Volver al inicio
Tomás Rodríguez Sánchez
Profesor de Lengua castellana y Literatura. I.E.S. "Juan de
Mairena",
San Sebastián de los Reyes (Madrid)
Volver al inicio