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Se
ha escrito bastante sobre Monòver. Sobre su ciudad, sus gentes y
sus campos. Pero además contamos con paisajes que encierran bosques,
montañas, tierras, aguas... que a su vez atesoran plantas y animales.
Y conviven con nosotros aunque se hable bastante poco de todos ellos.
Son esos monoveros un tanto olvidados pero que son parte fundamental
en muchas ocasiones de nuestras vidas.
Por
eso propongo desde aquí que me acompañen en un paseo por el interior
de nuestro término municipal para visitar esos paisajes y las vidas
que los acicalan. No se trata de un recorrido turístico, sino más
bien de encuentros fugaces en ocasiones y prolongados en otras,
pero siempre intensos. Quién sabe, incluso a un paseo a nuestro
propio interior.
Y
para empezar que mejor que fijarnos en lo que tenemos cerca de casa.
Pues vivimos en un lugar en el que todavía tenemos el "campo"
al salir de casa casi. Y no es por comodidad, sino para que intentemos
frenar un poco nuestro devenir cotidiano al que la sociedad actual
le ha imprimido un ritmo frenético y en el que la mayoría de
las cosas que hay a nuestro alrededor nos pasan desapercibidas.
Nuestras vidas parece que quieran llegar rápidamente a ninguna parte y
que para disfrutar tiene que ser a través de estar comprando y almacenando
cosas.
Si
conseguimos apaciguarnos (al principio es tarea difícil) descubriremos todo un
mundo nuevo a nuestro alrededor. Nos sorprenderá el amanecer con
cielos multicolores y cálidas luces. El canto de algunas aves llegará
a nuestros oídos por primera vez e incluso el aire que respiramos
tendrá nuevos aromas. Hasta veremos sorprendidos a personas
con las que nos cruzamos todos los días y a las que todavía no habíamos
visto.
Por
supuesto, además de conseguir darle un ritmo más relajado a nuestra
vida tenemos que ser capaces de ver a todo lo que nos rodea de diferente
forma. Es decir, ha de cambiar nuestra actitud hacia paisajes, plantas
y animales. La Naturaleza no esta a nuestra disposición para que
le arranquemos lo que necesitemos y destruyamos lo que nos molesta.
Así, sin más. Formamos parte de ella y si, le hacemos daño, nos
hacemos daño. Conocerla y respetarla nos enriquece como personas
y nos hace más humanos.
Y,
como ejemplo, sirva mi propia experiencia. Desde hace unos años
vivimos en una pequeña casita de campo con un poco de terreno, cercano
al núcleo urbano. Sus anteriores dueños habían aplicado los métodos,
digamos, habituales hoy en día. Había un pequeño huerto y gran cantidad
de plantas ornamentales a lo largo de todo el vallado que consumían
mucha agua. Los frutales y las "malas hierbas" eran tratados
con diversos fungicidas. El resultado no podía ser más claro: se
le había negado el acceso a la vida. Apenas un puñado de gorriones
se atrevían de vez en cuando a adentrarse en la zona. Ante esto
decidí eliminar la mayor parte de plantas ornamentales voraces consumidoras
de agua en una zona en que esto tenemos que considerarlo un lujo
insostenible. Tampoco utilicé los insecticidas que me habían dejado.
El
primer año fue duro, pues pulgones y larvas de mariposas parecía
que iban a acabar con todo, pues los insecticidas habían acabado
con sus enemigos naturales. También dejé que en algunas zonas crecieran
las "malas hierbas" e instalé una pequeña fuente con agua
para las aves que quisieran utilizarlo.
El
segundo año ya empezó a notarse la mejoría. Aparecieron tijeretas,
mariquitas y otros insectos que controlaban a pulgones y larvas.
Diversas especies de aves empezaron a utilizar, tímidamente, la
fuente para saciar su sed. Con el paso de los años la mayoría de
especies de aves de la zona beben y se bañan en la fuente, se alimentan
de las semillas de "malas hierbas" y algunas de ellas
eligen la pequeña pinada, los cipreses e incluso el tejado de la
casa para instalar su nido y sacar adelante a su prole. Con un pequeño
cambio de actitud había permitido que la vida se acercará a mi familia.
A tan sólo unos pasos de casa, descubríamos diversidad de insectos,
reptiles, aves e incluso pequeños mamíferos que nos sorprendían
con sus formas, colores y costumbres. Costumbres que nunca nos han
causado ninguna molestia, todo lo contrario, han enriquecido nuestras
vidas. Y tan sólo con un minúsculo cambio de actitud.
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